El golpe de Estado de julio, también conocido simplemente como golpe de julio fue un fallido golpe de Estado perpetrado por el Nacionalsocialismo austríaco el 25 de julio de 1934. Aunque los confabulados lograron tomar la sede del gobierno y asesinar al canciller Engelbert Dollfuss, quedaron rodeados y, faltos de apoyo externo, tuvieron que claudicar. La rebelión se extendió al resto del país en los días siguientes, pero fue aplastada por las fuerzas gubernamentales. Como consecuencia del fracaso, el movimiento nacionalsocialista austriaco quedó temporalmente muy debilitado.
Los primeros planes contra Dollfuss habían surgido a comienzos del verano de 1933, cuando el canciller austriaco había prohibido el partido nazi, pero no habían fructificado. La crisis del nacionalsocialismo austriaco, perseguido cada vez con más rigor por el Gobierno, desalentado por la falta de acceso al poder, desunido y plagado de extremistas que clamaban acción contra Dollfuss condujo a la organización del golpe de julio de 1934. Lo que debía haber sido un amplio alzamiento nacional con apoyo militar que derrocase al Gobierno Dollfuss e implantase otro que solicitase la intervención alemana fue en realidad un golpe de mano mal organizado protagonizado por ciento cincuenta y cuatro nacionalsocialistas que quedaron aislados pronto en la capital austriaca.
Los conjurados aprovecharon el cambio de la guardia de la cancillería para penetrar en el recinto a las 12:53 del 25 de julio. Uno de ellos, el exsargento Otto Planetta, disparó dos tiros contra el canciller cuando este trataba de huir del edificio. Dollfuss murió desangrado dos horas y media más tarde. Al mismo tiempo que ocupaban la cancillería, los rebeldes tomaban también la emisora de radio RAVAG. Siguiendo el plan previsto, desde allí anunciaron la dimisión de Dollfuss y la formación de un nuevo gabinete presidido por Anton Rintelen. El anuncio debía haber desencadenado un levantamiento nacional en favor del nuevo Gobierno, pero este no se produjo. Por otra parte, el grupo que había marchado a capturar al presidente de la república, Wilhelm Miklas, en su retiro veraniego fracasó en esta tarea.
El Gobierno y la jefatura militar se reunieron en el Ministerio de Defensa. Miklas, que rechazó todo pacto con los rebeldes, nombró al ministro Kurt von Schuschnigg canciller interino y le ordenó aplastar el golpe por la fuerza. Finalmente, a las cinco y media de la tarde, Von Schuschnigg presentó un ultimátum a los rebeldes para que entregasen en un cuarto de hora la cancillería. En realidad, las negociaciones entre los rebeldes y el Gobierno se extendieron durante dos horas más. Las fuerzas gubernamentales pudieron recuperar pacíficamente el edificio alrededor de las ocho de la tarde.
Confirmado finalmente el fracaso del golpe por el embajador alemán la noche del 25, Hitler ordenó de inmediato negar toda participación alemana en el fallido proyecto. El Gobierno alemán se vio en apuros a pesar del desmentido gubernamental por el tardío estallido de rebeliones de sus partidarios en las provincias austriacas, que las fuerzas gubernamentales no lograron sofocar completamente hasta el día 28. El 26, Hitler nombró al vicecanciller Franz von Papen nuevo embajador en Viena. Este esperaba alcanzar el objetivo de anexionarse el país sin tener que recurrir de nuevo a la violencia. La tarde del día 25, cuando Mussolini, que esperaba la visita pocos días después de Dollfuss, recibió confirmación del golpe de Estado que estaba teniendo lugar en la capital austriaca, ordenó de inmediato el avance de las fuerzas italianas a la frontera austro-italiana. El fracaso del golpe de Estado permitió que la independencia austriaca se mantuviera cuatro años más, hasta la anexión alemana del país en la primavera de 1938.
