El Museo Arqueológico Provincial de Sevilla fue fundado en 1879. Desde 1946 se encuentra en el pabellón de Bellas Artes de la Exposición Iberoamericana de 1929, en la plaza de América del parque de María Luisa (Sevilla, Andalucía, España).

En 1962, el museo fue declarado monumento histórico-artístico, por lo que es bien de interés cultural con categoría de monumento.

Fue cerrado en enero de 2020 para unas obras de reforma que empezaron en mayo de 2024.

El edificio sede del museo

En 1911, con vistas a la Exposición Iberoamericana, el arquitecto Aníbal González elaboró un anteproyecto que incluía cinco partes y que no fue acometido por completo. Como obras principales del proyecto original se ejecutaron tres edificios entre 1913 y 1919: el pabellón de la Industria, Manufacturas y Artes Decorativas (actualmente denominado pabellón Mudéjar, que desde 1973 alberga el Museo de Artes y Costumbres Populares); el pabellón de Bellas Artes (que desde 1946 alberga el Museo Arqueológico) y el pabellón Real. Los tres se encuentran dispuestos en torno a la plaza de América, conformada por una amplia área ajardinada en cuyo centro se halla situada una terraza elevada con un estanque y una fuente.

El pabellón de Bellas Artes de Aníbal González está inspirado en el palacio de Monterrey de Salamanca, realizado por el arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón en el . Su estilo neorrenacentista le valió ser llamado también palacio del Renacimiento.

La planta se desenvuelve de forma longitudinal con respecto a la plaza de América. El edificio está dividido en cinco cuerpos de estilo neoplateresco. En la fachada hay varias hornacinas con estatuas que son alegorías de la Arquitectura, la Pintura, la Escultura, la Música, la Literatura, la Historia, la Arqueología y las Artes Industriales. En las esquinas del inmueble hay cuatro angelitos que representado el Arte, la Ciencia, el Trabajo y el Genio.

Historia del museo Antecedentes

En el el II marqués de Tarifa y I duque de Alcalá, Per Afán de Ribera y Portocarrero, reunió una colección de esculturas en Nápoles, siendo virrey de esta ciudad. Luego envió estas piezas a su palacio de Sevilla, conocido como la Casa de Pilatos. La casa de Medinaceli, propietaria actual de la Casa de Pilatos, donó las siguientes piezas de su colección al Museo Arqueológico Provincial de Sevilla: las esculturas de Nióbide herido y Apolo tocando la cítara, procedentes de Italia; un pedestal con inscripción votiva a Isis decorado con relieves alusivos al culto de esta diosa, procedente de la ciudad romana de Acci (Guadix) y perteneciente a la colección de la casa desde el ; y un capitel figurado.

En el , Juan de Córdoba Centurión y Castro, hijo ilegítimo del marqués de Estepa, reunió en el municipio sevillano de Lora de Estepa una colección arqueológica con objetos de excavaciones locales y otros hallados en las ruinas de Itálica, en Santiponce. Esta colección pasó a manos de Francisco de Bruna y Ahumada.

Francisco de Bruna, alcaide del Alcázar de Sevilla entre 1765 y 1807, reunió una "Colección de Inscripciones y Antigüedades de la Bética", de carácter público, en este lugar. En 1781 Bruna emprendió excavaciones en Itálica, encontrando piezas muy señaladas de la actual colección del Museo Arqueológico Provincial de Sevilla: la escultura de Trajano, un torso de Diana Cazadora y un torso de Mercurio.

La Real Academia Sevillana de Buenas Letras se reunía en el Palacio Gótico del Alcázar de Sevilla a comienzos del y, tras la muerte de Bruna en 1807, se hizo cargo de la colección. Los académicos de esta institución se dispersaron durante la invasión francesa de Sevilla, entre 1810 y 1812, y no volvieron a reunirse hasta 1820.

