La crisis de Sarajevo o crisis de julio fue una crisis diplomática que tuvo lugar entre el 28 de junio y el 6 de agosto de 1914 con el atentado de Sarajevo en el que fueron asesinados el archiduque Francisco Fernando, heredero al trono de Austria-Hungría, y su esposa. Al no poder resolverse pacíficamente, llevó a la Primera Guerra Mundial.
Las grandes potencias europeas no pudieron o no quisieron apaciguar a Austria-Hungría, por lo que el sistema de alianzas entre ellas (la Triple Alianza y la Triple Entente) comenzó a funcionar. Alemania declaró la guerra a Francia e invadió a la neutral Bélgica el 3 de agosto, iniciando la guerra en el frente occidental. Esto sirvió para que fuera cargada toda la responsabilidad de la guerra a Alemania de forma interesada al momento de dictar el Tratado de Versalles por haber sido esta la única potencia derrotada que había quedado en condiciones de pagar.
La diplomacia de la época se había cerrado en torno al sistema diseñado entre 1860 y 1890 por el canciller alemán Otto von Bismarck. Este sistema se basó en alianzas que por un lado aislaran a la Tercera República Francesa e impidieran el revanchismo francés (por su derrota en la Guerra franco-prusiana) y por otro alejaran la posibilidad de una guerra en dos frentes para Alemania, procurando que un conflicto con Francia quedara reducido a la frontera franco-alemana.
Este sistema demostró su fracaso debido a las alianzas que forjó Francia con el Reino Unido y Rusia, mientras que tras el cese de Bismarck como canciller en 1890, el nuevo emperador germano Guillermo II prefirió asentar la alianza con Austria-Hungría dejando de lado a Rusia, desactivando así la Liga de los Tres Emperadores alentada por Bismarck. Este juego de alianzas mutuamente hostiles acabó convirtiendo a Europa en una bomba de tiempo desde los inicios de la belle époque. Al final, la diplomacia no fue suficiente para evitar la movilización de los ejércitos, que una vez comenzada, difícilmente podía dar marcha atrás.
Cronología 28 de junio: Atentado de Sarajevo 5 de julio: Alemania promete a Austria-Hungría cumplir con su alianza en caso de guerra 9 de julio: La policía austro-húngara descubre indicios de que Serbia estuvo implicada en el atentado 20 a 23 de julio: Visita del gobierno francés a San Petersburgo 23 de julio: Ultimátum austro-húngaro a Serbia 25 de julio: Serbia acepta solo algunas condiciones del ultimátum 25 de julio: Movilización parcial de Austria-Hungría 28 de julio: Declaración de guerra de Austria-Hungría a Serbia 29 de julio: Movilización parcial de Rusia, por la invasión de Serbia 30 de julio: Movilización general de Rusia 31 de julio: Movilización general de Austria-Hungría 31 de julio: Ultimátum alemán a Rusia, para detener su movilización 31 de julio: Ultimátum alemán a Francia, para que se declare neutral 1 de agosto: Movilización general y declaración de guerra de Alemania a Rusia 1 de agosto: Movilización general de Francia, aliada de Rusia 2 de agosto: Ocupación alemana de Luxemburgo 2 de agosto: Ultimátum alemán a Bélgica, para adquirir acceso militar 3 de agosto: Declaración de guerra de Alemania a Francia 3 de agosto: Bélgica rechaza el ultimátum alemán 3 de agosto: Tropas alemanas invaden Bélgica 4 de agosto: Gran Bretaña declara la guerra a Alemania, por la invasión de Bélgica 6 de agosto: Declaración de guerra de Austria-Hungría a Rusia
thumb|upright=2.0|Situación oficial de las alianzas militares durante la crisis de julio.
