Las copias de Vincent van Gogh forman un grupo importante de pinturas que el artista creó entre 1887 y principios de 1890, y pueden considerarse ejemplos de apropiacionismo. Cuando Van Gogh se internó voluntariamente en el sanatorio psiquiátrico del monasterio de Saint-Paul-de-Mausole, en la localidad francesa de Saint-Rémy-de-Provence, durante los fríos meses del invierno tenía dificultad para hallar temas pictóricos. Con miras a renovarse artísticamente, copió más de 30 obras de pintores a los que admiraba. Unas 21 de ellas son copias de Jean-François Millet o están inspiradas en la obra de este artista francés. Lejos de hacer meras réplicas, Van Gogh procuraba ser fiel a los temas y la composición originales, y amalgamarlos con su perspectiva, paleta y técnica. El simbolismo y el color expresan un significado espiritual y el bienestar emocional que el pintor alcanzó entonces. Según su hermano Theo van Gogh, las obras de esta serie se cuentan entre las mejores de la producción de Vincent.

Antecedentes Durante los meses del invierno en Saint-Rémy, Van Gogh estaba escaso de temas que pintar. La vida en el sanatorio de Saint-Paul le limitaba la libertad que había gozado hasta entonces; hacía demasiado frío para trabajar al aire libre, y no disponía de modelos para sus cuadros. El pintor optó por copiar algunas de las obras ajenas que más le gustaban, y estas llegaron a ser la inspiración principal de su producción en el invierno. La Piedad (copia de Delacroix) marca el inicio de la serie de cuadros que Van Gogh reprodujo de pintores como Jean-François Millet, Honoré Daumier o Rembrandt. La obra de Millet, quien influyó mucho en Van Gogh, figura destacadamente en la serie. Acerca de estas copias, Vincent le escribió a Theo: "Empecé a hacerlas sin querer, y ahora me doy cuenta de que puedo aprender de ellas y me infunden una especie de consuelo. El pincel se mueve entre mis dedos como el arco sobre las cuerdas de un violín: de forma totalmente placentera".

La serie comprende varios cuadros de tema religioso, como La Piedad, que son excepciones notables en la producción de Van Gogh. El sanatorio de Saint-Paul, alojado en un antiguo monasterio, quizá le diera parte de la inspiración para ese tema. La devoción de las monjas a veces lo exasperaba, pero no cabía duda de que la religión le brindaba alivio. Escribió: "No soy indiferente, y los pensamientos piadosos a menudo me consuelan en mi sufrimiento".

Los representantes del Museo Van Gogh, en Ámsterdam, aventuran que el pintor quizá se identificara con Cristo, "quien también había padecido y al que habían malentendido", y señalan el parecido que algunos expertos ven entre Van Gogh y el Cristo de barba roja de La Piedad, así como el Lázaro de la copia de Rembrandt. Aun así, no hay manera de saber con certeza si esta era la intención del artista.

Copia de Émile Bernard Émile Bernard, un pintor y místico católico francés, era amigo íntimo de Van Gogh, en quien influyó artísticamente de varias maneras. Delineaba las figuras en negro, a semejanza de las xilografías religiosas medievales, lo que les daba un aspecto aplanado más primitivo. El Trigal con cuervos de Van Gogh es un ejemplo del modo en que la forma simplificada de Bernard influyó en su obra. Bernard también le enseñó al neerlandés a manipular la perspectiva. Así como Van Gogh expresaba emociones con su paleta, empleó la distorsión de la perspectiva como medio de expresión artística y vehículo para "modernizar" su obra.

Para demostrar el uso compartido de los puntos de vista artísticos, Van Gogh copió en acuarela un boceto de Bernard de una mujer bretona. Van Gogh le escribió al francés sobre una utopía en la que los artistas colaborarían entre sí, centrados en una idea común, a fin de alcanzar alturas artísticas "inalcanzables para el individuo aislado". Eso no significaba, aclaró, que varios artistas pintasen el mismo cuadro, sino que cada uno crearía una obra propia que, "sin embargo, iría de la mano de las otras, y todas se complementarían entre sí". Los cuadros de mujeres bretonas son uno de los muchos ejemplos de cómo Van Gogh y su amigo pusieron sus temperamentos y talentos únicos al servicio de una misma idea.

