La virgen abridera (conocidas en otros países como Schreinmadonna (Alemania), Vierge ouvrante (Francia) o Virgem abrideira (Portugal)) es un tipo de escultura mariana que, habitualmente, cuenta con dos batientes móviles en su parte delantera. Estando cerradas, presentan a la Virgen de pie o sentada acompañada, o no, del niño Jesús. Una vez que dichos batientes se abren se convierte en un tríptico que muestra, en su interior, varias escenas esculpidas o pintadas que representan distintos ciclos iconográficos que dan nombre al tipo de Virgen abridera que se trata.
En la actualidad se conservan un total de setenta y una esculturas de este tipo, constituyendo un conjunto cohesionado en cuanto a los materiales utilizados, técnicas, sistema de apertura forma y a su valor simbólico e iconográfico. Por lo demás se trata de un grupo bastante heterogéneo en cuanto a su adscripción geográfica y temporal. Podemos situar la producción de estas obras prácticamente por toda Europa, desde Suecia en el Norte hasta España en el sur y desde Polonia en el Este hasta Portugal en el Oeste, entre los siglos XIII y XIX.
Extensión geográfica y cronológica Las vírgenes abrideras tienen un gran espectro espacio-temporal. Uno de los grandes problemas para el estudio de este tipo escultórico es la falta de dataciones precisas, ya que la mayor parte de las obras han sido catalogadas basándose en análisis estilísticos y formales, o mediante pruebas científicas como el carbono 14, cuya fiabilidad en este ámbito es dudosa. Sin embargo, encontramos algunas obras que si pueden ser fechadas con total precisión gracias a indicadores cronológicos fiables. Un ejemplo de ello es la Virgen abridera de Alluyes, en cuyo interior, encontramos el escudo de armas de la familia Robertet, barones del lugar entre los años 1505 y 1603.
A grandes rasgos, la producción de las vírgenes abrideras comenzó a mediados del y perduró, con altibajos, hasta mediados del ; aunque el momento de mayor producción de estas obras tuvo lugar en la Baja Edad Media. En términos geográficos, podemos decir que encontramos esculturas de este tipo a lo largo y ancho de la Europa cristiana, localizándose los principales focos en el Sacro Imperio Germánico, Francia, la península ibérica, Italia, Reino Unido, Prusia y Suecia.
Soportes Las vírgenes abrideras solían estar realizadas en materiales como el marfil o la madera; en algunos casos una combinación de ambos materiales.miniaturadeimagen|Virgen abridera de la catedral de Évora (Abierta)El marfil es uno de los materiales más ricos y suntuarios debido a su difícil adquisición. Pese a ello, es uno de los materiales orgánicos más utilizados desde la antigüedad debido a su resistencia. Tan solo el 10% de las vírgenes abrideras conservadas hoy en día están realizadas en este material; pero nos da muestra de los ricos mecenas que se encontrarían por detrás de su producción. Además, su color, habitualmente blanquecino, tiene una potente carga simbólica en el imaginario iconográfico medieval, ya que representaría la idea de la castidad de la Virgen.
Sin embargo, aproximadamente el 90% de las piezas que conservamos están realizadas en madera. La madera, uno de los materiales más utilizados de la historia en lo que a escultura se refiere, tiene grandes ventajas cualitativas sobre el marfil. Se trata de un material que se encuentra con relativa facilidad, siendo, por ello, muy económico, amén de muy fácil de tallar (comparado con otros materiales como la piedra).
Pese a estas ventajas, se trata de un material que tiene una gran cantidad de problemas de conservación, ya que le afectan mucho los cambios bruscos de temperatura y de humedad, pudiendo causar mohos o la putrefacción de la pieza. Uno de los agentes externos más peligrosos para las tallas en madera es la presencia de insectos xilófagos, como las termitas y las carcomas.
La peculiaridad de este tipo de esculturas es que su interior suele estar hueco, lo que hace que el espacio vacío de su interior evite la acumulación de humedad, así como los movimientos de contracción y dilatación producidos por los cambios de temperatura. Además, la mayoría de las vírgenes abrideras son construidas en maderas de dureza media como el tilo, el nogal o el roble, maderas muy comunes por su facilidad de talla, amén que resistentes a los insectos y a los cambios bruscos de temperatura y humedad.
Técnicas Las técnicas predominantes en este tipo de obras fueron la talla, la policromía y el dorado; técnicas que se aplicaron tanto en el interior como en el exterior de las obras debido a su función.
Tanto las obras de madera como las de marfil están trabajadas a través de la talla, una técnica sustractiva en la que se elimina material y que no permite realizar un gran número de modificaciones. Dado que no suele haber bloques lo bastante grandes para realizar toda la escultura en una única pieza, se unían varias piezas. En las vírgenes abrideras, tanto de madera como de marfil, se suelen ensamblar tres piezas, una por cada cuerpo del tríptico. Después de este proceso, se le añadían las manos, que solían tallarse por separado; como puede comprobarse en el caso de las vírgenes abrideras de Autun y Bergara.
La escultura en la Edad Media raramente se dejaba al natural, recibiendo, generalmente, una mano de color. Antes de comenzar con a policromar, se les dotaba a las figuras de una capa de yeso, transformando la superficie porosa de la madera en una superficie totalmente lisa. Posteriormente se aplicaba la policromía al temple, consiguiendo unos colores brillantes, luminosos y saturados, algo que en el mundo medieval se vinculaba con la noción de riqueza, belleza y espiritualidad. Un ejemplo, es el uso del azul intenso en las representaciones marianas y regias de la Baja Edad Media. En el caso de las figuras en marfil, la policromía se aplicaba directamente, sin ningún tipo de preparación previa. Además de con una potente policromía, a muchas de estas vírgenes se les dotó de una aplicación de pan de oro sobre su superficie, debido a la relación existente en la época entre el oro, la luz y la divinidad.
