José García-Blanco Romero (Almadén, 24 de noviembre de 1865-Madrid, 15 de enero de 1935) fue un ingeniero de montes español que realizó los proyectos de ordenación de gran parte de los alcornocales públicos andaluces entre 1895 y 1914. De 1915 a 1930 fue profesor de la Escuela Especial de Ingenieros de Montes y director de la misma durante 1931 y 1932.
Antecedentes familiares y preparación académica
Hijo de José García-Blanco y Campos y de Dolores Romero Palacios. Hermano de Rigoberto, Fermando y Pelayo.
Nació y pasó su infancia en Almadén, villa manchega que destacaba en su entorno por tener una pequeña élite ilustrada en su población, históricamente determinada por la existencia de sus minas de cinabrio, de forma que en la segunda mitad del siglo , junto a estas podíamos encontrar la Escuela de Minas, el Hospital de Mineros o la jefatura del Distrito judicial.
Siendo niño conoce a la que terminaría siendo su esposa, Ramona Oyarzábal Merino, hija del que fue director de la Academia de Minería y Geografía Subterránea de Almadén y jefe superior del establecimiento minero, Eusebio Oyarzábal.
En el curso de 1876-77, al iniciar la enseñanza secundaria que entonces y según la Ley Moyano podía realizarse en régimen de «enseñanza doméstica», se trasladan los expedientes de José García-Blanco y de su hermano Fernando, del Instituto Provincial de Ciudad Real al de Badajoz
En el establecimiento extremeño se examina para el Título de Bachiller con profesores como Tomás Romero de Castilla, Anselmo Arenas, Manuel María Saa o Carlos Soler.
En los primeros meses de 1885, se matrícula para hacer los exámenes de acceso al Curso Preparatorio previo al ingreso en la Escuela Especial de Ingenieros de Montes, curso que realizaba la propia escuela, desde 1871 ubicada en las Casas de Oficios anejas al Monasterio de El Escorial.
La Escuela Especial de Ingenieros de Montes (alumno)
García-Blanco realizó el Curso Preparatorio en el periodo escolar de 1885-86, pero a mitad de curso, el Real Decreto de 29 de enero de 1886, creó una única Escuela Preparatoria de Ingenieros y Arquitectos, con la idea de que los alumnos estudiaran en esta escuela centralizada y al finalizar, entrasen en las escuelas especiales.
miniatura|250px|derecha|Profesores y alumnos del año 1887 en el Corralón de la Escuela. Entre ellos está José García-Blanco,
Este cambio originó para el curso de 1886-87, la situación de indefinición en que quedaban los alumnos que ya tenían algún curso realizado con los programas antiguos, así que se reguló para que durante ese curso escolar se siguieran impartiendo las asignaturas del plan de 1880, (por lo que García-Blanco queda matriculado en el «viejo primer curso») y para que cada escuela especial propusiera su modelo de transición. Para el siguiente periodo escolar se elabora un nuevo reglamento de la Escuela Especial de Ingenieros de Montes y se implanta un Curso Transitorio previo a los tres en que había quedado reducida la carrera, aunque José pasó directamente al «nuevo primer curso».
Así, al quedar a caballo entre los dos planes de estudios, realiza los dos primeros cursos del viejo y los tres últimos del nuevo.
De los profesores que más asignaturas le dieron y más influencia tuvieron en José García-Blanco, podría citarse al profesor de Dibujo José Secall e Inda, al profesor de Cálculo, Mecánica y Construcción Forestal José Deoop y Riva y al profesor de Química, Mineralogía y Geología Juan José Muñoz de Madariaga, almadenense como él.
Aprobados los exámenes del último curso en junio de 1890 y de acuerdo al reglamento vigente, realiza los tres meses de prácticas en el Distrito Forestal de Ciudad Real y obtiene el título a final de año, quedando entonces en situación de Ingeniero-aspirante. Terminó la carrera siendo el número uno de la 36.ª Promoción de Ingenieros de Montes.
Esta espera hasta que se ingresaba definitivamente en el escalafón del cuerpo como Ingeniero-segundo, podía durar meses y hasta algún año en función de las vacantes, las necesidades del servicio y el puesto que se ocupaba en la promoción académica. En el caso de García-Blanco, primero de la hornada de 1890, su ingreso se produce en julio de 1891 y su primer destino es el Distrito Forestal de Ciudad Real.
Primeros destinos: Ciudad Real
derecha|150px En el Distrito Provincial se pone a las órdenes del ingeniero Joaquín Carrasco y Morote, veterano ingeniero de montes de la promoción de 1865, que se había incorporado a Ciudad Real el año anterior proveniente de Huesca. Este jefe ya había publicado los pliegos-tipo y regulado las subastas forestales de la provincia del año 1890, y García-Blanco se incorpora al departamento justo a tiempo de realizar este mismo servicio para el año 1891, continuando al año siguiente implicado en las labores rutinarias de la provincia.
Pero a principios de 1893 y por cambio de destino del Ingeniero-jefe, el Distrito Forestal entra en una situación de precariedad que lleva a José a asumir la dirección del departamento, siendo el firmante en calidad de Jefe-interino, de los pliegos de condiciones reglamentarios, de las órdenes de las subastas de los cotos de caza, de los aprovechamientos de leñas y de las explotaciones de maderas.
Para suplir esta falta de personal, en los primeros meses de 1894, se destina a la provincia al Ingeniero-segundo Oficial de primera, Juan Gayá y Mayó, que al estar por encima en el escalafón que José asume la dirección, pero al no tener tampoco la categoría suficiente para el puesto, firmará también como Jefe-interino los pliegos y subastas de ese año forestal.