Van Gogh le escribió a Bernard sobre su cuadro Bretonas en un prado, que éste había intercambiado con Paul Gauguin: "Le aclaro que estaba ansioso por ver la clase de cosas que hay en ese cuadro suyo que tiene Gauguin: las mujeres bretonas que andan en un prado tan bellamente compuesto, con un contraste cromático de semejante ingenuidad". Gauguin pintó un cuadro, La visión tras el sermón, que quizá se inspirase en los cuadros de mujeres bretonas de Bernard.

Copia de Virginie Demont-Breton Van Gogh copió el cuadro El hombre está en el mar, de Virginie Demont-Breton (hija de Jules Breton), que estuvo expuesto en el Salón de París de 1889. La copia de Van Gogh representa la misma escena, una madre sentada apaciblemente junto al fuego con su hijito en el regazo, casi enteramente en matices de violeta,.

Copia de Honoré Daumier En 1882 Van Gogh había dicho que Las cuatro edades de un bebedor, de Honoré Daumier, le parecía un cuadro hermoso y conmovedor.

Van Gogh le escribió a su hermano Theo sobre la humanidad y perspectiva artísticas de Daumier: "Lo que tanto me impresionó entonces fue el carácter resuelto y varonil de la concepción de Daumier, algo que me sugirió que debe de ser bueno pensar y sentir así, desestimar o ignorar un sinfín de cosas y concentrarse en lo que nos hace erguirnos y reflexionar, en lo que nos conmueve como seres humanos más directa y personalmente que los prados o las nubes". Entre las aptitudes artísticas de Daumier se contaban la pintura, la escultura y la litografía, y era célebre como crítico social y político.

Van Gogh pintó Hombres bebiendo, copia de Los bebedores de Daumier, en Saint-Rémy, hacia febrero de 1890.

Copias de Eugène Delacroix

Antecedentes Motivado por el libro Imitación de Cristo, en el que se describe a Jesús como un siervo que padece, Van Gogh pintó reproducciones de La Piedad y El buen samaritano de Eugène Delacroix. En vez de representar a "un Cristo triunfante en toda su gloria", el neerlandés lo plasmó en sus momentos de mayor tristeza y dolor: su crucifixión y muerte. Sobre el modo en que Delacroix abordaba la representación de figuras y escenas de la historia sagrada, Van Gogh escribió: "Cuando Delacroix pintaba el huerto de Getsemaní, había ido antes a un olivar para ver cómo es, y lo mismo tratándose del mar azotado por una tempestad, y porque debe de haber pensado que los personajes históricos, dogos de Venecia, cruzados, apóstoles, mujeres santas, eran del mismo tipo y vivían de igual manera que sus descendientes actuales".

La influencia de Delacroix contribuyó al crecimiento artístico y el conocimiento de la teoría del color de Van Gogh. A su hermano Theo le escribió: "Lo que tanto admiro de Delacroix... es que nos hace sentir la vida de las cosas, y la expresión del movimiento, que domina absolutamente su paleta".

Tabla de copias de Delacroix Versión de Van GoghNombre, fecha y localizaciónComentariosminiaturadeimagen|154x154pxEl buen samaritano (copia de Delacroix) 1890

Museo Kröller-Müller, Otterlo, Países BajosEn 1889 Van Gogh expresó su deseo de copiar cuadros, entre ellos, El buen samaritano de Delacroix, como experiencia de aprendizaje.miniaturadeimagen|155x155pxLa Piedad (copia de Delacroix), primera versión,1889 Colección de Arte Religioso Moderno, Ciudad del VaticanoVan Gogh hizo las copias de La Piedad con base en una litografía del cuadro de Delacroix. Conservó el tema y la composición del original, pero aportó su estilo propio a la copia. Sobre La Piedad original escribe: "El Delacroix es una Piedad; es decir, el Cristo sin vida con la Madre Dolorosa. El cuerpo lacio yace en tierra a la entrada de una cueva, con las manos extendidas ante sí y un poco hacia el lado izquierdo, y la mujer está detrás de él. Es el anochecer después de una tormenta, y la figura desolada, de ropas azules—sueltas y agitadas por el viento—, se perfila nítidamente contra un cielo donde flotan nubes violetas de bordes dorados. Ella también extiende los brazos vacíos ante sí en vehemente ademán de desesperación, y vemos las manos fuertes de una trabajadora. La figura de ropas ondeantes es casi tan ancha como alta. La cara del hombre muerto está en la sombra, mientras que la cabeza pálida de la mujer destaca claramente contra una nube, un contraste que las hace parecer dos flores, una de tonos sombríos y la otra luminosa, dispuestas de tal modo que intensifican mutuamente el efecto".miniaturadeimagen|157x157pxLa Piedad (copia de Delacroix) 1889

