El ataque del a Puerto Soledad, también llamado como el incidente de la Lexington, tuvo lugar el 31 de diciembre de 1831, cuando Silas Duncan, capitán de la Armada de Estados Unidos, desembarcó en el establecimiento de Puerto Soledad, en las Islas Malvinas, bajo administración de las Confederación Argentina, actual República Argentina. Luego de reducir a las autoridades, saqueó las dependencias oficiales y las viviendas particulares destruyendo de forma irreparable la colonia de Luis Vernet, violando la soberanía argentina al aplicar por primera vez la doctrina Monroe. El incidente de la Lexington cobró gran importancia histórica porque el proceso culminó con la ocupación británica de las islas.Según algunos, como el español Barcia Trelles, este evento fue crucial para que «Inglaterra, con la garantía, aún más que de la abstención, de la complacencia norteamericana, se decidiese a realizar los actos que habían de plantear el pleito malvino» (p. 84).
Luego del ataque, desde 1832 hasta 1843, ambas naciones no mantendrían embajadores formales ni relaciones diplomáticas oficiales.
Regulación de la actividad pesquera miniatura|150px|izquieda|Luis Vernet Durante finales del y comienzos del las islas fueron el centro de un comercio lucrativo, pero a la vez ilegal, de caza de ballenas y focas llevado a cabo por marineros de Nueva Inglaterra, Gran Bretaña y Francia. Los cazadores de ballenas acampaban en las islas adyacentes, particularmente en la isla de Goicoechea, donde carneaban gansos y otras aves para tener provisiones, y a veces mataban ganado en la isla Soledad, reparaban sus barcos y trataban las carcasas de focas, lobos marinos, ballenas y pingüinos para obtener aceite.
El 10 de junio de 1829 el gobierno de la provincia de Buenos Aires, que ejercía la soberanía sobre las Islas Malvinas, dictó un decreto que nombraba «Comandante Político y Militar» a Luis Vernet y lo facultó, como gobernador de las islas, a poner en vigencia las leyes de la república, en particular lo concerniente a la regulación de la pesca y la caza de animales.
Vernet ejerció el cargo de comandante político y militar aplicándose a la tarea de hacer cumplir los reglamentos sobre pesca de anfibios, que era realizada de forma indiscriminada por parte de los loberos y balleneros extranjeros, constituyendo un grave problema. El pago por derecho de anclaje fue sistemáticamente eludido por los balleneros y los cazadores clandestinos de guarás, especialmente ingleses y estadounidenses. Buscaba frenar el raqueo de los animales hecho por extranjeros para conservar la población de focas para sus propias actividades. Este acto fue disputado por los cónsules británicos y estadounidenses en Buenos Aires, que afirmaban su derecho a seguir explotando los recursos naturales en las islas. En agosto de 1829, a dos semanas de llegar a la colonia, Vernet proclamó públicamente la prohibición de cazar, pescar o faenar en la isla Soledad «bajo apercibimiento de sanciones». A los barcos extranjeros que tocaban puerto en la colonia se les hacía entrega de una circular impresa con la prohibición. También se les cobraba una tasa. Dos años después redactó un plan para organizar la caza de focas y ballenas que implicaba establecer grupos de pescadores en las costas del archipiélago.
Vernet solicitaba constantemente al gobierno de Buenos Aires refuerzos navales y militares para hacer valer su autoridad, ya que los pescadores, foqueros, loberos y balleneros realizaban sus actividades en las costas de las islas, con efectos destructivos evidentes.
thumb|300px|Explotación de lobos marinos en la isla Beauchene en 1833. A cada embarcación de la que se tuviera noticia o que recalaba en Puerto Soledad la comandancia le hacía llegar una circular donde se advertía de las consecuencias legales de actuar clandestinamente:
Poco tiempo después de instrumentarse esta política, un empresario estadounidense afectado por las leyes argentinas elevó una queja ante el gobierno de Washington. El secretario de Estado Martin Van Buren envió una nota al cónsul de ese país en Buenos Aires, John Murray Forbes. En el escrito y sin dar fundamento alguno, Van Buren afirmaba que las Provincias Unidas «ciertamente no podían deducir un título firme a las islas» e instruía a Forbes para que presentara una protesta. La muerte de Forbes en junio de 1831 le impidió efectivizar la orden de su superior.
