es una película de animación japonesa escrita y dirigida por Hayao Miyazaki, estrenada en 1997.Princess Mononoke (movie), Anime News Network. Consultado el 25 de enero de 2009. Fue producida por Studio Ghibli y distribuida por Tōhō. La princesa Mononoke fue el undécimo largometraje de Studio Ghibli y el sexto dirigido por Miyazaki.

Ambientada en un Japón del período Muromachi, se centra en la lucha entre los guardianes sobrenaturales de un bosque y los humanos que profanan sus recursos, visto por el forastero Ashitaka. En realidad, no es un nombre, sino una descripción que puede ser traducida en este contexto como «espíritu vengador»; por lo que el título de la película literalmente podría traducirse como La princesa de los espíritus vengadores.

La cinta fue estrenada en Japón el 12 de julio de 1997, mientras que en Estados Unidos lo fue dos años más tarde, el 29 de octubre de 1999. Fue un éxito de taquilla casi instantáneo, teniendo a su vez una repercusión mediática excepcional, convirtiéndose así en la película de mayor recaudación en Japón de 1997. El filme también fue la mayor película taquillera de Japón hasta el lanzamiento de Titanic en noviembre de ese año. También ocupó el primer puesto de las películas más taquilleras de la historia de Japón hasta el 2001, cuando se estrenó El viaje de Chihiro, otra película escrita y dirigida por Miyazaki. Fue doblada al inglés y distribuida en el continente americano por Miramax, y, aunque la película no gozó del mismo éxito que en su país de origen, obtuvo ventas positivas, aumentando de manera considerable la popularidad de Ghibli y su influencia fuera de Japón.

Argumento La tierra natal de Ashitaka El último príncipe emishi, Ashitaka, salva a su aldea del ataque de un Tatarigami, un demonio que destruye todo lo viviente con tan solo tocarlo. Usando su arco, Ashitaka le da muerte, siendo herido por este, dejando una oscura marca en su brazo. Al observar el cadáver del monstruo, Ashitaka descubre que en realidad era el dios jabalí Nago, quien fue corrompido hasta convertirse en un tatarigami. Ashitaka consulta a los ancianos de la aldea, temiendo por su vida al sospechar que la herida dejada por el demonio en su mano le haya transmitido su maldición. Estos descubren una enorme bola de hierro en el cuerpo de Nago y comprenden que era la causa de su sufrimiento, lo que llevó al dios a la locura. La anciana del pueblo explica al joven que aunque su herida solamente cubre su brazo, se extenderá por su cuerpo y huesos hasta que muera. La maldición es un arma de doble filo, porque en los momentos donde se deje llevar por el odio obtendrá una fuerza sobrehumana a cambio de que se propague más rápido. Cuando esto ocurre, su brazo se llena de gusanos negros retorciéndose, similares a los que tenía Nago.

La anciana, tras leer la fortuna de Ashitaka, vaticina que solo si viaja hacia el oeste en busca de la tierra natal de Nago y encuentra el lugar de donde proviene la misteriosa bola de hierro tendrá alguna posibilidad de encontrar una cura. También le advierte que durante su viaje deberá «ver con ojos carentes de odio». Al aceptar su destino tiene que aceptar también su exilio de su tierra natal, a la que no podrá volver nunca más, dejando a los emishi sin heredero. Ashitaka monta a Yakul, su leal alce rojo y se dispone a partir sin mirar atrás, ya que está mal visto en la aldea despedirse de alguien que parte al exilio. Solo una persona despide a Ashitaka, su hermana menor Kaya, quien le regala una daga de cristal que le pertenece para que no se olvide de ella.

Viaje a la ciudad de hierro En su viaje hacia el oeste, Ashitaka ve cómo unos samuráis saquean un poblado indefenso. Ante tal injusticia, intenta distraerlos usando su arco, pero en ese momento se activa la maldición y le otorga a la flecha un poder sobrenatural. Aunque él solo pretendía distraer a los samuráis, la maldición hace que su disparo vaya con tal fuerza que le arranca los brazos a uno de ellos y decapita a otro. Tras esto, Ashitaka descubre que cuando la maldición aflora, la marca se extiende con mayor velocidad.

