miniatura|Benito Mussolini, dictador del Reino de Italia entre el 31 de octubre de 1922 y el 25 de julio de 1943. Ayudado por los alemanes, presidió la República Social Italiana desde el 23 de septiembre de 1943 hasta su asesinato el 28 de abril de 1945.
La caída del fascismo (también llamada el 25 de julio de 1943 o simplemente el 25 de julio) se refiere a una serie de acontecimientos que tuvieron lugar en Italia desde la primavera de 1943 y que culminaron con la reunión del Gran Consejo del Fascismo del 24 de julio, al final de la cual se decidió la destitución de Benito Mussolini.
Los eventos fueron el producto de maniobras políticas paralelas lideradas por el político Dino Grandi y por el rey Víctor Manuel III, cuyo resultado final fue la caída del gobierno fascista después de 21 años, el arresto de Mussolini y el consiguiente nombramiento por parte del rey de un nuevo jefe de gobierno, el mariscal Pietro Badoglio.Bianchi (1963), p. 609Bianchi (1963), p. 704De Felice in Grandi (1983), p. 21De Felice (1996), p. 1391
La reunión del máximo órgano colegiado del fascismo inició a las 17:15 horas del 24 de julio. La votación sobre la agenda del día presentada por Dino Grandi, que incluía la moción de censura a Mussolini, ocurrió a las 2:30 horas del 25 de julio, con 19 votos a favor, 7 en contra y 1 abstención. Las agendas que iban a votarse fueron las firmadas por (1) Grandi; (2) Farinacci; (3) Scorza. Después de aceptada la primera, Mussolini decidió no someter a votación las otras dos. Aunque no existe acta oficial de la reunión, el texto completo y el original de la agenda Grandi fueron publicados en 1965 en la revista «Epoca», gracias al descubrimiento de los documentos conservados por Nicola De Cesare, secretario personal de Mussolini.
Contexto histórico thumb|right|300px|El imperio colonial italiano antes de la Segunda Guerra Mundial se muestran en rojo. Las áreas rosadas muestran áreas aproximadas ocupadas durante varios períodos entre 1940 y 1943 (no se muestra la concesión de Tianjin en China).
La derrota italiana en el norte de África y las primeras crisis políticas
Para Italia, la situación militar a comienzos de 1943 se mostraba totalmente negativa: el colapso del frente africano el 4 de noviembre de 1942 y la invasión aliada del norte de África habían expuesto a su vez a Italia a una invasión de parte de las Fuerzas Aliadas.De Felice (1996), p. 1092 La derrota del 8° Ejército italiano durante la campaña de Rusia, el intenso bombardeo aliado sobre las ciudades italianas y la creciente carencia de artículos de primera necesidad y de materias primas desmoralizó a la población. Era claro que la mayoría del pueblo quería el fin de la guerra y que se denunciara la alianza con Alemania.De Felice (1996), p. 1117 Para mantener el último bastión del Eje en África, Túnez, Italia necesitaba una enorme ayuda alemana. Más aún, Mussolini seguía convencido de que el destino de la guerra se iba a resolver en el frente del Mediterráneo, y pretendía convencer a Hitler de que buscara una paz por separado con la Rusia de Stalin y moviera al ejército alemán al sur. En la reunión entre ambos celebrada en Klessheim el 29 de abril de 1943, le expuso sus ideas al Führer, quien las rechazó.De Felice (1996), p. 1125 La urgente solicitud de refuerzos para defender Túnez fue rechazada por la Wehrmacht, que ya no confiaba en la voluntad de mantener la resistencia de Italia.De Felice (1996), p. 1137 Al empeoramiento de la situación militar se sumaba también otro factor mayor de incertidumbre, la salud de Mussolini: deprimido y enfermo, tras meses de sentir fuertes dolores abdominales, se le diagnosticó gastritis y duodenitis de origen nervioso, excluyendo, con algo de duda, la posibilidad de un cáncer.Bianchi (1963), p. 283 A causa de sus malestares, Mussolini se veía a menudo obligado a quedarse en casa, privando a Italia de una guía eficaz.
