thumb|upright|Talla lítica experimental. La talla experimental de rocas duras por fractura concoidea es uno de los medios de los que se sirven los prehistoriadores y arqueólogos para compreder mejor los artefactos líticos prehistóricos. El objeto fundamental es resolver problemas planteados al estudiar objetos tallados en la Prehistoria o en periodos posteriores; algo esencial para completar la cadena operativa y, por extensión para aproximarse a la economía del pasado, al menos parcialmente. Las experiencias de talla son una técnica auxiliar de la tipología y la tecnología líticas, también de la trazalogía, de la arqueología del comportamiento, de la arqueología del paisaje y, por supuesto, de la enseñanza universitaria.

Estos experimentos no buscan la reproducción estética de objetos prehistóricos para su exhibición o su venta, sino que tiene objetivos científicos o, secundariamente, didácticos y como complemento de la trazalogía.Para averiguar cuál pudo ser la función, o funciones, de los instrumentos prehistóricos, es necesario hacer réplicas de los mismos con los idénticos medios y procedimientos de fabricación. Después, tales réplicas se someten a experimentos de uso y se estudia el desgaste producido por éstos al microscopio. Por ejemplo, se puede fabricar una serie amplia de raspadores sobre hoja y usar cada uno en una superficie diferente (piel de animal, madera, hueso...), con movimientos diferentes (hacia adelante sólo, hacia atrás sólo, vaivén, lateralmente...), con mango y sin mango, etc. Y, después, comparar las diferencias en el tipo de desgaste, Los resultados servirán como referencia para utensilios auténticos exhumados de excavaciones arqueológicas

Las experiencias de talla son un proceso analítico que tiene la ventaja de parecerse a un experimento de laboratorio. De hecho, es posible repetir ese experimento tantas veces como sea necesario, cambiando un único parámetro como, por ejemplo, la posición, el movimiento, el percutor o la estabilidad del núcleo o del soporte: en este sentido, podemos verificar ciertas hipótesis surgidas de la investigación prehistórica explorando sus posibilidades, dentro de las limitaciones que aún existen en el conocimiento de este campo. Porque las experiencias de talla, para que sean científicas, deben partir de una hipótesis surgida de la información arqueológica (no se trata de tallar por tallar, para ver qué pasa, por placer o para obtener piezas bonitas). Esto no implica que podamos conectar con la mente del artesano prehistórico. Tal cosa es imposible: las motivaciones del hombre prehistórico son, lógicamente, diferentes a las del experimentador. La talla no forma parte de nuestro sistema de vida, al contrario, tiene objetivos científicos, que son: (Páginas 99-101)

Historia de la talla experimental La talla experimental científica tiene una larga tradición en Francia, donde comenzó ya en 1903, de la mano de H. Müller, más tarde, en 1929, L. Coutier continuó experimentando, aunque el impulso definitivo vino tras la Segunda Guerra Mundial, sobre todo con François Bordes (Universidad de Burdeos), a menudo en colaboración con el americano Donald Crabtree (Universidad de Berkeley), quien, sin duda, le superó en este campo, en parte gracias a que pasó largas temporadas con el indio Ishi en California, para que le enseñase sus técnicas. Su influencia como investigador permitió que la experimentación calara hondo en Estados Unidos e Inglaterra. Así, le siguieron M.-H.Newcomer, J. Tixier, (Páginas 47-49) M. Lenoir, J. Pelegrin, (Páginas 37-53) E. Boëda Butler y otros muchos. En estos países es fácil encontrar revistas, libros, foros, simposios, cusos prácticos...; fuera de ellos, la mayoría de los experimentadores son autodidactas o formados en el extranjero; al menos hasta hace muy poco, dada la escasa tradición de la Arqueología experimental.

Objetivos de la talla experimental

Mostrar la verdadera realidad del hombre prehistórico

A veces, el público que se interesa sobre los artefactos líticos, los estudiantes, o incluso muchos licenciados en la especialdad, comprenden mejor y en unos segundos lo que es un útil prehistórico viendo una exhibición experimental o recibiendo una clase práctica. En cambio, muchas páginas y muchos dibujos o esquemas son incapaces de revelarlo con la misma claridad. Por eso es normal tener ideas equivocadas o prejuicios en este tema:

Por ejemplo, es falso que el humano achelense estuviese tallando y volviendo a tallar horas y horas para fabricar sus herramientas. En realidad, bastan minutos para fabricar un bifaz, incluso retallándolo con percutor blando, y unos segundos para retocar una raedera (una vez obtenida la lasca-soporte). Semenov decía que «la elaboración de bifaces es una tarea perfectamente realizable por un hombre contemporáneo carente de toda calificación en trabajos manuales». (página 82) Otra cosa es que supiera de dónde sacar los elementos necesarios, pues la talla lítica es algo más que dar garrotazos sin un fin concreto.

Que la mayor parte de las piezas no son armas ofensivas: casi nunca se destinaron a atacar a humanos (aunque hay evidencias de muertes violentas, se ignora si fueron accidentesLos restos de la Gran Dolina de Atapuerca demuestran canibalismo, pero se supone que no fue ritual, sino alimenticio). Tampoco abundaban las armas de caza, salvo en pequeñas proporciones: la mayor parte son utensilios de uso doméstico o cotidiano.

Que la experimentación se puede iniciar con elementos sencillos: unos cuantos percutores y materia prima adecuada. Sin embargo, no se puede crear un especialista de la noche a la mañana. Como en cualquier disciplina, se necesitan años para conseguirlo. Es decir, que las valoraciones dignas de crédito deben ser fruto del trabajo de especialistas experimentados. El examen de la materia prima thumb|250px|<center>Artefactos tallados en diversas materias primas.