En la siguiente aldea se encuentra con un extraño monje, Jigo, quien fue salvado por Ashitaka durante el ataque anterior. Tras mostrarle el trozo de metal extraído de Nago, el monje le comenta que quizá encuentre respuestas en un lugar llamado la «ciudad de hierro». Mientras tanto, en una colina no muy lejana, una manada de kamis del clan del loboRepresentados aquí como lobos gigantescos similares al lobo japonés y al Akita Inu y que en los que los adultos poseen múltiples colas, como los Kitsune. asaltan a una caravana que transporta arroz a la ciudad de hierro. Uno de los lobos es montado por una joven, la princesa Mononoke. La líder de la manada, la diosa Moro, y madre de los otros lobos del grupo, recibe un disparo de Lady Eboshi, la dirigente de la ciudad de hierro, y a causa de este, la diosa cae rodando por la colina.

En su camino hacia la ciudad de hierro, Ashitaka pasa río abajo de la colina donde tuvo el lugar del combate y donde la corriente ha traído parte de las mercancías, así como muertos y heridos. El muchacho descubre a la manada, donde ve a la princesa Mononoke intentando aliviar la herida de Moro e intenta hablar con ella, pero después de observarle se marchan sin contestarle. Algunos kodamas, o espíritus del bosque, aparecen y Ashitaka les pide ayuda. Ellos lo guían a través del bosque y lo conducen a él, y a dos heridos supervivientes a los que ayuda, a la ciudad de hierro.

La ciudad de hierro Ashitaka finalmente llega a la ciudad de hierro, donde se encuentra con Lady Eboshi, quien le revela gran parte de los detalles relacionados con la razón de su maldición. La ciudad de hierro lleva mucho tiempo en guerra con los dioses del bosque debido a la tala de árboles para extraer el metal de las minas. Los dioses y animales, furiosos por la destrucción de su hábitat, han emprendido una guerra contra los humanos. Así, en una batalla entre el clan de los jabalíes y los humanos, Eboshi hirió con su arcabuz a Nago, originando dicha maldición. Ashitaka se enfada por el comportamiento destructivo de Eboshi, sobre todo porque le ha afectado a él. Más tarde, se da cuenta de que Eboshi ha creado en la ciudad de hierro una comunidad donde grupos socialmente repudiados, como los leprosos o las prostitutas, son tratados con dignidad, situación que solo podrá mantenerse si se continúa con la extracción del metal.

San, la princesa de los lobos (la princesa Mononoke), ha intentado varias veces asesinar a Lady Eboshi razonando que la ciudad caería sin su liderazgo. Mientras Ashitaka está en la ciudad, San hace una de estas incursiones, dispuesta a retar a un duelo a Eboshi. Ashitaka se da cuenta de que el duelo es una trampa de la gente de la ciudad y lo detiene. Tras dejar a ambas inconscientes, toma a cuestas a San e intenta dejar la ciudad. Una de las mujeres, que desea venganza por la muerte de su marido, dispara a Ashitaka accidentalmente por la espalda; aun así, este continúa caminando con San a cuestas, a pesar de perder mucha sangre. Finalmente usa la fuerza de su maldición para abrir la puerta de la ciudad (que normalmente necesita de diez personas para ser abierta) y deja la ciudad de hierro montado en Yakul.

En el bosque Mientras Ashitaka parte de la ciudad de hierro llevando consigo a San, pierde la fuerza de la maldición y cae de Yakul. Los dos lobos «hermanos» de San intentan devorarlo, pero San los detiene. Por un lado, está furiosa porque Ashitaka interrumpió su ataque a Eboshi, pero por otro está confusa porque él no parecía estar del lado de Eboshi y le extraña ver a un humano ayudarle. San le pide que se explique si quiere seguir vivo. La explicación le enfurece aún más, debido a que ella se considera un lobo y está dispuesta a morir por su causa. Cuando San está a punto de darle un golpe mortal, Ashitaka le dice que es hermosa, antes de caer inconsciente. Un grupo de monos aparece, dispuestos a comerse a Ashitaka para, según ellos, adquirir su fuerza, pero San los detiene.

