La llamada campaña de Pasto fue una serie de operaciones militares libradas entre 1822 y 1824, por parte de la República de la Gran Colombia recién independiente contra los bastiones monárquicos de San Juan de Pasto y Patía.
Antecedentes Pasto durante la independencia San Juan de Pasto es una ciudad del actual departamento de Nariño, en el sur de Colombia, ubicada en una región relativamente aislada y secundaria del virreinato. La población de la villa y sus alrededores era de personas, mientras que dispersas por una región alta y fría llamada Los Pastos vivían en numerosas aldeas otras . Esta última región estaba ubicada al este y sur de la ciudad, cruzando el río Guáitara. El territorio del moderno departamento tenía una población de habitantes en esa época, con una mayoría de indígenas (58,2%) seguida de una importante minoría de blancos (37,6%). Eran ínfimos los porcentajes de mestizos y mulatos (3,4%) y esclavos negros (0,6%).
La etnografía del país se asemejaba más a la peruana que a la neogranadina, con una ausencia casi total de mestizaje y una estratificación social en dos castas bien diferenciadas: una élite de blancos y un campesinado indígena. Era un «territorio de frontera» que se debatía entre una filiación racial, cultural, económica e histórica con Quito y Perú, y una relación político-administrativa con la Nueva Granada.
Considerada la «puerta del sur» y ubicada en la frontera entre los virreinatos peruano y neogranadino, controlaba las zonas andinas y costeras del sur neogranadino y las vías de comunicación terrestre entre Popayán, Quito y Lima. Su clima y topografía hostiles permitían a los pastusos desangrar a toda expedición enviada a cruzar su territorio. Toda fuerza venida desde Popayán al norte, debía cruzar los profundos cañones del río Patía, donde probablemente las tropas enfermarían. Más al sur se debía seguir por profundos desfiladeros donde los patianos podían emboscar al invasor. Luego había que cruzar los torrenciales ríos Juanambú y Guáitara, cuyas orillas eran barrancos profundos, empinados y rocosos, donde un atacante muy numeroso podía ser detenido por pocos pero bien atrincherados defensores.
Causas de su monarquismo Primeramente, para los pastusos la Corona era todo lo que conocían y representaba tradición y estabilidad frente a la incertidumbre del proyecto republicano. A esto se sumaba su topografía, que garantizó que siempre tuvieran pocas relaciones con Bogotá en comparación con las que tenían con Quito o Popayán. En consecuencia, deseaban mantener la autonomía de su cabildo, algo que la metrópolis siempre había promovido. Este aislamiento geográfico provocó una ausencia de instituciones educativas, impidiendo que las ideas de la Ilustración permearan en su sociedad. Cuando estas últimas llegaron, fue a través de la imposición violenta de ejércitos invasores. En cambio, los sacerdotes siempre fueron influyentes y mayoritariamente monárquicos. El escaso número de peninsulares y que el comercio pastuso se limitara a Popayán, Quito y la costa del Pacífico llevó a que jamás hubiera una rivalidad entre europeos y criollos.
La doctora en Historia, Rosa Isabel Zarama Rincón, diferencia la vivencia pastusa de la guerra de independencia en tres etapas: la primera, 1809-1814, trata la resistencia a los ejércitos que intentaban imponer la autoridad de las juntas de Quito, Popayán y Cundinamarca; la segunda, 1814-1820/1821, se consigue cierta recuperación económica porque las acciones bélicas ocurren fuera de la provincia y mayor autonomía como premio de la Corona por su lealtad; la tercera, 1821-1824, en que sus «ejércitos regionales» se enfrentan a sus contrapartes venidas de Bogotá y Popayán. Debido a que las últimas guerrillas monárquicas continuaron su resistencia hasta su derrota definitiva, la historiadora agregó una cuarta etapa, 1824-1826.
