María Isabel de Jesús Acuña Arias (San José, 5 de marzo de 1941-Heredia, 15 de agosto de 1954) conocida como la Niña Marisa, Maritza o Marisa de Heredia fue una creyente católica.

Desde el año 2018, el Vaticano la considera Sierva de Dios.

Biografía Nació en San José de Costa Rica. Fue la mayor de dos hijas del matrimonio formado por Rafael Ángel Acuña Arias y Blanca Arias Chavarría, su hermana menor se llamó María Elena.

thumb|right|150px|Acta bautismal, archivo Parroquia La Dolorosa, Costa Rica (1945). Fue bautizada el 29 de abril de 1941 en la iglesia la Dolorosa (San José, Costa Rica), y confirmada el 4 de noviembre de 1945, por monseñor Víctor Sanabria Martínez en la Catedral metropolitana de San José.

thumb|150px|Primer año de edad. Hizo su primera comunión el 8 de diciembre de 1949, también en la iglesia La Dolorosa, en ese entonces regentada por los frailes de la Orden de Predicadores.

Su padre decidió apartarse de la religión católica, y hacerse evangélico, pero volviéndose muy hostil al catolicismo, incluso salió de la casa el día que Marisa hizo su primera comunión, eso le provocó tristeza a la niña que a partir de ese momento empezó a rezar para pedir que su padre volviera a la Iglesia católica.

Su familia se trasladó a vivir a Heredia por razones de trabajo del padre.

Desde pequeña se caracterizó por su piedad y devoción cristiana, y sobre todo por su caridad a las personas necesitadas, pero trataba de hacerlo siempre en secreto; por ejemplo les daba monedas de sus ahorros, juguetes, pan y limonada a los niños pobres o personas sin techo, que pasaban todas las semanas cerca de su casa. Como el caso de un mendigo anciano del que nadie se compadecía y todos huían, llamándolo incluso "el hediondillo", Marisa era la única que siempre después de darle su ración de pan y limonada, lo despedía con un beso y un abrazo.

thumb|150px|Retrato de su infancia. thumb|150px thumb|150px|Retrato “Niña Marisa”.

En la escuela, ayudaba a las compañeritas más rezagadas en sus estudios, y repartía sus meriendas a las niñas que no traían nada que merendar, aunque ella se quedara con hambre.

También se cuenta que para su graduación de la escuela primaria, tenía varias monedas ahorradas que su padre le había dado desde hace meses, esto para comprarse un espléndido vestido blanco de graduación que a ella le había fascinado, sin embargo Marisa dividió a la mitad ese dinero y compró dos vestidos más modestos, uno para ella, y otro para una compañera que no tenía para comprar uno, pues su familia era muy pobre.https://www.nacion.com/archivo/marisa-la-nina-que-llaman-santa/T3VWJMX6ONCH7ABJJMYRGRPLBM/story/

Edificaba y alegraba a todos a su alrededor, y cuando alguna compañera, familiar o persona vecina pasaba alguna enfermedad o cualquier otra dificultad, inmediatamente era visitada por Marisa para confortarle y darle palabras de aliento, haciendo hincapié en tener siempre confianza en Dios.https://www.youtube.com/watch?v=Kn0tLroBS6s

thumb||right|150px|Primera Comunión.

Después de terminar la primaria en la Escuela Rafael Moya en Heredia, Marisa ingresó al Colegio María Auxiliadora de Heredia, Costa Rica, dirigido por las religiosas Hijas de María Auxiliadora, siendo Marisa muy devota de la advocación María Auxilio de los Cristianos.

En ese instituto escuchó hablar sobre la vida de Laura Vicuña, una niña salesiana chilena, que ofreció su vida por la conversión de su madre, quien vivía en unión libre.

thumb|150px|Antiguo edificio del Colegio M.ª Auxiliadora, Heredia.

thumb|150px|Interior de la antigua Capilla del Colegio M.ª Auxiliadora, Heredia.

thumb|150px|Su colegio recordó su 5.º aniversario luctuoso.

