miniaturadeimagen|Cartel acto conmemoración del 90 aniversario de los Sucesos de Casas Viejas Los sucesos de Casas Viejas, también denominados masacre de Casas Viejas consistieron en un intento de levantamiento campesino contra el Cuartel de la Guardia Civil, que tuvieron lugar entre el 11 y el 12 de enero de 1933 en la pequeña localidad de Casas Viejas (hoy Benalup-Casas Viejas) en la provincia de Cádiz, y constituyen uno de los hechos más trágicos de la Segunda República Española. Abrió una enorme crisis política en el primer bienio de la República y fue el inicio de la pérdida de apoyos políticos y sociales que conduciría meses después a la caída del gobierno republicano-socialista de Manuel Azaña y al triunfo de las derechas en las elecciones de noviembre de 1933.

Si se cuentan los heridos fallecidos posteriormente, resultaron muertos veintiocho campesinos, dos guardias civiles y uno de asalto. Según el historiador Ricardo Robledo, «hay muchas facetas en la tragedia de Casas Viejas» pero «aquellos sucesos significaron también la cristalización del desencuentro entre el campesinado más pobre y los ideales de la República con su promesa de reforma agraria y de mejora de las condiciones de trabajo».

Antecedentes y principios del

Desde el las inquietudes sindicales europeas y sus ideales empezaron a propagarse entre los obreros avanzando por las costas de Cádiz y Málaga hacia el interior del valle del Guadalquivir.

A mediados del se produjeron en Andalucía diferentes revueltas en los pueblos andaluces de Arahal, Utrera (ambos en 1857), Loja (1861), Montilla (1873) y Jerez de la Frontera (1892) con tintes antidinásticos, demócratas o republicanos. Estas se debieron a las consecuencias que causaron la reforma agraria liberal que se llevaba a cabo desde la década de los treinta y que en el sur de España eran especialmente duras, con arrendamientos a corto plazo y masas de jornaleros sin acceso a las tierras, unos 450.000 en 1860.

Además sector minero, al que se dedica el jornalero junto a engrosar las filas del peonaje en las ciudades cuando no hay labores agrarias, bajo el dominio británico en Riotinto y francés en Peñarroya tuvo una gran conflictividad. En Riotinto llegó a haber unos 100 muertos durante los conflictos en 1888 y en Peñarroya en 1920 una huelga seguida por unas 14.000 personas.

La situación comenzó a tensarse a partir de la década de los setenta cuando se creó la Federación Regional Española de la AIT y las luchas agrarias en Andalucía mostraron una tendencia libertaria hasta el trienio bolchevique cuando Francisco García Espín, alcalde de El Carpio y patrono agrícola; y Francisco Ayllón Herruzo acuñaron el término "odio africano"La expresión "Odio africano" viene a destacar una animadversión intensa que siente una persona por otra, pero no por su origen o color de piel. La mayoría de etimólogos e historiadores, sitúan el origen de la expresión en la época en la que el Imperio romano se encontraba en guerra con el Estado púnico del norte de África y sur de la Península Ibérica en el siglo III a.C.( y ) para resumir el antagonismo clasista entre los ricos latifundistas y los jornaleros andaluces (700.000) al informar sobre la situación de la España meridional a la comisión formada por Luis de Marichalar y Monreal, vizconde de Eza, dedicada a estudiar el problema agrario andaluz.

En torno a los años 1913-14 tiene lugar un cambio cualitativo importante en el comportamiento del campesinado. Se consolidó la estrategia de la huelga general en varias provincias y concluyó la síntesis entre anarcocolectivismo y anarcocomunismo en Andalucía, que en aquel momento no se afilió a la recién fundada CNT (la recién creada Federación Nacional de Obreros Agricultores de España que tuvo un gran arraigo en la sierra gaditana y en la campiñas de la propia Cádiz, Sevilla y Córdoba no ingresó en la CNT hasta 1919).

El movimiento huelguístico general de 1917 afectó en Andalucía, a los sectores mineros y a los ferroviarios en un principio mientras que el mundo agrario seguía su propio ritmo. Fue entre 1818 y 1919 cuando éste se vio afectado, especialmente Córdoba donde los campos que van quedando desiertos "tiemblan como un terremoto, los pueblos de la sierra y de la campiña parecen renovar tiempos trágicos" y "una hermandad de rebeldía se propaga por los cortijos y las chozas, como un incendio" y "jornaleros, gañanes, yegüeros, pastores, se unen como un solo hombre para la protesta. Grupos violentos, enarbolando azadas y amocafres amenazan con bieldos y hoces". En la provincia de Cádiz destacan las huelgas en Jerez, Sanlúcar de Barrameda y Arcos de la Frontera.

Entre 1914 y 1920 se llevaron a cabo unas 74 huelgas agrarias en Cádiz acompañadas, según Juan Díaz del Moral, con un entusiasmo irracional y extraordinario producto de una "raza imaginativa e inculta con una doctrina de tipo religioso y utópico".

El 15 de abril de 1931 el gobierno provisional de la Segunda República, declarando como mayor premisa la propiedad privada, prometió llevar a cabo una reforma agraria que debía responder a la "función social de la tierra" para salvar a la masa campesina española que según el propio gobierno había tenido que vivir en el "mas absoluto abandono" hasta la época.

La insurrección anarquista de enero de 1933

En un Pleno de Regionales de la CNT, celebrado el 1 de diciembre de 1932 en Madrid, el sindicato de ferroviarios solicitó el apoyo para declarar una huelga general en la que se reclamarían aumentos salariales. Al final, los ferroviarios se echaron atrás porque más de la mitad de sus secciones sindicales pensaban que la huelga resultaría un fracaso, pero el Comité de Defensa Regional de Cataluña retomó la idea a propuesta de Juan García Oliver, dispuesto a poner en práctica la “gimnasia revolucionaria”, que consistiría en una “acción insurreccional” que impidiera la consolidación de la “República Burguesa”. La fecha elegida fue el 8 de enero de 1933.

