Los primates (Primates; del latín, primas 'primero') son un orden de mamíferos placentarios al que pertenecen los humanos y sus parientes más cercanos. Los miembros de este grupo surgieron hace entre 55 y 85millones de años (al final del Cretácico) a partir de pequeños mamíferos terrestres. Se adaptaron a la vida arborícola en las selvas tropicales; de hecho, muchas de las características de los primates constituyen adaptaciones a la vida en ese entorno: un cerebro de gran tamaño, agudeza visual, visión de colores, una cintura escapular modificada y manos que se usan con habilidad. La gama de tamaños de los primates abarca desde los aproximadamente 30g de los lémures ratón (género Microcebus) hasta los 200kg del gorila oriental (Gorilla beringei). Continuamente aparecen nuevas especies de primates: en la primera década de este milenio se describieron más de veinticinco, y otros once desde 2010. Algunos de los que se descubren están ya amenazados, como ocurrió con Pongo tapanuliensis, una tercera especie de orangután.

El orden de los primates se divide en dos subórdenes: estrepsirrinos (que significa, en griego, nariz torcida), grupo que incluye los lémures y los loris cuyas especies se distinguen por su rinario húmedo (nariz húmeda, como la de perros y gatos); y por otro lado, haplorrinos (de nariz simple, en griego), suborden en el que están incluidos los tarseros, monos, gibones, grandes simios y humanos, todos de rinario seco.

El infraorden simiiformes, dentro de los haplorrinos, solo deja fuera a los tarseros; las demás especies se reparten entre catarrinos (de nariz con orificios nasales hacia abajo), llamados monos del Viejo Mundo por su distribución geográfica, y los platirrinos (de nariz plana, orificios nasales hacia los lados), llamados monos del Nuevo Mundo o micos.Diccionario de la lengua española, editado por la Real Academia Española, mico, 1. m. y f. Mono de cola larga. Esta división tuvo lugar hace unos sesenta millones de años. Hace cuarenta millones de años, hubo monos de África que emigraron a Sudamérica, probablemente en balsas formadas por árboles caídos y otros materiales arrastrados al mar, y allí dieron lugar a los monos del Nuevo Mundo. Por último, hace veinticinco millones de años, los simios del Viejo Mundo restantes (catarrinos) se escindieron en grandes simios, por una parte, y monos del Viejo Mundo, por otra. Son conocidos por sus nombres comunes los babuinos, macacos y gibones, del Viejo Mundo, así como los gorilas, chimpancés y orangutanes; también los capuchinos, monos aulladores y monos ardilla del Nuevo Mundo.

Comparados con otros mamíferos, los primates tienen un cerebro grande (en relación con el tamaño de su cuerpo), y una mayor agudeza visual, a expensas de haber perdido olfato, el sistema sensorial dominante para la mayoría de los mamíferos. Estas dos características son más acusadas en los monos que en los loris y lémures. Algunos primates (los humanos, entre ellos) son tricromáticos, es decir, poseen tres canales independientes para la recepción de información sobre colores. Todos tienen cola, a excepción de los hominoideos. La mayoría tienen un pulgar oponible.

El dimorfismo sexual es frecuente; hay diferencias en cuanto a masa muscular, distribución de la grasa, ancho de la pelvis, tamaño de los dientes caninos, distribución y coloración del pelo. Entre los factores a los que se puede atribuir el dimorfismo y que se ven a su vez afectados por él está el sistema de apareamiento, el tamaño, el hábitat y la dieta.

Los primates se desarrollan más lentamente que otros mamíferos de tamaño comparable, alcanzan la madurez más tarde y tienen una expectativa de vida superior. Según la especie, viven en soledad, en pareja, en grupos de composición variada, y de hasta cientos de individuos, con sistemas sociales diversos. Algunos, como los gorilas, los humanos y los babuinos, son fundamentalmente terrestres y no arbóreos, pero todas las especies han desarrollado características anatómicas que facilitan trepar por los árboles. Tienen diversas técnicas de locomoción arbórea, como saltar de un árbol a otro o balancearse colgados de las ramas (movimiento llamado braquiación). La locomoción terrestre se practica comúnmente caminando en cuadrupedia, pero con variantes; los gorilas y chimpancés, por ejemplo, se apoyan en los nudillos; los orangutanes, en la parte externa de las manos. El bipedismo solo se observa en los grandes simios, que además adoptan esta posición de forma muy esporádica.

El contacto físico entre primates humanos y no humanos puede facilitar la transmisión de zoonosis, en particular de enfermedades víricas, como el herpes, sarampión, ébola, rabia y hepatitis. Es justamente el hecho de que haya enfermedades comunes, sumado a su similitud, psicológica y fisiológica, con el ser humano, el que ha conducido a que miles de primates no humanos se usen en todo el mundo para fines de investigación. La captura para experimentos médicos o como mascotas supone un peligro para estas especies, pero la amenaza más grave es la deforestación y la fragmentación de los bosques. También se los caza por su carne (bushmeat), y a menudo son abatidos cuando entran en cultivos para procurarse el alimento que no encuentran en los espacios reducidos que se ven obligados a ocupar. El resultado es que en torno al 60% de las especies están en peligro de extinción.

Origen del nombre, problemas terminológicos El nombre "primates" fue usado por primera vez por Linneo en 1758 en su ordenación taxonómica de los animales. La palabra deriva del latín primas, primatis, que significa “primero” en el sentido de “principal“, es decir, que no hace referencia a un ordenamiento temporal, sino a una jerarquía. Esta misma palabra se empleaba en el como título dentro de la Iglesia, correspondiente al rango de “primado“ (un obispo o arzobispo de alto nivel).