Origen y simbología de las vírgenes abrideras El mecanismo de apertura, situado en la parte frontal de las esculturas, que consiste en dos batientes móviles unidos al panel central gracias a pernios o bisagras, ha hecho pensar a algunos investigadores (como Abel Fabre, Jean Sarrète o Manuel Trens) que las vírgenes abrideras guardan algún tipo de relación con imágenes que se abren de una manera real o figurada; como, por ejemplo, las vírgenes de la expectación, las vírgenes Blachernitissa, las vírgenes del Manto, las vírgenes relicario o las vírgenes píxide, ostentorio y tabernáculo.
Las vírgenes abrideras son un claro ejemplo de la devoción que surgió en torno a la figura de la Virgen entre los siglos XII y XV, lo que la hizo ser protagonista de muchas de las obras de arte sacro de esta época. El objetivo de este tipo de esculturas es elogiar y alabar la figura de la Virgen María, a la que durante la Edad Media se la llamó con muchos nombres: maestra de los apóstoles, profetisa, esposa de Cristo, madre de todos los cristianos y templo de sabiduría, etc. Es por esto qué la figura de la Virgen María adquiere una función clave en la religión cristiana, como es la de intercesora entre el fiel y la figura de Cristo, rogando por que sea misericordioso y facilite el perdón a los pecadores arrepentidos en el último instante. Sin duda, esta función iría asociada a muchas de las vírgenes abrideras que se produjeron en Europa durante la Baja Edad Media.
Las vírgenes abrideras bajomedievales Abrideras de gozo Las vírgenes abrideras de gozo son denominadas de esta manera por la iconografía que presentan, ya que articulan, en su interior, un repertorio de ciclos marianos que exaltan la figura de la Virgen María. Las vírgenes abrideras de gozo corresponden con un pequeño porcentaje de las vírgenes abrideras conocidas; datándose, las más antiguas, entre los siglos y . Dicha tipología se puede encontrar en un espacio geográfico limitado a la mitad norte de la península ibérica, donde encontramos los tres ejemplos más importantes: la conocida como Virgen de Allariz, ubicada en el monasterio de las Clarisas de Allariz (Orense), la Virgen de la catedral de Salamanca y la conocida como Virgen de Évora, ubicada en el Museo de Arte Sacro de la catedral de Évora (Portugal). izquierda|miniaturadeimagen|Virgen de Allariz (Abierta) Las Vírgenes de Gozo siguen unas formas estilísticas e iconográficas similares. Representan, en su exterior, una sede sapientiae o Virgen de majestad, siendo esta una representación sacra consolidada desde el . Se representa a María entronizada de forma frontal, con el niño Jesús posado en sus rodillas; con un hieratismo que aumenta la solemnidad de la imagen. La representación se identifica también, con el trono de salomón, una figuración de María como portadora de la sabiduría, rodeada de figuras alegóricas femeninas, simbolizando sus virtudes. En el interior, se siguen unos ciclos determinados que recorren los gozos de la Virgen: la Anunciación, el Nacimiento de Cristo, la Adoración de los Magos, la Resurrección, la Ascensión, Pentecostés, el entierro, la Asunción y la Coronación; y, en algunos casos, la Visitación y la Adoración de los Pastores.
Las vírgenes de gozo están elaboradas en madera (Virgen de Salamanca) y marfil (Virgen de Allariz y de Évora). Todos ellas tienen unas dimensiones menores a 40 centímetros, siendo talladas sobre pequeñas piezas que, posteriormente, serían doradas y policromadas. Con respecto a la conservación, es la de Allariz la que se ha mantenido en mejor estado, más fiel al programa iconográfico inicial y con menos intervenciones posteriores. Mientras que, la de Évora se vio envuelta en varias intervenciones, como el añadido de una peana barroca y el cambio de la cabeza de la Virgen en el . El panel de la Virgen abridera de Salamanca se ha conservado parcialmente, lo que hace que algunas escenas sean poco reconocibles y no permitan identificar plenamente el ciclo iconográfico que representa.
Los gozos de la Virgen son una iconografía sustraída de fuentes narrativas que han ido transformándose durante la Edad Media. Durante el , se denominaban Gaudes a una serie de alabanzas en latín que narran como Dios había favorecido a la Virgen. Más adelante, aparecieron otros gozos marianos similares en lenguas romances, que se popularizaron entre el y , estos contaban los momentos de gozo que atravesó la Virgen, contabilizándose un total de 7 gozos principales, difundidos por poetas, santos y artistas; en muchas ocasiones acompañados de música.
En la península ibérica, las principales influencias de estos gozos fueron las Cantigas de Santa María, escritas en galaicoportugués durante el , en el entorno de la corte de Alfonso X el sabio. Además, Los Gozos de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo también narran los gozos de la Virgen, siendo estos: Anunciación, Nacimiento, Adoración de los Magos, Resurrección, Ascensión, Pentecostés y Asunción-Coronación. Más adelante, encontramos nuevas fuentes literarias como El libro del Buen Amor del arcipreste de Hita, o los Gozos de Nuestra Señora del Marqués de Santillana.