San, que finalmente siente compasión por él, decide llevarlo al gran estanque sagrado escondido en el corazón del bosque. Deja tumbado a Ashitaka en una pequeña isla en el centro del lago y planta un pequeño tallo al lado de su cuerpo como ofrenda. Después intenta liberar a Yakul, pero el ciervo rechaza la oferta y se queda junto a su amo.

Antes del amanecer se ve una gigantesca silueta negra cuya estatura rebasa las copas de los árboles caminando en dirección al lago; Jigo permanece escondido junto a un grupo de jibashiri («los que corren a ras del suelo») y les explica que ese es el caminante nocturno, forma que tiene el Shishigami (espíritu del bosque) durante la noche y que al amanecer se transformará en un ciervo con rostro humano; también les recuerda que tienen la misión de cazarlo y decapitarlo por decreto imperial, decreto que también señala que este acto no será considerado un pecado ni les acarreará castigo divino. Mientras vigilan descubren que el dios jabalí Okkoto y su manada llegan al bosque de Shishigami tras varios meses de viaje. Su objetivo es matar a todos los humanos y proteger el bosque o morir en el intento, para conseguir aquello en lo que Nago fracasó.

Finalmente al amanecer, el espíritu del bosque se transforma y aparece ante la solicitud de San. El Shishigami cura la herida de bala de Ashitaka con un toque de su boca, pero no su maldición. Tras varios días en que fue cuidado por San, Ashitaka se ha recuperado lo suficiente para caminar por sí mismo; Moro entabla una conversación con el joven explicándole que la maldición producida por el disparo pronto la matará, pero no sin que antes mate ella a Eboshi. Cuando Ashitaka intenta convencerla de que el mejor camino es la convivencia pacífica, Moro relata cómo fue que adoptó a San después de que sus padres la arrojaran a sus pies para poder huir mientras la devoraba, prefiriendo adoptarla; posteriormente le advierte que abandone el bosque o le matará. Moro desprecia a los humanos, pero no con tanta pasión como San.

La guerra Ashitaka está muy preocupado por San y por el bienestar del bosque, pero por otra parte simpatiza con la gente de la ciudad del hierro. Intenta ser mediador en el conflicto y encontrar una solución que satisfaga a ambos bandos, pero tanto Eboshi como San están cegadas por el odio y finalmente no consigue evitar que comience la guerra. La mañana decisiva Ashitaka ya está suficentemente repuesto para irse del bosque y San ha partido hace poco con la manada de Okkoto para cuidarlo, y al ver que no podrá despedirse de ella pide a uno de los hijos de Moro que le entregue la daga de cristal como regalo de despedida.

La guerra tiene lugar a tres bandos. Un poderoso samurái, Asano, ha mandado a sus tropas a atacar por sorpresa la ciudad, demandando la mitad de todo el hierro. En tanto, el clan de Okkoto prepara sus fuerzas para su propia guerra. Lady Eboshi sabe que sus principales enemigos son los humanos y no bestias o dioses, ya que estos son más traicioneros y sus armas son más poderosas que las garras o los colmillos. Eboshi se alía con los Jibashiri, los agentes del emperador que han llegado a la ciudad dirigidos por el monje Jigo para derrotar a los jabalíes y matar a Shishigami. El emperador cree que la cabeza del espíritu del bosque le otorgará la inmortalidad y está dispuesto a pagar gran cantidad de oro por ella. Eboshi deja a las mujeres defendiendo la ciudad, ya que está segura de que son lo suficientemente fuertes como para defenderse. Toma esta decisión en parte porque sabe que sus hombres son buenos cazadores, pero también porque sabe que la traicionarían una vez que su trabajo haya acabado.