miniatura|Antonio Van Halen. Dibujo y litografía de Bernardo Blanco para Estado Mayor General del Ejército Español de Pedro Chamorro y Baquerizo, Madrid, 1851-1854. Biblioteca Nacional de España. Antonio Van Halen y Sarti (Isla de León, actual San Fernando, Cádiz, 1792-Madrid, 1858), conde de Peracamps, fue un marino y militar español. Participó en las guerras de la independencia española e hispanoamericana y en la primera guerra carlista. Capitán general de Cataluña durante la Regencia de Espartero, en cuyo empleo bombardeó Barcelona en 1842 y Sevilla en 1843. Ese mismo año, le acompañó en su exilio. Volvió a España en 1847 y, reintegrado al ejército, en 1851 ocupó plaza de ministro en el Tribunal Supremo de Guerra y Marina. En octubre del mismo año fue designado senador vitalicio.Van-Halen, Antonio, conde de Peracamps, Senado de España, expediente personal.
Biografía Hijo de Antonio Van Halen, teniente de navío nacido en Cádiz, y de Francisca Sarti, y hermano menor de Juan Van Halen, ingresó en 1804 en la armada como guardia marina. Durante la Guerra de la Independencia combatió a las tropas napoleónicas. Con rango de alférez de fragata, en 1810 fue destinado a Cádiz y participó en la defensa de la ciudad al mando del cañonero n.º 34. En 1811 se encontró en el ataque al Trocadero y prestó servicio de convoy a embarcaciones mercantes entre los puertos de Huelva y Tarifa. Al mando del falucho Hurón, del apostadero de Ayamonte, apresó una embarcación de la marina francesa, entre otras acciones de guerra. Un año después, embarcado en la goleta Patriota, llegó a Mallorca y de allí en el San Pablo a Cataluña, cuyas costas recorrió.Chamorro, p. 177.
Concluida la guerra, fue destinado a la expedición de Montevideo, hacia donde partió en febrero de 1815. Allí fue ascendido a alférez de navío pero a causa de un incidente con un capitán de navío, al que desafió por cuestiones personales, hubo de comparecer en consejo de guerra por el que, si bien salió absuelto, resultó postergado en un ascenso. Herido en su orgullo solicitó la baja en la armada y el pase al ejército de tierra. Destinado al Regimiento de Infantería del Rey como ayudante del general Pascual Enrile, estuvo presente en la recuperación de la isla Margarita y en el asedio de Cartagena de Indias hasta la rendición de la plaza.
Antes de regresar a España, en diciembre de 1816, participó en la conquista de Santa Fe y fue nombrado gobernador militar y político de la provincia de Girón, en cuyo puesto fue ascendido a capitán. Al retornar a España llevaba con él la Flora de Celestino Mutis que estaba en Santa Fe de Bogotá. En Madrid fue destinado al Regimiento de Infantería de Numancia. En 1820, con grado de comandante, volvió a cruzar el Atlántico en la expedición a Tierra Firme. En Bogotá se entrevistó con Simón Bolívar y regresó a la península dando escolta a los comisionados designados por Bolívar para tratar con el Gobierno de España de las condiciones de paz. En 1823, a las órdenes de Juan Martín el Empecinado, combatió a la facción absolutista de Jorge Bessières en La Alcarria. Hizo frente a la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis en Asturias y Galicia.Chamorro, p. 178. Con la capitulación de La Coruña fue hecho prisionero y llevado a Francia, donde permaneció poco tiempo retenido, pero quedó sin empleo hasta su reincorporación al ejército algunos meses antes de la muerte de Fernando VII, en enero de 1833, con cargo de teniente coronel al mando del regimiento de infantería Zamora n.º 8 de línea.Chamorro, p. 179. miniatura|Joseph Schubert: retrato de Antonio Van Halen, I conde de Peracamps. Litografía. Biblioteca Nacional de España Al estallar la Guerra Carlista fue destinado a Cataluña como comandante general de las fuerzas del ejército y la milicia de los corregimientos de Figueras y Gerona. En ese puesto y poco después al frente de nuevo del regimiento de Zamora combatió contra las escurridizas partidas carlistas que actuaban en el interior y en la montaña de Cataluña.Chamorro, pp. 180-181. Enfermo, fue autorizado a convalecer en Barcelona, pero tras el tumulto que desembocó en el asesinato del general Bassa no quiso permanecer en la ciudad y obtuvo comisión especial para pasar a la legión auxiliar francesa y luego a la comandancia de la provincia de Huesca. En marzo de 1836 tomó el mando del regimiento de Aragón y en mayo pasó al ejército del Norte, como jefe de la brigada de vanguardia de la quinta división.Pirala, p. 108. En las operaciones de defensa en las inmediaciones de San Sebastián resultó herido, lo que le mereció el ascenso a brigadier. Comandante general de la cuarta división del ejército del Norte en febrero de 1837, hizo frente a la Expedición Real que había entrado en Huesca, donde el ejército isabelino sufrió un fuerte descalabro y la muerte de su comandante en jefe, el general Miguel María Iribarren. Por su actuación en la batalla Van Halen fue ascendido a mariscal de campo.Chamorro, pp. 181-182.
