Miguel Francisco Barragán y Ortiz de Zárate (Ciudad del Maíz, San Luis Potosí; 8 de marzo de 1789 - Ciudad de México, 1 de marzo de 1836) fue un político y militar mexicano que se desempeñó como presidente de México en calidad de interino, entre el 28 de enero de 1835 hasta el 27 de febrero de 1836. Anteriormente ocupó cargos importantes como el de ministro de Guerra y Marina de 1833 a 1834 y gobernador de Veracruz de 1824 a 1828.
Ganó fama nacional por la Toma de San Juan de Ulúa en 1825, con la que se expulsó definitivamente la presencia militar española de México.
Inicialmente apoyó la Constitución Federal de 1824, pero se convirtió en partidario del Partido Escocés, de corte conservador, que criticaba duramente la Constitución y que, con el tiempo, transformaría la Primera República Federal Mexicana en la República Centralista, transición en la que Barragán desempeñó un papel militar. Durante la República Centralista, Antonio López de Santa Anna lo nominó para la presidencia mientras Santa Anna combatía las insurrecciones contra la nueva constitución, incluida la independencia de Texas, pero la delicada salud de Barragán le causó la muerte en el cargo. Le sucedió en la presidencia su ministro de Justicia, José Justo Corro.
Primeros años y formación Miguel Barragán nació en ciudad del Maíz, situada en San Luis Potosí, el 8 de marzo de 1789. Fueron sus padres Miguel Barragán Jáuregui y Clara Josefa Ortiz de Zárate Moctezuma Andrada, descendiente del emperador mexica Moctezuma Xocoyotzin. El general Barragán estudió para ser militar.
Se enroló en el ejército realista y fue ascendiendo grado por grado: en el año de 1810, como alférez, estuvo al lado de Félix María Calleja y de Anastasio Bustamante. Como coronel, secundó al Plan de Iguala y comandó la caballería del Ejército Trigarante que entró el 27 de septiembre de 1821 a la Ciudad de México. Se opuso a la designación de Agustín de Iturbide como emperador, fue encarcelado y puesto en libertad al proclamarse la República.
Carrera militar
En 1824 el Congreso Local lo designó como Gobernador Constitucional del recién creado Estado de Veracruz. Se desempeñó en dicho cargo del 20 de mayo de 1824 al 5 de enero de 1828 y durante ese tiempo tuvieron lugar sucesos tan importantes como la jura de la Constitución de Veracruz y la ocupación del último reducto español en México, la Fortaleza de San Juan de Ulúa.
Por secundar el Plan de Montaño fue aprehendido y recluido en San Juan de Ulúa y trasladado a los calabozos de la ex inquisición y finalmente fue desterrado en 1827. Salió del país rumbo a Guayaquil para pasar después a Guatemala, Estados Unidos y Europa. En 1829, el presidente Vicente Guerrero le otorgó la amnistía. Regresó a México para reintegrarse a la política nacional. Manifestó su antipatía hacia el régimen de Anastasio Bustamante.
Se desempeñó como secretario de Guerra en el gabinete de Santa Anna en 1833. Poco después, el doctor Valentín Gómez Farías lo llamó para ocupar el mismo cargo de diciembre de 1833 a febrero de 1834.
Presidencia
Hastiado del poder, el presidente Antonio López de Santa Anna pidió licencia y logró que el Congreso designara al general Barragán presidente interino de la República, mientras Santa Anna se ausentaba a su hacienda de Manga de Clavo, Barragán asumió como Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, en calidad de interino, el 28 de enero de 1835. Al ocupar la presidencia, el general Barragán gozaba de una excelente reputación ganada en los terrenos del patriotismo y en su lealtad a los principios republicanos.
Como presidente se le reconocía por sus caballerosos modales y su mostrada probidad en la administración pública. Coherente en su profunda religiosidad, era normal verlo dando de su bolsillo ayuda a viudas, enfermos e inválidos, haciendo caridad y asistiendo a un sinnúmero de celebraciones religiosas. Durante su administración, la república dejó de ser federal y se convirtió en centralista. El general Barragán fue el primero en tomar las providencias para hacer frente a la rebelión de los texanos que luchaban por su Independencia.
