Abd al-Raḥmān ibn Muḥammad ibn al-Ashaz o Abderramán ibn Muhammad ibn al-Ashaz (), conocido generalmente como Ibn al-Ashaz por su abuelo, era hijo del sobrino del primer califa ortodoxo Abu Bakr, Muhammad ibn al-Ashaz. Fue un destacado noble y general árabe de principios del Califato omeya, conocido principalmente por acaudillar una fallida rebelión contra el virrey omeya del este, Al-Hayyach ibn Yúsuf, en 700-703.

Vástago de una distinguida familia de la nobleza kindaíta, tuvo un papel menor en la Segunda Fitna (680-692) y luego desempeñó el cargo de gobernador de Rayy. Ibn Yusuf fue nombrado gobernador de Irak tras matar a Abd Allah ibn al-Zubayr, el nieto de Abu Bakr, y restableció la autoridad omeya en La Meca. Tras este nombramiento, que aconteció en el 694 y vino acompañado por el del gobierno de las provincias orientales del califato, las relaciones entre el altivo y despótico Ibn Yusuf y la nobleza iraquí se agriaron pronto. No obstante, en 699 o 700, Ibn Yusuf nombró a Ibn al-Ashaz jefe de un gran ejército, el llamado «Ejército del Pavo Real», que debía subyugar el problemático principado de Zabulistán, cuyo señor, el Zunbil, se oponía enérgicamente a la expansión árabe. Durante la campaña, la actitud tiránica de Ibn Yusuf hizo que Ibn al-Ashaz se rebelase al frente de sus tropas. Pactó con el Zunbil y emprendió el regreso a Irak; de camino, el motín se transformó en rebelión general contra los omeyas.

Al principio Ibn Yusuf se replegó dada la superioridad numérica de los sublevados, pero pronto los venció y expulsó de Basora. Pese a ello, los rebeldes se apoderaron de Kufa, a donde empezaron a confluir los desafectos. Los descontentos con los omeyas se unieron a la rebelión, entre los que destacaban los eruditos religiosos denominados qurrāʾ («lectores del Corán»). El califa Abd al-Málik intentó negociar con los alzados y se ofreció a destituir a Ibn Yusuf, pero los más radicales de los cabecillas rebeldes animaron a Ibn al-Ashaz a no pactar. En la subsiguiente batalla de Dayr al-Yamayim, Ibn Yusuf y sus tropas levantinas debelaron al ejército rebelde. El vencedor persiguió a los sublevados que sobrevivieron al choque que, dirigidos por Ibn al-Ashaz, huyeron al este. La mayoría cayó en manos del gobernador de Jorasán, y el propio Ibn al-Ashaz escapó a Zabulistán. Se desconoce su final: algunas fuentes indican que el Zunbil acabó por darle muerte por insistencia de Ibn Yusuf, mientras que otras, mayoritarias, afirman que se suicidó para evitar ser entregado a sus enemigos.

El aplastamiento de la rebelión de Ibn al-Ashaz supuso el fin del poder de la nobleza tribal iraquí, que a partir de entonces quedó sometida al estrecho control de las tropas levantinas, férreamente fieles a los omeyas. Otros levantamientos posteriores, acaudillados por Yazid Ibn al-Muhallab y Zayd ibn Alí también fracasaron; solo la rebelión abasí puso fin al dominio levantino en Irak.

Biografía Orígenes y comienzos Abderramán ibn Muhammad ibn al-Ashaz descendía de una familia noble de la tribu Kinda del Hadramaut. Su abuelo Madikarib, más conocido por su apodo de «al-Ashaz» («el despeinado»), era un cacique importante que se sometió a Mahoma, pero luego se rebeló durante las guerras Ridda. Vencido, fue perdonado y desposó a una hermana del califa Abu Bakr. Luego participó en las principales batallas de la primera etapa de expansión musulmana, las de Yarmuk y al-Qadisiyya, así como en la de Siffín, en la que tuvo un papel crucial al obligar a Alí a soslayar su ventaja militar y acceder al arbitraje; posteriormente presidió el barrio kindaíta de Kufa, ciudad en la que murió en el 661. Su padre, Muhammad, era mucho menos notable: sirvió sin distinción en calidad de gobernador de Tabaristán, y durante la Segunda Fitna apoyó a Ibn al-Zubair; pereció en el 686/7, en la campaña en la que al-Mujtar resultó derrocado. La fuentes favorables a los alíes lo vituperan, como a su padre por su actuación en Siffín, en su caso por su papel ambiguo en la batalla de Kerbala del 680: lo acusan de haber detenido a Muslim ibn Aqil y Hani ibn Urwa. La madre de Ibn al-Ashaz, Umm Amr, era hija de Saíd ibn Qays al-Hamdaní. Abderramán tenía cuatro hermanos: Ishaq, Qasim, Sabbah e Ismaíl; los tres primeros también combatieron en las campañas de Tabaristán.