Tras la nueva derrota sufrida por el ejército isabelino en Barbastro, en la que perdió la vida el brigadier Joseph Conrad, siguió en persecución del ejército expedicionario de don Carlos al frente de la 1.ª brigada de la división de la Guardia Real, llegando con ella hasta Pozuelo de Aravaca, en las proximidades de Madrid, donde se le sublevó la oficialidad, que reclamaba un cambio de Gobierno, siguiendo sin ella, con solo la tropa y los pocos oficiales que quisieron acompañarle, en dirección a Segovia, donde se suponía que estaba el pretendiente. Promovido a jefe de Estado Mayor del ejército del Norte, participó en todas las operaciones militares de la campaña dirigida en la región vasco-navarra por Espartero. En abril de 1838 fue designado segundo cabo de Castilla la Vieja, lo que interpretó como una maniobra del Gobierno para separarle de Espartero, por lo que rechazó el empleo en carta dirigida a la regente, en la que decía no querer el descanso, «ni destinos lucrativos y cómodos, a costa de mi honor», siéndole admitida la dimisión en junio y el pase a cuartel en Madrid.Chamorro, p. 184.
En septiembre fue nombrado general en jefe del ejército del centro y capitán general de los reinos de Aragón, Valencia y Murcia, cargo del que tomó posesión el 4 de octubre, «bien a pesar suyo», según Antonio Pirala, «porque sabía el lamentable estado de las fuerzas que iba a mandar, donde Cabrera imponía la ley con el terror de su nombre».Pirala, p. 109. Inmediatamente proclamó el estado de guerra en Aragón, Valencia y Murcia, lo que desencadenó el inicio de una nueva era de feroces represalias y la proclamación de bandos «redactados en estilo truculento», respondidos de igual modo por Cabrera.Oyarzun, pp. 200-201. La noticia del fusilamiento de 96 sargentos hechos prisioneros por Cabrera en Maella provocó amotinamientos en varios puntos de su comandancia pidiendo represalias, en especial en Valencia donde fueron asesinados algunos prisioneros carlistas y el general Froilán Méndez Vigo que trataba de disolver la cuadrilla de milicianos nacionales constituidos en junta de represalias.Chamorro, p. 185.Pirala, pp. 112-115. El fusilamiento de 66 prisioneros carlistas cerca de Murviedro, ordenado personalmente por Van Halen, se lo recriminó el general Borso di Carminati, que le presentó su dimisión pues había ofrecido cuartel a los prisioneros al tomarlos en Pedralba.Pirala, p. 121. «En cuanto al gobierno —escribe Chamorro y repite literalmente Pirala—, hubo de hacer una manifestación pública en favor de Van-Halen elevándole en aquellas circunstancias, el 28 de diciembre, al empleo de teniente general». En las filas carlistas la conducta de Cabrera mereció el reproche del mismo pretendiente, que envió al obispo de León para pedirle contención,Pirala, pp. 295-296. y Van Halen aprovechó en febrero de 1839 para ofrecerle un canje general de prisioneros,Pirala, p. 297. llegándose finalmente con la mediación del coronel inglés Lacy a la firma el 3 de abril de un acuerdo para humanizar la guerra, llamado por los carlistas convenio de Segura y por los isabelinos tratado de Lécera.Oyarzun, p. 201. El texto del convenio se encuentra reproducido en las páginas 201-203 y del mismo modo en Pirala, pp. 299-300.
