Vehementer Nos es una encíclica del papa Pío X, publicada el 11 de febrero de 1906, dedicada a la situación religiosa producida en Francia por la aprobación de la Ley francesa de separación de la Iglesia y el Estado de 9 de julio de 1905.
Contexto histórico En el momento en que se publicó esta encíclica, las relaciones entre la Iglesia y el Estado en Francia se regían por el Concordato de 1801 con el que Napoleón llegó a un compromiso con la Iglesia, pues mientras reconocía que el catolicismo era la religión de la mayoría de los franceses, el emperador nombraba a los arzobispos y obispos, correspondiendo al papa la investidura canónica. Por otra parte la Iglesia renunciaba a a reclamar las propiedades confiscadas durante la Revolución francesa y el Estado se comprometía a pagar un salario al clero, que juraría lealtad al Estado.
Desde la instauración de la III República en 1870, quedó de manifiesto la disconformidad del poder político con el contenido del concordato. Tras la aprobación de las Leyes constitucionales de 1875, se sucedieron las medidas legales que ponían en marcha una política decididamente anticlerical, que tuvieron un primer reflejo reflejo en las leyes de enseñanza de Jules Ferry, pero se reforzó durante el gobierno de Emile Combes, a quien como presidente del consejo de ministros, le correspondió aplicar la ley de asociaciones aprobada el 1 de julio de 1901; esta ley exigía a las congregaciones religiosas, a diferencia del resto de asociaciones, presentar una petición para ser autorizadas; la Cámara de Diputados rechazó la petición de autorización de todas las congregaciones religiosas, excepto cinco masculinas, ninguna de ellas dedicada a la enseñanza, lo que hizo que en poco más de un año colegios religiosos fuesen cerrados.
Sucedieron una serie de desacuerdos entre la República y la Santa Sede: en enero de 1904, ante la formulación de una bulas de nombramientos episcopales, que recortaban los derechos que el Concordato de 1801 reconocía a la República, ante esa protesta el papa se avino a dar otra redacción a esa bulas; en mayo de ese mismo año Émile Loubet, Presidente de la República, visitaba en Roma al rey de Italia, sin visitar al Papa; por esa misma época los obispos de Laval y Dijon, acusados de graves irregularidades, fueron destituidos y llamados a Roma, ambos prelados pidieron la protección de Combes y prohibió a los obispos salir de sus diócesis y exigió al papa que retirara esas citaciones; ante la negativa del papa, Francia rompió sus relaciones con la Santa Sede, declarando en suspenso el Concordato; el papa retiró al nuncio de París, y el gobierno francés, contra todo derecho, incautó el archivo de la Nunciatura. Este proceso culmina, de algún modo, con la aprobación por la III República, el 9 de diciembre, de la Ley francesa de separación de la Iglesia y el Estado de 1905.
Contenido de la encíclica Apenas habían pasado dos meses desde la aprobación de la Ley cuando San Pío X publica la encíclica Vehementer nos, en la que el modo como comienza el texto pone de manifiesto la preocupación y dolor del papa, ante la situación en que la ley pone a la Iglesia en Francia:
Tras recordar las medidas tomadas por el gobierno de la República Francesa para eliminar cualquier signo religioso de la vida pública, hace ver que esas decisiones
Sin embargo, continúa el papa, nada se ha conseguido con esas advertencias, hechas también por su antecesor León XIII. Tras ese preámbulo la encíclica pasa analizar la ley y afirma que la tesis en que se apoya la necesaria «separación» de la iglesia y el estado es falsa y dañosa, porque
Sobre la necesidad de una armónica relación entre la Iglesia y el Estado la encíclica recuerda las enseñanzas de León XIII quien señaló que esta relación es comparable a la que debe darse en el hombre entre el alma y el cuerpo.León XIII, : ASS 18 (1885) 166. Pero, además, en el caso de Francia, es más lamentable, por la especial atención que esta nación ha recibido por para de la Sede Apostólica a lo largo de la historia; esto ha dado lugar a unos especiales vínculos que han sido formalizados por un solemne Concordato, firmado en 1801 entre la Sede Apostólica y la República Francesa.
