Martín Rivas es una novela chilena del género realista y costumbrista del , y obra cumbre escrita por el novelista y diplomático chileno Alberto Blest Gana, y publicada en 1862. Es considerada como la primera novela realista escrita en Chile.Un clásico es la última novedad editorial chilena: Reeditan "Martín Rivas". Emol.cl, 7 de julio de 2008.

Es posible catalogarla como una novela histórica, dada su forma de enfrentar los acontecimientos de la época en la que se ambienta, también como su novela El loco Estero, que si bien no goza de la misma popularidad, cuenta con una gran ambientación temporal.

La novela, narrada en forma particularmente amena en tercera persona, retrata fielmente no solo la sutil naturaleza femenina en sus relaciones con el sexo opuesto, sino que también perfila los personajes típicos y costumbres sociales de la época, la siutiquería en la estratificada sociedad santiaguina de entonces; y el encuentro entre dos jóvenes de mundos contrapuestos y disímiles vistos desde la condición social y política de la época.

Resumen En Santiago del (Chile), en 1850, proveniente de una buena familia del norte de Chile (Copiapó), un joven muy talentoso de buena apariencia, cuya familia ha caído en desgracia económicamente, llamado Martín Rivas, es hospedado por los Encina, una familia principal de la crème de la clase alta capitalina radicada en un barrio aristocrático cercano a Campo de Marte (actual Barrio Dieciocho colindante con el Parque Cousiño). Don Dámaso -padre y cabeza de la familia- acoge a Martín por tener deudas de gratitud con el fallecido padre de éste, José Rivas, debido a que la simiente de su fortuna personal se debe a la venta de una mina de propiedad del difunto.

A cambio del hospedaje, el joven Rivas se encarga de las contabilidades de Don Dámaso, quien es además un encumbrado y respetado personaje social y político (partido conservador) de la sociedad chilena, muy convulsionada en aquella época marcada por corrientes políticas importadas (liberalismo radical) y además por convencionalismos y prejuicios discriminativos vigentes (véase Sociedad de la Igualdad). Pronto Martín se gana la estima y confianza de Don Dámaso y le confía mayores responsabilidades rechazando recibir pecunio por sus servicios.

Martín ingresa a estudiar Leyes al Instituto Nacional, donde conoce a un enigmático amigo: Rafael San Luis, muy respetado en su entorno, quien lo ayuda a adaptarse más fácilmente a ese ambiente desconocido y hostil. El carácter pueblerino de Martín le hará pasar más de una mala jugada en Santiago y contrastará fuertemente frente al ambiente discriminativo en que se desenvuelve, pero su amigo, Rafael, le ayuda a salvar esas situaciones. Martín pronto destaca en las aulas por su expresividad oral y claridad de pensamientos. Esta amistad con San Luis gravitará fuertemente en el destino de Rivas.

Don Dámaso, es un hombre entrado en años, apasionado (y voluble) por la política, su mayor sueño es convertirse en senador de la República, tiene una pintoresca y a la vez rígida familia, muy propia del status social de la época, conformada por Doña Engracia Zalazar, una mujer madura y superficial y sus dos hijos mayores (aunque el autor dice al menos haber tres hijos menores más pero los omite): Leonor y Agustín, este último, un esnob, dandi, siútico, pintoresco, sofisticado, alegre y a la vez voluble e ingenuo varón educado en Francia y que usa y abusa de los muchos modismos franceses para expresarse.

Leonor por su parte, es una sorprendente beldad, inteligente y atractiva joven de 19 años, de hermosa cabellera negra y ojos verdes, muy consciente de su elevada posición social y de su incuestionable belleza física, por lo que goza desdeñosamente de los favores de los más preciados y encumbrados pretendientes de la sociedad santiaguina, como si fuere la cosa más natural de la vida. Dos de ellos, el buen mozo empleado público Emilio Mendoza y el muy adinerado, pero feo y tímido Clemente Valencia, compiten por los favores de una aparentemente indiferente Leonor.