Cuando conocemos el origen de la materia prima, es importante examinarla sometiéndola a la talla experimental, lo que permitirá aclarar cuestiones básicas. Es indispensable, cuando se estudia una industria lítica, que no se juzgue una materia prima antes de haberla tallado. Es necesario saber en qué tamaños está disponible, así sabremos si pudieron elaborar instrumentos más grandes o más pequeños. Conociendo las características físicas de la roca, su calidad y homogeneidad, todo según su respuesta empírica a la talla (ya que no nos referimos a resultados petrológicos) sabremos cuáles son los límites de las posibles técnicas o métodos líticos y si los artesanos prehistóricos pudieron superar las limitaciones de la materia.

Si el yacimiento es rico en artefactos bellamente tallados en una materia prima local excelente, su interés será relativamente limitado. Por el contrario, frente a herramientas aparentemente “toscas”, lo esencial es probar la materia prima para establecer sus posibilidades frente a las técnicas que hayan sido observadas. Estas cosas deben hacerse antes de juzgar los arcaísmos en la habilidad de un artesano prehistórico. Con algunas cuarcitas aparentemente de buena calidad es casi imposible conseguir lascas laminares, y más difícil aún es obtener hojas delgadas que no rompan al extraerlas. Sin embargo, no hay forma de que un artesano experimentado pueda darse cuenta de ello, si antes no lo experimenta. No es un caso único, muchas rocas son fáciles de tallar en apariencia, pero tienen unas posibilidades muy limitadas; aunque, siempre se pueden probar métodos alternativos. Este es el caso de los cuchillos Sendoki de borde abatido (Paleolítico Superior del Japón), que fueron fabricados sobre sanukita (una variante de la andesita), a menudo, en lascas intencionalmente más anchas que largas. Éstas fueron extraídas a partir de la superficie convexa de la cara inferior de una lasca (es decir, estamos ante una variante del Método Kombewa).

Redescubrimiento de técnicas y métodos desaparecidos thumb|Un experimento de talla con percutor de asta de cérvido. Para poder valorar una técnica o un método, debemos, antes que nada, intentar reconstruirla experimentalmente. Si, por el contrario, no somos capaces de reproducir una técnica, al menos podremos inferir sus límites. No obstante, tales límites no deben ser dogmáticos; debemos ser honestos frente a nuestras limitaciones experimentales. Por ejemplo: aunque ya es posible distinguir la talla por presión de la percusión indirecta con pieza intermedia (gracias a ciertas características significativas), en otros casos no se han reunido experimentos suficientes. Si las muestras o los investigadores experimentales fuesen más numerosos, se podrían ampliar las observaciones y consolidar las conclusiones.

Hay muchas técnicas que no se han podido elucidar aún. Entre ellas, la extracción de larguísimas hojas de sílex (cerca de 60 centímetros) del Magdaleniense de la (Isla de Francia) o los impresionantes núcleos neolíticos de Grand-Pressigny (Indre-et-Loire), ni las hojas ceremoniales de obsidiana que, fabricadan los aztecas para sus tumbas. Por el contrario, ya se está experimentando seriamente la extracción de hojas por percusión directa con percutor de piedra (que, aunque se sabe que fue practicada desde el Paleolítico Medio, no se conocía en profundidad): Donald Crabtree ha sido capaz de obtener hojas incluso por percusión inversa con percutor duro durmiente.

Aunque la extracción de hojas por presión con una palanca-compresora se conoce desde hace mucho, tanto por descripciones antiguasEl monje español Juan de Torquemada describió el método de extracción de grandes hojas de obsidiana por los indígeneas aztecas, sus descripciones fueron de gran valor para reconstruir el procedimiento () como por estudios teóricos, apenas está comenzando a ser experimentada debido a sus dificultades técnicas a multitud de detalles desconocidos.Los investigadores Javier Baena y Raúl Maqueda han podido emplear este mismo sistema para el retoque, no sólo para la extracción: Hay lagunas en otros muchos procedimientos, pero la causa fundamental es la falta de experimentación. Por ejemplo, aún no sabemos con detalle cómo se rompían las puntas de los bifaces del yacimiento achelense de El Basalito (Castraz de Yeltes, Salamanca) y es necesario discernir si este tipo de fractura era un accidente o, como se sospecha, el resultado de un determinado gesto de utilización. 100px|thumb|Punta de Folsom Lo mismo ocurre con cierto tipo de lascados, de los cuales se ignora casi todo; por ejemplo, existe una importante controversia sobre el retoque tipo Quina, propio de ciertas facies del Musteriense: para algunos una técnica intencional, para otros no es más que es el resultado de reavivar una y otra vez el mismo artefacto, hasta que los golpes se comen la materia disponible, en fin, hay quien piensa que es un tipo de macrohuellas de uso.

Está claro, por otra parte, que nuestros progresos se aceleran cuando varios científicos experimentan sobre el mismo problema concreto. Por ejemplo, ahora sabemos como conseguir la característica acanaladura de las Puntas Folsom, pues varios expertos la han obtenido por técnicas diferentes: hay expertos que han podido «aflautar» estas características puntas de proyectil por percusión directa, por percusiíon indirecta o, incluso, por presión.Imágenes de los diferentes tipos de aflautado de una punta Folsom La puesta en común de experimentos independientes es valiosísima pues nos ayuda a completar eslabones de la cadena operativa de industrias líticas hace posible una reconstrucción precisa de los diferentes esquemas de talla empleados, así como la definición de varios métodos.

La transmisión del conocimiento thumb|<center>Jacques Tixier dando una clase práctica de talla experimental.