Enfermedad

Cuando tenía 12 años empezó a sufrir fuertes dolores de cabeza y después de varias pruebas, los médicos le diagnosticaron un tumor cerebral inoperable. Sin embargo, aunque sus dolores de cabeza eran cada vez peores, la joven se negaba a tomar cualquier medicamento que pudiera ayudarle a apaciguarlos.

Un día el sacerdote dominico fray Ángel Menéndez la visitó en el centro policlínico de Heredia, y Marisa le confesó que rechazó tomar medicamentos analgésicos porque, según ella, «su dolor se lo estaba ofreciendo a Dios para pedir por la conversión de su padre».

En esos días la jovencita había perdido la vista a causa de su enfermedad pero lo quiso mantener en secreto, los demás se dieron cuenta de que estaba ciega cuando se hizo evidente que solo estaba intentando fingir que aún podía ver.

Finalmente el padre de Marisa regresó al catolicismo, se confesó con el sacerdote Menéndez, y comulgó con ella.

Su enfermedad progresó, al igual que sus dolores, pero ella aducía que ofrecía esos sufrimientos para conversión y expiación de los pecadores, por lo que seguía negando que se le aplicaran calmantes. Y era ella misma quien consolaba a sus padres, familiares, amigas, vecinos y hasta al personal sanitario, y según se constata, Marisa afirmó que volaría al cielo en la fiesta de la Virgen. Así fue, días después, el 15 de agosto de 1954 (festividad de la Asunción de María), Marisa falleció a los 13 años de edad, siendo enterrada con un concurrido funeral en el cementerio municipal de Heredia, donde permanece en un mausoleo dispuesto para ella.

Testimonios

La memoria de María Isabel Acuña Arias ha perdurado a través de testimonios escritos y relatos transmitidos de generación en generación entre familiares, vecinos y personas que la conocieron en Heredia. Estos recuerdos coinciden en describirla como una niña de profunda serenidad, sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno y notable vida espiritual, cualidades que contribuyeron al surgimiento y permanencia de su fama de santidad.

En un testimonio redactado en 1992, José Alberto Redondo Segura, vecino de la familia Acuña Arias en Heredia durante la década de 1940, recordó a María Isabel como una niña de pocas palabras, de carácter sereno y con una sonrisa que transmitía paz. Relató que, siendo ambos niños, ella lo consoló con un gesto de afecto durante un momento de tristeza, experiencia que permaneció grabada en su memoria durante décadas.

Redondo también evocó otros episodios de su niñez en los que observó a María Isabel acercarse espontáneamente a personas afligidas para brindarles consuelo. En su relato, interpretó estos recuerdos como manifestaciones tempranas de la sensibilidad espiritual que más tarde sería reconocida por numerosos devotos de la Niña Marisa.

Culto y proceso de canonización Poco después de su muerte, la fama de santidad de María Isabel Acuña Arias corrió prontamente por toda Heredia, San José y luego por todo el país. Con el tiempo, se realizaron y distribuyeron libros y novenas sobre su vida, también estampitas, cuadros, relicarios y medallas con la imagen de María Isabel.

thumb|150px|Reliquia de 2.º grado en un relicario metálico con su rostro al reverso. thumb|150px|Medalla con su retrato, (objeto de devoción privada).

Prácticamente en todo hogar católico costarricense de antaño se tenía alguno de estos objetos. Muchas niñas fueron bautizadas con el nombre de Maritza o María Isabel en su honor, muchas madres pedían la salud y protección divina para sus criaturas por mediación de Marisa, y los jóvenes estudiantes pedían su intercesión para ayuda en sus estudios. Para la devoción y piedad popular la niña Marisa ya era una santa.

La idea de recurrir a las principales autoridades internacionales de la Iglesia Católica para iniciar con el proceso formal de beatificación y canonización de la niña Marisa se sugirió pronto. Las hermanas salesianas, mismas que se encargaban del colegio donde Marisa estudió, se ofrecieron para llevar su causa, pero al final los encargados en llevar adelante ese proceso fueron los sacerdotes dominicos de la iglesia La Dolorosa, donde Marisa fue parroquiana de infante. Lamentablemente al fallecer dichos sacerdotes, su causa quedó prácticamente en el olvido, y al parecer con ellos también se perdió la documentación de varios testimonios de personas que aseguraban recibieron un milagro de Dios por intercesión de la niña Marisa.

thumb|150px|Oración para culto privado aprobada por Mons. Rubén Odio.

