Serpico es una película policíaca neo-noir ítalo-estadounidense de 1973 dirigida por Sidney Lumet y protagonizada por Al Pacino. El guion fue escrito por Waldo Salt y Norman Wexler basándose en el libro biográfico homónimo escrito por Peter Maas sobre el agente Frank Serpico del Departamento de Policía de Nueva York. La historia detalla la lucha de Serpico contra la corrupción policial de la ciudad de Nueva York durante sus once años de servicio, y su trabajo como denunciante que llevó a la investigación de la Comisión Knapp.
Mientras que el productor Dino De Laurentiis compró los derechos de Maas, el agente Martin Bregman se unió a la película como coproductor. Bregman sugirió a Pacino para el papel principal y John G. Avildsen fue contratado para dirigir la cinta. Pacino se reunió con Serpico para prepararse para el papel a principios del verano de 1973. Después de que Avildsen fuera despedido, se contrató a Lumet como su reemplazo, quien, en poco tiempo, seleccionó los lugares de rodaje y organizó las escenas; el rodaje se llevó a cabo entre julio y agosto de 1973.
Tras su estreno, Serpico se convirtió en un éxito comercial y crítico. Al mismo tiempo, la película generó críticas por parte de agentes de policía. Recibió candidaturas para los Premios Óscar y los Premios BAFTA. Pacino ganó el Globo de Oro al mejor actor dramático, mientras que Salt y Wexler recibieron el Premio del Sindicato de Guionistas de Estados Unidos al mejor guion adaptado.
Argumento El oficial de policía de Nueva York Frank Serpico es trasladado de urgencia al hospital después de haber recibido un disparo en la cara. El jefe Sidney Green teme que a Serpico le haya disparado otro policía. En un flashback, Serpico se gradúa en la academia de policía. En 1959, ingresa en el Departamento de Policía de Nueva York y no pasa mucho tiempo antes de que se dé cuenta de la corrupción sistemática difundida entre sus colegas: desde pequeños sobornos de trescientos dólares al mes hasta sumas más altas. La ceguera de sus superiores y su subordinación a ese sistema dificultan la actividad de Serpico. Mientras patrulla, se enfrenta a tres hombres que violan a una mujer y detiene a uno de los agresores. Cuando el sospechoso es golpeado durante el interrogatorio, Serpico se niega a participar. Más tarde convence al sospechoso de que entregue a los demás. Serpico rompe el protocolo para arrestar él mismo al sospechoso, pero es obligado a no atribuirse el mérito. Luego es destinado a la Oficina de Investigación Criminal. Se muda a Greenwich Village y comienza a salir con Leslie, una mujer de su clase de español. Por su apariencia, intereses y un malentendido en el baño de hombres, se le acusa de ser homosexual. Serpico aclara la situación al Capitán McLain y solicita un traslado.
En su nuevo departamento, Serpico trabaja vestido de civil. Mientras persigue a un ladrón, casi recibe un disparo cuando otros agentes no lo reconocen. Más tarde, Serpico se hace amigo de Bob Blair, quien ha sido asignado a la Oficina de Investigaciones del alcalde. Mientras tanto, Leslie abandona a Serpico para casarse con otro hombre en Texas. A Serpico se le ofrece un soborno e informa de esto a Blair, quien organiza una reunión con un investigador de alto rango. Se le dice que debe testificar u «olvidarlo», por lo que entrega el soborno a su sargento. Luego, Serpico solicita una transferencia y empieza a grabar sus llamadas telefónicas. En ese momento, comienza un romance con su vecina, Laurie. Mientras tanto, continúan los acuerdos entre los agentes y varios exponentes de los bajos fondos y apostadores locales que, pagándole a la policía, se aseguran de poder continuar sus negocios sin ser perturbados.
Es reasignado a la 7.ª División, pero inmediatamente descubre una situación de corrupción aún peor. Obligado a acompañar a sus compañeros vestidos de civil mientras perpetran actos de violencia, extorsión y cobran sobornos, se niega a aceptar su parte del dinero. Informa a McLain, quien le asegura que el comisario de policía quiere que continúe reuniendo pruebas y que será contactado por la oficina del jefe. Serpico se impacienta esperando el contacto prometido, pues teme por su vida. Serpico y Blair acuden al asistente del alcalde, quien les promete una verdadera investigación y apoyo. Sus esfuerzos se ven obstaculizados por la presión política y Serpico rechaza la sugerencia de Blair de acudir a otros funcionarios o la prensa.
Durante el curso de una «reunión» en un parque público, sus compañeros intentan convencerlo de aceptar al menos parte del dinero de los sobornos. Serpico se niega y se da cuenta de que está totalmente solo. Desde ese entonces, las amenazas son mayores. «A un policía le pueden suceder muchas cosas en el servicio, como no tener las espaldas cubiertas por sus colegas durante las acciones policiales», le sugiere un compañero de la academia, ahora uno de los recaudadores más influyentes en la actividad. La suerte de Serpico —ya aislado de sus compañeros y sin suficiente apoyo externo— está echada, porque no tiene intenciones de aceptar la corrupción y los policías de su distrito no le permiten que haga lo suyo ahora que conoce la situación interna. La tensión le pasa factura a él y a su relación con Laurie. Cuando Serpico descubre que un sospechoso, al que había arrestado, recibe un trato especial, le da una paliza al hombre, quien, según revela, había cumplido quince años de cárcel por matar a un policía. Frustrado después de un año y medio de inacción, Serpico informa a McLain que ha acudido a agencias externas con sus acusaciones. Al frente del escuadrón, Serpico es enviado a reunirse con inspectores de división, quienes explican que sus cargos nunca llegaron a la cadena de mando. Los inspectores informan al comisionado, quien les ordena que investiguen la división ellos mismos, y reconoce que McLain le había contado sobre las acusaciones.
