La guerra de independencia de Brasil de 1822-1824, fue librada entre el autoproclamado Imperio del Brasil y el Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarbes. Aunque el conflicto no fue completamente pacífico, fue una guerra mucho menos cruenta en comparación con las guerras de independencia hispanoamericanas.
Inicio del movimiento independentista El Reino de Brasil era la sede de la corte de Juan VI de Portugal y su gobierno, tras huir del ejército de Napoleón I durante las guerras napoleónicas en 1808. Después que la familia real, tras la Revolucion liberal de Oporto de 1820, volvió a Portugal a inicios de 1821, el gobierno metropolitano, con sólo una porción de los delegados brasileños presentes, votaron por abolir el Reino de Brasil y las agencias reales en Río de Janeiro y a hacer que todas las colonias se subordinen directamente a Lisboa, tal como estaban antes de 1815. (ver Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarbes) Portugal envió tropas a Brasil y puso a todas las unidades brasileñas bajo el mando de oficiales portugueses.
Mientras tanto el 29 de septiembre de 1821 se emitieron en Lisboa las nuevas leyes adoptadas por las Cortes del Reino de Portugal, aboliendo los tribunales de justicia creados durante la permanencia del rey Juan VI en Río de Janeiro, restablecían el monopolio comercial portugués sobre los productos comprados o vendidos por brasileños, y dividían el Reino de Brasil en provincias autónomas que serían regidas, por separado, desde Lisboa. Una decisión final exigía que el príncipe Pedro de Braganza abandonase inmediatamente la regencia de Brasil y se embarcase lo antes posible a Portugal. Por causa de la lentitud de las comunicaciones, sólo el 9 de diciembre de 1821 estas disposiciones fueron conocidas en Río de Janeiro, causando un fuerte descontento popular en la ciudad.
En enero de 1822, la tensión entre las tropas portuguesas y los brasileños se tornó violenta cuando el príncipe regente brasileño don Pedro (hijo de Juan VI) aceptó las peticiones del pueblo brasileño rogándole rehusar la orden portuguesa de regresar a Lisboa. Respondiendo a su presión y al argumento de que su partida definitiva a Portugal y el desmantelamiento del gobierno central gatillaría movimientos separatistas entre las provincias de Brasil, el príncipe Pedro votó por quedarse mediante un mensaje hecho público el 9 de enero de 1822 que decía: "Se é para o bem de todos e felicidade geral da Nação, estou pronto! Digam ao povo que fico" (en castellano: "Si es para bien de todos y felicidad general de la Nación, ¡estoy listo! Digan al pueblo que me quedo".
Unos 2000 "pé de chumbo" o "pies de plomo" portugueses (como llamaban los brasileños a las tropas de la metrópoli), se amotinaron contra el príncipe Pedro antes de concentrar sus fuerzas en las casamatas de Cerro Castelho, el cual estuvo rodeado por cerca de 10.000 brasileños armados, existiendo riesgo que empezara un combate entre ambas masas dentro de la ciudad de Río de Janeiro.
miniatura|José Bonifácio de Andrada e Silva, el "patriarca de la independencia" en Brasil. Don Pedro "retiró" al comandante general portugués y le ordenó remover a sus soldados de Río de Janeiro cruzando la bahía hacia Niterói, donde esperaban transporte hacia Portugal, a fin de evitar una lucha de resultado incierto. Don Pedro formó un nuevo gobierno encabezado por José Bonifácio de Andrada e Silva de São Paulo. Este exfuncionario real y profesor de ciencias en la Universidad de Coímbra fue crucial para la dirección subsecuente de los acontecimientos y es considerado como una de las figuras formativas del nacionalismo brasileño, sin duda, como el Patriarca de la Independencia.