El atentado de Sarajevo: 28 de junio
El día 28 de junio de 1914 moría a tiros en Sarajevo el archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero del trono del Imperio austrohúngaro y sobrino del ya anciano emperador Francisco José de Austria, muriendo también en el ataque su esposa: la aristócrata de origen checo Sofía Chotek. Pronto fue arrestado por la policía austriaca el autor de los disparos mortales: el bosnio Gavrilo Princip, junto con varios de sus cómplices. La muerte de Francisco Fernando terminó de complicar las ya difíciles relaciones entre Austria-Hungría y su pequeño vecino eslavo y meridional: Serbia.
La detención de Gavrilo Princip, integrante de una organización revolucionaria llamada Joven Bosnia, y las posteriores investigaciones de la policía austrohúngara revelaron una amplia conspiración patrocinada por altos jefes militares y políticos de Serbia que entregaron a los asesinos bombas, revólveres y dinero para ejecutar un plan ya bastante elaborado: asesinar al archiduque Francisco Fernando de Austria.
Tales informaciones alentaron a los líderes políticos y militares de Austria-Hungría a «solucionar el problema serbio» mediante una reacción bélica inmediata, siendo partidarios de la «solución militar» el general Franz Conrad von Hötzendorf, jefe de Estado Mayor del ejército austrohúngaro, y el conde Leopold Berchtold, ministro imperial de Asuntos Exteriores, quienes hicieron valer sus influencias y convencieron a Francisco José I de Austria sobre la viabilidad de un ataque militar contra Serbia.
Del mismo modo el primer ministro de Austria, conde Karl von Stürgkh, apoyaba la idea de una intervención del Imperial y Real Ejército contra Serbia, aunque el primer ministro del Reino de Hungría, el conde Esteban Tisza, aún era reacio a esta opción. No obstante, tal decisión de atacar a los serbios preocupaba a los líderes austrohúngaros en tanto todos conocían la alianza de Serbia con el Imperio ruso, por lo cual en Viena se consideraba necesario conseguir primero el apoyo del Imperio alemán para respaldar políticamente el ataque a Serbia y evitar mediante la diplomacia que el gobierno ruso auxiliara a sus aliados de los Balcanes o declarase la guerra a Austria-Hungría.
La «Misión Hoyos» y el «cheque en blanco» alemán: 5 y 6 de julio
La indecisión en Viena surgía por ser conscientes Berchtold y Hötzendorf que el juego de alianzas en Europa (la Triple Alianza contra la Triple Entente) podría generar una guerra a escala europea, siendo que se esperaba gestiones diplomáticas para evitarlo y así las grandes potencias dejaran que los austrohúngaros atacasen Serbia sin interferencias. Así, Austria-Hungría deseaba el respaldo de Alemania a sus acciones, pero que también la diplomacia de ambas potencias evitara una intervención militar de Rusia.
De hecho, tanto en Viena como en Berlín se sabía que una intervención rusa en favor de Serbia implicaba que inmediatamente Francia, como aliada de Rusia, interviniera en la lucha. Otro escenario preocupante para Alemania era que en apoyo de Francia participase Gran Bretaña en la probable contienda, siendo así necesario para los diplomáticos alemanes evitar a toda costa la intervención británica y procurar la neutralidad del gobierno de Londres.
Ya el 5 de julio, Berchtold había enviado al embajador László Szőgyény a Potsdam para recoger allí las opiniones personales del emperador alemán Guillermo II, tras esta reunión las impresiones remitidas por Szőgyény a Viena indicaban que el monarca alemán apoyaría sinceramente a Austria-Hungría pero que «si nosotros (Austria-Hungría) planeábamos una intervención militar contra Serbia, sería lamentable no aprovechar el momento actual, que es tan favorable», al día siguiente Guillermo II partía a Kiel en un ostensible viaje de vacaciones hacia los fiordos de Noruega, para aliviar la tensión política.
thumb| Conde Leopold von Berchtold, ministro de Asuntos Exteriores de Austria-Hungría.
