La ocupación austrohúngara de Serbia comenzó con la conquista del Reino de Serbia por los Imperios Centrales en el otoño de 1915. De forma provisional y hasta que se decidiese el destino del territorio serbio, éste fue repartido entre Austria-Hungría y Bulgaria. En la porción entregada a la administración austrohúngara, se trató de someter definitivamente a Serbia para que dejase de ser un peligro para la cohesión del imperio. A comienzos de 1916, los territorios quedaron sometidos a una administración militar, que lo gestionó hasta octubre de 1918.
Antecedentes
El estudiante serbobosnio Gavrilo Princip asesinó al heredero del trono austrohúngaro, el archiduque Francisco Fernando, el 28 de junio de 1914 en Sarajevo. El prestigio de Austria-Hungría requería que se castigase a Serbia, en opinión de los mandatarios imperiales, que la culpaban del magnicidio. El alto mando austrohúngaro deseaban acabar con la independencia del reino vecino, al que consideraba una amenaza inasumible para el futuro del imperio dada la considerable población eslava meridional de este.
Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia el 28 de julio, justo un mes después del asesinato de Francisco Fernando. La artillería austrohúngara bombardeó la capital serbia, Belgrado esa misma noche desde la vecina Semlín, agresión que dio comienzo a la guerra. El mando del ejército de invasión se confió al general de artillería y gobernador general de Bosnia y Herzegovina Oskar Potiorek, que había sido responsable de la deficiente seguridad durante la visita del archiduque y su esposa Sofía a Sarajevo. El 5.º Ejército austrohúngaro cruzó la frontera del Drina la mañana del 12 de agosto, con lo que dio comienzo la primera invasión de Serbia.
Primera ocupación
thumb|Šabac en una imagen de agosto de 1914. Fue el primer objetivo de la ofensiva austrohúngara y en ella se perpetraron numerosos desmanes contra la población
Los austrohúngaros definieron la campaña como una «expedición punitiva» (strafexpedition) y ocuparon parte del país durante trece días. Su objetivo era que Serbia dejase de ser una amenaza para el imperio y castigarla por atizar el nacionalismo sudeslavo en él. La ocupación se volvió una guerra de aniquilación que incluyó matanzas de civiles y utilización de rehenes. Las tropas invasoras cometieron crímenes de guerra contra la población serbia, en especial en la Moesia done, según el historiador Geoffrey Wawro, el ejército imperial perpetró una serie de atrocidades. Se calcula que entre tres mil quinientos y cuatro mil civiles perecieron a manos de los invasores, tanto en ejecuciones ordenadas por los mandos como en matanzas espontáneas de la tropa.
Las matanzas se verificaron en diversos pueblos del norte ed Serbia. Ciento veinte personas, la mayoría mujeres, niños y ancianos que habían sido encerrados en la iglesia de Šabac fueron fusilados el 17 de agosto por orden del teniente mariscal de campo (feldmarschall-leutnant) Kasimir von Lütgendorf. El resto también fueron asesinados brutalmente: unos apaleados hasta morir, otros ahorcados, apuñalados, muertos por mutilación o quemados vivos. En el pueblo de Lešnica se descubrió luego una fosa con los cadáveres de ciento nueve campesinos que habían sido atados juntos con cuerda y alambre y fusilados; a continuación, se los había enterrado, cuando algunos aún vivían. En Krupanj, soldados de la 42.ª División de la Guardia Nacional, una unidad totalmente croata apodada la «división del diablo», asesinó a culatazos a un grupo de ancianos y niños y ahorcó a los que habían sobrevivido a la paliza.
thumb|Postal que muestra el ahorcamiento de serbios en Kruševac junto a soldados austrohúngaros que pesan para la fotografía.
