230px|miniaturadeimagen|El Monumento a los Próceres ubicado en la Plaza Libertad de San Salvador, El Salvador.

El Primer movimiento independentista en San Salvador de 1811, conocido como el Primer Grito de Independencia de Centroamérica, fue una sublevación en contra de las autoridades de la Capitanía General de Guatemala.

A finales del , la Intendencia de San Salvador se había mantenido como la principal productora de añil en la región, pero el monopolio comercial impuesto por las casas comerciales guatemaltecas, junto a la crisis económica y política que sobrevino a las colonias americanas del Imperio español a inicios del , motivó a los pobladores de la ciudad de San Salvador para lograr un gobierno autónomo.

El 5 de noviembre de 1811 los salvadoreños fueron liderados por un grupo de criollos encabezados por Manuel José Arce, y los sacerdotes José Matías Delgado junto a los hermanos Aguilar. Los alzados lograron deponer a las autoridades coloniales y nombrar a sus propios dirigentes, pero la revuelta no encontró respaldo en los demás poblados de la intendencia, por lo que la ciudad quedó aislada. Las autoridades de la Capitanía General de Guatemala enviaron una misión de índole pacífica para restaurar el orden en la localidad. Este movimiento fue también el primer intento de sublevación en la capitanía, previo a la Independencia de Centroamérica en 1821.

Antecedentes 200px|thumb|Territorio que abarcaba la Intendencia de San Salvador. Desde el inicio del , el cultivo de añil había sido la base económica de la Intendencia de San Salvador. Las plantaciones cubrían casi todo el territorio, y el tinte extraído era la principal exportación del Reino de Guatemala. Precisamente, la provincia de San Salvador había sido la principal productora en los últimos 25 años del .

La industria era controlada por una élite criolla conformada por españoles, criollos y ladinos, propietaria de considerables extensiones de tierra. Dicha élite ostentaba el poder político en la intendencia salvadoreña, gracias a que el añil también propiciaba que la hacienda fuera una importante unidad productiva. Además existía la participación de los pequeños productores o poquiteros (en su mayoría ladinos y mulatos) que rendían un estimado de dos tercios del monto total. Por otro lado, la actividad económica de este rubro incentivaba la ganadería en Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

Sin embargo, la explotación del añil no beneficiaba a los indígenas, quienes proporcionaban su fuerza laboral a la industria. Sus mejores tierras habían sido despojadas para el cultivo, además, los hacendados disponían de su trabajo a través del repartimiento obligatorio, el cual había sido legalizado en 1784 a pesar de que se había prohibido su ocupación en haciendas de añil desde el . Esto se debía a que el proceso de elaboración del tinte causaba muchas muertes entre los trabajadores, pues los obrajes eran focos de infección de enfermedades. Esas duras condiciones laborales ocasionaron la huida de los nativos a lugares aislados.

A mediados del , la demanda de añil era creciente por parte de la manufactura textil de Inglaterra y Cataluña y alcanzó su apogeo entre los años 1760 y 1792. También el sistema de navíos sueltos, implantado por la Corona española desde 1778, había favorecido el comercio. Sin embargo, la exportación del producto hacia los puertos españoles desde el Reino de Guatemala, y los flujos comerciales en la parte septentrional del istmo (que incluía a San Salvador), era dominada por los comerciantes de Guatemala, quienes estaban vinculados con las casas comerciales de Cádiz. Precisamente, la prosperidad del añil conformó una nueva elite de criollos e inmigrantes españoles que se radicaron en la Ciudad de Santiago de los Caballeros y posteriormente en Nueva Guatemala de la Asunción. Aunque en pocos en número, ellos lograron controlar el comercio interno. La familia Aycinena era la más prominente entre la aristocracia guatemalteca y entre sus haberes se contaban haciendas de ganado en Guatemala y de añil en San Salvador, así como almacenes y tiendas de menudeo en esta misma ciudad y San Vicente.

En general, las demás provincias centroamericanas se encontraban a merced del monopolio mercantil de la Ciudad de Guatemala, que tenía el respaldo de la Corona española. Por tanto, aunque la mitad de la producción de añil para exportación provenía de los llamados poquiteros de El Salvador, Honduras y Nicaragua, era la aristocracia guatemalteca la que establecía los precios y tenía la capacidad de comprar a los grandes productores; también concedía préstamos y obligaba a los demás provincianos a llevar sus productos a Guatemala para venderlos en tiangues y ferias. Además, la capital del Reino tenía la ventaja de la cercanía de las aguas navegables que la comunicaban con Santo Tomás de Castilla. Asimismo, la aristocracia tenía el control del Real Consulado de Comercio que le ayudaba a dominar el monopolio del comercio exterior. La supremacía guatemalteca incrementó las protestas de las otras provincias, principalmente entre los años 1770 y 1790, el tiempo de mayor actividad de la industria.

