Claude-Nicolas Ledoux (Dormans, 21 de marzo de 1736 - París, 18 de noviembre de 1806) fue un arquitecto y urbanista francés, uno de los principales representantes de la arquitectura neoclásica.
Fue uno de los arquitectos más activos a finales del Antiguo Régimen, protegido de Madame du Barry, la amante del rey Luis XV, y autor de dos de las más importantes obras públicas de la época: la Salina real de Arc-et-Senans (declarada patrimonio de la Humanidad en 1982) y las «Barrières» de París, el cerco fiscal que la Ferme générale levantó para recaudar impuestos —entre otros la gabela, el impuesto de la sal—, una cerca de 24 km y 6 m de altura con 60 barreras o puestos de control que algunos autores consideran una de las causas que más contribuyó al descontento de la población que culminó en la Revolución francesa en 1789.Entre otros contemporáneos, Beaumarchais, como atestigua en sus Mémoires. La Ferme générale era una institución muy odiada y fue suprimida en 1790. El 8 de mayo de 1794 28 antiguos fermiers generales fueron guillotinados, entre ellos el gran químico Antoine Laurent de Lavoisier.
Su papel como arquitecto ha suscitado mucha controversia y pasó del reconocimiento al más absoluto desprestigio en el : todavía en vida, Quatremère de Quincy ya le acusaba de haber sometido la «arquitectura a géneros de tortura»Antoine Chrysostome Quatremère, conocido como Quatremère de Quincy (París, 21 de octubre de 1755 - París, 28 de diciembre de 1849), arqueólogo, historiador, crítico de arte, que editó entre 1788 y 1825 el «Dictionnaire d'Architecture», fue uno de los más importantes teóricos de su tiempo. La referencia se encuentra en un artículo titulado «Barrière», escrito para la Encyclopédie Méthodique, «Architecture», vol. I, 1788, pag. 216. y en 1832, Victor Hugo se preguntaba: «¿Acaso hemos llegado a un extremo tal de miseria que tengamos que admirar las barreras de París?».Guerre aux demolisseurs, Victor Hugo, París 1832. Sin embargo, a lo largo del su figura ha sido reivindicada: en 1933, Emil Kaufmann, le señalaba como uno de los precursores de la arquitectura moderna;Significativamente, tituló su influyente ensayo Von Ledoux bis Le Corbusier, Viena 1933. Kaufmann siguió con su estudio en Three Revolutionary Architects, Boullée, Ledoux and Lequeu, Filadelfia, 1952. en los años 1960 fue considerado como un utopista;Sobre todo por su propuesta para la «Ville idéale de Chaux». Véase sobre esto la obra de Anthony Vidler. «Claude-Nicolas Ledoux: Architect of the Revolution Between Vision and Utopia», Birkhauser, 2006. y, desde finales de los 1980, fue uno de los referentes de los postmodernos, que encontraron en él un antecedente y una fuente para sus propuestas. Junto a Étienne-Louis Boullée, Ledoux fue uno de los más destacados representantes de la arquitectura visionaria.
Aunque su carrera apenas duró 25 años —tras la Revolución apenas volvió a construir—, realizó bastantes obras, pero la mayoría de ellas fueron destruidas en el .
Desde 1973, el pabellón del director de la salina real de Arc-et-Senans alberga el Institut Claude-Nicolas Ledoux, miembro de la red europea de centros culturales, donde está el museo Ledoux que presenta numerosas maquetas de las obras visionarias que no fueron jamás realizadas.
Biografía Claude-Nicolas Ledoux nació el 21 de marzo de 1736 en Dormans —una pequeña aldea del Marne, en la región de Champaña—, hijo de Claude Ledoux, un modesto comerciante, y de Françoise Dominot. Su madre y su abuela, Françoise Piloy, le iniciaron en el dibujo, como él mismo recordó.Para conocer los primeros años de Ledoux, véase el artículo escrito por su amigo y biógrafo, Jacques Cellier, «Notice rapide sur la vie et les ouvrages de Claude Nicolas Ledoux», París 1806. Muy buen alumno en la escuela parroquial, obtuvo a los trece años —gracias al abad de la diócesis de Soissons— una beca para estudiar tres años en París, en el jansenita Collège de Beauvais (1749–1753).