García-Blanco abandona Ciudad Real, donde había residido estos cuatro años, destinado al Servicio de Ordenaciones de Málaga en los primeros meses de 1895, pero antes se casa con Ramona Oyarzábal, matrimonio del que nacerá enseguida Lucía.
El Servicio de Ordenaciones de Málaga
Tras el impulso que supusieron las últimas disposiciones legislativas sobre ordenaciones de 1890 y la creación de la Sección Directiva correspondiente, el Cuerpo de Ingenieros de Montes venía aumentando recursos y personal dedicados a este fin, aunque insuficientes por el incremento de solicitudes para ordenar montes públicos.
La legislación forestal hasta 1895 no contenía ninguna disposición de carácter general por la que, ni tácita ni explícitamente, se pudiese autorizar la concesión de estudios de proyectos sobre ordenación de montes públicos, a favor de particulares, sociedades o compañías. Se presuponía que los trabajos los debían realizar los ingenieros del cuerpo, aunque se habían empezado a hacer algunas concesiones privadas. Los complicados trámites y el arduo trabajo que suponía ordenar un monte, así como la escasez de medios de la Administración, llevaron en 1896 a regular definitivamente la posibilidad de que los proyectos de ordenación los realizaran particulares, suscribiendo un exhaustivo pliego-tipo de condiciones, y quedando los funcionarios del Servicio de Ordenaciones encargados de la supervisión y control de todas las operaciones, tanto durante la elaboración del proyecto, como en su posterior ejecución y planes de aprovechamiento. Esta situación se mantuvo hasta 1908 en que el ministro de fomento Augusto González Besada vuelve a limitar el acceso a estas concesiones de los particulares. A partir aquí, la iniciativa ordenadora se paraliza prácticamente, aunque en realidad quedaban muy pocas masas forestales empresarialmente interesantes por conceder, de forma que en 1945 se hacía el siguiente resumen:
Cada proyecto de ordenación se encomendaba a un ingeniero-ordenador con dedicación exclusiva, que se encargaba de controlar detalladamente todo el proceso, tanto en la fase de elaboración del proyecto como en la de su ejecución, o en lo referido al capítulo de mejoras.
miniatura|250px|derecha|Vista de la ciudad de Ronda y su plaza de toros, en 1895. La línea de ferrocarril de Bobadilla a Algeciras, de ciento setenta y ocho kilómetros, llegó a Jimena de la Frontera en octubre de 1890 y a Ronda en noviembre de 1892, afectando tanto económica, como cultural o turísticamente a la ciudad. Con el objeto de completar el servicio de viajeros, se construyeron dos hoteles, uno en Algeciras, el Reina Cristina y otro en Ronda, el Reina Victoria.
Así, cuando García-Blanco se incorpora a la brigada de Málaga, instala su residencia familiar en Ronda y se encuentra con dos principales expedientes sobre la mesa, que debe compaginar:
Las Majadas de Ronda y Montes de Benarrabá, de unas ocho mil hectáreas, que se encontraba en fase de elaboración de proyecto, tras la concesión a José Lameyer en agosto de 1894. En este grupo de montes su labor consistió, tanto en asistir y facilitar la labor del ingeniero contratado por la empresa concesionaria para realizar el proyecto, el supernumerario Carlos Castel, como en fiscalizar y comprobar los datos, mediciones y cálculos que iba obteniendo este y que serían fundamentales para la posterior tasación del proyecto y de los productos forestales a subastar.
Los Montes de Gaucín-Algatocín y El Robledal y la Sauceda, de diez mil doscientas hectáreas, que estaba en fase de ejecución tras la subasta de mayo de 1894 y en manos del mismo Lameyer. En este grupo de montes, el primer alcornocal ordenado en España (también por Carlos Castel), la labor de García-Blanco fue más activa al estar en fase de explotación y dado el auténtico poder ejecutivo que tenían los ingenieros ordenadores en todas las labores de aprovechamientos.
Además, en El Robledal y La Sauceda el problema más urgente era la repoblación de grandes masas con alcornoque, por lo que se pusieron en práctica estrategias novedosas orientadas a potenciar la regeneración natural: cultivos en el repoblado natural, rozas, descepes, selección de brotes, etc. También se crearon viveros experimentales en los cuales:
Aprobado el trabajo de García-Blanco en el primer grupo de montes en octubre de 1899, se le asigna otra gran masa de alcornocal cercana:
Los Montes de Alcalá de los Gazules, de siete mil cuatrocientas hectáreas, que se encontraban en la misma fase de elaboración de proyecto que las Majadas de Ronda, por lo que su trabajo, mano a mano con el Ingeniero contratado por el concesionario, en este caso Santiago Olazábal, fue el mismo que en el anterior grupo de montes, orientado a elaborar la memoria de tasación. Este fue el único de los alcornocales andaluces ordenados, que no cayeron en las manos de José Lameyer.
Los artículos en Revista de Montes
También en estos años y en esta Serranía de Ronda, realizó las observaciones y reflexiones que motivarían una serie de artículos teórico-técnicos que analizaban en profundidad el cultivo del alcornoque y la producción de corcho, de forma que fueron publicados en la Revista Montes, entre 1897 y 1903. El propio García-Blanco menciona en alguna ocasión, que sus artículos respondían «a un plan de estudios en los alcornocales» y él mismo reconoce que no le da tiempo a terminarlos:
Estos artículos fueron una referencia obligada en gran parte de la bibliografía especializada durante algunas décadas. En ellos aborda temas en los que incluso 100 años después, continuaba siendo pionero solitario:
En enero de 1898 muere su hermano Rigoberto y en julio del mismo año nace su hijo José María en Ronda. miniatura|275px|A principios de siglo, José Lameyer tiene a su nombre unas quince mil hectáreas ya en ejecución
Los intereses corcheros de Larios Hermanos