La revuelta de los Basmachí (en ruso восстание басмачей) o basmáchestvo (басмачество) fue un levantamiento ocurrido en la región del Turquestán contra el control del Imperio ruso que continuó contra el dominio de la Rusia soviética y afectó a amplias zonas en Asia Central. La oposición al Gobierno soviético duró de 1918 a 1924 y persistió en centros aislados hasta 1926. Contó con el concurso de todas las clases sociales de la región, que se oponían a la reforma de la sociedad islámica y la implantación del modelo soviético. El apogeo del movimiento se dio en 1921-1922 gracias a la intervención de Enver Pachá, que trató de unir a los distintos grupos.
El movimiento empezó en 1916 durante la Primera Guerra Mundial como una revuelta contra los funcionarios militares rusos que reclutaban tropas, y desembocó en una larga guerra contra el control de las autoridades soviéticas, aprovechando el desorden causado por la Revolución de Octubre y luego por la guerra civil rusa.
El movimiento Basmachí Las fuentes soviéticas retrataron a los sublevados como un movimiento de tradicionalistas islámicos, mezclados con delincuentes comunes y agitadores de masas, tanto como de radicales islámicos. Se los llamó a los primeros rebeldes “Basmachí” o “bandoleros”, en un deliberado sentido peyorativo; los mismos sublevados denominaban su movimiento Beklar Hareketi (Movimiento de los Hombres Libres).
Otros historiadores afirman que muchos basmachí eran simples campesinos y nómadas típicos del Turquestán que se oponían al imperialismo cultural de la Rusia zarista, y que luego siguieron su revuelta contra la dura política antirreligiosa de las autoridades soviéticas y las incautaciones de comida y víveres exigidas por el nuevo régimen. Ello sería un importante componente de la base rebelde, teniendo en cuenta que las autoridades soviéticas continuaron la política del régimen zarista en cuanto a mantener el Asia Central bajo firme control político de Moscú, pese a que la korenización patrocinada por las autoridades soviéticas buscaba eliminar la desconfianza nativa y mostrarse como contraparte de la temida rusificación. No obstante, el gobierno bolchevique combatió la revuelta advirtiendo que el islamismo tradicional y el panturquismo eran dos importantes componentes del movimiento, aunque delincuentes comunes estuviesen presentes.
El Turquestán ruso a principios del .|miniatura|upright=2
Circunstancias y situación El Asia central rusa se incorporó al imperio entre 1863 y 1885 y quedó dividido en cuatro territorios: las provincias de la Estepa (Kazajistán) y Turquestán y los kanatos de Jiva y Bujará, sometidos a una especie de protectorado. El Turquestán incluyó en 1868 las óblasts de Sir Daria, Samarcanda y Ferganá; en 1898, se le unieron la región de Semirechye y la Transcaspia. La población turquestana se dividía en: uzbecos (41 %, mayoritarios en Bujará y especialmente en Jiva), tayikos (7 %, pero muy numerosos [40 %] en Bujará), kazajos (19 %), kirguises (10 %) y turcomanos (concentrados en Jiva, donde suponían un 26 % de la población). Todos los grupos era musulmanes y —excepto los tayikos— de lengua turca.
A comienzos del , en el Turquestán ruso convivían dos culturas: la rusa, que había ido penetrando la zona a lo largo de las líneas férreas, y la aborigen musulmana. La capital del territorio, Taskent, se hallaba en una amplia zona semidesértica y se comunicaba con el exterior mediante dos ferrocarriles: el septentrional que la unía con Moscú a través de Oremburgo y el meridional, que llegaba hasta Krasnovodsk —a orillas del mar Caspio—, Asjabad, Bujará y Samarcanda. La comarca de esta última estaba poblada por nómadas y la región más fértil, el valle de Ferganá con capital en Kokand, tenía una influencia rusa más débil, pues no llegaba a ella el ferrocarril.
Los rusos habían impuesto el cultivo del algodón, que había reducido la producción de cereal y transformado la economía turquestana en dependiente de la del resto del Imperio ruso. El cultivo se expandió desde la década de 1880 y en 1913 acaparaba un quinto de los regadíos turquestanos: la mitad de la demanda rusa de algodón provenía del Turquestán. No solo el Gobierno fomentaba el cultivo, también lo impulsaba el mercado, que pagaba tres o cuatro veces más por el algodón que por el cereal. El cambio de cultivos trajo un riesgo: la dependencia del exterior, tanto para la exportación del algodón, de la que dependía ya la economía regional, como para la importación de grano, necesaria para evitar la hambruna.
A comienzos del siglo, la población rusa, mayoritariamente urbana, alcanzaba las cuatrocientas mil personas, mientras que los grupos nativos sumaban unos ocho millones, dos de ellos en los kanatos de Jiva y Bujará, semiindependientes. La colonización se aceleró con la terminación del ferrocarril del norte en 1906. La educación occidental se limitaba casi totalmente a la población rusa. Los avances técnicos (el ferrocarril, el telégrafo, los hospitales, el servicio postal, la prensa) no alcanzaron al grueso de la población, los turquestanos, que siguieron inmersos en su cultura tradicional, tribal o comunal, y su legislación religiosa.
