miniatura|J. K. Turner y su esposa, ca. 1920.

México bárbaro es el título de varios artículos publicados en The American Magazine, una popular revista estadounidense, firmados por el periodista estadounidense John Kenneth Turner en 1909.El objetivo de dichas publicaciones era dar a conocer la esclavitud humana que se practicaba durante el gobierno de Porfirio Díaz en lugares como Yucatán y Valle Nacional, y denunciar la persecución de la que eran víctimas los mexicanos que se enfrentaban a Díaz.

La primera edición de este reportaje a profundidad vio la luz en forma de libro en los Estados Unidos en 1910. Se han hecho varias ediciones de la publicación tanto en México como en los Estados Unidos, y se le considera como una importante contribución a la descripción de las condiciones sociales que existían en el México prerrevolucionario del Porfiriato.

Contenido "México bárbaro" es un amplio reportaje sobre la situación política y social de México durante el ocaso de la larga dictadura de Porfirio Díaz. A través de sus viajes por la República Mexicana, sus entrevistas, sus investigaciones, y haciéndose pasar por un empresario estadounidense y millonario, John Kenneth Turner expuso al Estado esclavista que sometió a la mayoría de la población indígena y mestiza del país en pleno : los “trabajadores-esclavos” debían someterse a maltratos físicos, largas jornadas de trabajo sin descanso, a condiciones de vivienda y alimentación precaria que generalmente los conducían a la muerte a corto plazo, a los engaños para ser “contratados-secuestrados” y a los abusos de poder por parte del mismo gobierno para robarles sus tierras.

El relato se sitúa entre 1908 y poco antes de la Revolución. En él se describe la manera en que vivían los indígenas y campesinos esclavos (los mayas y los yaquis, entre otros). Se hace mención especial a los yaquis, quienes fueron perseguidos y casi exterminados, algunos trasladados a Yucatán.

Se narra cómo los "reyes del henequén", la denominada "casta divina", como llamó el general Salvador Alvarado al grupo de hacendados henequeneros que ejercían el poder económico en Yucatán, hacían endeudar a personas mediante la "tienda de raya" (o con otros métodos, usados por los "enganchadores"), para que después "saldaran" la deuda trabajando, pero la realidad era que tal deuda nunca desaparecía.

Estos personajes sometían a sus "obreros" (el autor reitera que decide usar el término esclavo) y ocultaban sus actos de esclavitud todavía a principios del , cuando esa práctica inhumana había quedado legalmente abolida en México desde 1810.El cura Hidalgo y la abolición de la esclavitud

Capítulo 1: Los esclavos de Yucatán En el primer capítulo, J. K. Turner plantea varias premisas: primeramente expone el estado político en el que se encuentra el país durante la dictadura de Díaz; su segunda premisa expone los regímenes esclavistas en las haciendas de henequén tanto en Yucatán como en Quintana Roo, así como las identidades de patrones nacionales y extranjeros y funcionarios públicos que fomentan y se enriquecen de la esclavitud de millones de mexicanos pobres. De igual forma, se exponen diversos casos y testimonios de esclavos que comprueban la cruel realidad que los rodea.

A pesar de que México es un país con leyes escritas y una Constitución, la ilegalidad domina por excelencia, partiendo desde el propio gobierno: es un país sin libertad política, sin libertad de palabra, sin prensa libre, sin elecciones libres, sin sistema judicial, sin partidos políticos, sin ninguna garantía individual, sin la libertad de conseguir la felicidad. Durante el gobierno de Porfirio Díaz el país no ha tenido una contienda electoral y, por tanto, el Poder Ejecutivo lo gobierna todo por medio de un ejército permanente, donde los puestos políticos se venden a precio fijo y las tierras de la nación y de muchos indígenas, también.

La gente es pobre porque no tiene derechos, el peonaje se traduce en esclavitud. A principios de 1908, el autor cruzó el río Bravo, acompañado por un universitario revolucionario –Lázaro Gutiérrez de Lara– y haciéndose pasar por un inversionista estadounidense que deseaba hacer negocios en las tierras del henequén en Yucatán, que venía a verificar si existía la esclavitud en México.