La atmósfera estaba tan cargada de tensiones entre brasileños y portugueses en Río de Janeiro que Don Pedro buscó seguros de asilo en un barco británico en caso de perder la confrontación de gran importancia; también envió a su familia a un lugar seguro fuera de la ciudad. En los días siguientes, el jefe portugués, general Jorge de Avilez Souza Tavares, retrasó la embarcación esperando que llegasen los refuerzos esperados desde la metrópoli. Sin embargo, a los 1.200 hombres de refuerzo que llegaron desde Portugal a Río de Janeiro el 5 de marzo de 1822 no se les permitió desembarcar, y se les mantuvo bajo la puntería de las fortificaciones leales a Don Pedro. En cambio, se les dieron suministros para el viaje de vuelta a Portugal, adonde se dirigieron las tropas sin resistencia. Este primer enfrentamiento había sido ganado por los brasileños sin derramamiento de sangre.
Inicio de la insurgencia violenta miniatura|250px|izquierda|Pedro I (a la derecha) ordenando al jefe portugués Jorge Avilez retirarse de Río de Janeiro hacia Portugal, al fracasar el intento de las tropas portuguesas para controlar la ciudad.
Se había derramado sangre en Recife, en la provincia de Pernambuco, cuando la guarnición portuguesa había sido violentamente forzada a partir en noviembre de 1821. Pero la mayor explosión de violencia ocurrió en Bahía cuando, el 19 de febrero de 1822, los bahianos se levantaron contra las fuerzas portuguesas guarnecidas en San Salvador de Bahía cuando intentaron instalar como gobernador al general Ignácio Luís Madeira de Melo, designado directamente por las Cortes de Portugal desde Lisboa en contra de la voluntad del príncipe Pedro. No obstante, al día siguiente los brasileños sublevados no pudieron adueñarse de la ciudad ante la mayor potencia de fuego de los portugueses y tras tres días de combates callejeros debieron retirarse hasta el campo, donde comenzaron las operaciones guerrilleras, señalando que la lucha en el norte no sería sin pérdida de vidas y propiedades. Salvador de Bahía quedaría bajo gobierno militar portugués y rechazaría toda obediencia a Río de Janeiro.
Para asegurar Minas Gerais y São Paulo, donde no había tropas portuguesas pero había dudas sobre la independencia, Don Pedro se comprometió con algunas concesiones, ofreciendo autonomía a dichas regiones. Las tropas allí estacionadas estaban formadas casi únicamente por brasileños, lo cual facilitó que ambas provincias reconocieran la autoridad del príncipe Pedro de Braganza y le proporcionaran soldados y recursos para la ya inevitable guerra contra Portugal.
Los pueblos en Minas Gerais habían expresado su lealtad al tiempo del voto de Pedro por permanecer en Brasil, salvo por la junta en Ouro Preto, la capital provincial. Don Pedro se dio cuenta de que, a menos que Minas Gerais estuviera sólida con él, sería incapaz de ampliar su autoridad a otras provincias. Con sólo unas pocas compañías y sin ceremonia o pompa, Pedro corcoveó en Minas Gerais a caballo en marzo de 1822, recibiendo entusiastas bienvenidas y lealtades en todos lados, ganando la adhesión inclusive de Ouro Preto. De vuelta en Río de Janeiro el 13 de mayo, se proclamó a sí mismo el "defensor perpetuo de Brasil" y después de eso llamó a una Asamblea Constituyente (Assembléia Constituinte) para el año siguiente. Para profundizar su base del apoyo, se unió a los francmasones, que, liderados por José Bonifácio de Andrada e Silva, estaban presionando por un gobierno parlamentario y la independencia. Más confiado, a principios de agosto, Don Pedro exhortó a los diputados brasileños ante las Cortes en Lisboa para que volvieran, decretó que las fuerzas portuguesas en Brasil debían ser tratadas como enemigas, y emitió un manifiesto a las "naciones amigas".