Según al-Tabari, el joven Ibn al-Ashaz acompañó a su padre y participó en sus actividades políticas: en el 680 indicó a las autoridades el escondite de Muslim ibn Aqil, combatió en la campaña contra al-Mujtar en la que su padre pereció, y según se afirma, ajustició (o convenció a Musab ibn al-Zubair para que lo hiciese) a los partidarios de al-Mujtar en venganza por la muerte de su progenitor. Ibn al-Ashaz desaparece de las fuentes durante los años siguientes, pero parece que cuando el califa omeya Abd al-Malik ibn Marwan venció y mató a Ibn al-Zubair en la batalla de Maskin en octubre del 691, se pasó al bando omeya. A comienzos del 692, participó en una campaña contra los jariyíes de Ahvaz. Luego recibió el gobierno de Rayy.

Nombramiento de Ibn Yusuf como gobernador de Irak alt=Old map of western Eurasia and northern Africa showing the expansion of the Caliphate from Arabia to cover most of the Middle East, with the Byzantine Empire outlined in green|miniaturadeimagen|280x280px|La expansión del califato musulmán hasta el 750. Abd al-Malik nombró al leal y capaz Al-Hayyach ibn Yúsuf gobernador de Irak en 694, cargo crucial dada la hostilidad del territorio hacia los omeyas. En 697, amplió su autoridad a toda la zona oriental del califato, incluidos Jorasán y Sistán.

Ibn Yusuf dio el mando de seis mil jinetes a Ibn al-Ashaz en el 695 para que los emplease contra los rebeldes jariyíes de Shabib ibn Yazid al-Shaibani. Aunque el grupo rebelde no era numeroso, tenía un jefe hábil en tácticas y venció varias veces a las fuerzas omeyas. Al-Ashaz lo persiguió, acompañado por el general al-Yazl Uthman ibn Saíd, su consejero, pero adoptó una estrategia cauta para evitar las celadas. La precaución de al-Ashaz disgustó al gobernador de Madain, Uthman ibn Qatan, que escribió a Ibn Yusuf para quejarse de él. Ibn Yusuf confirió entonces el mando a Ibn Saíd, que acometió al enemigo, pero fue gravemente derrotado, perdió novecientos soldados; los supervivientes huyeron a refugiarse a Kufa. El propio Ibn Saíd pereció en la lid y Ibn al-Ashaz perdió su caballo, logró huir con la ayuda de un amigo y pudo ganar Kufa después de varias peripecias. Allí se escondió hasta que Ibn Yusuf le concedió el perdón.

A pesar de este revés, Ibn al-Ashaz y Ibn Yusuf mantuvieron al principio relaciones cordiales; el hijo de este desposó a una de las hermanas de aquel. Gradualmente, sin embargo, los dos se distanciaron. Las fuentes lo atribuyen a la soberbia de Ibn al-Ashaz, debida al orgullo de ser uno de los principales nobles tribales (ashrāf), y a sus pretensiones de mando: Al-Masudi indica que asumió el título de Nāṣir al-muʾminīn («Ayudante de los Fieles»), un desafío implícito a los omeyas a los que se acusaba así indirectamente de ser falsos creyentes. Además, proclamó ser el Qahtanita, un mesías de la tradición tribal de los árabes meridionales (los «yemeníes») que debía concederles la hegemonía. Las pretensiones de Ibn al-Ashaz disgustaron a Ibn Yusuf, cuyos comentarios hostiles —como «¡Mirad cómo anda! ¡Cómo me gustaría decapitarlo!»— llegaron a oídos de aquel e hicieron que la antipatía se tornase en odio. Según Laura Veccia Vaglieri, empero, estas afirmaciones son meros ejemplos de la tendencia de las fuentes árabes de explicar los acontecimientos históricos mediante sucesos personales y no una descripción fiel de la relación real entre los dos personajes, especialmente porque Ibn al-Ashaz sirvió fielmente a Ibn Yusuf en varios puestos, el más importante de los cuales fue la jefatura del «Ejército del Pavo real». No obstante, sí es cierto que Ibn Yusuf se granjeó pronto la animadversión de los iraquíes en general a causa de una serie de medidas que, según Hugh N. Kennedy, parecen haberlos impulsado a la rebelión, como la introducción de tropas levantinas —el pilar de la dinastía omeya— en Irak, el uso de tropas iraquíes en las arduas e ingratas campañas contra los jariyíes o la reducción de las soldadas iraquíes a un nivel menor del de las de los levantinos.

