Alma Tapia Bolívar (San Lorenzo de El Escorial, 1906-México, 1993) fue una dibujante e ilustradora española.

Biografía

Nació en la localidad madrileña de San Lorenzo de El Escorial en 1906, hija del poeta y periodista Luis de Tapia Romero y de Pilar Bolívar Pieltain, nieta del científico Ignacio Bolívar Urrutia. Recibió una formación pionera en la época, proveniente de los círculos institucionistas. Su hermano mayor era Luis y el menor, Daniel, dos años más joven que ella, se convertiría en escritor.

Alma fue educada en el Instituto-Escuela de Madrid y destacó por ser una buena deportista, aficionada al fútbol –por influencia de su padre, fue socia del Madrid Fútbol Club– y sobre todo al esquí, como miembro del Club Alpino Español. Aunque no recibió una formación artística específica, pronto sobresalió como una brillante ilustradora y dibujante. Ella misma lo explicó en una entrevista que publicó Emilio Fornet: “Desde muy niña, tengo esta vocación por el dibujo. No he tenido nunca profesores. En realidad, no dibujo yo mucho… Cuando hay algún concurso me presento, casi por tener un motivo que me incite al trabajo… […] No hago arte ‘raro’ por moda… El cubismo ya casi ha pasado del todo. Pero mi arte es moderno, puesto que yo soy joven…”. En efecto, su constancia como ilustradora en la prensa y su presencia en concursos y colectivas desde principios de los años 20 llevó a que la crítica reconociese un sello particular en sus dibujos y carteles, como señalaron plumas como la de Hesperia o Antoniorrobles.

Las primeras colaboraciones de Tapia –que entonces firmaba como Almita Tapia– ilustraron una decena de cuentos infantiles escritos por su padre en 1923, publicados en el semanario satírico Buen Humor. En estas viñetas se aprecia un incipiente dominio de la línea, todavía con detalles un tanto naífs.Tapia, 1923: 11-12; 1923:14 Pocos años más tarde, en la misma revista y con la firma de Alma, dibujó caricaturas dedicadas a los “Sombreros cloche”, las carabinas o la aristocracia. Gran interés tiene la contracubierta del citado semanario satírico del 24 de junio de 1928, en el que, reproducido a color, uno de sus dibujos muestra una conversación de tres elegantes mujeres, una señora y dos jóvenes ataviadas como flappers, mientras contemplan un partido de fútbol. A su vez, la artista madrileña colaboró puntualmente en otras publicaciones periódicas, como Gutiérrez, Estampa y Ondas –órgano oficial de Unión Radio, donde, entre otras colaboraciones, trabajó para el Almanaque Humorístico de 1928–. Ilustró igualmente cuentos infantiles de escritores como José Santugini (1930), Josefina Bolinaga (1933) y Elena Fortún (1934), y los primeros libros de su hermano Daniel, como San Juan (1935), editado por Biblioteca Nueva. Y es que este campo, el de la ilustración infantil y juvenil, sería uno de los más usados en esta época por las artistas para darse a conocer en la escena artística. Así lo hizo también la célebre dibujante Delhy Tejero, quien además de ilustrar para la publicación dirigida por K-Hito y titulada Macaco. El periódico de los niños, lo hizo para El perro, el ratón y el gato que conducía Antoniorrobles y una larga nómina de libros. Por su parte, Pitti Bartolozzi destacaría a través de sus ilustraciones para Crónica y de la creación de personajes como Aventuras de Canito y la gata Peladilla, El pájaro don chifle, La bruja Pirulí y Dos Tanquitos.

