thumb|Retrato de Luis XIV con vestimentas de consagración, 1701, por Hyacinthe Rigaud thumb|Catedral de Notre-Dame de Reims La consagración de los reyes en Francia se refiere a la ceremonia de coronación francesa en que más importante que el acto de colocar la corona en la cabeza del monarca, como una coronación normal en otros reinos, lo era la consagración, es decir, la unción con un óleo sagrado sobre el cuerpo del rey.
Desde la época del reino de los francos y luego de Francia, el advenimiento de un nuevo rey estaba legitimado por la ceremonia de su coronación con la corona de Carlomagno en Notre-Dame de Reims. Pero el rey no tenía necesidad de ser reconocido como monarca francés, ya que el nuevo rey ascendía al trono automáticamente a la muerte de su predecesor, simbolizándose por primera vez cuando el féretro del anterior monarca era bajado a la capilla de la basílica de Saint-Denis, y el duque de Uzès, primer par de Francia, proclamaba: «Le roi est mort, vive le roi!» [¡El rey ha muerto, viva el rey!]
La primera consagración de un rey en Francia fue la de Pipino el Breve, motivada principalmente por la alianza que hizo con la Iglesia católica para asegurarse su legitimidad y poder suceder al rey merovingio Childerico III, al que depuso. Fue consagrado una primera vez en marzo de 752 por una asamblea de obispos del reino de los francos reunidos en Soissons y que estuvieron dirigidos, presumiblemente, por el arzobispo de Maguncia, Bonifacio. El domingo 28 de enero de 754, fue consagrado una segunda vez en Saint-Denis por el papa Esteban II, quien también dio la unción a sus dos hijos y bendijo a su esposa Bertrada o Berta de Laon.
El primer monarca francés en ser coronado y consagrado en la catedral de Reims fue Luis el Piadoso en octubre de 816.Laurent Theis, Clovis de l'histoire au mythe, éditions Complexe, 1996, p. 93.Gilles Baillat, Reims, éditions Bonneton, 1990, p. 57. Reims estaba relacionada con el primer rey de todos los francos, Clovis I, bautizado allí en 496 (o 499) por el arzobispo san Remigio. En 869 fue redescubierta en la tumba del santo la santa Ampolla, elemento que incorporara posteriormente al ritual de la consagración. Se decía que ese aceite milagroso habría ungido a Clovis y que había sido llevado por una paloma que habría descendido del cielo; a partir de 1027, ese aceite, inacabable, ungió a todos los reyes francos y luego a los de Francia en su consagración, legitimando así su poder por derecho divino.
La última consagración de un rey francés fue la de Carlos X el 29 de mayo de 1825 en la catedral de Reims,Relation complète du sacre de Charles X, avec toutes les modifications par Jean J. A. Darmaing et Précis historique du sacre de S.M. Charles X, contenant les détails de cette cérémonie par Charles J. C. Siret. donde se han consagrado treinta y tres soberanos en poco más de 1000 años. A partir de las Ordines ad consecrandum et coronandum regem, una selección de textos manuscritos procedentes de colecciones litúrgicas escritas en Reims a finales del reinado de san Luis, se puede describir con precisión la liturgia de esta ceremonia.
Las insignias de la consagración —como el trono y el cetro de Dagoberto I o la corona y la espada Joyosa de Carlomagno— se custodiaban en la basílica de Saint-Denis, cerca de París, y los instrumentos litúrgicos —como la Santa Ampolla y el Cáliz de san Remi— en Reims. Todavía hoy se conservan parcialmente, especialmente en el Louvre y en otros museos parisinos. La Santa Ampolla se guardaba en un relicario en forma de placa redonda de oro engastada con piedras preciosas y en cuyo centro se encontraba una representación en esmalte blanco de la paloma del Espíritu Santo, de pie con las alas abiertas y apuntando hacia abajo, del que la Santa Ampolla misma formaba el cuerpo. El relicario tenía una pesada cadena con la que podía ser colgado del cuello. Así era llevada la reliquia por el abad de la abadía de Saint-Rémi (donde normalmente se guardaba) cuando este, caminando descalzo al frente de una procesión de sus monjes bajo un dosel llevado por cuatro gentileshombres a caballo, los rehenes de la Santa Ampolla, la llevaba desde la abadía hasta las marcas mismas del altar de la catedral, donde la entregaba al arzobispo de Reims para que la utilizara en el ritual de la consagración.