La Santa Sede ha cumplido siempre este pacto, en esta situación la ley aprobada por la República supone una ruptura unilateral de los compromisos asumidos, sin considerar la violación del derecho de gentes que supone, la injuria a la Santa Sede y la alteración de la paz social que esa violación de la fe jurada puede producir. Por otra parte, el Papa examina el contenido de la ley, y muestra que con el pretexto de producir una absoluta separación entre la Iglesia y el Estado, lejos de dejar a la Iglesia totalmente independiente, permitiéndole el uso de la libertad concedida por el derecho común, la sitúa bajo la dominación del poder civil, y esto mediante multitud de disposiciones excepcional y restrictivas: de modo que
A continuación la encíclica detalla los tres motivos por los que pronuncia esta queja. En primer lugar la ley es totalmente contraria a la constitución que Jesucristo dio a su Iglesia, como una sociedad humana, en autoridades que ejercen su gobierno, enseñan y juzgan; una sociedad jerárquica compuesta de distintas categorías de personas, diversos grados en la jerarquía y multitud de fieles.
En segundo lugar, el modo en que la nueva ley regula estas asociaciones, sometiéndolas a un control ajenas al derecho común, lo que hace difícil su fundación y aún más su conservación. De este modo tras proclamar una amplia libertad de culto, en realidad se restringe esa libertad con multitud de excepciones, que la encíclica pasa a enumerar:
Por último, y en tercer lugar. la ley viola el derecho de propiedad de la Iglesia, pues en la práctica confisca prácticamente todas las propiedades eclesiásticas (comprendidas las basílicas y las catedrales). Todas estas medidas causarán un daño a la Iglesia y a la misma Francia, pues abre una vía para la división entre los franceses y para las luchas religiosas
Por todas estas razones el Papa condena esta ley y asegura que ninguna de sus cláusulas puede invalidar los derechos imprescriptibles de la Iglesia. A pesar del dolor que le produce esta situación, rechaza la tristeza, pues la Iglesia no teme por sí; además la historia muestra como estas leyes acaban derogándose al comprobar con el paso del tiempo, los daños que produce a la sociedad.
El Papa anuncia que pronto dará las directrices que deberán seguirse ante la esta nueva situación.
Mientras tanto el episcopado, con la ayuda del clero, debe ser guía de los fieles católicos, para que sepan defender a la Iglesia con energía, pero sin ofender a nadie. Los católicos han de darse cuenta de que los enemigos de la Iglesia quieren eliminar el catolicismo de Francia; a ellos hay que oponerse con coraje, estrechamente unidos al clero, al episcopado y a la Santa Sede, y con una auténtica vida cristiana, confiando en Dios.
Tal como prometía en esta encíclica, unos meses después, el 10 de agosto de 1906, mediante Gravissimo officii munere el papa concretaba las directrices que debían seguirse ante la situación que producía la ley; en ese mismo tema insistía en una tercera encíclica, Une fois encore, fechada el 6 de enero de 1907
Véase también San Pío X, y especialmente su papado Encíclicas Encíclicas de Pio X Gravissimo officii munere, 10 de agosto de 1906 Une fois encore, 6 de enero de 1907 Tercera República Francesa Separación Iglesia-Estado Relaciones Iglesia-Estado Ley francesa, de 9 de diciembre de 1905, de separación de la Iglesia y el Estado
Referencias y notas
Bibliografía CASTELLA, Gaston (1970), Historia de los papas.3. De León XIII a nuestros días, Espasa-Calpe, Madrid, pp. 167–174 () DAL-GAL, Girolamo (1985), Pío X. El papa santo, Ed. Palabra, Madrid, pp. 93–96 ()
REDONDO, Gonzalo (1979), La Iglesia en el mundo contemporáneo, tomo II. Pamplona: Ediciones Universidad de Navarra. pp. 99–101 () ROMANATO, Giampaolo (2018), Pío X en los orígenes del catolicismo contemporáneo, Ed. Palabra. Madrid, pp. 347–348 ()
Enlaces externos Vehementer Nos: texto original en latín Vehemeter Nos: traducción (no oficial) al español Loi du 9 décembre 1905 concernant la séparation des Églises et de l'État
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