thumb|Grabado de Ambrosius Holbein para ilustrar Utopía, de Tomás Moro (1516). thumb|La torre de Babel, de Pieter Brueghel el Viejo, 1563. thumb|Situación y proyecto inicial de Brasilia.

Ciudad ideal es una idea acuñada en la Antigüedad con el propósito de concretar las características que debía reunir la ciudad para el desarrollo del hombre teniendo en cuenta su bienestar físico y sus necesidades sociales.

La ciudad ideal ha sido un tema abordado de forma recurrente a lo largo de la historia de la arquitectura: las ideas de Platón y Aristóteles (no sólo sus concepciones políticas, sino la descripción física de la mítica Atlántida y las referencias a Hipodamo de Mileto, a quien se atribuye la planificación ortogonal que efectivamente se realizó en El Pireo); en época romana, la concepción técnica del arquitecto y tratadista Vitruvio de cómo debía ser la ciudad, y la plasmación real de espacios de uso público y político en la propia Roma y en Constantinopla ("Nueva Roma"), y en las ciudades romanas repartidas por las provincias, mientras que en las villae se proyectaba un escapismo privado idealizado poéticamente (Beatus ille), que en realidad manifestaba la contradicción de llevar la ciudad al campo; los conceptos político-teológicos medievales de ciudad celeste o nueva Jerusalén como modelo ideal basado en las descripciones bíblicas (tanto de la Jerusalén terrenal como de la Jerusalén celeste -teoría agustinista de las dos ciudades- y de la ciudad como espacio cosmopolita, de mezcla, promiscuidad y corrupción -torre de Babel, Babilonia-, contrafigura de la virtud inherente al modo de vida nómada de los patriarcas); las utopías (Utopía de Tomás Moro, La ciudad del sol de Tommaso Campanella, La Nueva Atlántida de Francis Bacon) y los proyectos de urbanismo renacentista y barroco en la Edad Moderna; el urbanismo neoclásico y las ensoñaciones de la arquitectura visionaria desde finales del ; los proyectos revolucionarios del socialismo utópico y las reformas higienistas de ampliación de las ciudades e integración en el entorno rural durante la Revolución Industrial (cuya realización efectiva en los llamados "ensanches" y en las llamadas "ciudades-jardín" distaron mucho de ser fieles a los modelos teóricos de Ildefonso Cerdá o Arturo Soria); las propuestas del Movimiento Moderno (la utópica Usonia de Wright, la Ville Radieuse de Le Corbusier, los planes de Lúcio Costa para Brasilia), etc.

Las críticas al concepto de ciudad ideal son contemporáneas a sus propias formulaciones, y aparecen a lo largo de la historia de la literatura: en la Grecia clásica, Aristófanes (Los pájaros, donde plantea la utópica ciudad de Néphéloccocygia, diseñada por un geómetra enloquecido); en el , Jonathan Swift (Los viajes de Gulliver); en el , Charles Dickens (Martin Chuzzlewit) y Jules Verne (Los quinientos millones de la Bégum); en el siglo XX son muy numerosas las distopías.

Antigüedad y civilizaciones no occidentales

Las civilizaciones de la Antigüedad mantuvieron la idea divina de la ciudad. La ciudad ideal era la que los dioses construían para que en ella vivieran los hombres. Las razones para asentarse en un lugar o en otro, para levantar sus muros hacia uno u otro lado, procedían de los consejos de los sabios; las ideas de sanidad, defensa o respeto hacia las divinidades marcaban este origen del lugar en el que se desarrollarían los pueblos. Las razones religiosas y los consejos sagrados se fueron desplazando hacia una lógica social y económica y, sobre todo, militar. Empiezan a pesar más los intereses de los hombres que los de los dioses. La ciudad se convierte entonces en el símbolo de la creación humana, representa una cultura, una comunidad de personas. La ciudad está definida por los ciudadanos. Aristóteles, en Política, definía la ciudad como «un perfecto y absoluto conjunto o comunión de muchos pueblos o calles en una unidad».

Más allá de la civilización occidental, tanto en las civilizaciones precolombinas como en las de Extremo Oriente se fueron realizando proyectos urbanísticos a gran escala que presuponen la existencia de teorías urbanísticas o al menos de concepciones ideales de cómo debería ser la ciudad y sus funciones, especialmente como resultado y reforzamiento del poder político-religioso (Angkor Wat, Ciudad Prohibida, Tenochtitlán, Chichén Itzá, Chan Chan, etc.)

Edad Media

La decadencia de la ciudad clásica grecorromana llevó a la ruralización, especialmente en Occidente; y a la sustitución del urbanismo clásico por el de la ciudad islámica o el de la ciudad europea medieval. Aunque, en ambos casos, el urbanismo medieval pasa por ser la máxima expresión de la espontaneidad del plano irregular, de crecimiento orgánico, hay muchos testimonios de concepciones teóricas de cómo debería ser una ciudad ideal.

