Se llama desnutrición a un estado patológico de distintos grados de seriedad y de distintas manifestaciones clínicas, causado por una ingesta o absorción inadecuada de nutrientes, que puede llevar a una disminución de la masa corporal y también alteraciones en funciones fisiológicas.

Aunque es más prevalente en países subdesarrollados, también afecta a poblaciones vulnerables en países desarrollados, incluyendo niños, ancianos y personas con enfermedades crónicas. Tiene influencia en las condiciones sociales o psiquiátricos de los afectados.

La desnutrición y la malnutrición no son lo mismo. La malnutrición abarca tanto la desnutrición como la obesidad y el sobrepeso. La desnutrición, a su vez, se manifiesta de diferentes maneras, como desnutrición aguda, desnutrición crónica, insuficiencia ponderal y deficiencias de micronutrientes.

Según datos de 2024, se estima que 42,8 millones de niños padecen desnutrición aguda y que 150,2 millones sufren desnutrición crónica.Se estima también que la desnutrición está asociada al 18,8% de todas las muertes en menores de 5 años, siendo el segundo factor de riesgo de mortalidad en esta franja de edad a nivel mundial.

Síntomas y detección Los síntomas pueden variar de acuerdo a lo que causa la desnutrición, pero se pueden mencionar síntomas generales como fatiga, mareo y pérdida de peso. Se puede detectar mediante valoraciones nutricionales y análisis de sangre.

En los niños con desnutrición se puede observar que no crecen, están tristes, no juegan, no quieren comer, lloran con facilidad, y se enferman muy fácilmente. En medicina se puede detectar la malnutrición o la desnutrición midiendo la talla y el peso y comparando estos con tablas de crecimiento, verificando si hay un desvío de los valores normales de talla y peso para la edad dada del niño.

En 2006, la OMS difundió el nuevo Patrón de Crecimiento Infantil a nivel mundial. Se considera que los niños que siguen el desarrollo dentro de este patrón tienen un crecimiento normal para esa edad. Con este nuevo patrón se demuestra que todos los niños del mundo tienen el mismo potencial para desarrollarse y que las diferencias en el crecimiento hasta los cinco años de edad están relacionadas con una adecuada nutrición, el tipo de alimentación, la atención sanitaria y el medio ambiente, independientemente de los genes o región del planeta a la que pertenece el niño.

Una revisión sistemática a nivel mundial publicada en enero de 2016 en The Lancet Diabetes & Endocrinology por Scherdel et al., concluye que actualmente las prácticas que se llevan a cabo para controlar el ritmo de crecimiento de los niños en la mayor parte de los países se basan en datos insuficientes, utilizando métodos subóptimos, lo que conduce a la existencia de retrasos diagnósticos en casos de trastornos de salud importantes, con consultas excesivas de niños sanos con variaciones normales de crecimiento, todo lo cual produce elevados costes sanitarios. Se necesitan posteriores estudios para poder estandarizar la práctica del control de crecimiento y llegar a establecer un acuerdo internacional, y definir cuándo un crecimiento es anormal, incluyendo la selección de tablas de crecimiento adecuadas. No obstante, resulta importante que los clínicos tengan presente que un algoritmo es un patrón de toma de decisiones que establece una serie de compañeros, pero que en ningún caso debe sustituir el propio juicio individual y la valoración clínica personal.

Los programas de alimentación complementaria busca cerrar la brecha energética originada por este problema, proporcionándoles a las personas alimentos y bebidas con un alto nivel de energía, para ser consumidos junto con sus comidas regulares. Una revisión sistemática de 32 estudios, la mayoría llevados a cabo en países de ingresos bajos y medios, halló que la alimentación complementaria tiene una incidencia pequeña en los resultados nutricionales. Esta es más eficaz en los niños más pequeños y pobres, cuando se les proporcionan dichos alimentos en guarderías o centros de alimentación en vez de que se los lleven a sus hogares; cuando los alimentos complementarios proporcionan mayor energía; y cuando la supervisión del programa es estricta. Asimismo, existe un efecto positivo en el desarrollo psicomotor, aunque no hay evidencia clara sobre su efecto sobre el desarrollo cognitivo.

Desnutrición aguda La desnutrición aguda, o desnutrición proteico-energética, es un tipo de desnutrición causada por déficit calórico que se vincula estrechamente con las crisis humanitarias. De hecho, la medida de la desnutrición aguda global, que incluye tanto la moderada como la severa, se emplea habitualmente como indicador de la magnitud de la emergencia y es uno de los tres criterios para la clasificación de las hambrunas.

La definición de la desnutrición aguda viene determinada por sus manifestaciones clínicas. Generalmente, se caracteriza por una disminución de masa muscular y grasa subcutánea que puede ser moderada o severa. La severa se ha conocido históricamente como marasmo. En otros casos, el déficit nutricional es principalmente proteico, lo que ocasiona un edema por retención de líquidos. Este segundo tipo de desnutrición aguda, siempre severo, se ha conocido históricamente como kwashiorkor.

La disminución de masa muscular y grasa subcutánea característica de la desnutrición aguda se puede evaluar principalmente de dos maneras: por la medición del perímetro braquial y por el cálculo de un índice de peso y talla.Su uso en cada contexto está determinado por la adopción de las recomendaciones globales en las guías clínicas y protocolos de las autoridades sanitarias de cada país.

El manejo de la desnutrición aguda, desde la introducción en 1996 de los alimentos terapéuticos listos para usar, se realiza fundamentalmente de manera ambulatoria en la comunidad.Estos productos ofrecen un alto aporte calórico en un formato que facilita su transporte en contextos humanitarios y su uso por personal bien formado pero no especializado. Además, no requieren preparación previa ni refrigeración, lo que disminuye enormemente su riesgo de contaminación. La identificación de señales de riesgo y complicaciones, o el diagnóstico de desnutrición aguda en menores de 6 meses de edad, sin embargo, sí puede requerir atención hospitalaria.