El tiempo más largo entre una toma de posesión y la consagración fue de once años, el tiempo que tuvo que esperar el rey Sol, Luis XIV; Carlos VII pudo ser conducido a Reims por Juana de Arco después de siete años y Enrique IV solo celebró su consagración después de cinco años, el 27 de enero de 1594 en Chartres. Carlomagno solo fue reconocido por los grandes francos occidentales. Los reyes Carlos el Gordo, Juan I, Luis XVIII y Luis Felipe I, así como el emperador Napoleón III, nunca fueron coronados: Juan I era un infante que murió a los pocos días y Luis XVIII abandonó por razones de salud; Luis Felipe I (1830) y Napoleón III (1852) fueron proclamados en el cargo.
Las consagraciones conjuntas de rey y de reina fueron raras, ya que los reyes en general eran consagrados jóvenes y célibes, especialmente cuando eran consagrados en vida de su padre. Si las reinas se casaban con un rey ya reinante, su consagración generalmente tenía lugar en el lugar de la boda uno o unos días después, y no en Reims, sino en la Sainte-Chapelle o en la abadía de Saint-Denis... La primera reina de cuya consagración se tiene constancia es Emma, esposa del rey Raúl. Fue coronada sola en Reims unos meses después que su marido, mientras el rey luchaba contra sus enemigos. No se puede determinar hasta qué punto fueron consagradas las esposas de los gobernantes anteriores. Bajo la casa de Borbón no hubo consagración de reinas en absoluto, con la única excepción fue María de Medici, que se hizo consagrar el día antes del asesinato de su marido, el rey Enrique IV. También fue la última reina consagrada.
Origen de la ceremonia de la consagración Aparición en el Próximo Oriente La consagración había sido practicada en el antiguo Israel aunque ellos no fueron los inventores de la ceremonia: los archivos diplomáticos de Amenofis IV, en Tell El-Amarna conservan una carta de ca. de un rey sirio, llamado Addou Nirari, recordando al faraón que el abuelo del rey de Egipto «había derramado aceite sobre la cabeza» de su abuelo. La práctica de la unción real también se encuentra en Nínive, en Babilonia, en Damasco y entre los hititas.Jean de Pange, Le roi très chrétien, p. 43.Jean Sainsaulieu, « De Jérusalem à Reims. Origines des sacres royaux », dans Le Sacre des rois, p. 18. El profeta Samuel habría tomado prestada, por lo tanto, la consagración de los países vecinos.
El significado de la consagración de los reyes de Francia no se puede entender sin partir de los textos del Antiguo Testamento, particularmente de los Libros de Samuel, de los Reyes, de las Crónicas y de los Salmos que los clérigos recitaban durante los servicios de la semana. Así es lógico que la idea de que la unción, que tendría el efecto de hacer descender el espíritu divino sobre la cabeza del hombre, se hubiese extendido en el occidente cristiano. Los óleos eran considerados en el mundo antiguo, especialmente por los egipcios, como sustancias divinas, emanación de Dios por ser sustancias solares, que lubricaban e iluminaban al mismo tiempo. La unción con aceite se usaba para consagrar a los sacerdotes y si bien los reyes de Israel no fueron sacerdotes, si participaban del sacerdocio. A la dimensión sacerdotal, la consagración añadía la dimensión filial: cuando el Espíritu Santo investía al rey, convirtiéndole en su hijo adoptivo: «Moi je serai pour lui un père; et lui sera pour moi un fils.» [Yo seré para él un padre; y él será un hijo para mi]2 Samuel 7, 14. «Investido del espíritu de Dios, el rey se convierte por la consagración en el ungido del Señor, en hebreo meshiah, es decir mesías En relación con David y Salomón solamente se menciona la unción, lejos de la multitud; pero posteriormente, la ceremonia se trasladaría al Templo de Jerusalén e incluiría la entrega de una diadema. Sería este modelo el que inspiraría a los pensadores y clérigos de la Europa cristiana.