Mientras tanto las tropas portuguesas de Bahia, dirigidas por el gobernador Madeira de Melo, seguían su lucha contra las guerrillas brasileñas sin poder asegurar su dominio sobre toda la provincia. Las provincias de Piauí y Maranhao, mientras tanto, seguían fieles al gobierno de Portugal, hasta que la propaganda independentista se abrió paso en Piauí y forzó una nueva lucha cuando el 19 de octubre de 1822 la ciudad de Parnaíba juró lealtad a Pedro I de Brasil. La guarnición portuguesa, mal dirigida por el general Joao José da Cunha Fidié, se lanzó sobre Parnaíba pero los independentistas lograron evacuar la ciudad a la que los portugueses tomaron el 18 de diciembre.
Una vez allí, el mando portugués sufrió la noticia que Oeiras, la capital de Piauí, era tomada por tropas brasileñas en nombre del príncipe Pedro. El general Fidié lanzó de nuevo sus tropas hacia Oeiras a fines de febrero de 1822, para recuperar la capital de la provincia pero fue detenido a orillas del río Jenipapo por voluntarios brasileños (campesinos y vaqueros del sertao, rudimentariamente armados) en la batalla de Jenipapo el 13 de marzo de 1823. Pese a que el combate acabó con la muerte de 400 brasileños ante apenas 16 bajas portuguesas, las tropas de la metrópoli habían perdido sus armas y municiones, por lo cual se retiraron a Caxias y resistieron allí sólo hasta fines de julio de 1823, cuando capitularon tras llegar la noticia que se habían disuelto las Cortes Portuguesas.
Proclamación de la Independencia miniatura|300px|Cuadro Independência ou Morte que muestra a Don Pedro proclamando la independencia de Brasil en las márgenes del Ipiranga, por Pedro Américo.
Buscando duplicar su triunfo en Minas Gerais, Pedro cabalgó hasta São Paulo en agosto para asegurarse el apoyo y comenzó una desastrosa aventura con doña Domitila de Castro, su futura , que años más tarde debilitaría a su gobierno. Regresando de una excursión a Santos, Pedro recibió mensajes de su esposa, la archiduquesa María Leopoldina de Austria, y de Andrada e Silva que las Côrtes Portuguesas consideraban su gobierno como "traicionero" y que la corte de Lisboa estaba despachando más tropas hacia Brasil para asegurar por la fuerza la obediencia de los brasileños al rey Juan VI.
En esos momentos, el 6 de septiembre de 1822, Pedro se hallaba con su escolta de honor en las cercanías del pequeño río Ipiranga, donde recibió las cartas de Andrada y de Leopoldina. Al día siguiente, en ese mismo lugar, ocurrió una famosa escena en la ribera del Ipiranga el 7 de septiembre de 1822, a las afueras de Río de Janeiro, Pedro de Braganza pasó revista a sus tropas tras meditar su opción entre regresar a Portugal como príncipe en desgracia o la independencia de Brasil. Ante las tropas ahí reunidas Don Pedro arrancó la insignia azul y blanca portuguesa de su uniforme, desenfundó su espada, y juró: "Por mi sangre, por mi honor, y por Dios: haré a Brasil libre." Su lema, dijo, sería "Independência ou Morte!", siendo que esa fecha se conmemora como día de la independencia brasileña dando a la proclamación el nombre de Grito de Ipiranga.
El gobierno de Pedro I contrató al almirante escocés Thomas Alexander Cochrane, un comandante naval británico veterano en las guerras napoleónicas y recientemente comandante de las jóvenes fuerzas navales chilenas en su combate contra España. El gobierno de Pedro I también contrató a un número de oficiales británicos para servir bajo el mando de Cochrane, también se contrató al general francés Pierre Labatut, quien había luchado en Colombia en apoyo de las tropas independentistas contra las fuerzas leales a España. Estos hombres liderarían la lucha por expulsar a los portugueses de Bahía, Maranhão, y Pará, y forzar estas zonas a reemplazar el gobierno de Lisboa por el de Río de Janeiro.