Museo Van Gogh, ÁmsterdamEl Museo Van Gogh cita una carta en que el autor cuenta cómo empezó a trabajar precipitadamente en La Piedad: "La litografía de Delacroix, junto con otras varias, cayó en mis óleos y pinturas y se dañó, lo que me afectó mucho, y ahora estoy ocupado pintándola, como verás". Aunque manchada, la litografía sobrevivió.

Copia de Gustave Doré Van Gogh pintó La ronda de los presos (copia de Gustave Doré) en Saint-Rémy-de-Provence. Esta reproducción, como las de Delacroix y Rembrandt, evoca la sensación de aislamiento del artista, semejante a la de un preso o moribundo. Pese a este aspecto triste, la obra también expresa consuelo. En una carta a su hermano Theo, Vincent cuenta que le costó mucho trabajo pintar esta copia y la de Hombres bebiendo (de Daumier).Después del funeral de Van Gogh, Émile Bernard escribió acerca de los cuadros que rodeaban el féretro: "En las paredes del cuarto donde lo velamos se habían colgado sus últimos lienzos formando una especie de halo, y el resplandor del genio que irradiaban hizo que su muerte nos doliera aún más a los pintores que allí estábamos". De la copia de Doré dijo: "El cuadro de los condenados que andan en círculo entre los altos muros de la cárcel, inspirado por Doré, es de una ferocidad aterradora, y simboliza el fin de Van Gogh. ¿No fue así su vida, una prisión de altísimas paredes? Y las personas que dan vueltas sin cesar en ese foso, ¿no son los artistas pobres, las pobres almas malditas que pasan bajo el látigo del Destino?".

Copia de Keisai Eisen Van Gogh conoció la xilografía japonesa cuando vivía en Amberes. En mayo de 1886 apareció en la portada de Paris Illustré un grabado de Keisai Eisen que inspiró a Van Gogh a pintar La cortesana. Todo el número de la revista está dedicado a Japón. El escritor japonés Tadamasa Hayashi, que vivía en la Ciudad Luz, dio a conocer a los parisienses su país de origen, incluidos su historia, clima, artes visuales, costumbres, religión, educación, y el carácter de su gente.

Van Gogh copió y amplió la imagen. Creó un fondo amarillo vivo y un colorido kimono. Influido por otros grabados japoneses, agregó un "paisaje acuático" de bambú y nenúfares. Adornó los márgenes con una barca, ranas y grullas (en la Francia del se usaban los nombres de ambos animales para designar a las prostitutas).

Copias de Utagawa Hiroshige A mediados del , Japón se abrió al comercio internacional, lo que puso el mercado del arte japonés al alcance de los marchantes occidentales. Las xilografías de Utagawa Hiroshige y Katsushika Hokusai, del género ukiyo-e, influyeron mucho en Van Gogh por lo que toca a los hermosos temas y el estilo de colores planos, sin matices. Van Gogh coleccionó cientos de xilografías japonesas y equiparó las de los grandes maestros, como Hiroshige, con los grabados de Rembrandt, Frans Hals, y Vermeer. Exploró las diversas influencias, y las moldeó para crear un estilo propio único. Los cuadros "japoneses" representan la búsqueda de serenidad del neerlandés, la cual describe en una carta a su hermana en esa época: "Lograr el mayor grado posible de esta serenidad, aunque se sepa poco de ella —nada en realidad—, tal vez sea mejor remedio para las enfermedades que cuantos venden en las boticas".