La firma del acuerdo, sin embargo, fue acogida en Madrid con desagrado y fuertes ataques a Van Halen, a quien se reprochaba haber reconocido oficialmente a Cabrera el título de conde de Morella, con el que firmó el convenio, y los artículos que permitían tratar como prisioneros a quienes previamente se habían pasado desde las filas isabelinas, prohibían el envío de prisioneros a ultramar y preveían la devolución de los prisioneros heridos una vez sanados.Chamorro, p. 187. El frustrado intento de tomar el castillo de Segura y su retirada sin apenas combatir dañó aún más su prestigio y el del ejército del Centro a ojos del Gobierno, por lo que presentó su dimisión y fue llamado a cuartel en Madrid, donde pidió se le abriera sumaria para defender su actuación ante el fiscal Evaristo San Miguel.Pirala, p. 306.
Absuelto de cargos, el 20 de febrero de 1840 fue designado capitán general de Cataluña y general en jefe de su ejército.Chamorro, p. 188. En Peracamps, vital para asegurar el abastecimiento de Solsona, obtuvo una importante victoria sobre las tropas carlistas, con solo nueve heridos, entre ellos su propio hermano Juan que mandaba la brigada que cubría la marcha. Despejado el camino a Solsona y consolidada su posición fue posible también destruir las defensas construidas en sus alrededores por los carlistas, aunque en estas operaciones de limpieza, con importantes bajas, él mismo resultó herido de bala en una mano. Cuando entró en Barcelona fue acogido jubilosamente por la población y homenajeado por el ayuntamiento que le entregó una camisa bordada con las armas de la Ciudad Condal, en tanto el Gobierno le premió con el título de conde de Peracamps por cédula firmada el 5 de julio.Chamorro, p. 189. miniatura|Vista de Barcelona bombardeada en 1842. Grabado de Domingo Estruch. Biblioteca Nacional de España. A principios de octubre de 1841, constituida la regencia de Espartero, marchó a Pamplona para hacer frente a la insurrección de los generales moderados O'Donnell y Montes de Oca y secundada en Madrid por otros elementos del ejército. En algunas ciudades se formaron juntas para defender al gobierno progresista, pero pasado el peligro, cuando Espartero dispuso su disolución, la de Barcelona se negó a acatar la orden y, aprovechando la ausencia de Van Halen, comenzó el derribo de la Ciudadela atendiendo a una vieja reclamación urbana. A mediados de noviembre Van Halen entró en Barcelona y pudo controlar la situación sin apenas esfuerzo, aunque para evitar mayores males suspendió el desarme de las milicias nacionales, cuyo número era muy superior al de la tropa a su mando.Marichal, pp. 225-226.Chamorro, p. 190. Mayor gravedad tuvieron los sucesos del año siguiente. El debate en el Congreso de los Diputados entre librecambistas y proteccionistas había dividido a los progresistas al tiempo que crecían la propaganda republicana y las maniobras de los moderados para poner fin a la regencia de Espartero. En Cataluña la cuestión algodonera —el temor a una reducción de los derechos aduaneros pagados por tejidos ingleses— se veía como una amenaza directa a la incipiente industria textil catalana. La tensión ciudadana creció cuando Martín Zurbano comenzó a reclutar tropas en los alrededores de Barcelona, extendiéndose el rumor de que se preparaba una quinta extraordinaria a la vez que se volvía a hablar del desarme de las milicias.Marichal, pp. 240-241.