Charles Rollin, director del colegio, tenía una gran reputación en cuanto a la calidad de la enseñanza que impartía, impregnada por igual de lecciones cristianas y de la antigüedad. Esa educación —que aunaba poesía, literaturas clásicas y moderna, dibujo, retórica, historia de las ciencias y de las artes—, regida por los principios del clasicismo y racionalismo, confirió al joven interno Ledoux todas las bondades de una educación de una persona «bien née». Además, la vía espiritual y las reglas de la vida comunitaria del internado le permitieron adquirir una fuerza de carácter de la que no dejará de hacer gala a lo largo de su carrera. Reivindicará siempre, hasta su muerte, la excelencia de esta formación fundada sobre la exaltación de las «virtudes cívicas y morales» («vertus civiques et morales») así como en la «pureza de los sentimientos» («pureté des mœurs».)
En la escuela Ledoux destacó por su destreza en el dibujo, y a partir de 1753, acabada la beca de estudios, decidió, con el fin de costear sus necesidades, entrar de aprendiz en un taller de grabado, un taller muy conocido por su dedicación a las escenas militares, en el que estará casi diez años. Su fecunda imaginación, nutrida en las lecturas de Homero, Virgilio, Ovidio, César, y en los libros de historia, encontró en esta actividad el medio de expresar y profundizar sus múltiples talentos. Sin embargo, su voluntad de perfeccionar su conocimiento del dibujo le llevó, paralelamente, a interesarse por la arquitectura y a frecuentar la célebre «École des Arts» de París, creada por Jacques-François Blondel, teórico y profesor de arquitectura. Ledoux estudió en dicha escuela libre durante cuatro años (1753-1758), aprendiendo matemáticas, dibujo, perspectiva, estereotomía, edificios militares, públicos y privados, y Blondel siempre le tuvo en alta estima. Profesor de la «Académie Royale d’Architecture», dispensaba una enseñanza que perpetuaba la promoción de una arquitectura llamada «à la française»: racional y clásica, respetuosa con los escritos de Vitruvio, y apoyada en el dogma de «los cinco órdenes clásicos» («des cinq ordres antiques»). Blondel impuso la doctrina de la caracterización del edificio:
Sin embargo esta enseñanza —muy teórica, conservadora, impermeable al nuevo humanismo del «Siècle des Lumières»— encontró muy pronto numerosos opositores entre sus estudiantes más brillantes: Étienne-Louis Boullée, Charles De Wailly, Ledoux... Estos jóvenes, futuros arquitectos, eran particularmente sensibles al discurso de otro teórico del arte: el jesuita Marc-Antoine Laugier, autor del «Essai sur l’architecture» (1753), que abogaba por una teoría moral de las artes, en la que la arquitectura debía de educar y ser puesta al servicio del progreso de la sociedad, del bien común.
No finalizó la formación habitual de los arquitectos-artistas, más diestros con el pincel que con el buril, cuya iniciación pasaba casi siempre por la consabida estancia en la «Académie de France» en Roma (como De Wailly o Trouard). Ledoux, no se sabe si por elección propia o por carencia de medios y mecenas, nunca hizo el viaje de estudios a Italia. Sus únicas fuentes de conocimiento e inspiración de la arquitectura clásica y sus ruinas —griega y romana—, provenían del estudio de grabados, principalmente de los de Gianbattista Piranesi —que desde 1747, había comenzado a publicar Les Vues de Rome, que tuvieron gran influencia en pintores, escultores y arquitectos—, los del tratado de su maestro Jacques-François Blondel, Architecture, aparecido en 4 volúmenes (1752-1756), las láminas de la Encyclopédie —cuya primera serie se publicó entre 1751–1757— y, más adelante, del Vitrubius Britannicus de Colen Campbell (1769).
