thumb|300px|Alma llevada al cielo por dos ángeles. Representación de la tradición cristiana.
El término alma o ánima (del latín ) se refiere a una entidad inmaterial que, según las afirmaciones y creencias de diferentes tradiciones y perspectivas filosóficas y teológicas, poseen los seres vivos. La descripción de sus propiedades y características varía según cada una de esas tradiciones y perspectivas.
Etimológicamente, la palabra anima se usaba en latín para designar el principio por el cual los seres animados son semovientes, esto es, están dotados de movimiento propio y por tanto poseen vida. En ese sentido originario, tanto las plantas como los animales en general, el Sol, la Luna, los planetas conocidos, el viento, el fuego, el agua estarían dotados de alma (animismo) en proporciones distintas, por lo que algunos serían mortales (perderían su vida poco a poco) y otros no. Los avances en la fisiología, neurociencias y neurología permitieron reconocer que los seres animados obedecen al mismo tipo de principios físicos que los objetos inanimados, al mismo tiempo que pueden desarrollar actividades diferentes de estos, como la nutrición, el crecimiento y la reproducción.
Concepto a través de la Historia El término alma se puede aplicar, según las más antiguas interpretaciones, a los seres vivos en general (plantas y animales) como su principio constitutivo. Según algunas interpretaciones, como la de Aristóteles, el alma incorporaría el principio vital o esencia interna de cada uno de esos seres vivos, gracias a la cual estos tienen una determinada identidad, no explicable a partir de la realidad material de sus partes.
El término también se usa en una acepción más particular si se refiere a los seres humanos; en este segundo caso, según muchas tradiciones religiosas y filosóficas, el alma sería el componente espiritual de los seres humanos.
En el transcurso de la historia, el concepto del alma ha pasado por diversos intentos de explicación: desde el dualismo del idealismo filosófico y de la gnosis a la interpretación existencialista de un todo con dos aspectos específicos que son lo material y lo inmaterial.
Para la religión cristiana, el hombre consta de tres partes que son: cuerpo (lo físico), alma (lo relacionado con lo emocional) y espíritu (lo relacionado con lo espiritual). De acuerdo con la tradición cristiana, el alma es uno de los aspectos del ser humano que lo unifica como individuo y lo "lanza" a actividades que van más allá de lo material. Gracias al alma, el ser humano tiene instintos, sentimientos, emociones, pensamientos y decisiones libres, y puede volver sobre sí mismo (autoconciencia).
Aunque no es muy frecuente, el término "alma" también puede utilizarse referido a cualquier ser humano como un todo, obviando el significado religioso o filosófico, como en las expresiones «no hay ni un alma» o «ciudad de 40000 almas».
El alma en la filosofía occidental Filosofía griega Platón consideraba el alma como la dimensión más importante del ser humano. A veces habla de ella como si estuviese encarcelada en un cuerpo, si bien tal idea la toma prestada del orfismo.
Según el Timeo, el alma estaba compuesta de lo idéntico y lo diverso, sustancia que el demiurgo usó para crear el alma cósmica y los demás astros; además, los dioses inferiores crearon dos almas mortales: la pasional, que reside en el tórax, y la apetitiva, que reside en el abdomen. Por encima de las dos estaría el alma racional, que encontraría su lugar en la cabeza. Algo parecido se narra en el Fedro, donde se expone el mito de los caballos alados: el auriga es el alma racional, el caballo blanco representa la parte pasional y el negro la parte de los apetitos (siempre rebelde). La tarea del auriga es mantener el caballo negro al mismo galope que el blanco. En el Fedón, el alma es vista como una sustancia que busca desligarse de los límites y conflictos que surgen desde su unión con el cuerpo, y que podrá vivir de modo pleno tras el momento de la muerte; este diálogo ofrece diversos argumentos que buscan probar la inmortalidad del alma.
Aristóteles definió la psyche como "forma específica de un cuerpo natural que en potencia tiene vida" (De Anima, 412a, 20). También la entiende como "la esencia de tal tipo de cuerpo" (412b, 10-12). La forma o esencia es lo que hace que un ente sea lo que es. Por esto entendemos que el alma es lo que define a un cuerpo natural. Por ejemplo, si el oído fuera un animal, su alma sería el escuchar y su materia el propio órgano del oído. Un oído que no tuviera la función de oír sería un oído solo de palabra. En este caso, el alma configura la materia en un cuerpo natural organizado.
Así se forma una unidad sustancial (compuesta de materia y forma). Alma y cuerpo no son separables en el viviente.
El alma es definida también por el Estagirita como "la entelequia primera de un cuerpo natural que en potencia tiene vida" (412a, 26). Con ello indica que el alma es entelequia o acto primero del cuerpo vivo y alma y cuerpo están unidos simultáneamente. Pero al ser el alma el acto, puede decirse que esta tiene prioridad sobre el cuerpo. Es primera no en tiempo, pero sí en importancia. Es la primera acción de donde surgen las facultades y potencias del viviente.
Aristóteles señala, finalmente, que podrían darse operaciones del alma que no dependieran de cuerpo alguno.