Política interior Tras asumir el poder, el presidente tenía un alma generosa, y por eso muchas veces aliviaba de su bolsillo a las viudas y a los pobres inválidos. Aunque tantos elementos existentes conspiraban para determinar la revolución.
Rebelión de Juan Álvarez y conflictos armados Logró Barragán algún tiempo de paz, hasta que en mayo de 1835 se sublevó Juan Álvarez en Texca, pidiendo el restablecimiento del sistema federal. Otra asonada hubo en Ulúa en sentido de que definitivamente quedara rigiendo el centralismo, y aunque fracasó aparecieron planes en Orizaba, Toluca y Xalapa, solicitando la centralización del Estado.
De República Federal a Centralista A mediados de 1835, el Congreso fijó los principios que dieron por resultado el nuevo pacto político de México llamado de las “Siete Leyes.” Opuesto Zacatecas al cambio fue reducido a la obediencia, y la administración de Barragán, queriendo dar un tinte de popularidad a lo que había pasado, promovió, de acuerdo con el clero, pronunciamientos en muchas poblaciones, pidiendo que cambiara definitivamente la forma de gobierno. Finalmente el Congreso de la Unión se declaró constituyente el 23 de octubre de 1835, el Congreso expidió un decreto que suprimió oficialmente el sistema federal, el presidente Barragán por funciones del cargo le correspondió promulgar el decreto ese mismo día. Este cambio sentó las bases jurídicas para la creación de la República Centralista, formalizada al año siguiente mediante el documento conocido como las Siete Leyes.
Revolución de Texas
Durante su presidencia, el cambio del sistema federal al centralismo en México provocó el descontento de los colonos estadounidenses en la provincia de Coahuila y Texas. El 2 de octubre de 1835 inicio formalmente el conflicto, el presidente Barragán organizó y envió las primeras expediciones militares para sofocar este levantamiento, poniendo al mando del ejército al general Antonio López de Santa Anna.
El ejército mexicano sufrió varias derrotas provenidas de la precipitación del general Santa Anna, a la vez que tenía necesidad de combatir a los que pedían el restablecimiento del sistema federal, entre ellos el militar José Antonio Mexía. Barragán ordenó enérgicas disposiciones para la persecución de soldados mexicanos que desertaran, ordenó que se prohibiera la entrada a los extranjeros, que se ejecutara a los rebeldes y extranjeros que auxiliaran a los colonos texanos.
Los colonos, alentados por intereses expansionistas, utilizaron como pretexto la adopción de un sistema centralista por parte de la república, para así desconocer al gobierno mexicano y declarar su independencia.
Muerte thumb|En la Catedral metropolitana de Guadalajara, se encuentra esta lápida donde está depositado el corazón de Miguel Barragán. En febrero de 1836, Barragán se encontraba atendiendo los asuntos de guerra en Texas cuando una terrible enfermedad lo invadió. Como el presidente Barragán era muy querido entre la población, el pueblo acudió al Palacio Nacional para informarse sobre su estado de salud.
Al cabo de unos días, la fiebre pútrida acabó con su vida el 1 de marzo de 1836 en los interiores de Palacio Nacional. Tras su muerte se le realizaron funerales de estado y con los máximos honores militares, dignos de su investidura como presidente. Como última voluntad, don Miguel pidió que su cuerpo fuera dividido y conducido a los lugares donde había escrito la historia de su vida. Una parte quedó sepultada en la catedral de México y los ojos en su ciudad natal (Ciudad del Maíz), el corazón en Guadalajara, las entrañas en la colegiata de Guadalupe y en la capilla del señor de Santa Teresa y la lengua en San Juan de Ulúa.
Matrimonio y descendencia Su esposa se llamó Manuela de Trebuesto y Casasola, hija de los condes de Miravalle y también descendiente de Moctezuma, con quién se casó el 18 de noviembre de 1821. Curiosamente, producto de este matrimonio, Barragán fue sobrino nieto político del I conde de Regla, el español Pedro Romero de Terreros. El también general Juan Barragán Rodríguez fue su bisnieto.
Referencias
Bibliografía Prieto, G. (1906/1985). Memorias de mis tiempos. Colección "Sepan Cuantos...", núm. 481, p. 130. México: Porrúa.
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