thumb|Casa de baños en la glorieta de Embajadores de Madrid. En 2012. Las casas de baños de Madrid son el conjunto de establecimientos de servicio para la higiene de los ciudadanos que han funcionado en la capital de España a lo largo de su historia.
Historia
Más allá de lo que los escasos restos arqueológicos hayan permitido suponer de la presencia de baños en la ciudadela de Majerit durante el periodo musulmán de la villa, y habiendo sido aceptado por los historiadores que los madrileños se bañaban poco y cuando lo hacían era en el río Manzanares, (como reflejan los sainetes de Ramón de la Cruz dedicados al tema en el siglo ) la costumbre de las casas de baños en la capital de España no llegó hasta el siglo .
Del citado periodo musulmán, quedan documentados baños árabes en el primitivo barranco formado por el Arroyo de San Pedro, convertido luego en la calle de Segovia, instalaciones mencionadas en diversos documentos en las cercanías de la iglesia de San Pedro, Los cronistas los sitúan a la altura de la Fuente de San Pedro o de los Caños Viejos, cerca del lugar que ocupa la Fuente de Diana. y que al parecer continuaban existiendo en los siglos y .A pesar de la expresa prohibición por Alfonso VI de León de crear nuevos baños, tras la toma de la primitiva fortaleza por los reyes cristianos algunas instalaciones sobrevivieron aún varios siglos regentados por mujeres mudéjares, y utilizados en buena armonía por cristianos, musulmanes y judíos. Otros baños medievales mencionados documentalmente fueron los llamados de los Caños del Peral, junto a la puerta de Valnadú, en la muralla cristiana.
Ya en el siglo , la carencia de baños era sustituida por los madrileños con los baños en el río Manzanares, quedando las mejores zonas y más cercanas a la villa reservadas a reyes y aristocracia, con fiestas más atrevidas que galantes, si ha de creerse lo escrito por algunos literatos del Siglo de Oro Español. Entre tanto el pueblo, hacía su agosto con las romerías a orillas del río, bien documentadas en tiempos de Felipe IV.
Todo parece indicar que la primera Casa de Baños de inspiración católica se abrió en Madrid, en 1628 en la calle Jardines.«Solicitó licencia de apertura un italiano llegado a la capital, argumentando que el agua era necesaria para la salud, todo el año, no únicamente en el verano.Se le concedió, pero para acudir era necesario llevar la “receta” del médico. Además, los baños de las mujeres estaban prohibidos en la misma casa que los de los hombres, y mientras ellas se bañaban ellos no podían entrar, aunque fuese su marido».
Las casas de baños llegarían a hacerse populares a lo largo del siglo , primero entre las clases altas y burguesas, como fue el caso de los Baños de Oriente, inaugurados el 30 de mayo de 1830, y luego entre el gran público hasta alcanzar unas veinte instalaciones. Fernández de los Ríos, en su Guía de Madrid (1876), especificaba que “las casas de baños eran a todas luces insuficientes para una población que rondaba los 400.000 habitantes”.
Tras el periodo de esplendor del siglo y los intentos institucionistas y luego republicanos por que la higiene pudiera estar al alcance de todos los ciudadanos,Ya en el siglo , la política desarrollada por la Segunda República de higiene pública, que continuaba los planes sociales de la década anterior y que llevaron a la práctica las ideas del Racionalismo —tal y como estaba ocurriendo con la construcción de Dispensarios antituberculosos—, habilitó nuevas instalaciones de baños en los barrios obreros de Tetuán (calle de Bravo Murillo), Embajadores (en la misma glorieta), Latina (plaza de la Cebada) y La Guindalera (avenida de los Toreros). los baños casi desaparecieron con la miseria de la posguerra madrileña y la progresiva llegada del agua corriente a todos los hogares.