Los dibujos de Tapia fueron expuestos desde finales de los años 20 en eventos organizados por la Unión de Dibujantes Españoles (UDE), activa sociedad constituida en 1920 con el objetivo de divulgar la labor de su colectivo artístico tanto dentro como fuera de España en todo tipo de concursos y muestras. Así, Tapia fue una de las participantes en la exposición que la UDE llevó hasta Nueva York en mayo de 1927. Ese mismo año, apareció en el X Salón de Humoristas, dependiente también de la UDE, que se celebró en el Círculo de Bellas Artes (CBA) de Madrid. La XII edición del mencionado Salón, inaugurado en 1929 en el MAM, contó también con su presencia. Poco después y de nuevo en el CBA, Tapia participó en una muestra colectiva en la que presentó su obra Segovia, “original y bella estampa, de una luminosidad amplia, de una gran riqueza cromática, y en donde se advierte un temperamento de cartelista muy moderno y muy fino y sensible”. Asimismo, en 1930 se presentó a dos concursos de carteles de compañías de comedias en los que resultó premiada; el primero, organizado por la de Díaz-Artigas, el segundo, por la de Carmen M. Ortega en el CBA. Entre otros certámenes en los que la artista compitió se encuentran el de portadas de la Editorial Cénit, en el que recibió el tercer premio, y el de carteles anunciadores del Baile de Máscaras del CBA de 1932, en el que su cartel Kiri obtuvo el reconocimiento del jurado. En 1935 Tapia también participó en el I Concurso de Cartel de Toros de la Asociación de la Prensa, en el CBA.

Fue el teatro un ámbito que la atrajo, tanto en lo concerniente al mencionado diseño de carteles como, ocasionalmente, en la escenografía –un ámbito en el que por estas fechas también trabajarían artistas como Victorina Durán o Maruja Mallo–. Así, su primera colaboración en un espectáculo llegó de la mano de sus íntimos amigos José María y Soledad Sancha al diseñar los decorados de la obra ¡Mecachis, qué guapo soy!, de Carlos Arniches, representada en la residencia de los señores de Viada. Su interés por el teatro se incrementó a raíz del viaje a la URSS que Alma llevó a cabo entre octubre y noviembre de 1933, en compañía de su hermano Daniel, su amigo el editor José Ruiz-Castillo –antiguo compañero del Instituto-Escuela–, su amiga y estudiante de arquitectura Matilde Ucelay, Antoniorrobles y su mujer Ángeles González Palencia. Pasaron por París, Berlín, Leningrado y Moscú, una aventura que recogió el libro Ha llovido un dedito, de Daniel Tapia Bolívar, publicado por Espasa-Calpe en 1935, así como en las memorias de Ruiz-Castillo. A juzgar por algunas declaraciones a la prensa, a su regreso, la artista valoró especialmente el teatro soviético y quiso, como consecuencia del viaje, “trabajar para decoraciones y figurines de teatro. Ha hecho algunos para aficionados”.

Arte, género y política: del Lyceum Club Femenino a los Artistas de Acción

La conciencia política de Tapia y su sensibilidad en la lucha por los derechos de la mujer es patente en distintas ocasiones. Su familia destacó por sus fuertes convicciones republicanas; no en vano, su padre, Luis de Tapia, fue elegido diputado independiente por Madrid el 28 de julio de 1931 y su labor se vería recompensada con la concesión de la medalla de Madrid de manos de su alcalde, Pedro Rico, el 21 de marzo de 1936. Fue además uno de los fundadores de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética el 11 de febrero de 1933. La actividad política independiente de Alma Tapia se manifestó contundentemente al ser una de las firmantes del Llamamiento por las Afiliadas del Partido Radical Socialista en septiembre de 1930, del que merece la pena reproducir un fragmento:

En 1933, terminando el primer bienio de la Segunda República, la periodista Blanca Silveira-Armesto describía así a la joven artista de apenas veintisiete años que encarnaba bien aquel significativo cambio: una “muchachita de figura gentil y risa pronta en la boca levemente acarminada […] [cuya] personalidad de artista va definiéndose en trazos seguros”.

