El Islam clásico o Islam medieval es el periodo de la historia del Islam que comienza en la Arabia preislámica y termina en el , en que, por un lado se produce el fin del Reino de Granada (último reino musulmán de al-Ándalus, 1492), y por otro comienza la expansión del Imperio otomano (toma de Constantinopla, 1453). Durante esos nueve siglos las tribus árabes, con Mahoma a la cabeza, llevaron a cabo a partir del (primero de la Hégira) un extraordinaria expansión a la vez migratoria, cultural y religiosa y de conquista militar.

Arabia preislámica

Los árabes que habitaban la península arábiga no formaban una nación ni un Estado. Formaban diversas tribus dispersas e independientes (unas eran nómadas y otras sedentarias) y en continuas luchas. Estas tribus no reconocían un poder que fuera común a todas ellas.

Las tribus nómadas del desierto, los beduinos, constituían un grupo social de unos 3000 miembros; dicho grupo estaba a su vez dividido en familias pero unido por la herencia de sangre, que se transmitía por vía paterna. La relación entre las distintas tribus fue siempre difícil e inestable. Las características de estas tribus de beduinos eran, además de la unión de la sangre, el sentido de la hospitalidad, el tener siempre presente el honor y el valor guerreros, y el aprecio a la poesía y a la elocuencia, facultades que sirvieron como instrumentos en la memoria colectiva del pueblo árabe.

Las tribus sedentarias vivían en el Yemen, al suroeste, y en los principados del norte (en realidad en estos principados las tribus eran seminómadas) que se relacionaban con Persia y Bizancio. El Yemen servía de enlace entre las rutas marítimas y las rutas de caravanas. Dichas tribus, después de tiempos de esplendor desaparecieron como entidades independientes ante la supremacía y presión de los persas en el primer tercio del .

Por otra parte, la ciudad de La Meca (مكة), así como las ciudades del desierto centro-occidental, en esa misma época, prosperaron en gran manera a la sombra de las rutas caravaneras. Las tribus se fueron haciendo sedentarias y los mercaderes formaron una nueva entidad social acumulando riquezas y olvidando un tanto los viejos valores nómadas.

En cuanto a la religión, los árabes preislámicos no eran monoteístas, veneraban piedras, árboles, astros, demonios y ciertos dioses o ídolos que eran honrados en La Meca. Eran más religiosos los beduinos que el resto de la población.

Mahoma

Tal era el escenario y la situación en la península arábiga a principios del , cuando entró en escena Mahoma (Muhammad, محمد ) y en el año 610 empezó a predicar una religión nueva y monoteísta: el islam. Los árabes eran escépticos y positivistas y al principio se burlaron de él y hasta le persiguieron. Pero con energía y constancia más la fuerza de las armas con que intervinieron sus partidarios, Mahoma impuso su doctrina y su poder. Los árabes se dejaron arrastrar al principio sobre todo, más que por la religión, por su espíritu guerrero y conquistador, cualidades éstas que supieron desarrollar igualmente sus sucesores.

Con la ayuda de Mahoma, su nueva religión y su espíritu de expansión, las tribus árabes llegaron a tener una cierta unidad política con un jefe común. Aunque no fue nunca una cohesión fuerte y sólida, pues mantuvieron a lo largo de la Historia y en todo el territorio del islam continuas guerras tribales, apareciendo diversos partidos y diferencias en las ideas y preceptos religiosos. La historia interna del imperio musulmán muestra continuamente una natural independencia y el recuerdo del odio entre tribus. Esta lucha constante a través de los siglos culminó con la disgregación de los Estados musulmanes y permitió la posterior dominación de las principales potencias coloniales occidentales Imperio británico, Colonialismo francés y expansionismo estadounidense.

