thumb|200px|Emblema del Consejo Federal de la Federación Regional Española de la Asociación Internacional de Trabajadores . La historia de la Primera Internacional en España se inició con la llegada a España en noviembre de 1868 del bakuninista Giuseppe Fanelli que creó las dos primeras secciones de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) en Madrid y en Barcelona, de las que surgiría la Federación Regional Española de la AIT fundada en el Congreso Obrero de Barcelona de 1870. En los tres años siguientes la FRE-AIT vivió el enfrentamiento entre anarquistas y socialistas marxistas con el resultado de la expulsión de estos últimos y la adhesión de la FRE-AIT a la Internacional de Saint-Imier fundada por Bakunin. La supuesta implicación de la FRE-AIT en la revolución cantonal condujo a una fuerte represión que culminó con su prohibición en enero de 1874 tras el triunfo del golpe de Pavía que puso fin a la República Federal. Durante los años de clandestinidad (1874-1881) la FRE-AIT vivió un proceso de radicalización a causa de la represión y de la influencia cada vez mayor del anarcocomunismo y del ilegalismo frente al anarcocolectivismo, que a pesar de todo siguió siendo mayoritario. A principios de 1881 la FRE-AIT pudo volver a la legalidad, refundándose con el nombre de Federación de Trabajadores de la Región Española, pero el asunto de La Mano Negra acabó debilitando y dividiendo a la organización hasta que optó por disolverse en 1888, poniéndose fin así a la presencia de la Primera Internacional en España, el país de Europa donde pervivió más tiempo, en su versión anarquista. Por su parte, los marxistas fundaron en 1879 el Partido Socialista Obrero Español aunque no se constituyó formalmente hasta 1888, pocos días después del nacimiento de su sindicato, la Unión General de Trabajadores.

Los inicios (1865-1870)

Los primeros contactos (1865-1868) thumb|Sello de Correos de la desaparecida República Democrática Alemana conmemorativo del centenario de la fundación de la AIT en el que aparece el sello del Consejo General con sede en Londres. La primera noticia que apareció en la prensa española sobre la existencia de la Asociación Internacional de Trabajadores o Primera Internacional (AIT), fundada en Londres en septiembre de 1864, la dio El Obrero en su número del 1 de noviembre de 1865 al hacerse eco de la Conferencia reunida en Londres ese año para preparar el primer Congreso de la AIT —que se celebraría en Ginebra del 3 al 8 de septiembre de 1866—. Al año siguiente, el 18 de marzo de 1866, el director de El Obrero Gusart escribió un artículo completo sobre la Internacional.

En el II Congreso de la AIT celebrado en Lausana del 2 al 7 de septiembre de 1867 se leyó un mensaje enviado desde Barcelona por una llamada «Liga socialrepublicana» —posiblemente la Legión Ibérica— y Paul Lafargue, nombrado por el Consejo secretario para España —seguramente por su conocimiento del castellano—, leyó una carta enviada desde Madrid. Al III Congreso, celebrado en Bruselas entre el 6 y el 13 de septiembre de 1868, asistió por primera vez un delegado español, Sarro Magallán, como representante de la llamada «Legión Ibérica del Trabajo» y de «las asociaciones obreras de Cataluña» —su nombre auténtico era Antonio Marsal Anglora, obrero de Barcelona—. Sarro Magallán informó el segundo día del Congreso de la existencia de sociedades clandestinas en Cataluña y en Andalucía, a pesar de la persecución de los gobiernos.

Sin embargo, como ha señalado Tuñón de Lara, «los contactos de la Internacional con España, antes de la revolución de 1868, fueron tan leves como efímeros y nada permite hablar de un movimiento obrero español relacionado con la AIT».

El nacimiento de los dos primeros núcleos de la AIT en España (1868-1870) La Revolución de septiembre de 1868 abrió un periodo de libertad en el que las sociedades obreras —en sus dos variantes de sociedades de ayuda mutua y de sociedades de resistencia— pudieron salir de la clandestinidad en que habían vivido durante la mayor parte del reinado de Isabel II. En octubre el Gobierno Provisional de 1868-1871 decretó la libertad de asociación y ese mismo mes se fundó en Barcelona la Dirección Central de las Sociedades Obreras en la que se integraron las que habían subsistido en la clandestinidad y otras nuevas que se crearon entonces. En diciembre de 1868 la Dirección Central celebró un congreso de obreros de Cataluña en el que estuvieron representadas 61 sociedades.