Advertencia y captura de las goletas
En 1829 la goleta estadounidense Harriet, capitaneada por Gilbert Davison, fue advertida sobre las normas que regulaban la pesca en las islas. Pese a las advertencias, la goleta volvió en 1831 y fue capturada por Brisbane, un marinero que hacía como segundo de Vernet, el 30 de julio del mismo año junto a otros dos barcos pesqueros y foqueros estadounidenses, el Superior, capitaneada por Stephen Congar, y el Breakwater, capitaneada por Daniel Careu. Las tres naves venían operando en el área desde hacía varios meses, faenando lobos marinos, y habían desoído todos los avisos y advertencias de la comandancia. Tras ser apresadas y decomisadas, sus oficiales fueron arrestados y acusados de contravenir la nueva normativa emanada del Estado argentino.
El testimonio de un desertor de la Harriet y el secuestro de la bitácora del Superior probaron que los marinos estadounidenses habían realizado matanzas de lobos en numerosos puntos de las islas. Vernet decidió liberar al Superior luego de que su capitán aceptara por escrito la validez de la soberanía argentina, su derecho de regular la actividad pesquera y se comprometiera a presentarse en Puerto Soledad luego de un plazo prudencial para someterse a juicio. La Superior prosiguió, así entonces, con sus actividades.
A mediados de 1831, Vernet se encontraba en una situación compleja, ya que tenía dos naves capturadas fondeadas en Puerto Soledad y sin elementos suficientes para custodiarlas. También se temía que las tripulaciones de las naves realizaran un ataque contra las autoridades malvinenses para dominar la colonia. Los marinos de la Harriet fueron recluidos por las noches en la casa destinada al secado del pescado y se mantuvo hacia ellos un trato afable. En medio de la actividad de arrestos y relevos de guardias, el Breakwater consiguió escapar y dio aviso en Estados Unidos de lo acontecido.
La Harriet con su cargamento incautado fue conducida a Buenos Aires, con Vernet a bordo junto con su familia, para ser sometida a juicio en el Tribunal de Pesas por la violación de los decretos vigentes. Llegó a destino el 19 de noviembre de 1831, llevando los documentos probatorios necesarios para el debido juicio. Vernet había a cargo a su segundo Enrique Meteaf.
Incidente diplomático Debido al fallecimiento del diplomático Forbes en Buenos Aires, por propia voluntad y sin que mediara un nombramiento de Washington había asumido la función el hasta entonces encargado de negocios, George W. Slacum.NAMP M70, reel 4 Se trataba de un diplomático inepto: en opinión de Goebel, era «un individuo carente en absoluto de experiencia diplomática y tan falto de tacto como de buen juicio». El mismo Forbes tenía un muy mal concepto de Slacum y se había quejado repetidas veces a Van Buren sobre la incapacidad e inaceptable comportamiento de su subordinado.NAMP M69, reel 4
Informado por el capitán Davidson, el 21 de noviembre Slacum presentó una queja al gobierno argentino por la captura y detención de los barcos norteamericanos, y calificó las acciones de las autoridades rioplatenses como «actos de piratería», exigiendo reparaciones económicas para las naves afectadas. El ministro de relaciones exteriores de las Provincias Unidas, Tomás Manuel de Anchorena, le replicó que el incidente estaba siendo estudiado por el Ministerio de Guerra y Marina y que el estado argentino no reconocía la incumbencia de un autoproclamado cónsul sin nombramiento legal para tratar asuntos de tal naturaleza. En una nota posterior Slacum adujo el derecho del pueblo estadounidense de pescar «donde le diera gana», y desconoció los pactos preexistentes entre España y el Reino Unido, entre otras naciones europeas, por el control exclusivo de la pesca en el Atlántico Sur.