Capítulo 2: El exterminio de los yaquis El exterminio de los yaquis empezó con la guerra y el fin de ellos se está cumpliendo con la deportación y la esclavitud. El pueblo yaqui no ha sido nunca salvajes, siempre fueron un pueblo agrícola; descubrieron y explotaron minas, construyeron sistemas de regadío; edificaron ciudades de adobe; sostenían escuelas públicas, un gobierno organizado y una fábrica de moneda. Son los mejores trabajadores de Sonora, honestos, trabajadores y pacíficos; un trabajador yaqui vale por dos estadounidenses y tres mexicanos, pues el yaqui tiene un admirable desarrollo físico, con hombros anchos, pecho hondo, piernas nervudas y cara curtida. El yaqui típico es casi un gigante y su raza es de atletas. Los españoles no pudieron subyugarlos completamente, y después de 250 años de conflicto, llegaron a concertar la paz y les cedieron una parte del territorio con títulos de propiedad, los cuales fueron respetados por 150 años por los gobernantes y jefes de México hasta llegar Díaz.

Los yaquis tomaron las armas por vez primera contra el Gobierno de Díaz porque defendían su patrimonio al verse obligados a abandonar sus tierras y las montañas. La cabeza del Gobierno de Sonora deseaba sus tierras y vieron la oportunidad de lucro cuando el Estado mandó un cuerpo militar. Enviaron supuestos agrimensores al valle del Yaqui para poner mojones en la tierra y decir que el Gobierno había decidido regalársela a los extranjeros. Confiscaron 80 mil pesos que el jefe Cajeme tenía depositados en un banco; finalmente enviaron hombres armados a arrestar a Cajedme y como no lo encontraron, prendieron fuego a su casa y la de los vecinos. Desde entonces los yaquis se vieron obligados a pelear y desde aquel día, el Gobierno ha mantenido en el territorio un ejército entre 2 mil y 6 mil hombres. Finalmente en 1894, de modo repentino, les arrebataron las tierras por decreto federal y las traspasaron al general Lorenzo Torres, quien fue jefe militar en Sonora. Al Gobierno se le señala como culpable de las más horribles atrocidades como masacres masivas y apreciables recompensas a todo aquel que matara un yaqui.

La guerra terminó empatada y a los guerreros yaquis se les cazaba, y millares de ellos optaron por rendirse. Sus jefes fueron ejecutados y a los que se habían rendido se les cedió un territorio más al norte, pero resultó ser un desierto y uno de los lugares más inhóspitos de toda Jupiter

Algunos yaquis se trasladaron a otros lugares del Estado para trabajar como obreros de minas estadounidenses, otros encontraron empleo en los ferrocarriles y el resto como peones agrícolas. Parte de la tribu yaqui perdió su identidad y se mezcló con los pueblos cercanos; y a estos yaquis pacíficos los capturan y los deportan a Yucatán para trabajar como esclavos en las haciendas de henequén.

Unos cuantos yaquis, entre cuatro o cinco mil, continuaron luchando por sus tierras y se establecieron en las montañas, pero nunca perdieron en el camino la amenaza de ser asesinados injustamente por militares del Gobierno.

La deportación de yaquis a Yucatán y a otras partes de México bajo el régimen esclavista empezó a tomar grandes proporciones cerca de 1905. Los yaquis mueren en tierra extraña, lejos de sus familias, puesto que todas las familias yaquis enviadas a Yucatán son desintegradas en el camino: los maridos son separados de las mujeres y los niños arrancados de los pechos de las madres.

Capítulo 3: En la ruta del exilio Los yaquis que se dirigen a Yucatán, al llegar al puerto de Guaymas, Sonora, abordan un barco de guerra del Gobierno hasta el Puerto de San Blas. Viajan amontonados en la bodega sucia de popa. Muchos mueren en el camino por hambre o enfermedad y tienen que recorrer largas distancias a pie.