Linneo incluyó en su orden Primates a humanos, grandes simios, monos del Viejo Mundo y monos del Nuevo Mundo, distinguiéndolos del resto de los mamíferos, a los que llamó "Secundates" (segundos), y de todos los demás animales, los "Tertiates" (terceros). Había sido incapaz de encontrar unas diferencias anatómicas destacables entre los humanos y los monos que le permitieran situar a aquellos en un grupo separado de éstos.Young, J. Z. 1977. La vida de los vertebrados. Editorial Omega, Barcelona, 660 pp. ISBN 84-282-0206-0 Aún convencido de que los humanos son una creación especial de Dios, y de que hay una «escala de la naturaleza» (en latín, scala naturae) en la que el Homo sapiens (nombre que inventó él) ocupa un lugar privilegiado, no pudo negar que los humanos somos animales, y más concretamente mamíferos y primates. Y si nos regimos por la etimología señalada, este nombre indica que ocupamos un lugar más que digno en el conjunto de los animales.

Los nombres usados en el lenguaje común para referirnos a grupos de primates presentan problemas a la hora de hacerlos corresponder con las denominaciones empleadas en zoología. Según el Diccionario de la RAE, un mono es «un animal del suborden de los simios», lo cual es confuso, al mezclar un nombre taxonómico con una palabra del lenguaje corriente; y un simio es un «primate antropoide». La palabra mono solía abarcar a prácticamente todos los primates no humanos, incluidos los hominoides o antropomorfos, más emparentados con el homo sapiens, pero la influencia de la lengua inglesa ha dado lugar a vacilación en el uso. En inglés se distingue entre monkey y ape (términos que el Diccionario Merriam-Webster define taxonómicamente de modo exquisito); el primero es, para los legos, un mono de tamaño pequeño o mediano, que tiene cola; el segundo, de mayor tamaño, no la tiene. Por otra parte, se ha generalizado el uso de great ape para hacer referencia a los hominoides (gorilas, orangutanes, chimpancés etc.), pero si los angloparlantes ya no se ponen de acuerdo sobre si el término incluye, o no, a los humanos, más difícil es precisar a qué se refiere el hablante español cuando alude a monos, simios y grandes simios.

Características A pesar de que los primates constituyen un orden de mamíferos definido con bastante claridad, son relativamente pocas las características que están presentes en todas las especies de este orden y en ninguna otra especie de mamíferos, es decir, que los caracterizan de forma unívoca. Sin embargo, según afirma el biólogo Robert Martin, hay nueve características propias del orden de los primates.

El dedo gordo del pie es oponible (con la excepción del hombre), y las manos son aptas para agarrar objetos. Las uñas de las manos y los pies son planas en la mayoría de las especies (es decir, no tienen forma de garra), y los primates tienen huellas dactilares. En la locomoción dominan las extremidades inferiores, el centro de masas está más cerca de ellas que de las superiores. La percepción olfativa no está especializada, y se reduce en los primates que están activos durante el día. La percepción visual está muy desarrollada. Los ojos son grandes y dirigidos hacia adelante (no hacia abajo), haciendo posible la visión estereoscópica. Las hembras tienen relativamente pocas crías. El embarazo y la lactancia duran más que en otros mamíferos de tamaño comparable. Los cerebros son de mayor tamaño que los de los demás mamíferos, en relación con la masa corporal, y poseen algunas características anatómicas únicas. Las muelas están poco especializadas y hay un máximo de tres; a éstas se suman un máximo de dos incisivos, un canino y tres premolares. Existen algunas particularidades anatómicas más que resultan útiles para los estudios de sistemática, pero cuya funcionalidad es dudosa.

Anatomía y fisiología

Cerebro Los primates poseen un cráneo grande, el cual protege un cerebro a su vez de gran tamaño, rasgo característico de este grupo y especialmente llamativo en el caso de los humanos: nuestra capacidad craneal (que sirve como medida del volumen cerebral) es tres veces mayor que en el primate no humano más grande. Este volumen es en promedio de 1201cm3 en los humanos, 469cm³ en los gorilas, 400cm³ en los chimpancés y 397cm³ en los orangutanes. La principal tendencia evolutiva de los primates ha sido el desarrollo del cerebro, sobre todo el neocortex (una parte de la corteza cerebral), el cual interviene en la percepción sensorial, generación de movimientos, razonamiento espacial, pensamiento consciente y, en los humanos, el lenguaje. Mientras que otros mamíferos dependen en gran medida del olfato, el estilo de vida arborícola de los primates ha conducido a un sistema sensorial en el que dominan el sentido del tacto y sobre todo la vista a la vez que se han incrementado las áreas responsables de un comportamiento social complejo.

Visión Los ojos de los primates se ubican en la parte frontal del cráneo apuntando en dirección anterior. Esta característica les confiere visión binocular, lo que permite calcular adecuadamente las distancias, una habilidad indispensable para todos sus antepasados que se trasladaban por braquiación. Sobre las órbitas poseen un arco superciliar que refuerza los huesos faciales, más débiles, sometidos a gran tensión cuando el animal mastica. Los estrepsirrinos tienen una barra postorbital, una estructura ósea que rodea la parte externa de la órbita; en cambio, las órbitas de los haplorrinos están completamente cerradas por un septo postorbital.