Estas tropelías contra la población civil las inspiraba el propio mando con las violentas arengas de los jefes militares; el mismo Potiorek ordenó el 13 de agosto que se hiciesen ahorcamientos, se cogiesen rehenes y se incendiasen casas como castigo. A los ahorcados a menudo se los dejaba colgando durante varios días de los patíbulos, los árboles o las farolas, como escarmiento y señal de cómo el ejército austrohúngaro pensaba tratar a los sospechosos de resistirse a la invasión. Los austrohúngaros fotografiaron a menudo las ejecuciones y de algunas se hicieron postales que vendía el propio ejército. El criminólogo y médico suizo Archibald Reiss plasmó los atropellos del ejército invasor en un informe que luego presentó en la Conferencia de Paz de París (1919). Reiss calculó que el número de civiles asesinados durante la fallida invasión entre tres mil y cuatro mil, muchos de ellos mujeres y niños; además, en la zona de Šabac contó 1658 incendiados. El ejército austrohúngaro desató una ola de saqueos, violaciones, asesinatos, exterminio de la población y otras atrocidades. Reiss comparó los desmanes austrohúngaros con la ocupación alemana de Bélgica.
El ejército serbio recuperó Šabac el 24 de agosto tras haber vencido al enemigo en la batalla de Cer; los soldados serbios alcanzaron las orillas del Sava que marcaba la frontera y con ello pusieron fin el primer intento de invasión del país.
Invasiones fallidas El ejército austrohúngaro emprendió una segunda invasión el 8 de septiembre: una ofensiva nocturna en tenaza allende el Drina para asegurarse una cabeza de puente en territorio serbio. Los austrohúngaros emplearon esta vez todas las fuerzas del frente meridional y merced a ello doblaban en número al enemigo; a este empezaba faltarle además la munición. Sin embargo, los serbios resistieron denodadamente y obligaron al 5.º Ejército a retirarse a Bosnia, al tiempo que detenían en seco el avance del 6.º mediante un fuerte contraataque. Por añadidura, el barco insignia de la flotilla austrohúngara del Danubio, el SMS Temes, que había participado en el bombardeo de Belgrado el primer día de la guerra, se hundió al chocar con una mina en el Sava. La segunda invasión les costó treinta mil bajas a los austrohúngaros, que no pudieron avanzar, pero sí conservar cierto territorio en Serbia.
Potiorek estaba convencido de que el enemigo estaba a punto de sucumbir, por lo que reunió a sus fuerzas y emprendió una tercera ofensiva el 5 de noviembre de 1914. Aprovechó la ventaja artillera de que gozaba —como los morteros pesados— para apoderarse de Valjevo el 15 del mes y, con la colaboración de la flota fluvial y de aviones de reconocimiento, la propia capital serbia el día 30, que hubo de evacuar el ejército serbio.
thumb|left|Tropas serbias atraviesan la ciudad enemiga de Semlín, lindante con Belgrado, en diciembre de 1914
El territorio conquistado se dividió en cinco unidades territoriales 88etappenbezirkskommando). El emperador nombró gobernador general de serbia el 24 de noviembre al mariscal de campo austrohúngaro Stjepan Sarkotić, jefe de las 42.ª División de Infantería de la Guardia Nacional durante la primera invasión. Sarkotić creó varios campos de concentración en los que se encerró a decenas de miles de serbios; además, tan solo en la ciudad de Šabac, entre mil quinientos y dos mil civiles fueron deportados a campos de internamiento en Hungría. Scianna afirma que las acciones de los austrohúngaros tenían por fin exterminar al enemigo.
Sin embargo, el ejército serbio contraatacó a comienzos de diciembre, venció a los austrohúngaros en la batalla de Kolubara y recobró Belgrado un día después que de que se hubiese creado el nuevo Gobierno militar del general Sarkotic. Llegó incluso a apoderarse de la vecina localidad de Semlín mientras perseguía al enemigo en retirada.