Muy cercana a la familia está la familia Elías, compuesta por el severo, interesado y calculador Don Fidel, la romántica doña Francisca (hermana de Don Dámaso) y la dulce prima Matilde, quienes los visitan regularmente.

Martín, de carácter provinciano, sufre con dignidad y firmeza los sutiles desaires que su condición social ostenta ante el encumbrado ambiente plagado de siutiquerías en que se mueve; pero, no puede evitar sentir admiración desde el primer momento y enamorarse por primera vez en su vida de la agraciada hija de Don Dámaso, Leonor Encina. La extraordinaria hermosura, posición social e inteligente personalidad de la agraciada muchacha y por sobre todo, su pobreza, le hace medir el inconmensurable abismo entre ambos. Acongojado, Rivas decide mantener a toda trance oculto sus sentimientos ya que no posee ninguna esperanza de ser correspondido debido a su condición socioeconómica, aunque se las arregla para mantenerse siempre cerca de ella.

Orgullosa, altanera y soberbia, Leonor intenta humillar sutilmente al protegido de su padre, por considerarlo; provinciano, de orgullosa dignidad y osado para la condición social que ostenta; pero en realidad la razón que la lleva a comportarse de esta singular manera es que no cree producir en Martín el mismo efecto de sumisión y admiración que produce en el resto de los jóvenes que la rodean, que caen rendidos a sus pies, y siendo estos de mucho mejor condición social que Rivas. La aparente firmeza con que Martín se resiste a caer en sus redes es un desafío para su vanidad de mujer. Martín percibe las manipulaciones y el rechazo sutil de Leonor, pero mantiene a todo trance su dignidad, con humildad ocultando celosamente sus intensos y secretos sentimientos.

Matilde Elías, la hija de Don Fidel y prima de Leonor, está enamorada de Rafael San Luis; pero un prometedor romance mantenido en el pasado con el enigmático joven había sido truncado al empobrecer súbitamente la familia de Rafael San Luis, por lo que Don Fidel había optado por alejar a San Luis de Matilde usando los oficios de Don Dámaso, quien terminó por romper en definitiva el enlace. Tanto Rafael como Matilde no se habían olvidado el uno el otro; pero no habían hallado la forma de poder reconciliarse y reencontrarse, hasta que gracias a la intervención de Leonor con Martín oficiando este de intermediario ante San Luis y Leonor con Matilde, logran finalmente reencontrarse y reanudar sus proyectos matrimoniales. Ayudaba a la reconciliación el hecho de que Rafael San Luis había convencido a su tío de arrendarle el fundo "El Roble", que despertaba el vivo interés y codicia de don Fidel.

Es precisamente en estas conversaciones celestinas que Leonor mantiene con Martín, con el objeto de reencontrar a esta pareja, en que se entabla en las entrelíneas, una enconada batalla entre la dignidad de Martín ejercida con firme humildad; y el orgullo, la vanidad y la soberbia de la hermosa muchacha.

Mientras tanto, Martín hace amistades en la clase media, especialmente ayudado por Rafael San Luis (fiel enamorado de la prima de Leonor -Matilde-, pareja que constituye un segundo núcleo en la historia). Rafael San Luis frecuenta además una familia de "medio pelo" (clase media) bastante especial, los Molina, compuesta por su madre, la pícara y ambiciosa Doña Bernarda; la desdeñosa, dura de corazón y hermosa Adelaida; el intrigante y flojo, pero ambicioso Amador; y la dulce, tímida y buenamoza Edelmira. Rafael San Luis y Martín son invitados frecuentes de las tertulias que se organizan en la casa de los Molina, a los que se suma el afrancesado Agustín, quien intenta seducir a Adelaida. Los Molina interpretan en estas visitas como una señal de aceptación de su grupo en los más altos círculos de la clase alta criolla.