A medida que avanza la investigación, Serpico es amenazado y, cansada de las continuas discusiones, Laurie lo deja. El fiscal de distrito convence a Serpico de que si testifica ante un gran jurado, se llevará a cabo una investigación importante sobre la corrupción desenfrenada del departamento. Durante el juicio, el fiscal del distrito le impide responder a preguntas que incriminen a la cadena de mando, con lo que Serpico se frustra más. Tras varios intentos de denuncia en vano y sabiendo que su vida está en peligro, él, Blair y un comandante de división honesto contactan a The New York Times. Después de haberse publicado sus acusaciones, es destinado a un peligroso escuadrón de narcóticos en Brooklyn, donde encuentra una corrupción aún mayor.
Durante una irrupción en un apartamento de un traficante de drogas en un barrio peligroso, Serpico termina involucrado en una situación violenta en la que dos de sus compañeros ignoran su pedido de ayuda y recibe un disparo en la cara. Se recupera, aunque con efectos de por vida. Después de ser dado de alta, testifica en contra de la corrupción policial frente a la Comisión Knapp, una investigación del gobierno sobre la corrupción policial del Departamento de Policía de Nueva York. Un epílogo revela que renunció a la policía de Nueva York el 15 de junio de 1972 y que más tarde fue galardonado con la Medalla de Honor de la policía de Nueva York por su «valentía conspicua en acción». Una vez nombrado detective, un distintivo que para él ya no tiene ningún valor, decide abandonar la policía y trasladarse a Suiza.
Reparto
Antecedentes Después de que Frank Serpico se recuperara del disparo recibido, ayudó a Peter Maas a escribir el libro Serpico. La figura de Serpico había fascinado a Maas, que pasó meses entrevistándolo e investigando por su propia cuenta para comprobar que efectivamente se trataba de un policía honrado y que sus declaraciones no eran exageradas. El detective David Durk, que también declaró frente a la Comisión Knapp, planeaba vender los derechos de su historia para una adaptación cinematográfica. Las primeras negociaciones incluyeron a Paul Newman en el papel de Durk y Robert Redford como Serpico. Serpico se distanció del proyecto, ya que sintió que sería retratado simplemente como un compañero secundario. El guionista John Gregory Dunne rechazó el proyecto, al sentir que «no había historia». El director Sam Peckinpah, así como Newman y Redford abandonaron el proyecto.
El agente de Maas, Sam Cohn, fue contactado por el agente Martin Bregman, quien expresó su interés en producir la película después de leer un artículo sobre el libro en la revista New York. Bregman propuso a uno de sus clientes, Al Pacino, para interpretar el papel principal. Bregman intentó sin suerte conseguir la financiación de algunos estudios pero, según él, el drama policial había sido agotado en los últimos dos años, cuando se habían estrenado unas diecisiete películas del género, la mayoría de ellas «horribles» y poco realistas. Tras el éxito de varias de sus películas en la década de 1960 y los primeros años de la de 1970, el productor Dino De Laurentiis decidió mudarse de Italia a Estados Unidos. El cambio en las leyes de financiación reguló aún más la industria cinematográfica italiana y por eso el productor decidió instalarse en la ciudad de Nueva York. Tras su colaboración en The Valachi Papers, De Laurentiis compró los derechos del libro de Maas. De Laurentiis se contactó con Maas cuando este tenía escritas unas veinte páginas de su libro, y después de convencerlo para que le permitiera leer el material, quedó fascinado con el personaje de Serpico y, con el libro aún sin terminar, decidió comprar los derechos. «Sabía que podía hacer una historia en torno a la fuerte personalidad de Frank Serpico», afirmó el italiano. El representante de Maas acordó una reunión entre Bregman y De Laurentiis, quien estuvo de acuerdo con la elección de Pacino para el papel principal. Maas recibió 400 000 dólares (equivalentes a 2,3 millones de dólares en 2020) y participación en la película, mientras que los derechos de su obra se obtuvieron antes de la publicación del libro en marzo de 1973. Inicialmente, De Laurentiis encontró resistencia al proyecto de parte de Paramount Pictures. El estudio consideraba que ya se habían hecho «suficientes películas de policías». A su vez, De Laurentiis recibió el apoyo de Charles Bluhdorn, presidente de Gulf+Western, que quería que se hiciera la película. De Laurentiis declaró más tarde que «ningún productor estadounidense habría tenido el coraje» de retratar la corrupción policial en una película.
Se seleccionó a Waldo Salt para escribir la adaptación. El primer borrador no impresionó ni a Maas, ni a De Laurentiis ni a Bregman. Bregman percibió el resultado como «muy político» y sintió que la historia no reflejaba lo que los productores deseaban plasmar en la película. A continuación Bregman y Maas redirigieron a Salt a las partes del libro que imaginaban que se reflejarían en el guion. El segundo borrador tuvo una mejora sustancial, de acuerdo al equipo de producción. Bregman le mostró el tratamiento a Pacino, quien inicialmente no se interesó por la película. Salt luego visitó a Pacino con una reescritura del guion, que lo convenció de considerar el papel. Más tarde se concertó una reunión entre Serpico, Maas y Pacino, para que el actor conociera la temática de la película. Al conocerlo, Pacino quedó completamente convencido de aceptar el papel. John G. Avildsen fue elegido para dirigir la película.