Introducción en Europa La cuestión sobre si existió una consagración en Irlanda se debate entre los historiadores: Michael Enright defiende la hipótesis de una unción administrada por san Columba alrededor de 574 al rey Aidan mac Gabrain.Michael Enright, Iona, Tara, Soissons. The origine of the Royal Anointing Ritual, Berlin, New York, De Gruyter, 1985, p. 7-8. Por otro lado, se atestigua la existencia de una consagración de los reyes visigodos de España, en ocasiones conectada con la importancia del pensamiento político de Isidoro de Sevilla, con el canon 75 del Concilio de Toledo IV de 633, que equipara a los reyes con los «ungidos del Señor» o con la conversión al catolicismo del rey Recaredo. La primera consagración atestiguada fue la del rey Wamba en el año 672, mencionada por Julián de Toledo. Los escritos de Isidoro de Sevilla y la concepción sagrada bíblica y cristiana de la España visigoda pueden llegado a la Galia con la ola de refugiados cristianos que huían de la península ibérica. La consagración visigoda surgía en un contexto donde la herencia ya no dictaba la sucesión real; su objetivo era establecer firmemente la legitimidad y la inviolabilidad de la realeza del ungido del Señor. Las consagraciones de Pipino el Breve de Francia Los reyes merovingios ( y ) accedían al poder mediante una elección de los aristócratas de las familias merovingias. El poder provenía de su carisma y de sus victorias militares. El bautismo del primer rey merovingio Clodoveo, hacia el 496, no tuvo nunca la consideración de un acto de consagración, sino de una conversión.
Cuando el mayordomo de palacio Pipino el Breve, hijo de Carlos Martel, que detentaba todo el poder en el reino franco pese a la titularidad nominal del rey que no ejercía ninguna autoridad efectiva, decidió a mediados del acceder a la realeza, quiso asegurarse el respaldo de la más alta autoridad espiritual de Occidente: el papa. Para conseguir su autorización envió a a Burcardo y a Fulrado como embajadores ante el papa Zacarías. Este le respondió que el "orden divino" no quedaba claro, puesto que el mayordomo de palacio ya disponía del poder, pero no de su legitimidad y que era la Iglesia la que debía legitimirle por medio del ritual de la consagración. Se utilizará, como modelo de la misma, la unción que recibió David de Samuel según el Antiguo Testamento.« Samuel prit une fiole d'huile, en fit couler sur la tête de Saül » (Livre de Samuel, I. X, 1.) cité par Lorant Deutsch, Metronome, 2009, p.142. La Biblia evoca repetidamente la inviolabilidad de quien ha recibido la unción; de hecho, desde Pipino el Breve hasta Carlos IX, tal protección contra el regicidio fue efectiva, mientras que los reyes merovingios, en un período mucho más corto, fueron asesinados tres veces.Sigeberto I en 575, Teodeberto II en 613, Dagoberto II en 673. Como David, Pipino el Breve no había sido llamado a reinar por nacimiento y como él, recibiría con la consagración una promesa de perennidad.
En , en Soissons, Pipino fue elegido por los francos reunidos en el champ de mai —el 'campo de mayo', la gran asamblea de guerreros francos— y Childerico III, fue encerrado en un monasterio. Los obispos de la Galia lo consagraronClausula de unctione Pippini, citée dans: Pierre Riché, Les Carolingiens. Une famille qui fit l'Europe, Hachette Littératures, 1997, p. 46. en nombre de la santa Iglesia católica dándole la santa unción, marcando su frente y diferentes partes del cuerpo con el santo óleo, el Santo Crisma, para transmitirle el Espíritu Santo. Gracias a esa unción, posiblemente administrada por el arzobispo Bonifacio de Maguncia, el rey de los francos sería investido por Dios con la misión de proteger a la Iglesia.