Los responsables civiles y militares austrohúngaros vieron como un baldón la derrota del ejército imperial a manos de Serbia, a la que consideraban un pequeño reino balcánico de labradores. Un oficial austríaco llegó a afirmar que los soldados de Potiorek lo fusilarían si se atrevía a presentarse ante ellos. Este fue relevado del mando el 22 de diciembre, que pasó al archiduque Eugenio de Austria. La invasión austrohúngara había fracasado, pero a costa de cien mil bajas serbias; el ejército serbio estaba agotado y el país pronto sufrió una epidemia de tifus que afectó tanto a la población civil como al ejército.
El agotamiento serbio hizo que los alemanes animasen a los austrohúngaros a abordar una nueva campaña contra Serbia, pese a que por entonces estaban enfrascados en costosos combates con Rusia en el frente oriental. Por ello, los austrohúngaros descartaron una nueva invasión hasta el otoño de 1915, cuando pudieron contar ya con la participación de Bulgaria en la nueva operación.
Conquista de Serbia
Bulgaria y Alemania suscribieron un tratado secreto de alianza militar el 6 de septiembre de 1915. Alemania prometió al reino balcánico que obtendría toda la Macedonia serbia, parte del noreste de Serbia y un préstamos de doscientos millones de francos oro a cambio de que participase en la próxima invasión de Serbia. El acuerdo se firmó en la ciudad alemana de Plessa.
thumb|El mariscal de campo August von Mackensen visita a una unidad austrohúngara durante la campaña serbia del otoño de 1915
Austria-Hungría y Alemania emprendieron la nueva invasión de Serbia el 5 de octubre. Era el cuarto intento austrohúngaro de someter al reino vecino y esta vez el mando correspondió al general alemán August von Mackensen. La operación comenzó con un bombardeo al que siguió días después el cruce del Sava por tres cuerpos de ejército austrohúngaros y otros tantos alemanes; las seis unidades formaban el Grupo de Ejércitos Mackensen. El grueso del ejército serbio se hallaba concentrado en el norte del país para hacer frente a la agresión, lo que facilitó la invasión desde el este de los dos ejércitos búlgaros que cruzaron la frontera el 14 de octubre y se encaminaron hacia Niš ay Skopie. La acometida búlgara costó las comunicaciones del ejército enemigo con el sur e impidió a este que se replegase en esa dirección, donde ya se encontraba el grupo de socorro del general francés Maurice Sarrail, que avanzaba hacia el norte siguiendo el curso del Vardar desde la nueva base aliada en el puerto griego de Salónica. El rey Constantino I de Grecia se negó a que el ejército griego acudiese en auxilio de Serbia, pese a que los dos países estaban vinculados por un tratado de ayuda mutua desde 1913 y también rechazó que los Aliados utilizasen los ferrocarriles del país para acelerar su despliegue en la zona.
Los Imperios Centrales gozaban de amplia superioridad en tropas y armamento respecto del enemigo, especialmente en artillería. Para entonces el frente se extendía por unos mil kilómetros. Serbia y Montenegro apenas contaban con la mitad de los soldados que la coalición austro-germano-búlgara. Así, la invasión del país concluyó tras apenas seis semanas de combates. Al concluir la invasión de Serbia de 1915, esta estaba casi completamente ocupada por los Imperios Centrales. La operación conjunta de fuerzas austro-alemanas que atacaron desde el norte, y búlgaras que lo hicieron desde el este, había atrapado al ejército serbio en una pinza que logró finalmente quebrar su resistencia y permitir la ocupación del país.
Los Imperios Centrales alcanzaron los objetivos estratégicos que se habían planteado al planear la operación, pero la victoria no fue completa porque parte de los ejércitos serbio y montenegrino lograron retirarse a través de Albania y Montenegro y alcanzar la costa adriática. Unos ciento cuarenta mil soldados y cientos de miles de civiles fueron evacuados por los Aliados a la isla griega de Corfú, entre ellos la familia real y el Gobierno. El ejército serbio se reorganizó en Grecia y pasó luego al frente macedonio, a combatir a las unidades búlgaras y alemanas que combatían en esa zona.
El reparto de la conquista