Al final de sus estudios, en 1758, Ledoux entró como aprendiz-arquitecto en el despacho de Pierre Contant d'Ivry, y más adelante trabajó en los de Jean-Michel Chevotet y Louis-François Trouard, un discípulo de Jacques-Germain Soufflot, que tras su estancia en Roma, se estableció en París en 1757, y gracias a quien Ledoux descubrió la arquitectura antigua, especialmente los templos de Paestum, y la obra de Palladio. Las enseñanzas de Soufflot, que basaba el arte de construir en una simbiosis arquitectónica entre Naturaleza y Antigüedad, dejaron una profunda huella en Trouard y también en Ledoux, para quien esa lección constituirá una de las bases de las reflexiones sobre su oficio e influyó en la evolución de su estética.
Contant y Chevotet encarnaban dos de los despachos representantes del estilo Luis XV, la corriente dominante en Francia entre 1730 y 1760, que aunque en trance de pasar de moda, le procuraron relaciones útiles entre sus ricas clientelas: gracias a Contant d'Ivry, Ledoux entró en contacto con el barón Crozat de Thiers, que en 1766 le confío el acondicionamiento de un apartamento en su edificio de la plaza Vendôme; en el despacho de Chevotet, conoció al presidente Hocquart de MontfermeilPresidente Antoine Louis-Hyacinthe Hocquart de Montfermeil (1739-1794), Presidente del Tribunal de Aides del Parlamento de París (1770), Procurador General (1778), Presidente y primer Presidente (1789). Después de que fue ejecutado durante el Reinado del Terror, su colección de pinturas fue declarada bienes nacionales y se disperso entre los museos provinciales. y gracias a ello entró en su círculo y conoció a su hermana, Madame de Montesquiou.
Las obras de juventud (1762-1970) En 1762, a los 25 años, el joven Ledoux realizó su primer encargo: la redecoración del parisino café Godeau, situado en la rue Saint-Honoré y que era muy frecuentado por oficiales (a veces por eso se le llama Café Militar). Realizó un soberbio y muy aplaudido trabajo que se conserva en el Museo CarnavaletEl Museo Carnavalet está consagrado a la historia de París, desde su origen a nuestros días. Está en el barrio del Marais, en la calle de Sévigné nº 23. Puede consultarse en línea la sala del «Café militaire» en: . desde 1969: sobre los muros, adosó unas pilastras, formadas por haces de lanzas coronadas por cascos a guisa de capiteles; entre las pilastras, alternó espejos y anchos paneles de madera ricamente tallados y ornados con trofeos de armas, según dibujos propios, originales y audaces.
miniatura|250px|Château de Mauperthuis, 1763 (destruido) miniatura|250px|derecha|Hôtel d'Hallwyll, 1766. Alzado de la fachada a la calle Michel-le-Comte.
El año siguiente, el marqués Anne-Pierre de Montesquiou-Fézensac llamó a Ledoux a su vasto dominio de Mauperthuis, en la región de Brie, a unos 60 km de París. El arquitecto reconstruyó y embelleció el castillo situado en la cima de una colina, para el que dispuso un gran pórtico jónico, creó unos juegos de agua alimentados por un acueducto, levantó varias nuevas edificaciones: una orangerie, una faisanería, un pabellón para los guardas y otras dependencias de las que solo subsisten hoy algunos vestigios. En Mauperthuis conoció a muchos de sus futuros protectores, además de artistas como el pintor Hubert Robert, el poeta abate Delille o el arquitecto Brongniart, todos francmasones y preocupados por la reforma de la agricultura y del teatro, dos temas que ocuparán la mente de Ledoux.