La Iglesia de la Orden de Ermitaños de San Agustín de Hipona, o simplemente Iglesia de San Agustín, es un templo católico ubicado al sur del Centro Histórico de la ciudad de Popayán en Colombia, tan solo a dos cuadras del Parque Caldas. Es un tesoro del Barroco tardío del por la presencia de este estilo en sus seis retablos, incluyendo al mayor ubicado en el presbiterio. También refleja la influencia de la arquitectura Neoclásica, popular tras el terremoto de 1736, difundida por maestros como Gregorio Causi y Marcelino Pérez de Arroyo y Valencia, quienes difundieron ampliamente esta corriente artística en muchas de sus obras, y que se ve reflejado en la fachada del templo, que se aleja del estilo colonial español.
La iglesia es de planta basilical con dos naves laterales, la central siendo más alta y ancha que las demás. También cuenta con dos entradas de acceso, una que da hacia la calle de las Cárceles o calle 7 que es la principal y la otra, un poco más modesta que da a la calle de San Agustín o carrera 6. Este templo tiene una peculiaridad que la hace especial de entre las otras iglesias del centro y es que tiene dos torres ubicadas a los dos extremos de la nave del evangelio, ambas tienen un diseño muy similar a la icónica Torre del Reloj que de forma similar, es el campanario de la Catedral basílica de Nuestra Señora de la Asunción de Popayán, sin embargo la torre sur que tiene primero una planta pentagonal y después pasa a ser cuadrada, aquí no funciona para resguardar las campanas sino más bien contiene la sacristía en su parte inferior, y los pisos superiores se usan para actividades de la parroquia, como las catequesis tanto de primera comunión como de confirmación. Mientras que la torre norte además de ser el campanario, también tiene el baptisterio en su base, a semejanza de Santo Domingo.
La iglesia y el convento agustino al igual que todo el centro en su conjunto fue declarado como Monumento Nacional de Colombia el 30 de diciembre de 1959.
Historia
izquierda|miniaturadeimagen|272x272px|Placa conmemorativa en mármol de la historia del edificio. La comunidad de los Padres Agustinos llega a Popayán hacia el cuarto final del , cuando gracias al favor de una Real Cédula expedida por la Corona Española que le cedían a la Orden unos solares al sur de la plaza central y diagonal al convento de las agustinas descalzas para instalarse y construir su residencia. Por lo que se levanta una simple casona de adobe y bahareque junto con una choza pajiza que sirvió como oratorio dedicado a su patrón San Agustín de Hipona para la congregación y los vecinos de alrededores, siendo fray Jerónimo de Escobar el primer prior, fundador y promotor de toda esta obra evangelizadora, recibiendo después modestas ampliaciones en los años siguientes.
Después de 1736 Lamentablemente, este pequeño complejo no le sobrevivió a la catástrofe que supuso el terremoto del 2 de febrero de 1736, cuando casi toda la ciudad de Popayán fue destruida, cobrándose la vida de cientos de personas de todas las clases sociales. Al quedar el convento y la capilla arrasados, se vio en la urgente tarea de reconstruirlo todo, tal como se estaba efectuando con los otros templos del centro. miniaturadeimagen|339x339px|Nave central de la iglesia de San Agustín con el altar mayor al fondo. Por lo que los frailes agustinos buscaron el apoyo entre la clase aristocrática y el campesinado para las obras de renovación, logrando algunas limosnas de gran valor como el del presbítero José Beltrán de Caicedo, pero que eran insuficientes para levantar el proyecto ideado, no fue sino hasta que se le consultó al rico burgués y comerciante don Jacinto de Mosquera y Figueroa, cuya mansión sobrevivió al sismo, si pudiera colaborar con la causa que donó sin vacilar una generosa cantidad de dinero, la cual se sumó con los 10000 pesos que entregó muy benévolamente la marquesa de San Miguel de la Vega, doña Dionisia Pérez Manrique y Camberos. Fue también gracias a tal devota y buena noble española, que el arquitecto santafereño Gregorio Causi fue contratado para diseñar los planos y dirigir la construcción del nuevo templo.
Pese a todo el mecenazgo recibido, las obras se vieron ralentizadas porque el dinero se fue consumiendo de una manera que no se previo, por lo que los materiales de construcción que en un inicio fue de excelente calidad pero poco a poco está se fue disminuyendo para poder ahorrar gastos para poder terminar lo mejor posible la iglesia. A pesar de esto, se logró concluir un esbelto templo de tres naves, separadas entre sí por cinco arcos de medio punto hechos en ladrillo y sustentados por 6 columnas forradas en lozas de piedra bogotana y con una pequeña pilastra de baldosa en la mitad. izquierda|miniaturadeimagen|289x289px|Vista nocturna de la fachada de la iglesia. El gran arco toral separa a la nave central del presbiterio, el lugar más sagrado porque ahí se celebra la santa misa en el altar mayor enfrente del impresionante retablo barroco, a la izquierda de esta se ubicó la sacristía que tiene tanto acceso tanto al despacho parroquial, al camarín posterior y a los pisos superiores de la torre sur por medio de una escalera de caracol. Aparte de esto la iglesia cuenta también con una capilla adosada a la nave de la epístola, un baptisterio que está en la base del campanario y un coro sostenido por un sotacoro apoyado en vigas de madera al cual se puede acceder por medio de la estancia a la derecha, al lado contrario de la torre norte.
Hacia 1827, hubo en Popayán un fuerte temblor que derrocó su fachada barroca y el camarín, por lo que se destinó reconstruirla en estilo neoclásico muy de moda en esos tiempos, acabándola en el año de 1858, mientras que el campanario se finalizó en 1957.