Muy importante y definitivo para las futuras conquistas fue el aporte humano de los beduinos. Su fuerza, su agresividad, sus tácticas de combate fueron en gran medida eficaces para el triunfo del islam sobre los grandes imperios sedentarios de sus vecinos. A lo largo de la historia del mundo islámico se va a repetir continuamente este aporte humano de nuevos nómadas que seguirán los patrones sedentarios pero que llevarán siempre el recuerdo de sus orígenes, mitificando la figura del beduino como la perfección primitiva.

Las tribus árabes unidas bajo el mandato de Mahoma y sus sucesores llevaron el islam y conquistaron en pocos años (del 697 al 708) casi toda el Asia Menor, Egipto y norte de África. Los pueblos dominados y que aceptaron la nueva religión son conocidos con los nombres de musulmanes (que viene de la voz del árabe clásico muslim de raíz trilítera SLM de la misma familia que islam), mahometanos (de Mahoma) y sarracenos (del arameo rabínico sarq-iy-in, habitantes del desierto; sraq es desierto). Entre todos ellos, el principal era el pueblo árabe, pero no el único. Estas denominaciones no son sinónimo de árabe.

La expansión

A partir del regreso de Mahoma, la ciudad de La Meca había quedado transformada en el centro de piedad del mundo islámico. Mahoma y sus seguidores empezaron entonces su expansión por toda la península arábiga hasta llegar al sur de Siria. En el año 632 murió el profeta y los nuevos jefes tomaron el título de califa, que significa "sucesor".

El primer califa (632-634) "Jalifa,خليفة" fue el suegro de Mahoma, Abu Bakr As-Sidiq, ابو بكر الصديق. Le sucedieron los califas Omar Ben Jatab عمر بن الخطاب, Otmán y Alí Ben Abu Talib, علي بن أبي طالب. A su muerte (fue asesinado) se desencadena la primera guerra civil.

La historiografía clásica considera que la expansión fuera de Arabia fue resultado de una rápida expansión militar, dándola por finalizada a mediados del , y han comparado esta expansión con las campañas de Alejandro Magno. Hay una visión excéntrica del proceso (divulgada en los años 1970 y original de Ignacio Olagüe Videla La Revolución islámica en Occidente, 1966-1969), según la cual se niega que se hubiera producido una invasión (que entiende imposible debido a la escasa población árabe y la pobreza de sus medios logísticos, que no le permitirían realizar grandes operaciones militares, ya sea a través del mar o del desierto, y, aún menos, derrotar a tantos pueblos en tan poco tiempo) sino un "un clima revolucionario que permitió el brote de nuevos conceptos".

En la segunda mitad del tienen lugar más conquistas y la expansión llega a sus límites de fronteras estables que perdurarán así durante siglos. Es el dominio de las dinastías de los omeyas y los abasidas. Por occidente llegaron hasta Hispania y por oriente hasta China e India.

La conquista y expansión fue un fenómeno sorprendente realizado en relativamente poco tiempo y con aparente facilidad. Se dieron esas circunstancias por varios motivos, unos aportados por los propios árabes y otros por el enemigo común a todos ellos.

Los árabes musulmanes contaban en su provecho con una firme convicción religiosa, una cohesión guerrera heredada del mundo tribal de que procedían, una fuerza suficiente para poder vencer, una tendencia especial a saberse mover y controlar las rutas y además, una gran habilidad para pactar con el enemigo. Los puntos fortificados se iban rindiendo no solo por el empuje de las armas sino por la oferta de capitulaciones benignas que aseguraban el respeto a la situación personal, jurídica, religiosa y administrativa de los cristianos, judíos y mazdeos, quienes inmediatamente pasaban a ser protegidos (dimmíes).