En esta situación, grupos pertenecientes a cuatro círculos diferentes - la corte real, los partidos antifascistas, los fascistas y el estado mayor de las fuerzas armadas - iniciaron la búsqueda de una vía de salida. Aristócratas, como la princesa heredera María José, miembros de la clase alta y políticos pertenecientes a la élite prefascista iniciaron de forma independiente complots para establecer contacto con los aliados. En un memorando fechado el 24 de abril de 1943 dirigido a los miembros del gobierno británico, el ministro de relaciones exteriores Anthony Eden escribió que "la serie de derrotas del Eje en Rusia y África del Norte y la difícil condición de sus fuerzas expedicionarias en Túnez incitan a los italianos a auspiciar una rápida victoria de los aliados para salir de la guerra";Internal Situation in Italy. Memorandum by the Secretary of State for Foreign Affairs, NAK, CAB/66/36/26 también decía que Víctor Manuel III era "un hombre envejecido, falto de iniciativa, aterrorizado por la idea de que el fin del fascismo abriría un período de anarquía incontrolable", que su heredero Humberto era incapaz de pasar a la acción (a pesar de la presión de su esposa, María José, quien constituía "el elemento más enérgico de la pareja real") y que la Casa de Saboya habría apoyado un derrocamiento del régimen solo en un segundo momento, cuando ocurrió una sublevación del ejército provocada por Badoglio y por el viejo mariscal Caviglia, o una conspiración de palacio orquestada por "fascistas oportunistas", como Dino Grandi, por industriales y financistas, como el conde Giuseppe Volpi de Misurata, que pretendían, sin embargo, hacer que sobreviviera un "fascismo sin Mussolini" para salvaguardar sus intereses personales. En síntesis, estos grupos, independientemente unos de otros, iniciaron sus propias intrigas para establecer contactos con las autoridades aliadas. Desafortunadamente, ninguno de ellos entendió que la guerra también se había vuelto ideológica después de la Declaración de Casablanca, que estipulaba que los Aliados solo aceptarían una rendición incondicional de sus enemigos. Además, los angloamericanos esperaban entablar negociaciones con personalidades como el Rey, no con la Princesa María José, u otros grupos, que eran vistos con indiferencia.De Felice (1996), p. 1168
Los partidos antifascistas, suprimidos por veinte años, estaban todavía en un estado gestacionalDe Felice in Grandi (1983), p. 29 y, con excepción del Partido Comunista y el Partido de Acción Republicana, esperaban todos una señal de Víctor Manuel. Esta esperanza fue en vano: el carácter del rey, escéptico y realista al mismo tiempo, sus miedos, los escrúpulos constitucionales, y el sentimiento de que los días de la monarquía estaban contados, cualquiera que fuese el desenlace de la guerra,De Felice in Grandi (1983), p. 74De Felice (1996), p. 1174De Felice (1996), p. 1132 contribuían a su inacción. El rey también despreciaba a la vieja clase política prefascista, a quienes llamaba "revenants" ("fantasmas" en francés),De Felice in Grandi (1983), p. 77 y no confiaba en aquellos que creían que los aliados no tomarían represalias contra Italia por su guerra de agresión.De Felice in Grandi (1983), p. 76 Finalmente, pero no menos importante, Víctor Manuel conservaba aún su fe en Mussolini, confiando en que una vez más el Duce habría de salvar la situación.De Felice (1996), p. 1180 En consecuencia, se aisló manteniéndose inescrutable ante aquellos que pretendían conocer sus intenciones futuras.De Felice (1996), p. 1169 Entre ellos se encontraba el nuevo Jefe del Estado Mayor, el general Vittorio Ambrosio, un piamontés devoto al rey y hostil a los alemanes. Ambrosio estaba convencido de que la guerra estaba perdida, pero no contemplaba tomar la iniciativa personal para cambiar la situación sin antes consultar con Víctor Manuel.De Felice (1996), p. 1126 Por otra parte, Ambrosio, con la ayuda de su mano derecha, Giuseppe Castellano y de Giacomo Carboni (quienes jugarían más tarde un papel clave en los eventos posteriores que desembocarían en el armisticio del 8 de septiembre de 1943), procedió lentamente a ocupar diversas posiciones estratégicas en las fuerzas armadas nombrando oficiales fieles al Rey. Además, Ambrosio trató de traer de vuelta a Italia el mayor número posible de tropas de las que estaban desplegadas en el exterior, pero fue difícil hacerlo sin despertar las sospechas de los alemanes.De Felice in Grandi (1983), p. 46