La fachada de San Agustín es sin duda uno de sus elementos más característicos del edificio santo, ya que cuenta con un par de 3 columnas de fuste liso blancas con capiteles de orden jónico de color carmesí, en la base de las mismas se pueden apreciar algunas piedras al desnudo para denotar de que material se realizaron, la entrada consta de un arco de medio punto de piedra y una ventana por encima que tiene un arco adintelado, flanqueando a esta, hay dos astas con forma de la cruz de Jerusalén para sostener banderas. El grupo de pilares antes mencionados, sustentan un arquitrabe rojo que a su vez está coronado por un frontón triangular que tiene dos salientes en las columnas que sobresalen más, haciendo la ilusión de estar dividido en varias partes.
La iglesia de San Agustín no fue víctima de mucho más cambios significativos después de su inauguración, sin embargo la Orden de los Ermitaños Agustinianos tuvo que salir al exilio del continente debido primero a las guerras de Independencia de Colombia, para luego ser finalmente expulsados del todo gracias al presidente payanés Tomás Cipriano de Mosquera por medio de la ley de enajenación y expropiación de bienes religiosos, por lo que el monasterio fue dedicado a la enseñanza laica, mientras que la administración del templo quedó en las manos de la diócesis de Popayán.
A causa del preocupante deterioro que se fue presentando en todo el claustro en general, hacia la década de los 70 y después de un sismo ocurrido en 1967 se efectuó una restauración de amplias proporciones que consolidó la estructura y recuperó la fisionomía original, lo mismo se hizo con el convento que fue renovado y hoy es la Institución Educativa San Agustín regentado por las Hermanas Vicentinas. Gracias a todo el proceso anterior, es que ambos monumentos lograron sobrevivir al terremoto del 31 de marzo de 1983 sin daño grave o afectación a su solidez, sin embargo aún se evidencia un deplorable estado de conservación de los maravillosos retablos y demás piezas barrocas que están siendo atacadas por microorganismos y por el saqueo esporádico de muchos fragmentos.
En abril del año 2021, durante unas obras de cambio de calzada en la calle 7, se descubrió un antiguo andén empedrado que databa del , siendo hasta más antiguo que la iglesia por lo que la alcaldía emprendió un proceso de restauración y dejó a la luz una parte del hallazgo como muestra del diseño virreinal que tenía la plazuela de San Agustín.
Cofradías Una tradición traída desde España, las cofradías coloniales surgieron por la necesidad de los fieles de agruparse en organizaciones en torno a una advocación de su devoción con el fin de promover su veneración, preservar su imagen tutelar y realizar las correspondientes fiestas patronales.
En la Iglesia de los padres agustinos desde sus etapas más primitivas, fueron fundándose juntas que tuvieron como sede este templo, al mismo tiempo que nuevas devociones llegaban al recinto.
Se tiene constancia de las siguientes cofradías:
Cofradía del Amo Jesús o Señor de las caídas. (Actualmente las dos imágenes del Amo están en el Santuario de Belén y en la Iglesia de la Encarnación respectivamente) Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores. (Hoy en día es la patrona de la Iglesia) Cofradía de San Agustín. (Advocación principal de la Iglesia) Cofradía de la Santísima Trinidad. (Cuenta con una capilla propia sobre la nave de la epístola)
Lastimosamente casi la totalidad de las cofradías que algún día contaron con su sede en la iglesia en la actualidad ya no existen más, debido a diversos factores como la independencia, la expulsión de los padres agustinos de Colombia o las guerras civiles que conllevaron la emigración de las familias aristócratas.
Retablos
Altar mayor izquierda|miniaturadeimagen|Retablo principal de San Agustín, de hermoso estilo barroco.|348x348px El retablo central ubicado en el presbiterio es sin duda la más bella joya que guarda la iglesia de San Agustín, ya que es uno de los que contiene el más puro estilo barroco neogranadino con todos los elementos característicos de esta corriente arquitectónica presentes. En su nivel inferior tiene un sotabanco en cuyo centro sobresale el antiguo altar en el que se celebraba la misa tridentina desde los tiempos coloniales hasta el Concilio Ecuménico Vaticano II, cuando se cambió por la liturgia actual, lo que conllevo la erección de una nueva mesa para las celebraciones religiosas, sostenido por columnas enroscadas a los lados de una águila bicéfala dorada.
En la parte media, se destaca en la mitad un hermoso sagrario hecho en plata repujada y cincelada, se dice que fue donado por don Pedro Agustín de Valencia, y es toda una obra de arte de la orfebrería payanesa, por encima de este tabernáculo esta la venerada imagen de Nuestra Señora de los Dolores, escultura española XVIII cuyo trono y rayos de resplandor fueron elaborado por don José Arboleda, mientras que el corazón y la daga que lo atraviesa hechos en plata, cuentan con una leyenda muy especial que narra que, el presbítero Ignacio Tenorio y Carvajal realizaba un largo y extenuante viaje desde la península ibérica hasta la ciudad de Lima, capital del Virreinato del Perú, al creerse en su destino (aunque en realidad había arribado a Popayán, capital de la Provincia de Popayán), fue de inmediato a la Iglesia más cercana que era San Agustín y se postró ante la efigie de la virgen dando gracias por el buen término de su travesía y en acción de gracias, donó el preciado detalle y desde entonces forma parte del ajuar de la Dolorosa hasta hoy, junto a sus vestidos traídos de Francia del , por don Tomás Olano Olave.
Acompañan a la Virgen de los Dolores, San José con el niño a su derecha y Santa Marta a la izquierda (La misma que hace parte del paso El Encuentro), separados entre por columnas salomónicas geminadas con capiteles de orden corintio en cuyas bases está representado un sol antropomorfo similar al Incaico. A ambos lados se levanta un arquitrabe que se unen en forma de cornisa de arco por encima de la hornacina central.