Durante la segunda guerra bóer, que duró de 1899 a 1902, los británicos crearon campos de concentración en Sudáfrica. Los campos fueron establecidos originalmente por el ejército británico como « campos de refugiados » para proporcionar refugio a las familias civiles que se habían visto obligadas a abandonar sus hogares por cualquier motivo relacionado con la guerra. Sin embargo, Frederick Roberts, comandante en jefe británico, inició una política de tierra quemada a mediados de junio de 1900, en un intento de romper la campaña de guerrillas y, como resultado, la afluencia de civiles creció dramáticamente. A finales de 1900, Herbert Kitchener tomó el mando de las fuerzas británicas e intensificó esa política, lo que provocó la extrema masificación de los campos.
Esta no fue la primera aparición de campos de internamiento, ya que los españoles habían utilizado el internamiento durante la Guerra de Independencia cubana, pero el sistema de campos de concentración de la guerra bóer fue la primera vez que una nación entera era atacada sistemáticamente. izquierda|miniaturadeimagen|Muchachos en el campo para negros de Bronkhorstspruit, cerca de Mafeking, 1901. Hubo un total de cuarenta y seis campamentos que se construyeron para los internos bóeresEl término más habitual actualmente es afrikáner, reservándose bóer para los granjeros de las primeras generaciones de descendientes de europeos, aunque en la historiografía de las guerras se utiliza de forma general bóer por ser el término común en esa época. y un mínimo de sesenta y seis campamentos adicionales que se construyeron para personas negras. De los 33000 hombres bóeres que fueron capturados como prisioneros de guerra, más de 30000 fueron enviados a campos de prisioneros en otros lugares del Imperio británico. La gran mayoría de los bóeres que permanecieron en los campamentos locales eran mujeres y niños. Más de 27927 mujeres y niños bóeres perecieron en estos campos de concentración, así como más de 20000 negros en los campos específicos para mantener la segregación.
thumb|right|Lizzie van Zyl, una niña bóer, visitada por Emily Hobhouse en un campo de concentración británico
Los campos estuvieron mal administrados desde el principio y se sobreocuparon cada vez más cuando las tropas de Kitchener implementaron la estrategia de internamiento a gran escala. Las condiciones eran pésimas para la salud de los internos, principalmente por el abandono, la mala higiene y las malas condiciones sanitarias. Las raciones de alimentos eran escasas. El alojamiento inadecuado, la mala alimentación, la mala higiene y el hacinamiento llevaron a la desnutrición y enfermedades endémicas contagiosas como el sarampión, la fiebre tifoidea y la disentería a la que los niños eran particularmente vulnerables.
Antecedentes
thumb|upright|Frederick Roberts|izquierda Tras la batalla de Paardeberg, la capital del Estado Libre de Orange, Bloemfontein, fue tomada el 13 de marzo de 1900. Frederick Roberts emitió una proclama invitando a los bóeres a deponer las armas y firmar un juramento de neutralidad. Entonces serían libres de regresar a sus granjas en el entendimiento de que ya no participarían en la guerra.
Un tercio de los bóer se acogieron a la propuesta, que fueron llamados protected burghers (burgueses protegidos). Roberts había apostado por esta política para poner fin a la guerra. Pero después de la ocupación británica de la capital de Transvaal, Pretoria, el 5 de junio de 1900, no se vislumbraba un final; muy al contrario ya que los bóeres habían iniciado una guerra de guerrillas, que incluía ataques a las vías del tren.
En reacción, Roberts emitió una proclama el 16 de junio de 1900, afirmando que por cada ataque a una línea de ferrocarril se incendiaría la granja más cercana. Este fue el comienzo de la política de tierra quemada. Cuando esto no funcionó, Roberts emitió otro anuncio en septiembre declarando que todas las granjas serían quemadas en un radio de dieciséis kilómetros de cualquier ataque, y que todo el ganado sería sacrificado y los cultivos destruidos; así como comenzó a acoger a los protected burghers y reunirlos en campos de refugiados. Los dos primeros se establecieron en Bloemfontein y Pretoria en septiembre de 1900.
Esta política se intensificó dramáticamente cuando Kitchener reemplazó a Roberts como comandante en noviembre de 1900. Casas y pueblos enteros fueron incendiados incluso sin ataques contra ninguna infraestructura ferroviaria. De esta forma, casi todas las granjas de los bóeres (alrededor de 30000 en total) fueron arrasadas. Tanto Trasvaal como el Estado Libre de Orange quedaron completamente devastadas.
Mientras tanto, los líderes bóeres estaban reorganizando sus comandos después de algunos reveses importantes. Una acción fue removilizar a los bóeres que habían depuesto las armas. Pero la política de tierra quemada había llevado a que cada vez más mujeres y niños se quedaran sin hogar. El mando británico decidió llevar también a los campos a familias de hombres que todavía estaban luchando en las guerrillas.
Los campos
La segregación racial en los campos de concentración se mantuvo en todo momento. Mientras los campos para personas negras tenían unas condiciones de vida peores, incluyendo la obligación de realizar trabajos forzados para obtener comida, los campos para bóeres tienen una gran importancia porque, al estar orientados a todo un grupo étnico, bordearon la actual consideración de genocidio.