En julio de 1835 se produjo una desamortización de conventos. El gobernador civil de la provincia, José Muso y Valiente, creó una comisión para preservar sus obras de arte. Ese mismo año, los miembros de esa comisión crearon una Junta del Museo de Sevilla que gestionaría el museo albergaría los objetos artísticos de los conventos exclaustrados. La primera propuesta de la Junta fue instalar el museo el desamortizado convento de San Pablo, pero este fue usado por Hacienda. Por ello, en 1839 el museo provincial se instaló en el también desamortizado convento de la Merced.

Paralelamente, el 2 de abril de 1836, durante las obras de la carretera a Extremadura, se encontraron en Santiponce dos esculturas, una de las cuales era un busto del emperador Adriano.

En 1839 Ibo de la Cortina y Roperto, oficial tercero del gobierno político de Sevilla, realizó excavaciones oficiales en Itálica. Los objetos encontrados se guardaron provisionalmente en el archivo del Gobierno Civil. Una Real Orden de 16 de diciembre de 1840 dispuso que se guardasen en el museo provincial todos los objetos de Itálica encontrados hasta entonces. La Junta del Museo estaba dirigida por entonces por el pintor Antonio María Esquivel. El 29 de mayo de 1841 el Gobierno Civil le encargó a la Junta del Museo que nombrase a una persona para recoger los objetos arqueológicos de Itálica, designando esta el 25 de junio al conde de Montelirios. Las obras para adaptar el antiguo convento de la Merced como museo concluyeron en la primavera de 1842. Con los objetos arqueológicos se creó en 1842 la sección de Antigüedades.

El 20 de octubre de 1842 el gobierno central ordenó trasladar objetos seleccionados de la "Colección de Inscripciones y Antigüedades de la Bética" formada por Bruna en el Alcázar de Sevilla al Museo Real de Madrid. La Real Academia Sevillana de Buenas Letras argumentó que era propietaria de la misma el 8 de noviembre. El gobierno suspendió la orden el 22 de noviembre hasta averiguar a quien pertenecía la colección y, finalmente, dejó estas piezas en la ciudad andaluza.

La Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la provincia de Sevilla, fundada en 1844 y con sede también en el antiguo convento de la Merced, se hizo cargo del museo provincial. Esta institución solicitó que la colección de Bruna del Alcázar se trasladase al museo provincial, sin éxito. En 1848 el duque de Montpensier y su esposa la infanta María Luisa se instalaron en el Alcázar de Sevilla y en 1849 se mudaron al palacio de San Telmo. El duque intentó llevarse a su palacio de San Telmo las principales esculturas de la colección arqueológica de Bruna. Sin embargo, una Real Orden del 20 de octubre de 1854 lo impidió, estableciendo que toda la colección de antigüedades del Alcázar se integrase en el museo provincial, lo que se llevó a cabo en 1855. El Real Decreto del 20 de marzo de 1867 autorizaba la formación del Museo Arqueológico Nacional en Madrid y de otros museos en "aquellas provincias en las que se conserven numerosos e importantes objetos arqueológicos". En 1866 Demetrio de los Ríos fue nombrado conservador del museo provincial por la Comisión de Monumentos. Se dedicó a organizar los objetos arqueológicos en torno al claustro mayor del edificio y creó salas con las galerías norte, sur y oeste.

Demetrio de los Ríos dirigió excavaciones en Itálica entre 1860 y 1880, llevando a cabo además una labor de investigación, documentación e interpretación de lo que se encontraba. Los documentos de Demetrio de los Ríos se conservan en el Museo Arqueológico Provincial de Sevilla.

Entre julio y septiembre de 1878 José Gestoso y Pérez colaboró con Demetrio de los Ríos, Leoncio Baglietto y Francisco Mateos Gago en la realización del primer catálogo de objetos arqueológicos del museo. El Museo Arqueológico Provincial de Sevilla se creó mediante la Real Orden del 21 de noviembre de 1879. Ese mismo año se crearon los museos arqueológicos Valladolid y Granada.