De acuerdo con los avances en materia de igualdad que comenzaba a impulsar la Segunda República, la sociedad española fue testigo paulatinamente de la apertura y consolidación de espacios consagrados a la labor de las mujeres, incluyendo los del campo artístico. Uno de los hitos madrileños que mejor evidenció el terreno ganado y que dio visibilidad a las nuevas tendencias fue el uso del Lyceum Club Femenino (LCF) como espacio de exposición. Fundado en 1926, sus salas albergaron muestras de todo tipo de disciplinas y técnicas artísticas realizadas principalmente por mujeres, donde expusieron desde los tejidos de las hermanas Quiroga a los lienzos de Ángeles Santos, los batiks y encuadernaciones de Matilde Calvo Rodero y Victorina Durán o las ilustraciones y aguadas de Juana Francisca Rubio. Además de exposiciones individuales o de dos artistas, cabe destacar una muestra colectiva patrocinada por la UDE: el Primer Salón de Dibujantas, celebrado en marzo de 1931. Alma Tapia, miembro de la directiva de la UDE y «la que tuvo la feliz ocurrencia de disponer esta Exposición», fue una de las participantes del concurso, dirigido por el caricaturista Joaquín Xaudaró, al que también acudieron Edith de Aguiar, Pitti Bartolozzi, Carmen de Béjar, Adela y Josefa Cañada, Rafaela Castillo, Matilde Go, Rosario de Lombera, Olimpia López, Paula Millán Alosete, María Moreu, Virginia Palacios, Vicenta Pérez, María Luisa Rodríguez, Soledad Sancha, Viera Sparza, Trinidad de la Torre, Rosario de Velasco, Pura Verdú, Pilar Villalba y Carmen Yaina.

La iniciativa fue muy aplaudida por los críticos. En la época se valoraba «cómo retoña en las españolas la briosidad para conseguir el éxito por medio del arte. […] Allí ha podido verse que la mujer española, atenta siempre a las vibraciones espirituales, ha alcanzado una supremacía en el mundo artístico, demostrando una sólida preparación y un completo dominio de la técnica del dibujo, ejecutantes fieles de la línea y de la tonalidad del sombreado, acicate poderoso que propende a conseguir un puesto en la corriente moderna de los dominadores del triunfo».

La artista madrileña presentó cuatro obras, de las que conocemos los títulos de tres: Obreros y El baile ruso (fig. 6), que fueron reproducidas en la prensa, y Becerrada nocturna. No obstante, las condiciones de las reproducciones no permiten apreciar demasiados detalles, más allá de un estilo sintético, vinculado con los recursos del cartel, que por sus temáticas apuntan a la conciencia social de la artista y a su interés por la cultura rusa, por otro lado, tan presente en los espectáculos internacionales célebres en Europa para aquellos años. Conocida por los periodistas compañeros de su padre, Alma fue una de las participantes más citadas en las crónicas consagradas al notorio acontecimiento, e incluso le dedicaron caricaturas como la que publicó en La Voz el dibujante Francisco Sancha, en la que retrató a su hija Soledad y a la propia Alma (fig. 7).

El diario La Nación destacó su trabajo y calificó a la artista de «dominadora de las tintas violentas, muy luminosas y muy de ‘cartel’. De los cuatro dibujos que presenta, el titulado Becerrada nocturna es un acierto de observación y de técnica». No obstante, merece la pena glosar las líneas que a Tapia dedicó la crítica de arte Margarita Nelken, cuya producción calificó de «arte lozano»:

Además de su mencionada presencia en este grupo de mujeres que reclamaban un espacio en el arte, cabe reseñar la participación de Tapia en el interesante y poco conocido grupo Artistas de Acción (AA), colectivo formado por diecinueve jóvenes pintores, escultores e ilustradores que expusieron en marzo de 1932 en el Salón del periódico Heraldo de Madrid, sito en la calle Marqués de Cubas, número 5. Tapia, Marisa Pinazo y Rosario de Velasco fueron las únicas tres mujeres en una nómina en la que también figuraban los pintores Aureliano Arronte, Juan Borrás, Cristóbal González, Juan José Cobo Barquera, José Luis Florit, Hipólito Hidalgo de Caviedes, Enrique Gil Guerra, Horacio Ferrer y Waldo Insúa, y los escultores Agustín Ballester Besalduch, Compostela, Monreal, Serny, Joaquín Vaquero y Juan Luis Vassallo.