Ante esta situación, el gobierno austrohúngaro dispuso enviar un «representante especial» a Berlín, el conde Alexander von Hoyos, para interceder personalmente ante el canciller alemán Bethmann-Hollweg como enviado del emperador Francisco José. El 5 y 6 de julio, el general Erich von Falkenhayn y otros altos mandos militares del Reichsheer apoyaron al káiser Wilhelm II y al canciller Bethmann-Hollweg para dar al embajador del Imperio austrohúngaro y al enviado especial de Franz Joseph I, Alexander Hoyos, la tranquilidad de que Alemania, en virtud de lo pactado en la Triple Alianza, «apoyaría sin reserva» las acciones que el Imperio austrohúngaro sostuviese contra Serbia, aunque Bethmann-Hollweg se abstuvo de fijar algún límite a tales «acciones» descritas por Austria. Ese mismo día el embajador László Szőgyény y el conde Hoyos se reunían con Bethmann-Hollweg y con el embajador alemán Arthur Zimmermann para comunicar oficialmente el «cheque en blanco» de Alemania para Austria-Hungría.
La necesidad de justificar una agresión austriaca como represalia debería tener un buen sustento ante la opinión pública europea, con el fin de poner al Imperio ruso en una situación embarazosa donde no hubiera base para defender en modo alguno a Serbia, siendo que en la reunión del Consejo Imperial austríaco se alcanzó esta posición sugerida por el conde Esteban Tisza, quien rechazaba lanzar un simple ataque inmotivado contra una débil Serbia y urgía la búsqueda de un pretexto.
Al día siguiente, Berchtold consiguió la aprobación del emperador Francisco José para redactar un ultimátum a Serbia con el cual se pretendía humillar al pequeño reino y dar motivos a la intervención militar; de hecho el ultimátum debería quedar proyectado con condiciones tan humillantes que la corte de Belgrado jamás pudiera aceptarlas bajo riesgo de afrontar una revuelta interna, siendo que el rechazo serbio daba a Austria-Hungría una «excusa» para atacar a Serbia.
Reacción rusa Por otro lado, desde el 10 de julio se realizaban reuniones de alto nivel en San Petersburgo donde los jefes militares y navales de Rusia aseguraban al gobierno del zar Nicolás II que el país no estaba preparado para una guerra a gran escala contra Austria-Hungría, y menos todavía contra Alemania, lo cual hacía muy difícil a Rusia sostener con hechos sus promesas de ayuda a Serbia.
Si bien durante la gestión de los ministros Serguéi Witte y Piotr Stolypin (muerto en 1911) se había logrado un gran crecimiento económico en Rusia, la aristocracia zarista no olvidaba las gravísimas convulsiones políticas de 1905, causadas en parte por la derrota bélica contra Japón, lo cual desalentaba a Nicolás II de involucrar a Rusia en una guerra exterior. Si bien la alianza con Francia era un factor a favor de la corte rusa, sería necesario que Rusia resistiera un ataque doble austrohúngaro-alemán hasta que la contienda implicara a toda Europa. Para fortalecer ante la opinión pública la alianza, se pactó una visita oficial del presidente francés Raymond Poincaré y de su primer ministro René Viviani a San Petersburgo del 20 al 23 de julio.
Elaboración del «ultimátum» Tras el «cheque en blanco» alemán, Bethmann-Hollweg podía contar con el apoyo del emperador Guillermo II. Ante ello se instruyó al embajador alemán en Viena, el conde Heinrich von Tschirschky, para que «estimulara» el belicismo austrohúngaro, siendo apoyado en tal labor por el ministro alemán de Asuntos exteriores, Gottlieb von Jagow. Invocando el apoyo alemán ya expresado por von Tschirschky y von Jagow, Berchtold logró el 14 de julio que el conde Tisza (quien aún rehusaba la guerra pues ello implicaba involucrar a Rusia en una lucha a gran escala) finalmente admitiera en nombre del Reino de Hungría entrar en guerra contra Serbia; en este caso el conde Tisza fundamentó su cambio de opinión en el temor a que por causa de las reticencias austrohúngaras Alemania disolviera la Doble Alianza de los dos imperios, vigentes desde 1879.