El Santuario Diocesano de Nuestra Señora de Guadalupe o Santuario Guadalupano es un santuario católico dedicado a la Virgen de Guadalupe, ubicado en la ciudad mexicana de Zamora de Hidalgo en el estado de Michoacán. Es considerado como el recinto religioso con las torres más altas de México, con 107.5 m. El 2 de febrero de 1998 cumplió un centenario de existencia y su inauguración fue el 12 de diciembre de 2008. El recinto es representativo del nuevo orden neogótico que llegó a México en la segunda mitad del y es considerada concatedral de la Diócesis de Zamora.
Historia Antecedentes
La llegada del neogótico a México responde principalmente a las necesidades de una Iglesia hostigada por los gobiernos liberales de a mediados del que, entre otras cosas, legitiman la expropiación de sus bienes. Dado a ello, la iglesia mexicana requería de una notoriedad para refrendar su presencia y vigencia en la sociedad, en vista de seguir siendo la protectora moral y el baluarte de la fe para la población. De tal modo se sirve del neogótico, específicamente del ideal anglosajón, que tiene como aspiración construir hitos urbanos que marquen el éxito y la consolidación de las naciones. La importancia de mantener presencia se verá reflejado en las dimensiones y en la magnificencia de sus recintos sacros, que los convertirá no solo en templos de la fe, sino en símbolos de presencia y de poder real y espiritual, haciendo también uso de advocaciones populares para esos propósitos. Asimismo, las élites veían en la apropiación del neogótico una forma de modernidad y de acercamiento a las élites estadounidenses y europeas.
Con la fundación de la Diócesis de Zamora en 1862 (al emanciparse de la Arquidiócesis de Morelia), el Sr. José Antonio de la Peña, primer obispo, encontró más adecuado para la sede episcopal al templo parroquial, el cual se encontraba inconcluso y se tuvo que adaptar y concluir para servir como catedral. En 1867 se consagró pero no pudo funcionar cabalmente debido a la presencia de problemas técnicos y estructurales.
Surge así la idea de la construcción de una catedral que cumpliera con las necesidades propias de una diócesis cuya extensión abarcaba hasta Lázaro Cárdenas; donde se pudiera atraer a los feligreses de las regiones más apartadas. Con la recuperación del protagonismo social de la Iglesia en la paz porfiriana esto se hace más posible. Por ejemplo, se expanden las ciudades y a su paso se embellecen: se les dota a los templos extensos espacios en sus frentes que destaquen su carácter primordial en la vida de la ciudad.
Primera etapa La obra de la nueva catedral da inicio el 2 de febrero de 1898 (Fiesta de la Candelaria) siendo obispo de la Diócesis de Zamora el Excmo. Sr. D. José María Cázares Martínez. El proyecto hacía frente al fenómeno de la secularización y manifestaba un símbolo de emancipación al poder político y religioso de Morelia.
Esta primera parte de la obra es atribuida al alarife Jesús Hernández Segura, hombre nacido en Zamora en 1856. miniaturadeimagen|La catedral en construcción.|izquierda El estilo que se adoptó para esta nueva sede episcopal fue el neogótico, aunque no está claro quién tomó la decisión. Sobre esto, Checa comenta que parece ser que los arquitectos son los que imponen el estilo, aunque los clérigos y los maestros de obra contribuyan también en la elección. Así, puede que Hernández Segura sea el que determinó el estilo, puesto que en sus otras obras recurrió al neogótico. Sigaut se decanta más a la opción de que fue el propio obispo Cázares el que impuso el estilo, ya que es probable que conociera las catedrales góticas de Europa, y su decisión respondiera más a cuestiones de gusto. De todos modos, desde 1870 en el Bajío se estaban construyendo templos del mencionado estilo, por lo que la intención de mimetismo es también probable.
Uno de los mayores problemas al inicio de la construcción fue la cimentación. En esos días el manto freático se encontraba bastante cerca del suelo y los cimientos debían de encontrarse a 6 metros de profundidad. Más de 300 hombres estuvieron trabajando en la obra. La cantera que se utilizó se llevó desde el cerro de Jaripo (Villamar), y gracias a la cercanía de la vía del tren se aceleró su transporte. Se estuvo trabajando intensamente durante 16 años, tiempo en el que se construyó la primera serie de muros y se techaron cuatro de las naves. Abandono La Revolución mexicana trajo problemas y enfrentamientos a todo el país. En 1914 los trabajos de construcción se suspendieron por problemas derivados de la Revolución y la Guerra Cristera; al dar aviso a los obreros de que regresaran a sus casas, la construcción de la nueva catedral quedó suspendida por tiempo indefinido.
Al interrumpirse la construcción, algo menos de la mitad de la catedral estaba terminada debido al tamaño colosal del recinto, por lo que la edificación quedó «inconclusa». Los conflictos y la Guerra Cristera obligaron a la catedral en construcción a convertirse en la sede del ejército, a quienes se atribuye la pérdida de todos los planos de la catedral, los originales y las copias que jamás se volvieron a ver; sólo quedó un dibujo con la fachada original y un plano general de la construcción.
miniaturadeimagen|izquierda|Muro de castigo con impactos visibles.
Durante el inicio de su abandono, desapareció mucha cantera que todavía estaba guardada, además de que se hicieron serios daños a los nichos de los pilares y a los muros. El ejército aprovechó una de las paredes de piedra junto a ábside para convertirla en muro de castigo, donde probablemente cientos de personas murieron por su fe. El muro aún permanece intacto.