Antecedentes Aunque Hitler se había reservado la gestión del conflicto con Austria, había delegado las acciones concretas en su subordinado, el landesleiter Theo Habicht. Este prometió al canciller alemán resolver la crisis mediante un alzamiento nacional apoyado por el Ejército austriaco que acabase con el gobierno de Engelbert Dollfuss. Del levantamiento debía surgir un nuevo Consejo de Ministros pangermano que solicitase la intervención de Alemania antes de que las demás potencias pudiesen reaccionar al acontecimiento. Engelbert Dollfuss, canciller austriaco y principal víctima del fallido golpe de Estado nacionalsocialista del 25 de julio de 1934. Fue asesinado en la cancillería cuando trataba de huir de los golpistas, que habían tomado el edificio.|miniatura Los primeros planes contra Dollfuss habían surgido a comienzos del verano de 1933, cuando el canciller austriaco prohibió el partido nazi, pero no fructificaron. Durante la segunda mitad de 1933, las negociaciones entre Habicht y Dollfuss hicieron que los nacionalsocialistas arrumbasen los planes de golpe contra el canciller, que se retomaron precisamente cuando estas fracasaron en enero de 1934. A principios de 1934, los dirigentes nacionalsocialistas austriacos habían formado una unidad paramilitar, el SS Standarte 89, que agrupaba a deportados nacionalsocialistas austriacos, con el fin de utilizarla contra Dollfuss. La gran mayoría de sus miembros había pertenecido al Ejército y una minoría, a diversos departamentos policiales. La proclamación de la nueva Constitución en mayo pudo haber convencido a Hitler para otorgar el beneplácito a la acción. Esta no contaba, empero, con el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, que veía con escepticismo la posibilidad de que las potencias permitiesen una solución por la fuerza de la crisis austro-germana. El ministerio confiaba, por el contrario, en lograrla mediante la presión y temía los perjuicios para Alemania de una acción violenta.
La crisis del nacionalsocialismo austriaco, perseguido cada vez con más rigor por el Gobierno, desalentado por la falta de acceso al poder, desunido —las relaciones entre los dirigentes del partido, las SA y las SS eran malas— y plagado de extremistas que clamaban acción contra Dollfuss condujo a la organización del golpe de julio. Habicht necesitaba además algún éxito en Austria para mantener su puesto en Alemania: la falta de avances del nacionalsocialismo austriaco le había privado ya del control de las unidades de las SA austriacas —dispuestas a actuar por su cuenta— y disgustaba a Hitler. Los dirigentes de las SA, por su parte, bien quedaron al margen del proyecto o bien se opusieron a él, deseando protagonizar el golpe contra Dollfuss. Las rencillas entre las distintas organizaciones nacionalsocialistas, agravadas por la noche de los cuchillos largos, llevaron a que Hermann Reschny, responsable de las SA austriacas, delatase el plan de Habicht a las autoridades austriacas el 16 de julio, confiando en poder lanzar su propia operación contra Dollfuss en septiembre. Estas, sin embargo, desoyeron la advertencia.
Planes La primera reunión de los jefes que llevaron a cabo el intento de toma del poder tuvo lugar en Zúrich el 25 de junio. Asistieron a ella Habicht, sus lugartenientes Rudolf Weydenhammer, Gustav Otto von Wächter —principal organizador de las acciones del 25 de julio— y el comandante del SS Standarte 89, Fridolin Glass —el único austriaco de los asistentes—. Otro de los principales conspiradores, el antiguo gobernador de Estiria y por entonces embajador austriaco en Roma, Anton Rintelen, no acudió. Rintelen había ofrecido sus servicios a los alemanes en la primavera a cambio de la promesa de ser nombrado canciller tras el derrocamiento de Dollfuss. Weydenhammer había sido el contacto entre Rintelen —al que había visitado en la capital italiana en más de una docena de ocasiones desde comienzos de año— y los conjurados en Alemania.
