thumb|200px|Imagen estereotipada de un fantasma como si llevara una sábana blanca, producida con doble exposición, año 1899.
En el folclore, un fantasma (del griego φάντασμα, "aparición") es el alma errante o espíritu de una persona muerta o un animal no humano que, según algunas personas, se manifiestan entre los vivos de forma perceptible (por ejemplo; visual, a través de sonidos, aromas o desplazando objetos —poltergeist—) y con los cuales a veces presentan un vínculo emocional, como que ellos los conocían en vida o personas cercanas suyas. En el folclore de muchas culturas, las descripciones de los fantasmas varían ampliamente, desde una presencia invisible hasta formas tenues translúcidas o apenas visibles o formas realistas y reales. El intento deliberado de contactar con el espíritu de una persona fallecida se conoce como nigromancia o, en el espiritismo, como una sesión espiritista. Otros términos asociados con él son aparición, embrujo, fantasma, poltergeist, sombra, espectro, espíritu, demonio y necrófago. Algunos ejemplos son: los Hantu, del Sudeste de Asia, los Obake, de Japón y las Banshee, de Irlanda.
La creencia en la existencia de una vida después de la muerte, así como en las manifestaciones de los espíritus de los muertos, está muy extendida y se remonta al animismo o culto a los ancestros en las culturas prealfabetizadas. Ciertas prácticas religiosas (ritos funerarios, exorcismos y algunas prácticas de espiritismo y magia ritual) están diseñadas específicamente para dar descanso a los espíritus de los muertos. Los fantasmas se describen generalmente como esencias solitarias, parecidas a los humanos, aunque también se han contado historias de ejércitos fantasmales y fantasmas de animales distintos de los humanos.Hole, pp. 150–163 Se cree que rondan lugares encantados, objetos o personas particulares con los que estuvieron asociados en vida. Según un estudio de 2009 del Pew Research Center, el 18% de los estadounidenses dicen haber visto un fantasma.
El consenso abrumador de la ciencia es que no hay pruebas de que existan fantasmas.Bunge, Mario. Philosophy of Science: From Problem to Theory . Transaction Publishers; 1998. . p. 178–. Su existencia es imposible de falsabilizar (es decir, demostrar que no existen) y la caza de fantasmas ha sido clasificada como pseudociencia. A pesar de siglos de investigación, no hay evidencia científica de que algún lugar esté habitado por los espíritus de los muertos. Históricamente, se ha demostrado que ciertas plantas tóxicas y psicoactivas (como la datura y Hyoscyamus niger), cuyo uso se ha asociado durante mucho tiempo con la nigromancia y el inframundo, contienen compuestos anticolinérgicos que están farmacológicamente vinculados a la demencia (específicamente DLC), así como patrones histológicos de neurodegeneración. Investigaciones recientes han indicado que los avistamientos de fantasmas pueden estar relacionados con enfermedades cerebrales degenerativas como la enfermedad de Alzheimer.A case of progressive posterior cortical atrophy (PCA) with vivid hallucination: are some ghost tales vivid hallucinations in normal people? Furuya et al. Los medicamentos recetados y de venta libre comunes (como los somníferos) también pueden, en casos raros, causar alucinaciones fantasmales, en particular el zolpidem y la difenhidramina. Informes más antiguos vinculaban el envenenamiento por monóxido de carbono con alucinaciones fantasmales.
Mitología thumb|izq|200px|Impresión de un antiguo sello cilíndrico sumerio que muestra al dios Tammuz siendo torturado en el inframundo por demonios gallu. thumb|right|200px|Glifo del antiguo egipto Akh: El alma y el espíritu se reúnen después de la muerte.
La creencia en fantasmas que se presentan como aparecidos (muertos que vuelven a aparecer para encomendar alguna misión) o revenants (lo mismo, en francés), espectros, ánimas del Purgatorio, almas en pena, o errantes, es muy propia de la naturaleza humana, tanto que tiene visos de ser o constituir un ente antropológico abstracto que pervive, como otros tipos de superstición, a través de numerosos factoides concretos.
Ha generado y genera una amplia literatura (novela gótica o de terror), inspira la cinematografía y el teatro y ha creado innumerables leyendas y mitos; la ciencia considera creer en fantasmas un tipo de superstición muy asentado en la psicología del ser humano, porque se alimenta de la necesidad de vida eterna, como la religión, y sublima una muerte inaceptable y aborrecible por medio del acto apotropaico de creer que la conciencia pervive más allá del fin de la misma, de forma que la fantasmogénesis resulta ser un fenómeno o concepto antropológicamente paralelo a la hierofanía.
thumb|200px|Pintura del espectro de Okiku por Yoshitoshi Tsukioka. La historia de fantasmas Banchō Sarayashiki es una de las más famosas del folclore Edo japonés.
Estudios recientes indican que muchos occidentales creen en fantasmas; en sociedades donde la religión tiene mucho predicamento, como los Estados Unidos, una encuesta demostró que el 32% de sus habitantes cree en fantasmas y en la vida después de la muerte o más allá, siempre en forma paralela a la religión o de forma menos regulada por un sistema escatológico como han hecho las religiones más frecuentes, que se aprovechan de este meme antropológico para crear estructuras económico-culturales de creencias.
Desde antiguo la mitología, la religión y otras manifestaciones de folklore o literatura han creído, o pretendido creer, en la existencia de entidades sobrenaturales, manifestaciones vitales o númenes más o menos inmateriales de varios tipos, siendo generalmente los siguientes:
Abstractos, más o menos alegóricos. Naturales o no humanos: inanimados sin movimiento o cosas, e inanimados con movimiento o semovientes, como el aire, el agua, el fuego, las plantas, los astros. Naturales animados: animales o animalizados. Antropomórficos. De origen Humano.