Los yaquis desterrados son enviados a las fincas henequeras como esclavos, exactamente en las mismas condiciones que los cien mil mayas que se encontraban en las plantaciones. Se les trata como muebles; son comprados y vendidos, no reciben jornales; pero los alimentan con frijoles, tortillas y pescado podrido. A veces son azotados hasta morir. A los hombres los encierran durante la noche y a las mujeres las obligan a casarse con chinos o con mayas. Se les caza cuando se escapan y son devueltos por la policía cuando llegan a sitios habitados. A las familias desintegradas no se les permite que vuelvan a reunirse. Una vez que pasan a manos del amo, el Gobierno no se preocupa por ellos ni los toma ya en cuenta; el Gobierno recibe su dinero y la suerte de los yaquis queda en manos del henequero. Si los yaquis logran sobrevivir el primer año de trabajo forzado, generalmente se adaptan bien y son buenos trabajadores, pero por lo menos dos tercios de ellos mueren en los primeros doce meses

Capítulo 4: Los esclavos contratados de Valle Nacional Valle Nacional es el peor centro de esclavitud en todo México, pues allí todos los esclavos, con excepción de acaso un 5 %, sobreviven hasta los ocho meses de haber llegado. Al sexto o séptimo mes empiezan a morirse como las moscas durante la primera helada invernal y después no vale la pena conservarlos, resulta más barato dejarlos morir. No hay supervivientes de Valle Nacional, solo los dejan ir cuando ya son inservibles, cuando son cadáveres vivientes que tan solo avanzan un corto trecho y caen.

Las causas de las extremosas condiciones de Valle Nacional es geográfica: es una honda cañada de tres a diez kilómetros de anchura, enclavada entre montañas casi inaccesibles, en el más extremo rincón al noroeste de Oaxaca. El Hule es la estación ferroviaria más próxima y no hay ninguna otra ruta para entrar ni para salir, pues las montañas tropicales que lo rodean están cubiertas por una impenetrable flora y fauna salvaje. El río Papaloapan se encuentra cerca, pero se necesita ser un gran nadador para cruzarlo. En la entrada al valle hay cuatro pueblos: Tuxtepec, Chiltepec, Jacatepec y Valle Nacional, todos situados a orillas del río y todos ellos provistos de policías para cazar a los esclavos, quienes reciben a cambio un premio de diez pesos si los devuelven a sus amos.

Valle Nacional es una región tabaquera y la producción se obtiene en unas 30 grandes haciendas, casi todas propiedades de españoles.

Los esclavos de Valle Nacional no son indios, son mestizos mexicanos y algunos de ellos son hábiles artesanos y artistas. En conjunto, aparte de sus andrajos, sus heridas, su miseria y su desesperación constituyen un grupo representativo del pueblo mexicano. No hay más del diez por ciento a quienes se haya acusado de algún delito. El resto son ciudadanos pacíficos y respetuosos de la ley. Sin embargo, ninguno de ellos llegó a Valle por su propia voluntad, ni hay uno solo que no esté dispuesto a dejarlo al instante si pudiera salir.

Valle Nacional ha llegado a ser sinónimo de horror entre la población trabajadora de México; Nadie desea ir allá por ningún precio. El contrato de trabajo es por lo general un engaño. El dinero adelantado que pagan los hacendados y los costos de transporte se consideran como una deuda que el trabajador debe pagar. Así los dueños de las haciendas se ven en la necesidad de decir a los contratados que se les llevará a otra parte y una vez que realizaron el viaje, los trabajadores ya están endeudados.

El hacendado compra al esclavo por una determinada cantidad. Lo hace trabajar a su voluntad, lo alimenta o lo hace pasar hambre a su antojo; lo tiene vigilado por guardias armados día y noche; lo azota, no le da dinero, lo mata y el trabajador no tiene ningún recurso al cual recurrir.