El palacio de Liria es una gran mansión urbana en Madrid, construida en el . Desde principios del es la residencia oficial de la Casa de Alba en la capital de España y principal sede de su valiosa colección de arte y archivo histórico.Diario El País (23 de noviembre de 2012): El tesoro de la Duquesa Se ubica en los números 20-22 de la actual calle de la Princesa, en una zona conocida antaño como barrio de los Afligidos. Es considerado el domicilio particular más grande de Madrid (200 estancias en 3500 m²), sus amplios jardines son los únicos de propiedad privada que figuran destacados en muchos planos de la ciudad y ya en la época de su construcción fue considerada la mejor mansión de la aristocracia madrileña, a la que solo superaba el Palacio Real.
Desde 2019 el palacio está abierto al público en horario de mañana y tarde. Además de recorridos en grupo por sus estancias, alberga exposiciones temporales. Buena prueba de su éxito es que en 2024 ha sumado más de 107.000 visitas.
Nombre del edificio El origen de la denominación del palacio de Liria se debió a que don Carlos Bernardo Fitz-James Stuart y Silva, IV duque de Liria y Jérica había nacido en la localidad valenciana de Liria, porque sus padres se habían instalado entre los años 1751 y 1753 en la Casa de la Vila de Liria, edificio conocido también por el nombre de palacio de los Duques de Liria. El duque Carlos era el hijo de Jacobo Francisco Fitz-James Stuart y Colón de Portugal, III duque de Liria y Jérica y III duque de Berwick, y de su esposa María Teresa de Silva y Álvarez de Toledo, hermana de Fernando de Silva y Álvarez de Toledo, XII duque de Alba de Tormes.
Durante meses la duquesa había intentado en vano quedarse encinta, y ya desesperada por la situación, ocurrió que la duquesa engendró y dio a luz en la localidad valenciana a su primogénito y único hijo varón: Carlos Bernardo Fitz-James Stuart y Silva. En agradecimiento a tan buen recuerdo, el duque nombró como palacio de Liria al palacio que años más tarde se construyó en Madrid.
Descripción del edificio miniatura|La espadaña del palacio de Liria. Aunque llamado por algún experto «el hermano menor del Palacio Real», el palacio de Liria difiere bastante de aquel, pues fue diseñado de acuerdo a los nuevos gustos en boga en París, en lugar de imitar la arquitectura de raíz italiana implantada en los Reales Sitios por arquitectos como Juan Bautista Sacchetti y Francesco Sabatini. Al margen de sus tesoros artísticos, Liria es seguramente el mejor edificio civil del que subsiste en el centro de Madrid, solo superado por la citada residencia real; ya en origen era el palacio más confortable y moderno, y en siglos posteriores casi todas las grandes mansiones de su época han resultado demolidas o muy alteradas.
La actual residencia de los Alba es un ejemplo típico del naciente neoclasicismo del , que dejaba atrás la exuberancia del rococó y del estilo churrigueresco español para adoptar recetas de los palacios urbanos parisinos. Dentro de una simetría rigurosa, recupera las pilastras y columnas de tradición clásica en un afán de grandeza que evita la monotonía gracias al contraste de formas y materiales.
Al modo de los palacios franceses, la mansión es exenta y se ubica en el centro de una amplia parcela vallada, no en primera línea de la calle. Ello puede deberse a razones de seguridad, al igual que la elección del lugar, cerca del Cuartel del Conde-Duque. El jardín delantero hubo de ser inicialmente una explanada despejada, a modo de cour d'honneur o plaza de armas, pero en la actualidad está poblado por árboles de acuerdo con la estética romántica inglesa. El jardín trasero es geométrico al modo de Versalles, con parterres delineados por setos. Sufrió diversos cambios en los siglos y , y en 1915 recobró su estética versallesca gracias a una reforma del famoso paisajista Nicolas Forestier.