El Gobierno ruso excluyó a la población aborigen de los asuntos militares: no se les admitía en las milicias ni recibían instrucción militar. Incluso cuando estalló la Primera Guerra Mundial, el Gobierno no hizo levas de reclutas turquestanos. La Administración rusa se impuso a la tradicional del territorio: mientras que los jefes militares rusos tenían potestad para destituir a los cargos locales y gestionaban la política local, el sistema legislativo y administrativo antiguo apenas varió para los turquestanos.
Revueltas contra el Imperio ruso El descontento económico —por la implantación del cultivo comercial del algodón, necesario para la expansión de la industria rusa— y religioso —por los intentos del Gobierno imperial de limitar las prerrogativas del islam en la zona— originaron una primera revuelta en 1898, que fue sofocada por las autoridades en pocos días. Anteriormente, y de nuevo por motivos principalmente económicos —la integración brutal de la región en la economía de mercado tras la conquista por el imperio—, habían estallado una serie de revueltas, en 1878, 1882, 1885 y 1893. Apenas hubo disturbios destacables desde entonces hasta 1916.
La rebelión se inició en el verano de 1916, cuando el Gobierno ruso, escaso de tropas para combatir en la Primera Guerra Mundial, eliminó la exención del servicio militar de que gozaban los súbditos musulmanes del Imperio. En junio se decretó el reclutamiento de los hombres en edad militar para encuadrarlos en batallones de trabajo. La población no solo tenía escaso interés por la guerra europea, que únicamente había causado perjuicios económicos, sino que veía con malos ojos el tener que enfrentarse con el Imperio otomano, cuyo sultán era además califa. En estas circunstancias, en el Asia Central estallaron una serie de motines locales de reclutas que rehusaban acudir a filas; estos se tornaron en revuelta general contra el dominio ruso. La confiscación de las tierras de pastos por parte de las autoridades zaristas, había creado animosidad entre la población local desde fines del , siendo que las dificultades político-militares de Rusia durante la contienda impedían ejecutar una represión pronta de las revueltas. La sublevación de uzbecos y tayikos, desembocó en una serie de choques y en una brutal escala de masacres llevadas a cabo por ambas partes entre 1916 y 1917, utilizando los rebeldes algunas bandas armadas y no grandes ejércitos. En julio de 1916, el Gobierno impuso la ley marcial en el territorio y sofocó con dureza todo conato de rebelión. Entre las medidas de represalia, expulsó de ciertas tierras feraces de Semirechye a más de medio millón de nómadas kirguises y kazajos. Un tercio de la población kirguisa pasó a China tras los encarnizados combates que se libraron de junio a septiembre. El fracaso del levantamiento agravó la crisis económica kirguís, cuya comunidad comenzó a sufrir hambre. La represión estatal, que contó con la colaboración de los colonos rusos, no logró, empero, acabar del todo con los rebeldes. La Administración rusa no pudo acabar con los grupos de bandoleros que asaltaban a los colonos y que gozaban de cierta fama de justicieros.
Durante los meses del Gobierno provisional ruso, la mayoría de la población aceptó la autoridad de este. Los musulmanes se agruparon en dos organizaciones principales: el Consejo Islámico, moderadamente reformista y partidario de la federación y democratización del país y de la obtención de la igualdad de derechos para los musulmanes, y la Junta de Jurisconsultos, más conservadora y empeñada en mantener el dominio islámico en la región y el poder de los clérigos. Esta última, aliada con grupos conservadores rusos, ganó ampliamente las elecciones municipales de agosto de 1917. Las dos se unieron temporalmente en un Centro Nacional, que se disolvió con la Revolución de Octubre.
Revolución de Octubre y comienzo de la guerra civil
Tras la Revolución de Octubre, el Sóviet de Obreros y Soldados de Taskent, formado principalmente por ferroviarios rusos, tomó el poder en la región. El proletariado ruso del Turquestán lo formaban los ferroviarios y los obreros de la industria algodonera. Aunque la Junta de Jurisconsultos aceptó su autoridad, el sóviet excluyó del poder a los aborígenes el 15 de noviembre, alegando que no formaban parte del proletariado. Los social-Revolucionarios de izquierda y bolcheviques que formaban el sóviet excluyeron a la población musulmana de los nuevos centros del poder político. El nuevo Gobierno soviético obtuvo el apoyo del grueso de la población rusa, que lo vio como representante de sus intereses frente a la población nativa. Aislado del centro del país y rodeado de fuerzas enemigas, el sóviet se concentró en sobrevivir, actuando de forma brutal y sin intención de atraerse a la mayoría musulmana del Turquestán. Disolvió por la fuerza varios ayuntamientos musulmanes que abogaban por la autonomía turquestana.
La Junta y el Consejo Islámico volvieron entonces a coligarse y el 13 de diciembre proclamaron la creación del Gobierno autónomo de Kokand, que se regiría según la ley islámica. Desde ese momento hasta mediados de febrero de 1918, ambos Gobiernos rivales trataron de obtener el reconocimiento del Gobierno moscovita: el sóviet se presentaba como la autoridad obrera y campesina, y el turquestano como el representante de la población aborigen que basaba su legitimidad en el derecho de autodeterminación. La región estaba aislada del centro de Rusia por las fuerzas contrarrevolucionarias del general Aleksandr Dútov.