El 6 de febrero de 1943, Mussolini llevó a cabo la reorganización más profunda del gobierno en los veintiún años de poder fascista.De Felice in Grandi (1983), p. 56 Casi todos los ministros fueron sustituidos: las líderes más importantes en caer fueron Galeazzo Ciano, yerno del Duce, Dino Grandi, Giuseppe Bottai, Guido Buffarini Guidi y Alessandro Pavolini. Los dos objetivos más importantes de la operación, aplacar la ira de la población y de segmentos del partido fascista, no lograron alcanzarse, en tanto la situación estaba demasiado comprometida. Entre los nominados se encontraba el nuevo subsecretario de relaciones exteriores (Mussolini había ocupado el cargo de ministro para sí mismo), Giuseppe Bastianini, consciente de la gravedad de la situación.De Felice in Grandi (1983), p. 57 Basó su línea en dos frentes: por un lado, tratando, como Mussolini, de hacer un tratado de paz por separado entre Alemania y la URSS.De Felice in Grandi (1983), p. 65 Por el otro, intentando crear un bloque de naciones balcánicas -Hungría, Rumanía, Bulgaria, aliados menores del Eje- liderado por Italia, que habrían de actuar como contrapeso al poder excesivo del Reich de Hitler en Europa.
En abril, Mussolini tomó otras dos decisiones importantes: el 14 de abril sustituyó al jefe de policía, Carmine Senise, un hombre del rey, por Lorenzo Chierici. Cinco días después, cambió al joven secretario del Partido Fascista, Aldo Vidussoni, por Carlo Scorza. Senise fue acusado de incompetencia por cómo había afrontado las huelgas masivas de marzo en el norte de Italia, mientras que el nombramiento de Scorza tenía la intención de galvanizar al Partido.De Felice in Grandi (1983), p. 58
La campaña de Túnez y sus consecuencias thumb|upright|El rey Víctor Manuel III, alegando respeto formal a la constitución, insistió en un voto de censura como requisito previo antes de reemplazar a Mussolini. thumb|upright|Dino Grandi, conde de Mordano, fue el hombre que organizó la caída de Mussolini.
La caída de Túnez, el 13 de mayo de 1943, cambió radicalmente la situación estratégica. Italia estaba ahora directamente expuesta a la invasión angloamericana y se volvió imperativo para Alemania controlar el país, que se había convertido en un bastión externo del Reich. Para realizar sus planes, los alemanes debieron desarmar con la violencia a las fuerzas armadas italianas, tras el esperado armisticio con las fuerzas aliadas.De Felice (1996), p. 1136 Para tal objeto, planificaron la Operación Alarico y la denominada Operación Konstantin, la primera dedicada a la ocupación de Italia misma, y la segunda a la posesión de las áreas de los Balcanes ocupadas por el ejército italiano. En preparación, los alemanes querían desplegar más fuerzas terrestres en Italia, pero Ambrosio y Mussolini, que querían preservar la independencia italiana, se rehusaron y solicitaron sólo más aviones.De Felice (1996), p. 1148 El 11 de junio, los aliados capturaron Pantelaria, el primer territorio de Italia que se perdió. La pequeña isla se había transformado en una guarnición, pero, a diferencia de Malta, tras una semana de intensos bombardeos, fue reducida a un cráter humeante y cayó casi sin oponer resistencia. Se hizo evidente del todo que el próximo movimiento de los aliados sería invadir una de las tres islas más grandes frente a la península: Sicilia, Cerdeña o Córcega.De Felice (1996), p. 1151