Campaña previa Después de la derrota de Boyacá, el 7 de agosto de 1819, y la pérdida de Bogotá, el día 10, el ejército realista se refugió en los territorios de Pasto, «el refugio de la monarquía en los grandes reveses». Entre tanto, los republicanos aprovecharon la victoria para organizar la República de la Gran Colombia. Ahora tenían la iniciativa militar y sus enemigos se replegaban a los territorios que aún dominaban, la costa atlántica de la Nueva Granada, el Bajo Magdalena y la región caucana. De inmediato, los patriotas intentaron acabar con los ellos y en el caso del «núcleo de posiciones realistas» que era Pasto, el coronel Joaquín París Ricaurte ocupó Popayán el 23 de octubre, dejando a cargo al coronel Antonio Obando.
El coronel Sebastián de La Calzada era entonces el jefe monárquico en la zona e intentó recuperar la ciudad, lo que consiguió el 24 de enero. Sin embargo, el 6 de junio de 1820, su campamento fue sorpresivamente atacado por el general de brigada Juan Manuel Valdez y el coronel José Mires en Pitayó. De Calzada, completamente vencido, se retiró a Pasto para luego partir a Venezuela. Los patriotas recuperaron Popayán el 16 de julio. Valdez, creyendo que era su oportunidad para acabar con los realistas de Pasto, decidió marchar sobre la villa con 2000 hombres, pero sufrió un duro revés en Genoy el 2 de febrero de 1821.
Planes de Bolívar
thumb|derecha|220px|Retrato ficticio de Agustín Agualongo, óleo sobre lienzo, por un pintor anónimo, . El 9 de agosto de 1820 se produjo la revolución de Guayaquil. Los revolucionarios le pidieron ayuda al gobierno grancolombiano, que envió al general de brigada Antonio José de Sucre con un contingente de soldados a inicios de marzo. Desembarcaron en la ciudad el 6 de abril de 1821. Entre tanto, después de su victoria en Carabobo, el 24 de junio, y la entrada en Caracas cinco días después, Bolívar empezó a organizar su nuevo gobierno junto a su vicepresidente, el general de división Francisco de Paula Santander, y el Congreso de Cúcuta. Posteriormente, el 9 de octubre sale de Cúcuta y deja las funciones presidenciales a cargo de Santander, organiza un cuerpo de 4000 soldados y marcha al sur. Desde ese momento, Bolívar empieza a preparar una gran campaña que lo lleve hasta el Virreinato del Perú.
Su plan inicial era auxiliar a Sucre, quien estaba dirigía las tropas de la Provincia Libre de Guayaquil contra la guarnición realista de Quito, mediante el envío de 4000 soldados y 2000 a 3000 fusiles por mar desde el puerto de Buenaventura hasta Guayaquil. También esperaba que en octubre zarparan 4000 grancolombianos de Santa Marta para Panamá, donde se les uniría otro tanto y todos serían llevados hasta Guayaquil, donde habrían 3000 soldados patriotas, en total, concentraría a plazas y acabar con toda resistencia. Sin embargo, se encontró con Buenaventura bloqueada por una flotilla realista enviada desde Panamá por el capitán general de la Nueva Granada, mariscal Juan de la Cruz Mourgeon y Achet. Aunque esperaba contar con el apoyo del gobierno chileno y del Protector del Perú, José de San Martín, y que este último enviara la poderosa escuadra de Lord Cochrane para ayudarlo a transportar su ejército, pues Bolívar deseaba evitar por tierra a través de Patía y Pasto, conocedor de la suerte de otros ejércitos patriotas en la zona, y prefería la ruta marítima.
Sin embargo, San Martín no pudo enviar la escuadra porque no estaba en condiciones para un viaje tan largo, la necesitaba en Perú y Buenaventura y Panamá estaban muy lejos de sus bases de provisiones en Perú. El presidente grancolombiano tuvo que conformarse y planeó una ofensiva conjunta sobre Quito, destacando el ataque por tierra de 4000 hombres contra Patía y Pasto.
Ejército patriota La Gran Colombia, hasta junio de 1822, movilizó 7500 hombres para combatir a los realistas de Pasto. Restrepo afirma que fueron enviados a Pasto 7314 soldados y 130 oficiales entre septiembre de 1821 y el 22 de mayo de 1822, pero apenas 4000 seguían vivos al producirse la rendición. De estos, 3000 marcharon con Bolívar organizados en dos divisiones. Para las operaciones sobre Pasto y Quito, entre 1821 y 1822, los patriotas produjeron más de uniformes, 6500 frazadas, camisas, alpargatas, 3000 morrales, cartuchos con balas y sin balas, balas de fusil, piedras de chispa, 4000 fornituras y se apartaron pesos del tesoro público.