Campos para bóeres thumb|right|Ubicación de los campos para blancos Tras el inicio de los incendios en las granjas y debido a las promesas de Roberts a los bóeres que se habían comprometido a no luchar, la única salida era reubicarlos con sus familias en campos de protección (los llamados «campos de refugiados») y, en consecuencia, dichos campos se establecieron oficialmente en septiembre de 1900 en Bloemfontein y Pretoria (campo Irene). En los campamentos, desde el principio, también hubo mujeres y niños bóer sin hogar, así como ancianos cuyas casas fueron incendiadas y que no se pusieron voluntariamente bajo la protección británica; y pronto superaron en número a los «refugiados». Otros campos que surgieron antes de finales de 1900 estaban en Potchefstroom, Heidelberg, Heilbron, Kroonstad, Norvalspont, Pietermaritzburgo y Port Elizabeth.
El 29 de noviembre de 1900, Kitchener asumió el mando de Roberts. Bajo su mando los incendios de granjas, a pesar de su posición declarada en contra, no disminuyeron en absoluto. Sus instrucciones dieron una libertad considerable a los oficiales militares y prosiguió la quema de localidades enteras como Ermelo o Lindley. Además, Kitchener siguió destruyendo suministros, los cultivos fueron arrasados y el ganado fue llevado a los campamentos británicos o sacrificado.
thumb|right|Mujeres y niños bóer en un campo de concentración
Desde enero de 1901 miles de mujeres y niños bóeres, cuyos maridos y padres todavía luchaban en las guerrillas, fueron sacados de las granjas y llevados a campos de concentración existentes o recién establecidos. Según Joseph Chamberlain, ministro para las Colonias, esto se hizo por razones humanitarias. El hecho de que miles de granjas fueran incendiadas y las mujeres y los niños que habitaban en ellas fueran llevados a la fuerza a los campamentos, así como la revelación de que el propio Kitchener insistió en un trato diferente para las familias que no luchaban («refugiados») y el resto, sugiere que los campamentos por motivos militares se erigieron para acabar con la resistencia bóer. Kitchener creía que si las mujeres y sus hijos se reunían primero en campamentos, los civiles que seguían luchando ya no podrían conseguir comida en las granjas y tendrían que deponer las armas para reunirse con sus familias. Así mismo, los hombres que continuaban luchando eran obligados a cubrir los gastos de manutención que habían producido sus familias durante su estancia en los campos.
Por lo general, las mujeres y los niños podían llevar consigo el mínimo de alimentos, ropa y ropa de cama. Se transportaban en vagones o camiones abiertos y, a veces, tenían que recorrer largas distancias a pie.
A las dificultades propias del internamiento se sumaba la incomprensión por parte de los británicos de la cultura bóer; por lo que los hacían responsables de la alta tasa de mortalidad.
En todos los campos, incluso dentro de las propias condiciones lamentables, existían diferencias dentro de los bóeres: mientras en algunos campos, como por ejemplo Meintjes Kop en Transvaal, tuvieron que ser creados para albergar a «refugiados» y colaboradores británicos que eran discriminados en los otros campos; en Vryburg las familias de los comandos eran calificadas como «indeseables» y recibían menores raciones de alimentos que el resto.
El número total de campos de concentración para blancos en Sudáfrica fue de cuarenta y seis, con unos 110000 habitantes. El número de muertes acreditadas es de 27927.
Campos para negros thumb|right|Ubicación de los campos para negros miniaturadeimagen|Civiles negros en el campo de concentración británico de Standerton, hacia 1901. Para aplicar su política de «limpieza» del país de manera efectiva, los negros tuvieron que ser sacados de sus kraals y reubicados en campamentos. Los negros afectados pudieron llevarse alimentos y se les otorgaron permisos para trasladarse al campamento con el ganado que poseían. Los campos se conocieron más tarde como «campos de refugiados nativos».
Casi todos los negros que fueron llevados a los campos vivían en las granjas bóer a cambio del trabajo que realizaban. Inicialmente, no era la intención de las autoridades británicas despoblar las llamadas reservas nativas, en otras palabras, donde los negros vivían en lugares gubernamentales separados bajo el control de sus líderes y jefes tradicionales. De hecho, las columnas británicas recibieron instrucciones de destruir las cabañas de personas negras en Transvaal y el Estado Libre de Orange, excepto las de las reservas nativas, y trasladar a sus habitantes a campos de refugiados.
Una vez que la política estuvo en pleno apogeo, los negros no solo fueron retirados de las granjas bóer, sino también de las reservas nativas. En algunos casos, los refugiados negros autosuficientes llegaron a los campamentos por iniciativa propia para encontrar protección para ellos y su ganado. También hubo un éxodo de muchos negros urbanos al campo debido al cierre de las minas y la pérdida de otros trabajos durante la guerra. En agosto de 1901 ya había más de 53000 refugiados negros en los campamentos para negros, alrededor del seis por ciento de la población negra total de las dos repúblicas. Esa cifra superaría los 115000 al finalizar la guerra.
Las razones principales por las que se crearon estos campamentos fueron, en primer lugar, para garantizar que fueran autosuficientes y, en segundo lugar, para convertirlos en una fuente importante de mano de obra negra para el ejército. Los campamentos se erigieron a lo largo de las vías del tren, a poca distancia de las bases desde las que actuaban las columnas de guerrilleros y de los centros donde se necesitaba mano de obra.
Todos los hombres físicamente aptos de estos campos tenían que trabajar como conductores de transporte, remolcadores, pastores, etc., para el ejército o para empleados privados a fin de mantenerse a sí mismos y a sus familias.
Al menos 14000 (y probablemente más de 20000) negros perecieron en los campos de concentración, de los cuales más del 80% eran niños menores de dieciséis años. Debido a los registros británicos incompletos, es probable que nunca se determine el número exacto de muertes en los campos de concentración negros.
Opinión pública y oposición política en el Reino Unido