La campaña de Sistán y la rebelión En 698/9, el gobernador omeya de Sistán, Ubaidalá ibn Abi Bakra, sufrió una gran derrota a manos del señor semiindependiente del Zabulistán, llamado el Zunbil. Este atrajo a los árabes al interior de su territorio y los aisló; solo lograron escapar a costa de grandes pérdidas —especialmente copiosas entre los de Kufa— y con gran dificultad. Ibn Yusuf reaccionó despachando un ejército iraquí al este contra el Zunbil. Bien debido al esplendor de su equipo o a la actitud orgullosa y altiva de los soldados de Kufa y los nobles (ashrāf) que lo componían, según G. R. Hawting, este ejército recibió el sobrenombre de «Ejército del Pavo Real». Ibn Yusuf encomendó el mando a dos generales sucesivamente antes de entregárselo por fin a Ibn al-Ashaz. Según las fuentes, las malas relaciones que mantenían el gobernador y el jefe del ejército hicieron que el nombramiento sorprendiese a muchos; un tío de Ibn al-Ashaz llegó incluso a insinuar a Ibn Yusuf que su sobrino podría rebelarse, pero pese a ello este mantuvo el nombramiento. Al-Tabari sugiere que Ibn Yusuf confiaba en que el miedo que inspiraba evitase que Ibn al-Ashaz se desmandase. Los estudiosos modernos, por el contrario, creen exagerada la animadversión que las fuentes antiguas afirman que había entre los dos.

Se ignora si Ibn al-Ashaz acompañó desde el principio al ejército o si, primero fue a Kermán a castigar a un cacique de la zona que se había negado a colaborar con los gobernadores de Sistán y Sind.] En cualquier caso, tras asumir el mando del ejército, lo condujo a Sistán, donde las fuerzas regionales se unieron a él. Rechazó una oferta de paz que le hizo el Zunbil y —a diferencia del asalto directo que había llevado a cabo su predecesor en la guerra contra el señor de Zabulistán— emprendió el sometimiento sistemático de las llanuras que rodeaban el corazón montañoso del reino del Zunbl: se fue apoderando de pueblos y fortalezas lenta y metódicamente, dejando en ellos guarniciones que se comunicaban mediante mensajeros. Tras concluir esta tarea, se retiró a Bust para pasar el invierno del 699/700. Al-Ashaz informó a Ibn Yusuf del alto en las operaciones, a lo que este respondió con una serie de mensajes arrogantes y ofensivos en los que le ordenaba penetrar en el corazón de Zabulistán y combatir al enemigo hasta la muerte, según Veccia Vaglieri. Ibn al-Ashaz convocó a los jefes del ejército y les comunicó las órdenes de Ibn Yusuf y su decisión de desobedecerlas. Se presentó seguidamente ante la tropa y repitió las órdenes recibidas, exhortando a los soldados a que decidiesen lo que se debía hacer. Estos veían con malos ojos la posibilidad de tener que abordar una campaña que se presentaba ardua en tierras alejadas de Irak, por lo que se pronunciaron contra Ibn Yusuf y juraron lealtad a Ibn al-Ashaz. Los hermanos de este y el gobernador de Jorasán, Al-Muhallab ibn Abi Suffrah, por el contrario, se negaron a unirse a la rebelión. Ibn al-Ashaz se apresuró a concluir un pacto con el Zunbil por el cual, si resultaba victorioso en el conflicto inminente con Ibn Yusuf, lo recompensaría con largueza y si era derrotado, este lo ampararía. Habiendo así asegurado la retaguardia, dejó representantes en Bust y Zaranj, y emprendió el regreso a Irak al frente del ejército, al que se unieron los soldados oriundos de Kufa y Basora de las guarniciones por las que fue pasando. Para cuando llegó a Fars, estaba claro que no podría destituir a Ibn Yusuf sin derrocar al califa Abd al-Malik: la rebelión contra un gobernador se transformó así en levantamiento contra los omeyas y las tropas reiteraron su juramento de lealtad a Ibn al-Ashaz.