La llamada utopía de Saint Gall (ca. 819-826)Peter Ochsenbein / Karl Schmuki (Hrsg.): Studien zum St. Galler Klosterplan II. St. Gallen 2002. Fuente citada en St. Galler Klosterplan es una planta idealizada de las dependencias de un monasterio, que responde no al real monasterio de Saint Gall, sino al concepto de todo lo que sería necesario para una vida monástica perfecta; aunque usando los lógicos precedentes de algunas de las soluciones arquitectónicas y urbanísticas ensayadas por la arquitectura prerrománica, especialmente en los palacios carolingios (como el palacio de Aquisgrán y otros, a su vez inspirados en el de Teodorico el Grande, dentro del complejo palaciego y eclesial tardorromano, ostrogodo y bizantino de Rávena). El mayor ejemplo de monasterio benedictino fue Cluny.

En el , mientras Abderramán III emprendía la construcción de Medina Azahara (ciudad palatina levantada junto a la Córdoba califal), en Persia Al-Farabi definió la ciudad ideal como una sociedad ordenada en la que todos sus habitantes se ayudan para obtener la felicidad, comparándola a un cuerpo perfecto y sano. Tal ciudad tiene una función primordialmente educativa, y es mantenida, regida, y concebida, creándose una armonía y una unidad tan natural como la del cuerpo vivo.

Ya en la Baja Edad Media, bastides, sauvetés y castelnaus son distintas formas de villeneuves o ville nouvelle ("villanuevas") de la Francia medieval.

La città ideale en el arte del Renacimiento La concepción de una "ciudad ideal" (città ideale) fue uno de los tópicos del Renacimiento, especialmente en su arquitectura, desde la Italia del Quattrocento; aunque ni en esa época ni en el Cinquecento se realizaron programas urbanísticos ambiciosos de diseño planificado, a excepción del relativamente modesto conjunto de Pienza (Bernardo Rossellino, para el papa Pío II, 1458-1464), o de la romana piazza del Campidoglio (Miguel Ángel, para el papa Paulo III, 1536). Sí hubo oportunidad de hacerlo en la colonización española de América (caracterizada por un urbanismo planificado en torno a la plaza de armas, heredera de la plaza mayor o plaza de arrabal del urbanismo castellano); mientras que las grandes perspectivas no se realizaron en la práctica hasta el urbanismo barroco.Aunque concepciones urbanísticas peculiares en la época del Barroco pueden verse en la España de los Austrias menores (apertura de espacios ante las fachadas conventuales o ante edificios singulares, que crean pequeñas plazuelas o grandes plazas mayores, como la de Madrid) o en el Londres posterior al gran incendio de 1666; lo que habitualmente se entiende en la bibliografía como urbanismo barroco se inicia en la transformación de la Roma de Bernini, a mediados del siglo XVII (Piazza San Pietro, Piazza Navona, Piazza di Spagna, Piazza del Popolo), y se continúa a finales del mismo siglo en la concepción borbónica francesa del Châteux de Versailles, que se extiende en el siglo XVIII por toda Europa: desde Rusia (San Petersburgo, 1703) hasta España, pasando por Austria y los principados alemanes.

José Ramón Alonso Pereira, Introduccion a la Historia de la Arquitectura, Reverte, 2005, ISBN 8429121080, pg. 167-168:Las transformaciones barrocas se extienden tanto a la piel exterior de sus edificios como a su entorno, muchas veces con resultados urbanísticos excepcionales. La construcción de la ciudad es tanto una práctica edificatoria que crea salones cerrados como una práctica urbanística que crea espacios públicos o salones abiertos. Si el viario se entiende como sistema circulatorio de la ciudad, las plazas son su corazón; y los parques sus pulmones urbanos. Pues la vegetación se hace imprescindible ... como definidor de los propios espacios arquitectónicos. El Barroco se extiende, pues, a la calle, la escalinata o el paseo; pero sobre todo al nuevo concepto de la plaza barroca ... concebida como un salón abierto de la ciudad. ... Por su parte, el entendimiento del jardín barroco como crítica a la ciudad, revela lo que ésta desea ser y conlleva demostraciones polémicas fuera de ella ... Versalles, concebida como alternativa a París. Pero la gran revolución en la arquitectura vegetal la representará el jardín inglés, irregular en su traza y composición, de voluntad perspectivista y romántica, que va a desarrollarse en los parques, plazas y squares de Londres y de otras ciudades británicas (véase Bath).

Michel Maffesoli, En el crisol de las apariencias, Siglo XXI, 2007, ISBN 9682326834, pg. 149: El urbanismo barroco apela a la sensación (atmósfera), procede por seducción (apariencia), manipula los efectos (sucesos). Como las plazas, que son lugares reservados: “La plaza de la ciudad barroca es un espacio secreto” (G. Bazin). -cita a Germain Bazin, véase arthistorians.info -