La planta del edificio adopta la forma de un rectángulo inusualmente alargado, al contrario de lo habitual en los palacios españoles, más cuadrados y con grandes patios interiores. Como fachadas principales se eligieron los dos lados más amplios del bloque (orientados a la calle Princesa y al jardín privado) los cuales dominan los jardines a modo de telón o decorado; un efecto más estético que práctico, que magnifica la presencia del edificio. Visto de costado Liria parece más bien estrecho, dentro de su gran tamaño: 3500 metros cuadrados distribuidos en 200 habitaciones, de las que 26 son salones.
La fachada se divide en tres franjas horizontales. La baja es de piedra almohadillada, solución de Guilbert que Ventura Rodríguez respetó en parte al encontrársela ya construida. La planta noble realmente incluye dos pisos (uno con balcones y otro superior con ventanas) y el edificio se remata con una tercera franja de ventanas en forma de friso o arquitrabe, que tiene un desarrollo singularmente grande, acaso para encubrir el tejado.
A pesar de su longitud, la fachada evita la monotonía dividiéndose visualmente en cinco cuerpos. El cuerpo central tetrástilo (con cuatro columnas) recuerda a la fachada sur del Palacio Real de La Granja. En la parte superior, se corona con una espadaña con temas heráldicos. Dicho cuerpo divide simétricamente la fachada; lo flanquean dos tramos más amplios de ventanas y balcones entre pilastras de orden gigante. La fachada termina en ambos extremos con otros dos tramos realizados con dobles pilastras. La trasera del edificio sigue la misma tónica, aunque sustituye la espadaña superior por cuatro esculturas de «trofeos».
Las dos fachadas laterales son más discretas, aunque no carecen de encanto (según opinaba el arquitecto Fernando Chueca Goitia). Debido a un desnivel del terreno, tienen soterrada la planta baja y conectan con los jardines mediante escalinatas.
Según lo habitual en las antiguas mansiones europeas, el palacio concentra sus estancias más importantes en la primera planta, la noble, enfiladas y con balcones hacia los jardines. Son salones de representación a la antigua usanza, no pensados para el uso cotidiano sino para la exhibición de las colecciones familiares. Los huecos interiores quedan reservados a las escaleras, la capilla y espacios de importancia menor. En la planta baja destaca la amplia biblioteca, con unos 9000 libros, y la planta alta cuenta con salones más pequeños e informales, si bien igualmente decorados con pinturas y antigüedades. Los extremos del edificio albergan salas más reducidas, que son las actualmente ocupadas como vivienda y a las que se accede directamente por un ascensor.
Historia Construcción en el En la construcción del palacio de Liria intervinieron, entre otros arquitectos, el francés Louis Guilbert y Ventura Rodríguez. Sus promotores y primeros propietarios no fueron los duques de Alba de Tormes sino otra saga de la nobleza de España, de origen británico: los duques de Berwick. Fue décadas después de su inauguración cuando el palacio pasó a asociarse a la Casa de Alba, por fusión con la de Berwick.
El primer duque de Berwick, James Fitz-James (1670-1734), fue un hijo ilegítimo del rey Jacobo II de Inglaterra que se labró una larga carrera militar. Tras residir principalmente en Inglaterra y Francia, echó las raíces de su linaje en España cuando entró al servicio del pretendiente francés Felipe de Borbón en la guerra de sucesión española. Por su triunfo en la decisiva batalla de Almansa (1707), el duque de Berwick recibió del nuevo rey Felipe V, primer rey de la dinastía Borbón en España, el ducado de Liria y Jérica así como el Toisón de Oro.
Tras una guerra que había durado más de diez años el contexto político en España seguía siendo inestable, y los duques de Liria decidieron erigir su residencia madrileña en un barrio con gran presencia militar, cerca del Real Alcázar; colindante con su parcela se construía el cuartel del Conde-Duque para las tropas de Guardia de Corps, encargadas de proteger a la familia real.
