El edificio del Banco Hispano Americano, situado en la plaza de Canalejas de Madrid, fue la sede histórica del Banco Hispano Americano. Ocupa una parcela con una superficie aproximada de metros cuadrados. La superficie construida es de unos metros cuadrados. Tras varios procesos de fusiones bancarias, acabó en manos del Banco Santander, que lo vendió en 2012. Declarado bien de interés cultural en 1999, su estatus (y con ello el grado de protección) se vieron circunscritos a la fachada y a la primera crujía en 2013. El edificio, así como otros cinco edificios colindantes (entre los que se encuentra el antiguo edificio de La Equitativa), también pertenecientes hasta 2012 al Banco Santander, están siendo reformados y modificados para establecer viviendas y un hotel de lujo, así como un centro comercial, en el marco de la denominada operación Canalejas. La reforma incluye derribos, que comenzaron en septiembre de 2014.
Historia La reforma urbana llevada a cabo por el Ayuntamiento de Madrid entre 1867 y 1885 para enlazar con holgura la calle de Alcalá y la carrera de San Jerónimo, siguiendo los principios haussmanianos imperantes en la época, dio como resultado el ensanchamiento hasta 22 metros de la calle denominada antiguamente de Panaderos y luego de Peligros Ancha, convertida en la calle de Sevilla y la creación de la plaza de las Cuatro Calles, posteriormente bautizada como plaza de Canalejas, resolviendo el encuentro con las calles del Príncipe y de la Cruz. Esta operación, unos años posterior a la transformación de la Puerta del Sol, constituyó un paso más en el proceso de dignificación del centro histórico, cuyo mayor exponente fue la apertura de la Gran Vía en 1910. En pocos años ese ámbito se convirtió en uno de los espacios más interesantes y singulares de la ciudad, como consecuencia de la sustitución de los viejos edificios de viviendas por grandes edificios de carácter monumental.
miniatura|"Derribo de la casa núm. 1 de la calle de Sevilla, con motivo del ensanche proyectado". Dibujo de Comba grabado por Vela. La Ilustración Española y Americana, Año XXIII, nº 10, 15 de marzo de 1879, pág. 177
Uno de los mejores solares creados en la plaza de Canalejas, de forma sensiblemente simétrica, que ocupaba todo el frente de la misma entre la carrera de San Jerónimo y la calle de Sevilla, fue adquirido en 1901 por el Banco Hispano Americano, entidad creada el año anterior con capital mixto mexicano y español y sede en los números 5 y 7 de la cercana calle de Alcalá. El solar tenía una superficie de pies cuadrados adquiridos a 80 pesetas el pie cuadrado ( ptas/m²), con un coste total de ptas ( €). En 1902 el banco encargó el proyecto para su sede central al arquitecto Eduardo de Adaro y Magro, autor de los edificios del Banco de España en Madrid y en varias capitales de provincia. Se ha citado la posible colaboración del joven Joaquín Rojí López-Calvo en su desarrollo, atribuyéndole algunos detalles de resonancias modernistas. Las obras se desarrollaron entre 1902 y 1906, y por motivos de salud del arquitecto, que falleció a comienzos de 1906, fueron terminadas por un colega (hay discrepancias acerca de quién fue este arquitecto: el COAM y, siguiéndole, el decreto de declaración de bien de interés cultural, cita a José López Sallaberry; testimonios contemporáneos a la obra, sin embargo, establecen que la finalización de las obras estuvo a cargo de José Urioste Velada).
El programa de necesidades incluía oficina bancaria y servicios de la entidad en las dos plantas de sótano, planta baja y primera, y viviendas de alquiler en las tres superiores. A través de un zaguán o vestíbulo situado en el eje de simetría del edificio, se accedía a un patio de operaciones rectangular y en doble altura, porticado en planta baja y acristalado en entresuelo, realizado con pilares de fundición, cancelas y antepechos del mismo material decorados con motivos vegetales próximos a la estética modernista y cubierto por un lucernario acristalado. Los documentos gráficos de época atestiguan el interés de este espacio, que quizás no alcanzaba la riqueza del proyectado para el Banco de España pero que tenía un valor incuestionable. Bajo el suelo traslúcido de pavés del patio central se reproducía en los sótanos otro espacio singular en doble altura de similares características, con galería perimetral sustentada por ménsulas y barandillas artísticas de forja. En este patio situado en los sótanos se encontraban la caja del banco y las cajas de alquiler. Alrededor del patio de operaciones, varios patios secundarios también cubiertos con lucernarios en la zona de oficinas ayudaban a distribuir los espacios, dando como resultado un conjunto ordenado de clara legibilidad. La planta primera o entresuelo tenía una organización funcional con despachos en fachada y oficinas acristaladas volcadas hacia el patio de operaciones. El espacio que ocupaba el eje de la fachada de la plaza se situaba a una cota algo superior para dar mayor altura al vestíbulo o zaguán. A las tres plantas superiores, destinadas a viviendas, se accedía por dos escaleras independientes situadas en las medianerías del solar. El edificio tenía, por tanto, tres accesos dispuestos simétricamente, que se reflejaban claramente en la composición de la fachada.