Allí se acordó apoyar el establecimiento de la República Federal y la participación de la clase obrera en las elecciones y la publicación del semanario La Federación —que se convertiría en el periódico internacionalista más importante—. En febrero de 1869 la Dirección Central pasaría a llamarse Centro Federal de las Sociedades Obreras de Barcelona. Entre sus dirigentes se encontraban hombres que luego serían figuras destacadas de la FRE-AIT: Rafael Farga Pellicer y Antonio Marsal Anglora, nombrados secretarios de la organización; y Juan Nuet, Jaime Balasch, Clement Bové y Juan Fargas. 200px|thumb|Grupo de fundadores de la Primera Internacional, en Madrid, en noviembre de 1868. Giuseppe Fanelli aparece en el centro, arriba del todo, con una larga barba. El contacto directo de este movimiento societario con la AIT se produjo por iniciativa de la sección de Ginebra de la AIT, encabezada por Mijail Bakunin, quien decidió enviar al italiano Giuseppe Fanelli a España «para establecer relaciones permanentes y estables con las organizaciones obreras españolas». Fanelli llegó a Barcelona, procedente de Génova, a finales de octubre de 1868 donde se entrevistó con los dirigentes de la Dirección Central. Después de pasar por Tarragona, Tortosa y Valencia, acompañado de Elie Reclus, Arístides Rey, Fernando Garrido y José María Orense, Fanelli se dirigió en solitario a Madrid adonde llegó el 4 de noviembre. En casa del litógrafo Julián Rubao Donadeu celebró una primera reunión con varios obreros que frecuentaban la agrupación cultural Fomento de las Artes. De este grupo surgiría el núcleo provisional de la Internacional en Madrid, formado el 24 de enero de 1869 por veintiuna personas: cinco pintores de la construcción, cuatro tipógrafos —uno de ellos Anselmo Lorenzo—, dos sastres, dos grabadores —uno de ellos Tomás González Morago—, dos zapateros, un carpintero, un dorador, un litógrafo, un cordelero, un equitador y un periodista. Sin embargo, este núcleo madrileño no se convertiría oficialmente en sección de la AIT hasta diciembre de ese año.

Fanelli les proporcionó documentos oficiales de la Internacional pero también de la Alianza Internacional de la Democracia Socialista, la organización anarquista secreta creada en septiembre de 1868 por Bakunin, lo que, según Tuñón de Lara, «iba a influenciar el desarrollo posterior de la Internacional en España y a engendrar un equívoco de gran alcance» —sin embargo Josep Termes considera que se ha magnificado su importancia—. En diciembre la Alianza había visto denegada su petición de ingreso en la AIT —«a menos que aceptara los Estatutos de la Asociación y, que como organización pública de trabajadores, se transformara en una sección federada de ésta», según Clara Lida— pero Fanelli lo desconocía cuando formó el grupo de la Internacional. Así ocho miembros del grupo madrileño se integraron también en la Alianza, sin ser conscientes de que lo que esta propugnaba era contrario a lo aprobado por la Internacional, influida por las ideas de Karl Marx. Mientras la Internacional había acordado en su II Congreso «que la emancipación social de los trabajadores es inseparable de su emancipación política» y «que el establecimiento de libertades políticas es una medida principal de absoluta necesidad», la Alianza rechazaba «toda acción revolucionaria que no tenga por objeto inmediato y directo el triunfo de la causa de los trabajadores contra el capital» y propugnaba la desaparición del Estado, sustituido por la «unión universal de las libres asociaciones».

A principios de febrero de 1869 Fanelli llegó a Barcelona donde reunió a un grupo de más de veinte obreros en el taller del pintor José Luis Pellicer, primo del tipógrafo Rafael Farga Pellicer, secretario general del Centro Federal de Sociedades Obreras —el nuevo nombre que había adoptado la Dirección Central— y del Ateneo Catalán de la Clase Obrera. Este grupo, como ha destacado Tuñón de Lara, «iba a actuar en un propicio "campo de cultivo" facilitado por la pluralidad de sociedades obreras de la ciudad condal y la experiencia de acción societaria que allí había». Este núcleo provisional se transformó en sección barcelonesa de la AIT en mayo de 1869, siete meses antes que el núcleo provisional de Madrid. En ambos casos con la confusión entre la Internacional y la Alianza, como si fueran la misma cosa. «Así, los primeros afiliados españoles a la AIT creían que el programa de la sociedad secreta bakuninista (supresión del Estado, rechazo de la política parlamentaria, abolición de las clases sociales y colectivización de la propiedad) coincidía con los principios de la Primera Internacional». El propio Fanelli «no conocía suficientemente bien las diferencias ideológicas y tácticas que separaban —y en ciertos aspectos oponían— la Internacional de la Alianza».

Esta «combinación sui generis de los principios aliancistas y de la Internacional» «marcaría un rumbo particular al socialismo anarquista en España, proveyéndolo de una amalgama ideológica que, estrictamente hablando, no era la de la Asociación Internacional de los Trabajadores». Así estos primeros grupos se dotaron de «un doble nivel organizativo: uno público y otro secreto». thumb|250px|Delegados asistentes al Congreso de Basilea de la AIT (septiembre de 1869)

En septiembre de 1869 dos representantes del núcleo barcelonés, Rafael Farga Pellicer y el médico Gaspar Sentiñón, acudieron al IV Congreso de la AIT que se celebró en Basilea. El primero fue como representante del Centro Federal de Sociedades Obreras, y el segundo de la sección de la Internacional y de la Alianza. El núcleo madrileño solo envió un saludo, pues no contaba con dinero suficiente para pagar el viaje. Farga y Sentiñón propusieron que el próximo Congreso se celebrara en Barcelona, «la capital industrial de la República federativa ibérica», y también presentaron un informe sobre la situación en España tras el triunfo de la Revolución de septiembre de 1868 en el que decían:

En Basilea Farga Pellicer y Sentiñón establecieron una relación estrecha con Bakunin, con el cual ya habían contactado por carta, lo que determinó un cambio en sus concepciones que luego se trasladaría al movimiento obrero catalán. Según Avilés Farré, debió ser en la primavera de 1870 cuando se constituyó formalmente una sección española de la Alianza bakuninista, poco antes de la celebración del Congreso Obrero de Barcelona del que nacería la FRE-AIT. El cambio de orientación del republicanismo federal al apoliticismo bakuninista se reflejó también en el periódico La Federación que comenzó a divulgar estas ideas y llegó a publicar escritos de Bakunin sin que apareciese su firma.