La catedral inconclusa se expropió el 20 de noviembre de 1940 a través de un decreto presidencial del Gral. Lázaro Cárdenas del Río con los argumentos de que Zamora contaba con suficientes templos, que la construcción era una carga económica para los fieles y que había necesidades civiles de mayor urgencia, por lo que el inmueble se destinaría a un museo. Durante más de setenta años la nueva catedral fue utilizada para usos muy diversos. Después de la Revolución mexicana y los problemas con el gobierno federal, la catedral fue transformada en vecindad de cientos de personas de bajos recursos, quienes hicieron que el recinto quedara en ruinas, destrozando lo pocos nichos que quedaban y tirando basura que se acumuló en las orillas de las capillas. Fue también una escuela y, en los últimos años, era el estacionamiento de los camiones que recogían la basura de la ciudad.
Segunda etapa Después de muchos intentos por recuperar la catedral, el 27 de abril de 1988, el monseñor José Esaúl Robles Jiménez (octavo obispo de la diócesis) logró rescatarla. Un año después decidió dedicarla a la Virgen de Guadalupe y le dio el estatuto de «Santuario Diocesano». Para Martín Checa, el Concilio Vaticano II tiene una influencia significativa en la reanudación de diversos templos inconclusos de estilo ecléctico y neogótico, que a principios del habían sido detenidos en la Cristiada y el periodo revolucionario, ya sea por estos sucesos o por falta de recursos para su culminación. En ellos se mantiene el estilo constructivo original pero varios de sus elementos y mobiliario se elaboran siguiendo los lineamientos modernistas del concilio. miniaturadeimagen|Fachada sin terminar.|izquierda izquierda|miniaturadeimagen|Construcción de las torres. miniaturadeimagen|izquierda|Las torres cerca de concluirse.
De la catedral inconclusa se hizo cargo el arq. Manuel Guzmán Vázquez, que junto con el arq. Francisco Bryant Rodríguez se van a encargar inicialmente de la recopilación de material sobre el santuario. Al trabajo se incorporaron el arquitecto José Ángel López y el ingeniero Jorge Ursúa. Cabe destacar que el Arq. Pedro Ramírez Vázquez se había ofrecido a completar el proyecto años antes, cuando estaba al frente de la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas (SAHOP) del gobierno federal. En 1988 el Mons. Robles, cuando aceptó los servicios del arq. Manuel Guzmán, le dio instrucciones de ponerse en contacto con Ramírez Vázquez, con el fin de que supervisara los trabajos; nunca apareció porque jamás se le llevó ningún plano (conditio sine qua non para participar en el proyecto).
De las primeras tareas que se realizaron fueron la limpieza del complejo y el retiro del material sobrante de la primera etapa; la restauración de las naves, arcos torales y formeros que corrían el riesgo de colapsar; la apertura de bajantes, gárgolas y montado de ductos; y construcción de contrafuertes, entre otras tareas. Al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se les presentó desde el 30 de mayo de 1989, 2 juegos de 16 láminas con la proposición del proyecto, planimetría del proyecto y soluciones, planimetría actual, memoria descriptiva del plan de trabajo y un juego de fotos de la construcción como se encontraba en el momento, los cuales fueron recibidos en la sede de Morelia. El 1 de agosto de 1989 la «Subdirección de Licencias, Inspección y Registro de Monumentos Históricos» del INAH respondió con un análisis del material presentado: lo primordial era aislar completamente el edificio del deterioro, cerrando la nave central y el transepto y colocando ventanales y puertas; mientras tanto, se arreglarían el atrio y el piso del santuario.
Como iba creciendo la obra las necesidades se multiplicaban, por lo que se conformó un «Consejo Técnico», que se encargaría de tomar las decisiones. El Patronato invitó al Ing. Carlos Vargas Magaña; al Arq. Jorge de Aguinaga y al Arq. Octaviano González para formar el consejo. En 1995 el Arq. Manuel Guzmán dejó de ser el director de la obra y la responsabilidad pasó a manos del Ing. Carlos Vargas. Cuando entró en funciones el noveno obispo de la diócesis de Zamora, Carlos Suárez Cázares, invitó al Dr. Carlos Chanfón Olmos, coordinador de Postgrados de Arquitectura en la UNAM para que diera supervisación, gracias a su especialidad en gótico. miniaturadeimagen|Vista central de la aguja del crucero. El Consejo Técnico, entre otras acciones, fue rectificando algunas inconsistencias de los planes originales de la obra, como la cúpula sobre el transepto; se llegó a un arreglo junto con el INAH Michoacán para construir una aguja en lugar de la cúpula.
En febrero de 1997 se unió a la obra el arq. Gabriel Chávez de la Mora, que se encargó del diseño del presbiterio, el baptisterio, el sagrario, parte de la capilla del Santísimo y del Señor de la Misericordia y algunos vitrales de la fachada, siguiendo los nuevos lineamientos del Concilio Vaticano II (1962-1965) en cuanto a la disposición de los espacios y los elementos de arte sacro.
Desde que se reactivó la construcción en 1988 surgieron varias propuestas diferentes al plan original. Una de ellas contemplaba techar el edificio sin las torres a la altura del primer nivel (20 m), debido al miedo de que las columnas no pudieran sopotarlas. En 1995 la Comisión de Arte Sacro volvió a presentar el mismo planteamiento cuando los estudios de mecánica de suelos se realizaban. Los resultados del estudio revelaron que las columnas que soportarían las torres podrían recibir casi 400 toneladas (una gran capacidad de carga), por lo que el plan original podría ser implementado sin ningún problema.
En 1995 se terminó de remodelar el atrio, que se lo convirtió en una explanada donde anteriormente se encontraba un jardín
El santuario fue inaugurado el 12 de diciembre de 2008, al haberse concluido las torres. En marzo de 2009 fueron terminados los trabajos de iluminación que estuvieron en manos de la empresa «Citelum de México».
Patronato