Juntamente con esta situación de tertulias, la buenamoza y romántica, pero tímida Edelmira se enamora abnegadamente de Martín a quien él, sin embargo, considera solo una fiel e íntima amiga, pero que cobrará un significativo papel en el desenlace de la historia, además Edelmira descubre muy a su pesar que el corazón de Martín pertenece a Leonor.

Esta amistad le traerá a Martín desencuentros con el brusco y destemplado capitán de policía, Ricardo Castaños, quien está loco de amor por Edelmira. Así mismo, el siútico Agustín se meterá en más de un problema por conquistar a la hermana de Edelmira, la astuta y bella Adelaida, quien junto a su hermano Amador lo manipula y solo lo considera un franchute encumbrado y además un bobo de marca mayor, pero gradualmente lo enreda en un escabroso y falso compromiso matrimonial con Adelaida con tal de escalar en estatus social. Agustín, entonces, tendrá que recurrir a Martín para poder zafarse de los enredos en que se mete. Adicionalmente, la impredecible Adelaida mantiene un secreto cuya revelación desatará consecuencias insospechadas.

Los oficios de Martín en el reencuentro entre Matilde y San Luis, la absoluta confianza de Don Dámaso en la delegación e inteligente conducción como encargado de sus negocios, la intervención exitosa en el lío de faldas de Agustín y por sobre todo la dignidad del provinciano, hacen que Leonor se fije, sin querer reconocerlo, en Martín.

Leonor, al ver que no puede vencer la dignidad ni puede ejercer sumisión sobre Martín, empieza a fijarse sin querer en su escurridizo enamorado, descubriendo que por sobre su relativa pobreza, Martín cobija en su ser las bondades de un verdadero hombre, de alma noble y generosa, lo que la lleva -casi por descuido- a abrir una nueva puerta en su corazón a un poderoso mundo de sentimientos y sensaciones nunca antes sentido por ella, después de muchas peripecias y luchas con su orgullo propio. Será su prima Matilde quien la hará revelar así misma sus incipientes sentimientos respecto de Martín y de la delicadeza de su comportamiento esquivo.

Leonor inteligentemente busca ayuda e información sobre las actividades de Martín, pues cree que el corazón de Martín está depositado en alguna persona de sus frecuentes visitas, averigua y cree erróneamente que Martín está enamorado de Edelmira, cuando en realidad el amor de la muchacha esa ni siquiera es conocido por él. Esta situación le provoca un desconocido y gélido sentimiento de despecho y la coloca como una rival a quien ella considera como mujer de medio pelo o inferior rango social, lo que la mortifica y la hace armarse de mayor soberbia; pero también provoca que aumente su interés en Martín.

Gracias a Martín y Leonor, Rafael San Luis y Matilde están a punto de materializar su compromiso y Don Fidel saca alegres cuentas por la prórroga del arriendo de un fundo llamado "El Roble", de propiedad de Rafael San Luis; pero una escabrosa situación presentada en forma vengativa por Doña Bernarda en defensa de su mancillada hija Adelaida se pone al descubierto; Adelaida ha quedado embarazada de San Luis en uno de sus ocultos amoríos y esto ha sido mantenido en secreto por ambos, hasta que lo confiesa bajo presión a su furibunda madre al momento de dar a luz.

La inesperada revelación rompe el compromiso con Matilde, sumiendo en la desgracia a ambos jóvenes. Nada puede hacer Martín al respecto y Matilde, aconsejada por Leonor, desprecia para siempre a San Luis. Rafael decide pasar un tiempo como anacoreta y opta por refugiarse en La Recoleta Franciscana.

Otra situación se desarrolla casi a la par con los acontecimientos anteriores. Edelmira es conminada por su ambiciosa madre, en connivencia con Amador, a contraer matrimonio con el recientemente ascendido capitán de policía, Ricardo Castaños, a lo que la joven se opone tenazmente por no amarle y decide escapar a Renca, hacia una casa de una tía y pide a Martín que la acompañe.