miniatura|Sección longitudinal del edificio del Banco Hispano Americano. Publicada en Arquitectura y Construcción en marzo de 1906
El elemento más significativo del edificio era precisamente la fachada, construida en su mayor parte con piedra arenisca, con la colaboración del escultor José Alcoverro (responsable, entre otras obras, de las estatuas sedentes de Alfonso X el Sabio y San Isidoro de Sevilla en la escalinata del edificio de la Biblioteca Nacional, de la de Berruguete ante el Museo Arqueológico o del monumento a Argüelles en la madrileña calle de Ferraz). En su diseño, Adaro utilizó un lenguaje ecléctico de raíz clásica, tomando como pauta algunas de las líneas compositivas del vecino edificio de La Equitativa. Se organizaba horizontalmente en tres cuerpos, un amplio basamento de doble altura, un cuerpo central de la misma altura que el anterior y un pequeño cuerpo de coronación, que era sobrepasado por dos frontones y un frontispicio central. Esta composición se completaba con un apretado ritmo vertical de pilastras de un orden arquitectónico que combinaba elementos corintios, compuestos y toscanos, rematadas en coronación por pináculos, todo ello aderezado con profusión de elementos decorativos y escultóricos, entre los que cabía destacar las dos figuras de bulto redondo que flanqueaban la entrada, representando alegorías del Cálculo y la Economía, obras ambas de Alcoverro. La rejería de fachada se limitaba a la planta baja, y fue ejecutada por cuatro firmas madrileñas. El coste del edificio ascendió a pesetas ( euros).
miniatura|Plano de la planta principal del edificio del Banco Hispano Americano. Publicada en Arquitectura y Construcción en marzo de 1906
Tras la Guerra Civil, el Banco Hispano Americano adquirió el inmueble colindante de la carrera de San Jerónimo, número 9 (7 bis), que había resultado destruido en la contienda, para ampliar su sede central. El proyecto fue encargado al arquitecto bilbaíno Manuel Galíndez en 1940. Galíndez era un especialista en arquitectura bancaria, y había ejecutado las sedes del Banco de Vizcaya en Barcelona y en la madrileña calle de Alcalá —este en estilo Art Déco—; los edificios de La Equitativa (1932), Seguros La Aurora (1934) en Bilbao. Posteriormente se encarcaría del edificio de la Naviera Aznar (1943) en Bilbao o las sedes del Banco Hispano Americano en muchas capitales españolas como Barcelona (1955), Bilbao (1952), La Coruña o Sevilla. Al solicitar licencia de construcción, el arquitecto advertía de que las obras se desarrollarían en cuatro fases, la primera de las cuales sería la ampliación propiamente dicha, mientras que las siguientes serían reestructuraciones del edificio original. Las obras se realizaron entre 1941 y 1944, y significaron la alteración tipológica del edificio primitivo, rompiendo el esquema simétrico de la planta, así como la demolición de buena parte de las crujías interiores. Exteriormente, la fachada fue prolongada de forma mimética por la carrera de San Jerónimo, añadiendo cuatro alineaciones de vanos a los existentes y transformando en ventanas las dos puertas que inicialmente daban acceso a las escaleras de las viviendas. Interiormente se modificó el programa funcional, transformando las viviendas en oficinas y despachos, igual que había sucedido en La Equitativa.. Desaparecieron los dos accesos y una de las escaleras exclusivas de viviendas, manteniéndose solo la adosada a la medianería norte (sobre la calle de Sevilla). Las dos escaleras de conexión entre las cuatro plantas de uso bancario desaparecieron, sustituidas por una más amplia y visible. En las dos plantas bajo rasante se mantuvo intacto el espacio central en doble altura, añadiéndose simplemente los pilares necesarios para soportar las partes ampliadas o reconfiguradas. Se construyó un nuevo patio de operaciones, de mayor tamaño y también de dos plantas. Esto implicó la desaparición del patio de operaciones original, obra maestra de la arquitectura de hierro y cristal, sustituido por una estructura más diáfana, «una magnífica muestra temprana del estilo clasicista que adoptarían tantas construcciones bancarias en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo». El nuevo patio de operaciones se diseñó más amplio, en forma de polígono irregular simétrico, desplazado hacia la carrera de San Jerónimo. Lo circundaban pilastras de mármol con capiteles corintios, y lo techaba una gran montera de vidrio. Se perdió con ello su relación con el zaguán principal y con el eje de simetría de la fachada. Esta alteración de la planta y transformación de los espacios interiores privaron al edificio de su coherencia inicial. La modificación de la estructura afectó, además del sector demolido, a amplias zonas del resto del edificio, sobre todo en las plantas baja y primera. Las plantas superiores sufrieron menos transformaciones en el sector norte, donde se mantuvo la estructura y organización espacial de patios y escaleras. Las cubiertas construidas con cerchas de acero roblonado acabadas en cinc y pizarra se mantuvieron intactas en fachada y en todo ese mismo sector.
En 1942, el banco adquirió la propiedad del inmueble de la calle de Alcalá, número 12. Se trataba de la sede de la Banca Sanz, que había sido absorbida por el Hispano Americano. Así, el conjunto pudo tener una fachada, inexistente hasta entonces, sobre dicha calle. El inmueble, construido en 1895, fue demolido para proceder con la segunda ampliación de su sede central. El proyecto fue redactado por el propio Manuel Galíndez y se conectó con el existente en todos los niveles. Al año siguiente se adquirió la antigua sede de Credit Lyonnais, edificio construido entre 1904 y 1907 por José Urioste Velada, también con fachada al número 8 de la calle Alcalá y al 7 de la carrera de San Jerónimo. Se formó con ello un aglomerado de cuatro inmuebles con numerosos patios interiores, cuya organización en planta fue creciendo en complejidad, llegando a ser confuso y laberíntico.