En 1974 se conservaban los mencionados Baños de Oriente, negocio privado que disponía de saunas finlandesas, suecas y baños turcos, para los barrios más acomodados. Quedaban también tres establecimientos de Baños Municipales. Uno de ellos, situado en el inicio de la avenida de los Toreros, y diseñado por José Lorite, fue transformado en 1982 en Centro Cultural, siguiendo una reforma firmada por Salvador Pérez Arroyo, que convirtió pabellones y piscinas en biblioteca y salón de actos. Otro establecimiento municipal sin futuro fue el situado en la calle Bravo Murillo, 133, reconvertido en Centro de Atención Social de Atención Social a mujeres, inmigrantes y personas sin hogar; y en el barrio de la Latina, en la plaza de la Cebada, junto al mercado, hubo otra Casa de Baños Municipal, ya derribada. En un edificio totalmente nuevo se construyeron los Baños de Embajadores, en el mismo solar que ocuparon los antiguos baños municipales.
Los baños de Embajadores
Las instalaciones de higiene y balneoterapia en la glorieta de Embajadores han sido relativamente ‘recientes’. En 1928 se inauguró una primera casa de baños municipal, en el espacio del antiguo Portillo de Embajadores, obra del citado arquitecto municipal José Lorite, Consistía en un edificio de una planta con azotea, con dos taquillas, una para las señoras y otra para los caballeros, y dos salas de espera, igualmente separadas. que fue cerrada en 1989 y cuya reforma se extendió hasta 1991, esfuerzo en vano pues el edificio fue totalmente demolido en 2001 para construir la nueva Casa de Baños de la Glorieta de Embajadores, de tres plantas y ático, con una superficie de 1.070 metros cuadrados.Cada planta tiene 333 metros cuadrados y el ático 70 metros cuadrados. Los baños quedan distribuidos para mujeres en la planta baja y para hombres en el primer piso. Se instalaron 59 duchas de las que 17 son adaptadas. La distribución por plantas ofrece 15 cabinas en la planta baja, y 22 duchas en cada una de otras. El precio del uso de la ducha en el año de su inauguración era de 0,15 euros, y el cliente tiene que ir previsto de su propia toalla y su jabón.
Según Pedro de Répide miniaturadeimagen|Sala de descanso de los baños de Capellanes (La Ilustración, 14 de julio de 1849) Desde el ecuador del primer tercio del siglo , el cronista de Madrid Pedro de Répide daba una de las relaciones más completas documentadas de las casas de baños activas en Madrid a lo largo del siglo anterior. Las veinte instalaciones enumeradas eran: los Baños de Oriente, en la plaza de Isabel II; los Baños La Estrella, en la calle de Santa Clara; los de baños de Capellanes, en el número 1 de la calle Capellanes;Que Simón Palmer ve anunciados, en 1843, con 28 pilas de mármol y abiertos en verano. los baños de Cordero o de la Casa Cordero, al inicio de la calle Mayor, y los de San Isidro, en el número 35 de esa misma calle. Sigue la relación con el establecimiento hotelero de Casimir Monier en la carrera de San Jerónimo; los baños de la calle de Flora, número 4; los de calle de la Madera, número 6;Catados por Simón Palmer entre 1841 a 1868. los Baños de las Delicias en el paseo de Recoletos número 11; los dos establecimientos de baños de la calle de Hortaleza, en los números 85 y 142.Que Simón data en el ecuador del siglo (1848) y Mesonero incluye en su recopilación de Escenas matritenses (pp.230-231) Además de los baños de Santa Bárbara; los baños de Zárate, en el número 3 de la calle Valencia, junto a Lavapiés;Según Simón fundados a mediados del siglo , aún funcionaban en 1847. los baños de Guardias de Corps, en el 33 de la calle de Amaniel; dos instalaciones en la calle Jardines, números 14 y 20; los antiguos baños de Caballero de Gracia, uno en el número 56 y otro en el 23; los baños de la calle del Mediodía Grande, número 11;Citados por Mesonero en su recopilación de Escenas matritenses (p.230) y en Chamberí, los llamados baños de Arango.Simón Palmer también documenta baños en la calle de Cabestreros, n.º 41; en la calle Jesús y María, n.º 24 (1841); calle Hernán Cortés, n.º 5 (1847); en el Soto de Migas Calientes, junto al arroyo de Cantarranas; y en 1842, en la huerta del duque de Osuna. También habla Carmen Simón Palmer en su monografía sobre el tema, que en 1803 presentó un proyecto Diego Pacheco, que incluía la novedad del precedente de la ducha, un ingenio con "una porción de agujeros casi imperceptible, en forma de lluvia (...) se llamará baño de rocío, servirá únicamente para rociarse y refrescarse la cabeza el que se bañe sin necesidad de moverse, ni meterla dentro del baño..." El proyecto fue finalmente rechazado.