Ejército realista La Calzada y García Los pastusos eran muy respetados como combatientes: «…puestos en disciplina y subordinación mil hombres pastusos estoy por decir que equivalen a tres mil de cualquier otra parte». En 1819, La Calzada afirmaba contar con una división de 2000 efectivos: «Tengo ya bastante adelantada mi división: su fuerza total ascenderá a dos mil hombres poco más o menos: mil trescientos con fusiles, ciento cincuenta de caballería, y las demás gentes sin armas, (...)». El historiador liberal colombiano José Manuel Restrepo repetidamente da la misma cifra. Según él, La Calzada tenía dos mil hombres, de los que 1700 eran infantes, incluyendo un batallón de pastusos y guerrillas patianas, aunque podía poner en armas a tres mil. Estos dos mil equivalían a la mitad de las fuerzas que originalmente tenía bajo su mando, el resto eran pastusos que desertaron y volvieron a sus hogares. El historiador español Julio Albi de la Cuesta menciona que La Calzada mandaba una división de 3000 hombres organizado en el batallón Aragón (700 veteranos y 200 reclutas), el miliciano de Pasto (1000 locales) y el resto una caballería improvisada, un puñado de artilleros sirviendo 4 cañones, una columna de cazadores y un contingente del batallón Los Andes enviado desde Quito. Además, a inicios de 1820, un informe realista realizado por un espía que actuaba en Maracaibo instruye la existencia de rumores de que «se decía que Bolíbar estaba en el Sur atacando al Coronel Calzada y que este Gefe nuestro se había retirado a Pasto reuniendo ya hasta ocho mil hombres [sic]». Por último, Tomás Cipriano de Mosquera, militar y estadista colombiano, afirmaba que a finales de 1819 los realistas tenían 1200 soldados de la 3.ª división y los batallones Aragón y Cazadores al sur de Popayán y 4000 del batallón Los Andes y la artillería en Quito, un batallón y una brigada de artillería en Guayaquil, y el regimiento Dragones de Granada y un batallón de milicias en Pasto.
Posteriormente, en los días previos a Bomboná, el secretario general del Libertador, coronel José Gabriel Pérez, comunicaba los problemas de la expedición: «Calculada, pues, nuestra fuerza y la del enemigo, es aquella muy superior. Las tropas regladas de Quito, las fuerzas de Pasto y Patía, y el refuerzo del General Mourgeon, deben por lo ménos ascender á más de 4.000 hombres; miéntras que S. E. apénas podrá marchar de Popayan con 3.000, y llegar á Pasto con un tercio ménos [sic]». El historiador chileno Francisco Rivas Vicuña da una cifra mucho más moderada, unos 2000 fusileros con 2 cañones en la batalla, de una guarnición de la región de 2250. Restrepo reduce aún más el número, 600 plazas del 1.º batallón del regimiento Cataluña, 400 de un batallón del regimiento Aragón y 800 milicianos pastusos. Luis Mora apoya las cifras de los batallones Cataluña y Aragón, pero eleva el número de pastusos organizados en batallones a 1000. Los españoles Ascensión Martínez Riaza y Alfredo Moreno Cebrián afirman «mientras los realistas, uniendo las compañías de los regimientos de Aragón y Cataluña y las milicias de pasto no superan los 1.500». El español Salvador de Madariaga afirmaba: «Obando dijo que los españoles contaban lo menos con tres mil infantes bien armados y 1.000 jinetes. Bolívar lo cuenta, y o él u Obando exageran de un modo extravagante. Hasta el informe oficial de la batalla de Bomboná, escrito desde luego para presentarla del modo más favorable a Bolívar, no da a García más 2.000 hombres; y otros cálculos más fehacientes estiman la fuerza realista en 1.200». El historiador y militar colombiano José Roberto Ibáñez Sánchez cree que el ejército realista no debió tener mucho más de mil hombres en la batalla.