Crisis económica y política 200px|thumb|José de Bustamante y Guerra. El comercio del añil decayó por la crisis económica que sobrevino en los años finales del . Por un lado, la planta comenzó a ser cultivada en otras regiones como la India o Venezuela. Otra circunstancia era la guerra sostenida por España contra Inglaterra en los años previos a las Guerras Napoleónicas, la cual interrumpió el comercio, ocasionando que los productores de añil no pudieran vender sus productos en el exterior. Además, la Corona española demandó el apoyo financiero de las colonias americanas a través de contribuciones patrióticas y la consolidación de vales reales,Las contribuciones patrióticas eran colectas de dinero entre todos aquellos que pudieran aportar, es decir, podían incluirse personas con salarios modestos; la consolidación de deudas consistía en solventar inmediatamente las deudas con la Iglesia Católica, ya que ésta otorgaba préstamos a través de varias dependencias como capellanías o cofradías. Fuente medidas que impactaron en San Salvador, pues muchos debían dinero a la Iglesia Católica, institución que otorgaba préstamos. Por ejemplo, la familia de Manuel José Arce, quien sería uno de los involucrados en el alzamiento de 1811, se vio obligada a pedir dinero prestado para pagar la consolidación. En contraparte, la familia Aycinena se beneficiaba de las pérdidas de sus deudores. Otra adversidad fue una plaga de chapulín que había destruido la cosecha de los años 1802 y 1803.

Debido a que la sociedad centroamericana descansaba sobre bases agrarias, fueron los centros urbanos los que reflejaron más la crisis, pues el desempleo intensificó las migraciones a las ciudades. Esto sucedió con más énfasis en Nicaragua y San Salvador, importantes centros productores de ganadería y añil, respectivamente.

Aparte de la crisis económica, también San Salvador no era ajena a la crisis política desatada por la invasión francesa a España en 1808, pues en América surgió la incertidumbre debido a los regímenes en disputa de José Bonaparte y la Junta Suprema Central. A pesar de los acontecimientos, la élite comercial guatemalteca pudo sortear las inquietudes independentistas de la Capitanía, creando una alianza entre ellos y las autoridades, especialmente con José de Bustamante y Guerra. A pesar de todo, el reconocimiento de las posesiones americanas como parte esencial de la monarquía española en 1809, por parte de la Junta Central, fue un hecho trascendental en la formación de un sentimiento libertario en América.

Las Reformas Borbónicas y otras políticas de la Corona española

Uno de los objetivos de las Reformas Borbónicas implantadas en América, por parte de la Corona española —medidas vinculadas al movimiento cultural de la Ilustración—, era ganar más poder frente a las élites criollas locales. En el Reino de Guatemala la medida no surtió efecto, pues con el establecimiento del régimen de intendencias los cargos fueron ocupados por miembros de la Real Audiencia de Guatemala, más leales a los intereses comerciales monopolistas de la Ciudad de Guatemala. Pese a la situación, en San Salvador gobernaron intendentes interinos entre 1798 y 1804, lo que dio posibilidad a los criollos de experimentar cierta autonomía.

Las reformas también estimularon la creación de gremios de productores medianos y pequeños de añil en San Vicente, por parte del mismo Presidente de la Audiencia, Matías de Gálvez y Gallardo, quien además estableció la Sociedad de Cosecheros de Añil en 1782 como una institución de crédito para los productores. Sin embargo, la dependencia económica de los productores hacia los comerciantes guatemaltecos predominó ante cualquier tentativa de autonomía.

Otra medida fue el traslado de la feria comercial al importante centro productor de añil de San Vicente en 1783, pero los guatemaltecos lograron mudarla a San Salvador en 1787 y mantuvieron la práctica de fijar precios por medio de sus representantes allí afincados en perjuicio de los cosecheros locales. Asimismo, en vista de la crisis económica, en 1811 también fue creada una junta de la Sociedad Económica en San Salvador, organismo encargado del mejoramiento de la educación y la actividad económica, así como del fomento de la actividad artesanal.

Las tensiones entre Guatemala y San Salvador. El rol de los mestizos

En los últimos años del periodo colonial los salvadoreños tenían una economía dinámica, contraria a la guatemalteca que era estacionaria y autosuficiente. Mientras los guatemaltecos vivían de las transacciones comerciales y el trabajo indígena, los salvadoreños estaban más relacionados con la actividad productiva. Sin embargo, de todas las provincias de la Capitanía, San Salvador era la que recibía la influencia más directa por parte de la metrópoli guatemalteca, la cual no siempre era beneficiosa. Esto dio lugar a que las relaciones políticas entre ambas provincias fueran tensas, por la existencia de intereses en juego y la presencia de los grupos sociales de más base económica en el Reino.

Precisamente, por ser San Salvador el centro comercial más importante del Reino, padeció más las consecuencias de la crisis económica. Muchos trabajadores resultaron afectados por el desempleo, lo que desencadenó el descontento en los criollos. En consecuencia, por el hecho de vivir bajo dos «dictaduras», la colonial y la guatemalteca, hizo de la provincia la más interesada por la independencia en el istmo.

Por otro lado, una circunstancia fundamental en la región era el crecimiento poblacional de los mestizos o ladinos. En San Salvador, como sucedía en Nicaragua, Costa Rica y Honduras, se habían convertido en un grupo numeroso. De acuerdo a un censo de 1798 en la Intendencia de San Salvador habitaban 69 836 individuos entre españoles y ladinos, mientras los indios totalizaban 66 515. Además, hacia el final del —aunque en los poblados importantes como Santa Ana, San Miguel y San Vicente los criollos y peninsulares tenían el control de la provincia— eran los ladinos quienes ocupaban sus tierras en detrimento de las comunidades indígenas.

Esta característica de la población de San Salvador ayudó para que alcanzara un grado de desarrollo económico con cierto equilibrio social, incluso mayor que todas las provincias del Reino de Guatemala. La población homogénea de San Salvador —así como la de Nicaragua—, y su alto grado de concentración territorial, debilitaron el sistema de castas.