El sexismo en Venezuela se define como la discriminación de una persona de acuerdo a su sexo, en el país históricamente ha afectado principalmente a las mujeres.Este tipo de discriminación ha influido en la generación de desigualdades sociales en el ámbito público como en el privado. Tanto hombres como mujeres se ven limitados en desarrollarse personal y profesionalmente en actividades que no se consideran propias de cada género.Las mujeres se han encontrado con barreras para lograr acceder a posiciones de poder en el sector económico y político. Mientras que en los hombres influye en el rechazo para asumir roles en el ámbito doméstico.
Históricamente la estructura social en Venezuela generalmente ha sido descrita como sexista o machista, lo que ha perpetuado la desigualdad de género a pesar de la adopción de medidas enfocadas a disminuirla.En algunos de los pueblos indígenas ya existía la violencia contra la mujer y la división sexual del trabajo, estos fenómenos se mantuvieron e institucionalizaron tras el inicio de la colonización europea.
Durante la guerra de independencia las mujeres comenzaron a romper algunas barreras involucrándose en la política. A pesar de esto, durante el las mujeres no fueron consideradas ciudadanas, en el Código Civil y la legislación de la época se mantuvo la discriminación con respecto a los hombres. Durante el el movimiento por los derechos de las mujeres tomaría mayor fuerza, logrando alcanzar conquistas como el derecho al sufragio, la eliminación del uxoricidio y la reforma del Código Civil. A inicios del se reformaría la constitución y en ella se hizo uso del lenguaje no sexista y se plasmaron una serie de conquistas para la mujer. Sin embargo, durante este periodo tendría lugar una profunda crisis política y económica que afectaría a la población y en particular provocaría la feminización de la pobreza.
Historia
Época prehispánica Algunos de los pueblos indígenas poseían un carácter patriarcal, las mujeres estaban subordinadas y en ocasiones podían ser víctimas de maltrato.Cronistas españoles hicieron mención de la existencia de la división sexual del trabajo, la poliginia y la violencia contra la mujer. En algunos de estos pueblos la infidelidad de la mujer se castigaban con golpes e incluso la muerte.
Las mujeres se encargaban de la actividad agrícola y la alfarería mientras que los hombres de la caza, la pesca y ceremonias religiosas.El sacerdote Joseph Gumilla al preguntar a los hombres el porqué las mujeres se dedicaban a la agricultura, le respondían que «... las mujeres saben parir y saben como han de mandar parir al grano que siembran».Gumilla también recogió el relato de una mujer que se quejaba del trabajo y del trato le daban los hombres. Mencionó que las mujeres debían recolectar tubérculos y cargarlos hasta la aldea, se encargaban del cuidado de los niños y de recolectar agua y leña para hacer la cena y chicha. Mientras que los hombres iban de caza y cuando volvían se dedicaban a conversar con sus amigos, emborracharse y algunos golpeaban a sus parejas.
En otras tribus al parecer no existía una marcada discriminación contra las mujeres.Era común que algunas fueran gobernadas por cacicas, que las mujeres ejercieran de curanderas, llamadas piaches o que fueran a la guerra junto con los hombres.Varios cronistas hicieron referencia a la existencia de mujeres cacicas como Orocomay, Isabel o Anapuya.Gonzalo Fernández de Oviedo mencionó que «en aquellas provincias hallaron los cristianos pueblos donde las mujeres eran o cacicas y señoras absolutas que gobiernan y no sus maridos aunque los tengan...».Las mujeres también tomaban parte en diversas actividades juntos con los hombres. El sacerdote Gumilla en su obra El Orinoco ilustrado y defendido mencionó que los otomacos jugaban un juego con pelota en el que participaban hombres y mujeres.
En zonas del país donde habitaron algunos de estos pueblos se encontraron restos arqueológicos de figuras femeninas similares a la Venus de Tacarigua. En ellos se representaban rasgos femeninos probablemente asociados a cultos de fertilidad y podrían evidenciar la importancia en la sociedad de la mujer como reproductora y productora.
Época colonial Durante la época colonial las autoridades coloniales trasladaron muchos de los prejuicios existentes en Europa en contra de las mujeres, los cuales se hicieron evidentes en el derecho y en las instituciones políticas y religiosas.A las mujeres se les prohibió ejercer ciertas profesiones y en las Leyes de Indias se permitía que los hombres golpearan o asesinaran mujeres como una forma de vengar su «honor mancillado» por causa de un adulterio.
A pesar de que existió la división sexual del trabajo, en el comienzo de la conquista algunas mujeres dirigieron encomiendas en varias regiones de la Provincia de Venezuela, aunque esto fue rechazado dentro ciertos sectores por la presunta incapacidad de las mujeres para tener indios encomendados.Una de las posibles causas por lo que se permitió a mujeres dirigir encomiendas fue para animar a los hombres a casarse con estas, que se establecieran en el territorio y lo poblaran.
La falta y subordinación de las mujeres tendría repercusión en el proceso de mestizaje, el cual generalmente se daba entre varones blancos y mujeres indias o negras esclavizadas, y en ocasiones se producía por medio de la violación.Los blancos adinerados muchas veces tenían a sus familias legítimas a la vez que mantenían relaciones informales con indígenas o negras. Esto fomentó en la sociedad la poliginia y la aparición de un núcleo familiar donde la presencia del padre era inexistente y la figura de la madre se convirtió en el centro de la familia.Además, las mujeres esclavizadas que tenían pareja e hijos, a veces eran vendidas separadas imposibilitando la formación de una familia monogámica. miniaturadeimagen|Posada de Ferdinand Bellermann Algunas esclavas lograban la libertad «legalmente» por diversos medios, sin embargo, si se encontraba embarazada existía un impedimento llamado «situación de vientre». Si la esclava era liberada, pero estaba en gestación, el hijo quedaba esclavo, lo que provocaba que muchas huyeran, regalaran a sus hijos o los abortaran.