La construcción del palacio se demoró por diversas causas y finalmente, tras un lapso de cuatro décadas, fue Jacobo Francisco Fitz-James Stuart y Colón de Portugal, III duque de Liria, quien lo impulsó y terminó gracias a las cuantiosas rentas que percibía por el ducado de Veragua. Aunque el duque vivía de manera habitual en París, decidió construir en Madrid una gran mansión al nuevo gusto neoclásico, que encargó al arquitecto Louis Guilbert. Este profesional —del que subsiste poquísima documentación— se inspiró en las residencias urbanas de tipo petit hôtel que estaban de moda en la capital francesa. Las obras se iniciaron hacia 1767, pero se alargaron varios años y Guilbert fue despedido en 1771, debido a deficiencias constructivas en el palacio (aparecieron grietas) y también por sospechas de malversación.
Para culminar los trabajos se recurrió al arquitecto Ventura Rodríguez, a quien los historiadores atribuían los mayores méritos del edificio, pero las últimas investigaciones matizan tal autoría: Guilbert hubo de ser el principal autor y Ventura Rodríguez se habría limitado a rectificar errores técnicos. De hecho ahora se juzga que Liria no encaja en el estilo que él desarrollaba entonces.
La fase de construcción se dio por terminada en 1785 y los interiores fueron rápidamente equipados y decorados: al año siguiente el cronista Joseph Townsend describió el palacio como el más elegante y confortable de la ciudad, y en 1787 el novelista William Beckford lo elogió como «la mansión más espléndida de Madrid». En sus salones se celebraban animadas tertulias, con música, sesiones de dibujo y cenas hasta la madrugada.
En siglos posteriores han seguido visitando Liria más personajes ilustres:Historia del palacio de Liria Oscar Wilde, Unamuno, Gregorio Marañón, Ortega y Gasset y el crítico de arte Bernard Berenson; compositores como Igor Stravinski y Cole Porter, el pianista Arthur Rubinstein, el egiptólogo Howard Carter, políticos como Winston Churchill y Theodore Roosevelt, estrellas de cine como Charles Chaplin, Audrey Hepburn, Charlton Heston y Sofía Loren, y la familia real española. En 1968 se alojó aquí la antigua reina Victoria Eugenia de Battenberg (en el exilio desde 1931) al regresar fugazmente a Madrid con motivo del bautizo del actual rey Felipe VI de España. Mediante un régimen muy restringido de visitas privadas, han seguido visitando el palacio otras celebridades como el veterano diseñador Valentino y Elizabeth Hurley (en 2015), Richard Gere, Bruce Springsteen y Glenn Close.
En 1802 falleció sin hijos María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, duquesa de Alba de Tormes y musa de Goya, y fue entonces cuando las casas nobiliarias de Alba y Berwick (Liria) se unieron bajo un mismo titular: su familiar Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva, quien pasó a ser XIV duque de Alba de Tormes y VII duque de Berwick y quien estaba emparentado con la fallecida duquesa de Alba por ser el sobrino-bisnieto de Fernando de Silva y Álvarez de Toledo, XII duque Alba de Tormes y abuelo de la XIII duquesa de Alba de Tormes.
Las propiedades que el nuevo duque heredó no incluyeron la residencia habitual de su tía tercera, el palacio de Buenavista, adquirido por el Ayuntamiento de Madrid, por lo que la saga Berwick-Alba mantuvo Liria como su domicilio principal. Buenavista pasó a manos de Manuel Godoy, cedido por el Ayuntamiento, y actualmente es Cuartel General del Ejército. La otra importante residencia de la difunta duquesa de Alba, el palacio de la Moncloa, tampoco pasó a los Berwick ya que, a su fallecimiento, el rey Carlos IV lo adquirió junto con la huerta para añadirlos al Real Sitio de la Florida que, a partir de entonces, fue conocido como el Real Sitio de la Moncloa.
Liria fue ligeramente reformado hacia 1900 por Edwin Lutyens, pero dichos cambios no subsistieron al incendio que arrasó sus interiores en 1936, tras el cual fue reconstruido según planos del mismo arquitecto inglés.
El palacio en el : esplendor y ventas