Desde el más primitivo animismo, que otorga vida a todo lo semoviente o dotado de movimiento y evolución, así como a las fuerzas de la naturaleza (el aire, el agua, el fuego, la vegetación, los astros), muchas de estas categorías pueden asociarse, formar criaturas mixtas y recibir diferentes denominación o nombres. Sin embargo, estrictamente un fantasma vendría a ser una entidad espiritual entre el cuarto y quinto tipo por su origen humano, bien diferenciada de otras creencias tales como duendes, diaños, demonios, yōkai, genios, elfos, silfos, hadas y longaevi, restos de religiones desaparecidas a los que Heinrich Heine llamaba "dioses en el exilio".
Para la mentalidad moderna, que ha desvitalizado el cosmos transformándolo en una cosa o un mecanicismo muerto y absorbiendo toda su vida en el yo y el antropocentrismo desde el Renacimiento, es más fácil creer por eso en fantasmas que en esos otros tipos de criaturas, cuyo predicamento estaba más extendido por el mundo politeísta antiguo y la Edad Media. El pensamiento prelógico y primitivo no distingue niveles entre lo real y lo imaginario, se rebela contra la idea inaceptable y abstracta de la muerte y considera que lo aparecido en sueños es indistinto y posee existencia real, justificando sus temores y concretándolos desde el mundo onírico o del sueño e identificando la imagen de un ser desaparecido por la muerte que aparece en este con un ser real no afectado por la conclusión, la desaparición y la muerte. Se cree así en otros grados de existencia, menos patentes pero considerados reales; es más, se calma así la inquietud existencial que provocan los sentimientos de culpa, de finitud y de muerte...
Creencias a través de la historia thumb|right|200px|Relieve de un lecito funerario tallado en Atenas que muestra a Hermes como psicopompo conduciendo el alma de la difunta, Mirrina, al Hades (c. 430–420 a. C.) thumb|right|200px|Un grabado del fantasma de Hammersmith aparece en Roger Kirby's Wonderful and Scientific Museum, una revista publicada en 1804. El "fantasma" resultó ser un viejo zapatero local que usó una sábana blanca para vengarse de su aprendiz por asustar a sus hijos.
Una vez que se cree en la existencia de un ente o numen disociado que habita dentro del cuerpo humano, es fácil concebir su existencia separada y autónoma fuera de él como un espíritu, alma, ánima, atman; o en forma de entes espirituales tales como hitodamas, bhutas, pretas..., etc.
Para los pueblos primitivos los fantasmas tenían una vida infinitesimal y miserable, con energía espiritual (prana, pneuma, qì, etc) normalmente insuficiente para animar y mover un cuerpo, hacer latir su corazón y darle aliento o respiración; pero con cierta vida al fin y al cabo, ya que tenían bastante o la suficiente fuerza para manifestarse en los sueños para atormentar o avisar a los vivos o como sombras y apenas necesitaban alimento (en las culturas antiguas con culto a los manes y antepasados había un día anual designado para alimentarlos con ofrendas de alimentos o sacrificios, que los cristianos han sustituido por flores en el Día de difuntos o de Todos los Santos). Así se calmaba a los antepasados y se aseguraba su benéfica influencia. La creencia en fantasmas se testimonia desde los primeros textos escritos sumerios y egipcios: el fantasma de Enkidú se apareció a Gilgamesh en la llamada Epopeya de Gilgamesh.
También se encuentra extendida en las epopeyas de otras civilizaciones de muy distinto desarrollo cultural. La Odisea del griego Homero y la Eneida del latino Virgilio acogen viajes de ultratumba, las llamadas nekyias. Los romanos ponían un puñado de tierra sobre el cadáver porque si no el alma erraría por toda la eternidad en la ribera de la Estigia, y era preciso poner una moneda en la boca para pagar al barquero o el alma no tendría descanso. Por eso aterraba a los romanos navegar por el mar, ya que los náufragos no recibirían honras funerarias, y los marineros solían tener un pendiente de oro para pagar su funeral en caso de que su cuerpo ahogado arribara a la playa. A los suicidas romanos se los enterraba con la mano cortada y separada del cuerpo, con el fin de desarmar a su espíritu, que hipotéticamente atormentaría a los vivos. Los fantasmas buenos para los romanos eran los manes o espíritus de los antepasados; los malvados eran las larvae, almas de hombres malvados que vagan errantes por las noche y atormentan a los vivos. Plutarco, en el , describe unos baños encantados en su Queronea natal donde aparecía el fantasma de un hombre asesinado.
Otro celebrado fantasma fue descrito en una de las epístolas del historiador romano Plinio el Joven (VII, 27, 5-11), quien describe una casa encantada en Atenas donde aparecía un espectro que arrastraba cadenas; los sucesos cesaron cuando el filósofo Atenodoro Cananita alquiló la casa y fue guiado por el fantasma hasta un esqueleto enterrado y fue vuelto a sepultar con las debidas ceremonias. El texto está dirigido a un tal Licinio Sura:
La falta de ocupaciones a mí me brinda la oportunidad de aprender y a ti la de enseñarme. De esta forma, me gustaría muchísimo saber si crees que los fantasmas existen y tienen forma propia, así como algún tipo de voluntad, o, al contrario, son sombras vacías e irreales que toman imagen por efecto de nuestro propio miedo...Texto original: Et mihi discendi et tibi docendi facultatem otium praebet. igitur perquam velim scire, esse phantasmata et habere propriam figuram numenque aliquod putes an inania et vana ex metu nostro imaginem accipere... (Plin. Ep. VII, 27, 1)