Las condiciones a las que fueron sometidos los esclavos e indígenas provocó varias revueltas, la mayoría lideradas por hombres, aunque las mujeres tuvieron participación. En 1603 el capitán Juan Bautista Cedeño Albornoz derrotó una sublevación de esclavos en Cumaná y apresó a una esclava que había sido nombrada reina por los rebeldes.También era frecuente las huidas de los esclavos que formaban poblados llamados cumbes, en la formación de algunos de estos tomaron parte mujeres como María de la Concepción Sánchez llamada la «cimarrona heroica» o Juana Francisca Llanos quién fundó, junto a Guillermo Rivas, el cumbe de Ocoyta.
Las mujeres blancas se encontraban en una mejor posición frente a las negras e indias, aunque igualmente subordinadas a la voluntad de los hombres.Las que pertenecían a la élite mantuana estaban principalmente destinadas a permanecer en el hogar y dedicarse a cumplir labores domésticas, una postura que era mantenida en otros estratos más bajos.
Algunas de las mujeres pertenecientes a la alta sociedad al carecer de posibilidades de estudio o de ejercer una profesión terminaban ingresando a conventos para dedicarse a una vida religiosa.La iglesia fue una de las instituciones donde se evidenció la discriminación contra la mujer, desde esta se mostró preocupación en que las mujeres se dedicaran al gobierno «virtuoso, discreto y prudente de la familia» como indicaba la obra Luz de verdades católicas del sacerdote jesuita Juan Martínez de la Parra que fue muy popular en la sociedad colonial.Incluso se llegó a establecer que en las capillas mayores de las catedrales no habría asientos para mujeres. Estas solo se podían ubicar en las peanas exteriores, pero solo se aceptaban a las mujeres blancas.
Si bien existieron restricciones en las leyes eclesiásticas sobre la participación de la mujer en ciertos cargos, algunas mantuanas lograron desempeñarse como superioras, abadesas y prioras de conventos.También algunas mujeres adineradas eran las encargadas de haciendas y dirigían las actividades agrícolas, mercantiles y podían disponer de sus esclavos. En 1741 un grupo de viudas se quejó ante el Consejo de Indias por las políticas de la Compañía Guipuzcoana.
Entre los mantuanos y los esclavos se encontraba la mayoría de la población compuesta de pardos y blancos de orilla. Los hombres de estas clases se dedicaban a los «oficios viles» como eran calificados los trabajos de artesanos, albañiles, zapateros, sastres, panaderos, etc. Muchas veces las madres, hermanas, esposas e hijas de estos compartían esos trabajos. Si bien estas mujeres eran libres, mantenían un nivel de vida miserable, a lo que se sumaba que eran las encargadas del cuidado de los hijos y las labores domésticas.Aparte de ser discriminada por su condición de género, la casta a las que pertenecían también influía. Las mujeres negras y mulatas libres no podían usar prendas de oro, perlas ni seda a menos que estuvieran casadas con un español.
Guerra de independencia Desde finales del comenzaron a difundirse las ideas de la independencia y la ilustración. En la conspiración de Gual y España algunas mujeres comenzaron a involucrarse en el campo de la política, entre las que destacaron se encontraban Josefa Joaquina Sánchez y María Isabel Gómez, madre de Manuel Piar. Sánchez junto con Gómez y varias mujeres de diversas clases y grupos étnicos se dedicaban de forma clandestina a repartir propaganda independentista, copias de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y el programa del proyecto político ideado por Gual y España.Luego del fracaso de la conspiración, Sánchez trató infructuosamente de lograr que los esclavos y trabajadores de las haciendas vecinas se levantaran contra el gobierno colonial.Aunque las mujeres tomaron parte en el intento, en los escritos sobre la conspiración redactados por Gual y España se dejaba claro el rol que esperaban de ellas. El principal era el de ser las madres de los hijos que un futuro defenderían la nación.
Luego del fracaso de la conspiración de Gual y España, el 19 de abril de 1810 se dio la proclamación de la independencia y se convocaron elecciones generales. En el reglamento electoral se prohibió el derecho al sufragio a «las mujeres, los menores de veintiún años, los dementes, los sordomudos, los deudores, los fallidos...».Pese a ello las mujeres siguieron mostrando interés en las ideas independentistas y varias asistían a las reuniones de la Sociedad Patriótica.Juana Antonia Padrón convocaba a fiestas en su residencia que sirvieron a los patriotas para saltarse la vigilancia y organizar las primeras juntas patrióticas.La vinculación de mujeres en la política no fue vista con buenos ojos desde ciertos sectores. El arzobispo Narciso Coll y Prat criticó el que mujeres leyeran «libros revolucionarios» y dijo que no entendía por que asistían a estas reuniones, ya que ellas no podían «comprender nada de filosofemas, ni de revoluciones políticas».
El desarrollo de la guerra de independencia provocó que las mujeres se hicieran cargo de la dirección de las haciendas, las actividades comerciales y ante la ausencia de los hombres se les permitió gestionar directamente en las oficinas públicas.Otras se involucraron activamente en la guerra, llegando a colaborar en conspiraciones y donando dinero. La presencia de la mujer en los campos de batalla fue habitual y se encargaban de preparar el campamento, atender a los enfermos y algunas combatían. Estaba tan extendido la participación de las mujeres en las tropas que los generales Morillo y Santander dieron constantes órdenes para evitar que las mujeres marcharan en estas.