La insurrección no tuvo un seguimiento muy amplio. El Ejército y la Guardia Civil tomaron posiciones estratégicas en los lugares donde se preveían desórdenes y los dirigentes sindicales fueron detenidos. En algunas barriadas de Barcelona hubo choques entre anarquistas y fuerzas de orden público. Hubo huelgas, incidentes con explosivos y proclamaciones del comunismo libertario en algunas poblaciones de Andalucía, como La Rinconada, Aragón, como Robres y Belver de Cinca, y la Región de Valencia, como Bugarra, Ribarroja de Turia, Bétera, Jeresa (en la que murieron 4 personas), Benaguacil, Utiel y Pedralba. En esta última localidad murieron un guardia civil y un guardia de asalto durante la insurrección, en la que fue asaltado el Cuartel de la Guardia Civil; cuando la Guardia Civil restableció el orden, el resultado de la insurrección fue también la muerte de diez paisanos.

El Comité Nacional de CNT, que no había convocado la huelga, declaró el 10 de enero que la insurrección había sido «de pura significancia anarquista sin que para nada haya intervenido en ellos el organismo federal», aunque no la condenaban, como tampoco lo hacía el órgano confederal Solidaridad Obrera, para cumplir «con un deber de solidaridad y de conciencia». Pero no era esa su revolución que se hará «con garantías», «a la luz del día».

El diario oficial de la CNT en Madrid, que el día 9 de enero había escrito en su editorial «esa no es nuestra revolución», dos días después afirmaba “Ni vencidos ni humillados” y responsabilizaba de la insurrección a «la política represiva... sectaria de los socialistas que detentan el poder y usan de él contra los intereses de los trabajadores». Las revueltas «existen y aumentarán por razones de injusticia bien patentes». Por eso, «vencida una insurrección surge otra, resuelta una huelga, otra se produce; apaciguado un motín, estalla otro mayor».

Mucho tiempo después, en El eco de los pasos (1978), Juan García Oliver valoró la insurrección anarquista de enero de 1933, de la que se consideraba máximo instigador, como «una de las batallas más serias entre los libertarios y el Estado español… que determinó que los partidos republicanos y el Partido Socialista perdieran su influencia sobre la mayoría de los españoles».

Los sucesos Una de las provincias donde se produjeron disturbios protagonizados por comités anarquistas locales fue la de Cádiz. El 10 de enero de 1933, el gobierno decidió enviar allí a una compañía de guardias de asalto al mando del capitán Manuel Rojas Feijespán. Cuando el día 11 llegaron a Jerez de la Frontera, fueron informados de que la línea telefónica había sido cortada en Casas Viejas, una población de unos 2000 habitantes cercana a Medina Sidonia y que actualmente es parte del municipio de Benalup-Casas Viejas.

En la madrugada del 11 de enero, un grupo de campesinos afiliados a la CNT habían iniciado una insurrección en Casas Viejas proclamando el comunismo libertario. Por la mañana rodearon, armados con escopetas y algunas pistolas, el cuartel de la Guardia Civil, donde se encontraban tres guardias y un sargento. Se produjo un intercambio de disparos y el sargento y un guardia resultaron gravemente heridos (el primero moriría al día siguiente; el segundo dos días después).

A las dos de la tarde del 11 de enero, un grupo de doce guardias civiles al mando del sargento Anarte llegaron a Casas Viejas, liberaron a los compañeros que quedaban en el cuartel y ocuparon el pueblo. Temiendo las represalias, muchos vecinos huyeron y otros se encerraron en sus casas. Tres horas después llegó un nuevo grupo de fuerzas de orden público al mando del teniente Gregorio Fernández Artal compuesto por cuatro guardias civiles y doce guardias de asalto. Inmediatamente comenzaron a detener a los presuntos responsables del ataque al cuartel de la Guardia Civil, dos de los cuales, después de ser golpeados, acusaron a dos hijos y al yerno de Francisco Cruz Gutiérrez, apodado “Seisdedos”, un carbonero de setenta y dos años que acudía de vez en cuando a la sede del sindicato de la CNT, y que se habían refugiado en su casa, una choza de barro y piedra. Al intentar forzar la puerta de la casa de “Seisdedos”, los de dentro empezaron a disparar y un guardia de asalto cayó muerto en la entrada (en algunas versiones se dijo que el guardia fue retenido como rehén y murió después) y otro resultó herido. A las diez de la noche, empezó el asalto a la choza sin éxito. Pasada la medianoche, llegó a Casas Viejas una unidad compuesta de cuarenta (o noventa según otras fuentes) guardias de asalto, al mando del capitán Rojas, que había recibido la orden del director general de Seguridad en Madrid, Arturo Menéndez, para que se trasladara desde Jerez y acabara con la insurrección, abriendo fuego “sin piedad contra todos los que dispararan contra las tropas”.

El capitán Rojas dio orden de disparar con rifles y ametralladoras hacia la choza y después ordenó que la incendiaran. Dos de sus ocupantes, un hombre y una mujer, fueron acribillados cuando salieron huyendo del fuego. Seis personas quedaron calcinadas dentro de la choza (probablemente ya habían muerto acribilladas cuando se inició el incendio), entre ellos “Seisdedos”, sus dos hijos, su yerno y su nuera. La única superviviente fue la nieta de “Seisdedos”, María Silva Cruz, conocida como “la Libertaria”, que logró salvar la vida al salir con un niño en brazos.