Por otra parte, los invadidos ofrecían sus particulares circunstancias por las cuales la invasión pudo ser menos ardua de lo normal:

Existía un agotamiento bélico y económico de los emperadores bizantinos y persas, pues habían mantenido guerras feroces entre ellos. Como consecuencia de esas guerras, Siria (سورية), Palestina (فلسطين) y Mesopotamia se encontraban muy empobrecidas. A esto hay que añadir la peste que hubo en Siria en los años 614, 628 y 638. En Bizancio hubo además enfrentamientos religiosos entre los monofisitas y los judíos. Ni Persia ni Bizancio contaban con tropas suficientes para defender las fronteras ni los puntos por donde se movían sus conquistadores.

Con esta situación de los pueblos invadidos, la expansión pudo llevarse a cabo, aunque se dieron grandes batallas y enfrentamientos. A lo largo de la primera mitad del se fueron estableciendo las siguientes conquistas:

En el año 634, los árabes vencieron al emperador de Bizancio Heraclio en Adinadeyn.

En el 636 vencieron así mismo en Yarmuk, (al este de la actual Turquía). Las crónicas cuentan de esta batalla que los árabes formaban un ejército de 25 000 hombres mientras que los bizantinos eran 50 000.

En el 636, capituló Damasco (Siria).

En el 638 capituló Jerusalén (al-Qods, القدس).

En el 642 capituló Alejandría (África). El general Amr ibn al-As terminó de esta manera la conquista de Egipto.

En el 643, los árabes entraron en Trípoli (actual Libia, en la costa mediterránea).

En el 647 hubo un primer ataque contra Cartago. Poco después fueron conquistando Chipre y Rodas (islas del Mediterráneo), además entraron en Armenia (en el Oriente Próximo), que resistió sólo parcialmente.

El ejército que se ocupaba del frente de Mesopotamia consiguió las victorias de Kindisiyah (en la costa del Mediterráneo), el Éufrates y Ctesifonte (a orillas del Tigris, en el actual Irak), todo ello entre los años 635 y 639. Con estas victorias quedó concluido el dominio de Mesopotamia.

En el año 642 se da la batalla de Nihavand y llegan hasta la frontera noroeste, donde murió (en el 651) Yazdgar III, el último emperador persa, con lo que queda terminada la conquista de Persia (actual Irán). Gradualmente fueron sustituyendo el zoroastrismo por el islam, e incorporaron Persia al califato.

Bajo el mandato del tercer califa, Utmán, llegaron hasta el desierto de Cirenaica (actual Libia) por el oeste, a las cadenas montañosas de Taurus y Cáucaso por el norte y hasta Asia Central.

Política y sociedad

Uno de los mayores aciertos de los árabes para conseguir tan vasta conquista y expansión, fue su aplicación del régimen administrativo y fiscal, que siguió siendo el mismo que ya tenían los pueblos invadidos; no cambiaron nada y así tuvieron a la mayoría de los aristócratas locales como colaboradores. Además aplicaron un sistema de impuestos que sustituyó la antigua costumbre del botín de guerra, consiguiendo así menos odios y más adeptos a su causa En estas primeras conquistas no hubo mucha presión para imponer el islam, de manera que no hubo muchos conversos.

Pluralidad religiosa En los territorios dominados por los musulmanes, estos convivieron con cristianos y judíos. La pluralidad religiosa condicionó la estructura social que estuvo compuesta por tres grupos fundamentales: árabes originarios, conversos al islam (muladíes o neomusulmanes) y poblaciones protegidas.

Los árabes formaban una casta privilegiada. Ocupaban los mando del ejército y recibían rentas procedentes del botín de las conquistas. Los muladíes o neomusulmanes eran la población originaria de los territorios conquistados que, bien en los primeros momentos, bien con el tiempo, se convirtió al islam. Procuraban arabizarse (incorporar la lengua y cultura árabes, y con el paso de las generaciones, identificarse como árabes). Esto traía ventajas sociales y económicas, como era eludir el doble impuesto que debían pagar los no musulmanes: uno, por la cantidad de tierras poseídas; otro, dependiendo del número de habitantes. Los musulmanes estaban sólo obligados al pago de una limosna legal o zakat (azaque).