La visión dualista que se desprende del platonismo distorsiona la realidad y las consecuencias llegan a un desprecio de las realidades físicas, del cuerpo humano y de la sexualidad, entre otras cosas. Se imagina el alma como algo independiente, parte de lo divino y de lo bueno, como una hoja blanca metida en un pobre sobre material del cual urge liberarse. Sin embargo, el monismo aristotélico permite entender al ser humano como una unidad conformada de cuerpo y alma, dando el justo valor al cuerpo al no entenderlo como la prisión del alma (como hacía Platón), sino como parte esencial de lo que es el hombre.
Tomás de Aquino Con Tomás de Aquino, la reflexión antropológica (explicación de qué es el ser humano) toma un giro más realista. Basándose en Aristóteles más que en Platón, Tomás de Aquino habla de principios, ya no de realidades opuestas. Para Aristóteles, todos los seres del mundo físico tienen materia (que es pura indeterminación) y una forma sustancial (que es el principio determinativo). Estas dos realidades son inseparables, de modo que no tienen existencia independiente. Diríamos que se trata de dos "aspectos" de la misma realidad. Tomás de Aquino describe al ser humano como material por una parte (su cuerpo) y no material por otra (su alma espiritual). El ser humano está inmerso en lo material y obedece a sus leyes básicas de espacio y tiempo. A la vez, muestra que no es material del todo pudiendo ir más allá del espacio y del tiempo con su razón: planificar el futuro o disponer los arreglos sobre un espacio existente en su vida diaria.
Ejemplo: puedo elaborar una agenda para mañana y conceptuar cómo va a ser el comedor de la casa sin necesidad de estar presente en aquel comedor.
Alma y cuerpo llegan a ser co-principios en la explicación de cómo es el ser humano. El ser humano es plenamente corporal pero tiene algo propio que le permite ir más allá de lo corporal: su alma espiritual. Sin embargo, es el alma la que tiene el ser en primer lugar, mientras el cuerpo existe en cuanto unido al alma.Cf. Suma de teología, I parte, questiones 75-75
El pensamiento occidental posterior El pensamiento occidental recayó en el dualismo entre cuerpo y alma:
Descartes define alma como cosa pensante opuesta a cosa "extensa" (res cogitans versus res extensa). Baruch Spinoza habla del alma como atributo y modo de la substancia divina. Leibniz la llama mónada cerrada en sí misma. Theodor Lessing, como aspiración infinita. Kant la califica de imposibilidad de aprender lo absoluto. Fichte, como saber y acción. Hegel dice que el alma es el autodesarrollo de la idea. Friedrich Schelling la define como potencia mística. Nietzsche, invención y ente imaginario del común de la gente, que ayuda a fortalecer las creencias de la existencia de un dios o, más específicamente, de "Dios". Freud, como diferencia entre el "yo" y el "super-yo". Jaspers la define como "existencialidad". Ernst Bloch, como realización originaria del futuro.
En la tradición judeocristiana De acuerdo con la tradición religiosa judeocristiana, el alma (heb. נפש, néfesch; gr. ψυχή, psykhḗ) es la principal cualidad identificatoria del movimiento en la materia viviente, haciendo de ella un no-moviente (inerte) a un se-moviente, independiente del desplazamiento ajeno. Según los registros bíblicos, en el Génesis dice:
El término aparece también en la visión antropológica de numerosos grupos culturales y religiosos. En la era moderna, el término "alma" se usa con más frecuencia en contextos religiosos.
El alma en la teología cristiana La teología cristiana, principalmente la teología protestante alemana, se inspira en el Idealismo (corriente basada en las ideas) y llega a concebir el alma como únicamente "subjetividad". Este mismo Idealismo influye a través de Descartes el pensamiento de algunas corrientes católicas. En efecto, Descartes, al afirmar "pienso, luego existo", encierra la reflexión filosófica en el mundo de las ideas. Es considerado el padre del idealismo.
Los filósofos citados en el párrafo anterior son, en su mayoría, filósofos "idealistas".
El realismo filosófico dio nacimiento tanto al empirismo y al marxismo como a la filosofía existencialista (existencialismo) y el existencialismo cristiano (Gabriel Marcel, personalismo de Mounier).
En la Biblia En la Biblia, el vocablo alma se da como traducción de la palabra hebrea (ne'•phesch [נפׁש]) y la palabra griega (psy•khe'). El uso que da la Biblia a este vocablo es imposible trazar líneas rígidas y rápidas en el uso de esta palabra polivalente.
La ruaj, que es 'viento', 'espíritu' en hebreo, en relación con la antropología es el 'hálito [de vida]', aliento de la divinidad misma: cuando Yahveh inspiró sobre el hombre su soplo de vida (Génesis 2:7), este se convirtió en ser viviente. El hombre vive mientras Yahveh no retira su ruaj (Job 27,3). El término marca fuertemente la relación entre criatura y creador, la dependencia absoluta de ella hacia Él. La Ruaj recibe otros sentidos en la Biblia según los contextos.