Según Pedro Felipe Monlau
Por su parte, el humanista y científico Pedro Felipe Monlau, en su manual práctico Madrid en la Mano, o El amigo del Forastero en Madrid y sus Cercanías (editado en 1850), enumera apenas 13 establecimientos,Prácticamente los mismos que un cuarto de siglo más tarde recogería Fernández de los Ríos en su Guía: Capellanes, Horaleza, Valencia, Mayor, Jesús y María, Flora, Recoletos, Amaniel y Jardines. de los que destaca solo tres: los Baños de la Estrella en el número 3 de la calle de Santa Clara, propiedad de «Francisco Travesedo, quien los mandó construir en 1831. Tienen 29 pilas, las más de ellas de mármol y las restantes de piedra blanca». Los Baños de Oriente en el número 5 de la plaza de Isabel II, inaugurados en 1830, con «29 pilas de piedra blanca de Colmenar, y da anualmente de 9 a 10 mil baños». Los Baños del Cordero, en la calle Mayor número 1, «abiertos en 1846, con 25 pilas de mármol de Játiva». Y los Baños de Monier, «conocidos antiguamente por baños de la Fontana de Oro, en la carrera de San Gerónimo, número 10. Además de los baños comunes se suministran también de salvado, aromáticos, emolientes y minerales artificiales.»
Concluye su breve noticia Monlau informando de que los precios son de 6 a 9 reales por baño, y un real más por la ropa. Y que algunos establecimientos sirven además baños a domicilio a 16 reales el primero y 14 reales los siguientes.
Según Ángel Fernández de los Ríos
El erudito Fernández de los Ríos, en su Guía de Madrid, publicada en 1876, menciona también 13 casas de baños, presentándolas como nuevas instalaciones, y recuperando en el siglo las antiguas costumbres árabes del Majerit musulmán. Las mencionadas eran: San Felipe Neri, en Hileras, 4; Baños de Oriente en la plaza de Isabel II; baños de La Estrella, en Santa Clara, 3; las instalaciones de los Campos Elíseos;Descritos así en las publicaciones de la época (1864): «Poco más arriba de la fonda, "subiendo por dos escalinatas que partían de la explanada", se podía llegar a la casa de baños, en cuyo vestíbulo había una sala de ‘relax’ con los techos pintado al fresco. Dentro, el conjunto de cuartos de las pilas rodeaba un recoleto jardín triangular.» los baños de La Flora en el número 4 de la calle de Flora; los de la calle Hortaleza, en el número 142; los de Jardines, en el número 20 de la calle de ese nombre; los de la calle de Jesús y María; los baños del Mediodía Grande; los Baños del Carmen, en la calle de la Madera n.º 6; los de Berete en la calle Valencia n.º 3; y los de Guardias, en Amaniel, 33.
Localizaciones miniatura|«El verano en Madrid, Agua corriente». Ilustración de Ventura Álvarez Sala (1898).
Ya desaparecidos, pero muy populares en algunos periodos de su existencia, pueden destacarse los siguientes baños públicos:
El Balneario de San Felipe Neri Al inicio de la calle de las Hileras, estuvo el Balneario de San Felipe Neri, siguiendo la tradición en la zona de la antigua fuente de los Caños del Peral y de los primitivos Baños Moros de José Grimaldo. El balneario, situado primero en el número 2 duplicado, amplió luego sus instalaciones para ser reinaugurado el 1 de enero de 1865.
Los Baños de Monier Instalados en la antigua Fontana de Oro, comprada por el empresario francés Casimir Monier en 1843. El diccionario enciclopédico de Pascual Madoz los describía así:
Los baños de la calle Jardines