No fue hasta el año 2018 que la Arquidiócesis de San José pudo iniciar el desarrollo de la beatificación y canonización, y el 19 de marzo del 2018 el Vaticano declaró Sierva de Dios a María Isabel Acuña Arias.

thumb|150px|Oración para la beatificación de la Sierva de Dios, dada en la Arquidiócesis de San José (2018).

En enero del 2019, la máxima autoridad de la Iglesia Católica en Costa Rica, el obispo Rafael Quirós visitó la bóveda de Marisa para rendirle homenaje, manifestando que intentarían avanzar con el proceso de canonización.

Actualmente la tumba-quiosco de la niña María Isabel aún es visitada (sobre todo los días 15 de agosto de cada año) por personas que rezan y piden milagros a Dios por intercesión de María Isabel, o incluso agradecen por supuestos favores o milagros que se les ha concedido gracias a la mediación de ella.

Estado de la causa de canonización

Concluida la fase diocesana de la investigación sobre la vida, virtudes y fama de santidad de María Isabel de Jesús Acuña Arias ("Niña Marisa"), el tribunal eclesiástico encargado de la causa, presidido por el presbítero Alejandro Jiménez, vicario judicial de la Arquidiócesis de San José, recopiló y examinó los escritos, testimonios y demás documentos relacionados con su vida y los remitió al entonces Dicasterio para las Causas de los Santos de la Santa Sede para su estudio.

Corresponde al Dicasterio evaluar la documentación presentada y determinar si la causa puede continuar su curso. En caso de que se reconozca el ejercicio heroico de las virtudes cristianas de la Sierva de Dios, el papa autorizará la promulgación del decreto correspondiente, mediante el cual María Isabel de Jesús Acuña Arias recibirá el título de Venerable.

Mientras no se produzca dicha declaración, la devoción hacia la Niña Marisa se mantiene en el ámbito privado, conforme a la normativa de la Iglesia católica. Los fieles pueden invocar su intercesión de manera personal, pero su imagen no está destinada al culto público en los templos. Una vez declarada Venerable, su imagen podrá exponerse como parte de la difusión oficial de la causa, siempre de acuerdo con las disposiciones eclesiásticas vigentes.

El siguiente paso del proceso canónico será la beatificación, para la cual la Iglesia exige el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión ocurrido después de su muerte. Por este motivo, el Departamento de la Causa de Canonización invita a quienes consideren haber recibido una gracia o un posible milagro por intercesión de la Niña Marisa a comunicarlo, aportando la información y documentación correspondiente. Los testimonios pueden presentarse ante el Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis de San José, en Barrio México, San José.

Exhumación y posible traslado de los restos

En caso de que María Isabel de Jesús Acuña Arias ("Niña Marisa") sea declarada Venerable por la Santa Sede, está prevista la exhumación de sus restos mortales, como parte de las actuaciones relacionadas con el avance de su causa de canonización.

Tras la exhumación, los restos serían trasladados desde el mausoleo donde actualmente reposan, en el Cementerio Municipal de Heredia, al Templo de El Carmen, en la ciudad de Heredia. Según lo previsto, el lugar destinado para su sepultura se ubicaría junto al vitral de la Anunciación de la Virgen María, en un espacio especialmente acondicionado para ese fin.

Actualmente, los restos de la Sierva de Dios permanecen en el mismo mausoleo con forma de quiosco donde fue sepultada en el Cementerio Municipal de Heredia. Desde el inicio de su causa de canonización en 2018, el sitio ha recibido labores de conservación y mantenimiento por parte de la Municipalidad de Heredia, después de presentar el deterioro propio del paso del tiempo.

Véase también Laura Vicuña Domingo Savio