El plan de Glass consistía en secuestrar simultáneamente al presidente austriaco y al Consejo de Ministros con sus hombres, capturar la emisora de la radio nacional (RAVAG) y la central telefónica vienesa y anunciar la formación de un nuevo Gobierno presidido por Rintelen. La operación debía contar con el apoyo del Ejército austriaco, cuyas unidades quedarían sometidas a oficiales favorables a los nacionalsocialistas. Sus propios hombres debían concentrarse el día de la operación en la sede de la guarnición militar de la capital, a la que podrían acceder gracias a la colaboración de un oficial del Estado Mayor austriaco, simpatizante de la causa nacionalsocialista.
Aprobado el plan en Zúrich, Glass regresó a Austria para realizar los preparativos, en especial, para organizar el apoyo de los militares y la policía al golpe. No se había fijado fecha alguna para la acción, pero Rintelen encareció a Weydenhammer la necesidad de que se llevase a cabo antes de finales de julio; por aquellas fechas debía hallarse en Viena y después, en agosto, se esperaba que Dollfuss se reuniese con Mussolini, acontecimiento que temía pudiese desbaratar la conjura. Sin embargo, no fue tanto la insistencia de Rintelen sino el convencimiento de haber logrado un apoyo militar clave en el Ejército lo que decidió a los confabulados a lanzar la operación cuando deseaba el embajador. En efecto, el teniente coronel Sinzinger, jefe del Estado Mayor de la guarnición de la capital, prometió apoyar el golpe.
La decisión final se tomó en el piso de Habicht en Múnich el 16 de julio, en una nueva reunión a la que asistieron tanto alemanes como austriacos; entre estos últimos se contaban el jefe de las SA austriacas, un oficial enviado por Sinzinger y el que debía convertirse en gauleiter austriaco si triunfaba la conjura. En la reunión, Glass indicó que, además del respaldo de Sinzinger, contaba con otros tanto en el Ejército como en la Policía. Los reunidos decidieron entonces fijar la tarde del 24 de julio, cuando el gabinete austriaco debía reunirse antes de las vacaciones estivales, como fecha para el golpe.
Últimos preparativos del 23 de julio Weydenhammer se unió a Von Wächter en Viena la tarde del 23 de julio, para dar el último repaso al plan; el principal escollo que quedaba por salvar, el transporte para los hombres del SS Standarte 89, se solucionó al día siguiente, gracias al préstamo de un empresario de algunos camiones de su compañía. El hotel Imperial, en la Ringstraße, elegante hospedería donde se alojó durante el golpe el que debía haberse convertido en canciller si este hubiese fructificado, el embajador austriaco en Italia, Anton Rintelen. A él acudió el enviado gubernamental para que se presentase ante el Gobierno provisional y en él se escondieron temporalmente algunos de los organizadores del golpe.|miniatura Rintelen, por su parte, se hallaba también en la capital, hospedado en el elegante hotel Imperial; oficialmente, había acudido a la capital a informar al Gobierno sobre la situación en Italia antes de que este comenzase sus vacaciones de verano.
Los principales conjurados se reunieron de nuevo la noche del 23, descartaron poner en marcha el golpe la madrugada del día siguiente, lo pospusieron para la tarde, y pasaron el resto de la noche tratando de resolver algunos problemas surgidos a última hora, como la marcha inesperada del presidente Miklas a Carintia. Los conspiradores no habían contado con la posibilidad de que este comenzase tan pronto sus vacaciones, antes de que lo hiciese el Consejo de Ministros. Decidieron entonces enviar un destacamento a secuestrarlo en Velden, localidad a orillas de lago Wörthersee a donde se había trasladado.
Tras la cena, Weydenhammer y Glass marcharon en un falso taxi a Klosterneuburg a encontrarse con el teniente coronel Sinzinger y otros oficiales. Se acordó que los miembros del SS Standarte 89 se reunirían en el patio del Estado Mayor de la guarnición de la capital a partir de las cuatro de la tarde del día siguiente, y que los militares se encargarían de que las brigadas 1.ª y 2.ª, acantonadas en la capital y en la Baja Austria respectivamente, se movilizasen en apoyo del golpe.