El primer director del museo fue Manuel de Campos Munilla, funcionario del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios. El 12 de marzo de 1880 la Comisión de Monumentos le hizo entrega de los 335 objetos de la colección arqueológica, que continuó en el antiguo convento de la Merced, compartiendo sede con el Museo de Bellas Artes. El número de visitantes en 1880 fue de 3 049 y en 1887 hubo 6 105. El número de visitantes registrado en 1882 es anormalmente alto, de más de 11 000 visitantes, pero esto debe ser un fallo en las cuentas ya que en mayo de ese año se registraron de golpe 7 183 visitas y en julio solo 44.

La colección arqueológica municipal En 1886 el Ayuntamiento le encargó a José Gestoso y Pérez ser conservador de un museo arqueológico municipal, trabajo que realizó sin remuneración alguna. Gestoso se dirigió a unos almacenes municipales situados cerca del Convento de los Capuchinos donde había escudos y epigrafías antiguas, esculturas de piedra de la fachada de la casa consistorial, lápidas funerarias, etc.

En 1894 Manuel Sánchez Pizjuán donó 804 monedas y medallas antiguas al Ayuntamiento. En 1900 el Ayuntamiento adquirió la colección de mondas y otros objetos arqueológicos de Francisco Mateos Gago a sus herederos: sus hermanos. En el Juan Peláez y Barrón reunió una gran colección de objetos arqueológicos en sus excavaciones por la comarca de Los Alcores. En 1897 esta colección fue comprada por Salvador D'Angelo. Posteriormente, fue adquirida por el sacerdote Manuel de la Peña y Fernández, que la donó al Ayuntamiento de Sevilla en 1903.

El Museo Arqueológico Municipal fue inaugurado en 1895 por la infanta María Luisa en la casa consistorial. En la década de 1920 se trasladó a la Torre de Don Fadrique. El Museo Arqueológico Municipal fue suprimido a mediados del , cuando gran parte de los fondos fueron depositados en el Museo Arqueológico Provincial.

miniatura|Exterior del museo En el 1900 se encontraron en Itálica una estatua de Diana cazadora, otra parte de la escultura de Mercurio (una pierna) y cuatro fustes y capiteles de gran tamaño. Estos objetos fueron incorporados a la colección.

A comienzos del las visitas subieron sustancialmente: 1902 con 8 067, 1903 con 12 199, 1904 con 14 170 y 1905 con 14 925. En 1929 y 1930, años de la Exposición Iberoamericana en Sevilla, las visitas fueron de 13 849 y 12 094 respectivamente.

Con el paso de los años los fondos del museo aumentaron con objetos de Itálica y otros yacimientos, generando problemas de espacio.

En 1931 el Ayuntamiento de Sevilla propuso al Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes el traslado del Museo Arqueológico Provincial al Pabellón Mudéjar de la Exposición Iberoamericana. El inspector de museos Joaquín María de Navascués apostó por trasladarlo al cercano palacio del Renacimiento, que finalmente fue cedido por el Ayuntamiento al Estado con este propósito el 31 de diciembre de 1941. El Ayuntamiento decidió que en este edificio también se expusieran los fondos del Museo Arqueológico Municipal.

De la colección arqueológica municipal se depositaron en este museo 4 172 piezas en lotes entregados en 1945, 1946 y 1950, entre las cuales había:

Unas 1 900 piezas prehistóricas, procedentes en su mayor parte de las excavaciones de Peláez en Los Alcores. Más de 100 piezas epigráficas desde la época romana hasta la moderna. Unas pocas esculturas. Destacan aquí las placas con relieves de los trabajos de Hércules procedentes de Itálica, que estaban en la colección de Mateos Gago. Más de 1 000 piezas de cerámica, entre las cuales hay lucernas, vasos, vasijas y ladrillos con relieves. Vidrios, la mayoría romanos de uso funerario. Metalistería prehistórica, romana, etc. Glíptica, destacando sellos de bronce de tipo heráldico, episcopal o masónico. Otros objetos, como capiteles, brocales de pozo, urnas, matrices de estampación en madera de naipes (), abanicos y objetos de la América precolombina.

El Ayuntamiento no cedió monedas ni medallas de su colección. Tampoco cedió lápidas, elementos arquitectónicos considerados de menor interés ni cañones.