Desnutrición crónica La desnutrición crónica en infantes, niños y adolescentes, es el retraso del crecimiento esperado para una edad dada y reflejado en el peso y la talla del menor. En este retraso en niños o adolescentes en fase de crecimiento, el cuerpo retrasa su crecimiento ante la falta de nutrientes provocándole falencias que lo afectaran en el futuro. Esta desnutrición puede ser moderada o severa de acuerdo a la talla y peso que se registre.

Como resultado la desnutrición crónica y anemia en menores de 0 a 3 años producen deterioros en la capacidad física, intelectual, emocional y social de los niños, también riesgos de contraer enfermedades por infección y de muerte. El deterioro que produce genera dificultad de aprendizaje escolar, y detiene el acceso del niño a una educación superior. De adulto trae limitaciones físicas e intelectuales, obteniendo así dificultades de inserción laboral.

Este tipo de desnutrición está muy ligado a la pobreza, y en condiciones socioeconómicas muy desiguales la desnutrición crónica es mayor. Esto es, cuanto más concentrada esta la riqueza en las clases ricas más concentrada esta la desnutrición crónica en los hogares pobres.

La desnutrición crónica también es un indicador socioeconómico. De acuerdo al mapa interactivo del periodo 2006-2008 de la FAO sobre la desnutrición en el mundo, las regiones más afectadas en mayor o menor medida por este flagelos son: Latinoamérica, África menos Sudáfrica, Medio Oriente, Asia con excepción de Japón y Rusia, y Países de Oceanía menos Australia y Nueva Zelanda.

En años recientes, la desnutrición crónica sigue siendo un problema grave a nivel mundial. Según UNICEF España, en 2022 alrededor de 148 millones de niños menores de cinco años sufrían retraso en el crecimiento debido a la desnutrición crónica, mientras que 45 millones presentaban desnutrición aguda grave, incrementando significativamente el riesgo de mortalidad infantil. La pandemia de COVID-19 agravó esta situación, incrementando los niveles de inseguridad alimentaria en regiones como África subsahariana y Asia meridional . Frente a esta crisis, organizaciones internacionales como UNICEF, la OMS y la FAO están impulsando programas de prevención de la desnutrición mediante la promoción de la lactancia materna, la suplementación con micronutrientes y la mejora del acceso a alimentos nutritivos y seguros .

Causas La causa más frecuente de la desnutrición es una mala alimentación, en la que el cuerpo gasta más energía que la comida que consume. Existen patologías médicas que pueden desencadenar una mala absorción o dificultades en la alimentación causando así la desnutrición. O circunstancias sociales, ambientales o económicas pueden arrastrar a las personas a una desnutrición. Estas causas; pueden ser: Patologías médicas Anorexia nerviosa Bulimia Celiaquía Coma Depresión Diabetes mellitus Enfermedad gastrointestinal Hambruna Vómitos constantes Diarreas Circunstancias sociales Hambrunas: Pueden ser ocasionadas por, sequías, plagas, razones políticas, guerras, o múltiples motivos. Pobreza: La pobreza es la principal causa de desnutrición en el mundo, según la FAO para el año 2009 1.020 millones de personas sufrían de hambre a nivel mundial y el mayor porcentaje de esta población vive en países subdesarrollados. Entre algunas de las causas relacionadas con la pobreza encontramos el no contar con dinero para comprar alimentos, una inadecuada distribución de los alimentos en la familia, difícil acceso o escasos servicios de salud, interrupción de la lactancia materna (destete) a edades muy tempranas, introducción tardía e insuficiente de alimentos complementarios a la leche materna, infecciones frecuentes: diarreicas y/o respiratorias e higiene inadecuada en alimentos.

Fisiopatología y cuadro médico En un comienzo un individuo con un estado inicial de desnutrición al tener su alimentación altamente limitada, sufre primeramente un gasto energético. Gastándose rápidamente sus ATPs producidos por las mitocondrias luego agotando la glucosa de los tejidos y la sangre producida por la liberación de insulina.

Con el agotamiento de la glucosa, la próxima fuente de energía a ser utilizada es el glucógeno almacenado en los músculos y en el hígado. Este es rápidamente transformado en glucosa y ofrece un aporte razonable de energía. Su agotamiento puede generar apatía, postración y hasta síncope —el cerebro al utilizar la glucosa y cuerpos cetónicos, como forma de energía, sufre mucho cuando hay hipoglucemia—. En seguida las grasas (triacilglicerol) son liberadas de las reservas adiposas, y es dividida en ácido-graso más glicerol. El glicerol es transportado al hígado a fin de producir glucosa. El ácido graso por medio de la beta-oxidación forma cuerpos cetónicos que causan un aumento de la acidez en sangre (el pH normal es de 7,4). La acumulación de cuerpos cetónicos en la sangre puede llevar a un cuadro de cetonemia (ver cetosis), su progresión tiende a evolucionar en un surgimiento de ceto-acidez (pH<7,3) compensado por el organismo con la liberación de bicarbonatos de la circulación.

La piel se hace más gruesa sin el tejido adiposo subcutáneo. En esta etapa las proteínas de los músculos y del hígado son divididas en aminoácidos para que por medio de la gluconeogénesis pasen a ser una nueva fuente de glucosa (energía). En verdad el organismo puede usar varias sustancias del cuerpo como fuente de energía. La grande pérdida de masa muscular ocurre en las regiones más próximas al esqueleto. La fuerza muscular es mínima y como consecuencia sigue la muerte.

Consecuencias