Gran parte de los historiadores adjudican a la impericia, agresividad e incapacidad negociadora de Slacum la rápida escalada de las hostilidades, que llevaron un incidente pesquero menor a la suspensión por once años de las relaciones diplomáticas entre el Plata y los Estados Unidos, y a la apropiación británica del archipiélago de las Malvinas y territorios circundantes.
Slacum tomó contacto con Silas Duncan, capitán de la corbeta de guerra USS Lexington, estacionada en el puerto de Buenos Aires en misión del escuadrón del Atlántico Sur con sede en São Paulo, Brasil. Luego, en lo que Goebel califica como «el pico de la indiscreción y desmesura», entregó al gobierno argentino un ultimátum: si el Harriet y su capitán no eran liberados inmediatamente, ordenaría a la nave estadounidense ejecutar una represalia sobre las instalaciones argentinas en las islas Malvinas. Por su parte el capitán del buque, pasando por alto los usos y costumbres del decoro y de la diplomacia habitual, instó «a la rendición inmediata de Vernet para [que fuera] enjuiciado como ladrón y pirata». Anchorena respondió a Slacum diciéndole que «no inferfiera en un asunto privado». Ese mismo día, el presidente estadounidense ordenó el envío de una flota naval al Atlántico Sur para «proteger los derechos de los norteamericanos que pesquen y comercien».
El Reino Unido vio en la situación la oportunidad de allanar el camino a sus ambiciones sobre el territorio insular. En una reunión concertada con Woodbine Parish y Henry S. Fox, embajador y cónsul británico respectivamente, éstos aseguraron a Slacum que Argentina no tenía derechos sobre el archipiélago, a cuya soberanía Su Majestad «no había renunciado». Las conversaciones entre los diplomáticos de ambos países formaron un arreglo para alcanzar una situación que satisficiera las ambiciones de ambos en el territorio insular. También hay pruebas de que Slacum estaba al tanto de la manipulación de la que era objeto y de sus propias intenciones de impedir que el Reino Unido obtuviera la posesión del archipiélago. Esto dio a Slacum el argumento de aspecto legal que necesitaba; rehusándose a aceptar la validez del decreto de nombramiento de Vernet, sugirió a sus superiores «aumentar inmediatamente nuestras fuerzas navales en este Río [de la Plata]», y ordenó a Duncan que procediera con lo previsto y los hechos se aceleraron.
Anchorena le respondió a Slacum que tales decisiones estaban fuera de sus atribuciones como cónsul y que protestaría y haría valer los derechos soberanos argentinos en caso de eventuales perjuicios al personal e instalaciones malvinenses. Ignorando las advertencias del gobierno de Buenos Aires, el 9 de diciembre de 1831 la Lexington zarpó rumbo a las Malvinas.
Ataque a Puerto Soledad thumb|250px|Ubicación de Puerto Soledad y sus alrededores en las costas de la Bahía de la Anunciación. Entre el 27 y 28 de diciembre la Lexington entró en la Bahía de la Anunciación, de manera irregular, bajo pabellón francés y una «señal al tope de proa», una estratagema de origen filibustero. Una tormenta había impedido un primer contacto, demorando esto hasta el 31 de diciembre. El capitán Duncan invitó al segundo de Vernet y quién tenía más autoridad en la colonia en ese momento, Matthew Brisbane y a Enrique Metealf, de forma de visita de cortesía oficial. La invitación la entregó un teniente que se había acercado en un bote, mientras ellos se paseaban por la playa. Luego se enteraron de que se trataba de un buque de guerra de los Estados Unidos que llegaba para exigir reparaciones por las goletas capturadas. A bordo también se encontraba el capitán Davison de la Harriet.