El Hospital General de Hombres fue un hospital público argentino construido sobre unos terrenos donados a los jesuitas y luego expropiados a éstos durante su expulsión en 1767, que funcionaría luego como hospital atendido por los padres Bethlemitas y posteriormente como Hospital de Hombres administrado por el Estado desde 1799 hasta su demolición en 1883.

Recibió gran cantidad de diagnósticos de demencia, que en esa época no recibían tratamiento, llegando a formar hacia el final de su existencia las dos terceras partes de los pacientes del hospital.

El edificio: Desde su construcción hasta 1799

Así decía José Ingenieros en 1920:

"En 1734 el vecino Ignacio Zeballos hizo donación a los Jesuitas "para que ello ayudara a salvar su alma", de una manzana en el Alto de San Pedro, con más una chacra de sus inmediaciones, para que se fundase una casa auxiliar de la Compañía; allí se edificó en 1735 y la casa funcionó desde su origen con el nombre de Residencia de Belén, llamándose Chacra de Belén a la que se extendía al Oeste, hasta más allá del sitio en que después se fundó la "Convalecencia". En 1760 el vecino Melchor García de Tagle fundó, en el terreno contiguo a la Residencia, una Casa de Ejercicios para mujeres que donó a los Jesuitas, además de una estanzuela y varias casillas con cuyo producto había de sostenerse la institución.

"Poseían, pues, los Jesuitas, al tiempo de su expulsión, tres anexos: la Residencia de Belén, la Chacra de Belén y la Casa de Ejercicios.

"En 1770 tres años después de la expulsión, el procurador general de los Betlemitas, solicitó del Rey que se le concediera la Residencia y la Chacra de Belén para trasladar el Hospital de Santa Catalina. Se interpusieron gestiones de Vértiz y al fin el traslado fue dispuesto por una Real Cédula; más tarde la Junta de Temporalidades dictó una Providencia organizando las funciones del Hospital nuevo.

Desde 1799 hasta su demolición en 1883: El Hospital de Hombres

Así decía José Ingenieros en 1920:

"Desde 1799 la Residencia de Belén fue destinada a "Hospital de convalecencia, incurables, locos y contagiosos"; los Betlemitas hicieron algunas construcciones en la parte más alta de la Chacra de Belén, destinándolas a sus convalecientes. Como el de Santa Catalina no se suprimió, tuvo Buenos Aires a fines del Virreinato tres Hospitales atendidos por los Betlemitas: el de enfermos agudos (Santa Catalina), el de incurables y locos (Residencia) y el de Convalecientes (Convalecencia). Durante algún tiempo existió, además, otro Hospital, llamado del Rey, detrás de San Francisco y sobre la barranca del río; a su lado se trasladó la Casa de Expósitos, después de estar muy poco tiempo en la Casa de Ejercicios donada por García Tagle a los Jesuitas para la atención de su clientela femenina.

"Los primeros enfermos trasladados del Santa Catalina fueron los llamados "incurables y dementes" que vivían hacinados en el loquero. No todos los "dementes" fueron a la Residencia; algunos de los más válidos quedaron en el Santa Catalina para atender a los servicios domésticos y otros fueron enviados con igual objeto a la Chacra de Belén junto con los convalecientes. En los tres hospitales había alienados en los últimos años del virreinato, además de seguir algunos furiosos en la Cárcel del Cabildo.

"El mayor número fue a la Residencia. Pero como esta casa se habilitara para Hospital General de Hombres, la presencia de los locos, cuyo número aumentó rápidamente, indujo a separarlos en un cuadro de dementes que fue de hecho, durante casi un siglo, nuestro único manicomio de hombres; en este loquero se estableció desde el principio un calabozo con cadenas y cepos, destinado a los furiosos, análogo al del Cabildo. Por el año 1800 había allí, aproximadamente, unos 50 alienados, sobre un total de 100 enfermos.

"El 9 de noviembre de 1822 la Sala de Representantes de Buenos Aires autorizó al Gobierno a emplear una fuerte suma en la construcción de una sala en el Hospital General de Hombres, al mismo tiempo que disponía se proyectaran otras dos, con urgencia.

" "Con este aumento el hospital se componía -en 1826- de una sala primera, baja, estrecha, antiguo claustro, que contendría veinticuatro camas; su costado derecho daba a la calle; en ésta se colocaban las afecciones quirúrgicas, por lo que se llamaba por los estudiantes sala de cirugía. "Una sala segunda para clínica médica en el fondo del patio, algo oscura aunque grande, contenía como cuarenta camas. "La sala tercera, que hacía cruz con ésta, dando un costado al segundo patio, era la nueva construcción, grande, elevada y bien ventilada por ventanas al patio. "La sala cuarta estaba situada en un corredor estrecho y muy obscuro que conducía a lo que se llamaba el cuadro o departamento de dementes. Esta sala era muy obscura y húmeda se denominaba sala de presos, porque allí se asistían a los delincuentes y tenía un centinela a la puerta. "Hubo, además, una sala en el primer patio, situada al fondo, que contenía diez camas, destinadas para la asistencia de los oficiales del ejército de línea. Por último al lado del cuadro que alojaba los dementes, había otra sala donde estaban alojados los viejos incurables y se llamaba de crónicos".

"Tenía, pues, el Hospital, 3 salas generales (un centenar de camas), 1 sala de presos (10 o 20 camas), 1 salita de oficiales del ejército (10 camas) y 1 sala de crónicos (20 a 25 enfermos). Veamos como era entonces el loquero anexo cuyo título oficial era: Cuadro de Dementes.

" "El cuadro consistía en un cuadrilongo de cuarenta varas por veinte y cinco de ancho, edificado en todos sus costados, con corredor corrido todo de bóvedas, algunos árboles en su centro; parecía haber sido destinado para celdas de los jesuitas que lo construyeron, por ser todo compuesto de cuadros aislados, con puerta al corredor, piezas todas hermosas y muy secas... Ahí se mantenían encerrados y con un centinela en la puerta los locos, a los cuales pasaba visita uno de los médicos cuando se enfermaba de otra cosa que su demencia, pues para ella no se les prodigaba entonces ningún tratamiento. "A estos locos los cuidaba, o mejor diré los gobernaba, un capataz que generalmente tenía una verga en la mano, con la cual solía darles algunos golpes a los que no le obedecían sus órdenes, y por medio del terror se hacía respetar y obedecer; cuando algún loco se ponía furioso, en uno de esos accesos que suelen tener las demencias crónicas, se les encerraba en un cuarto sin muebles y muchas veces sin cama, donde permanecían mientras le duraba la exaltación mental. Varias veces sucedió que estos infelices se peleaban entre ellos y se hacían heridas más o menos graves; y siendo yo estudiante fui testigo de dos casos de muerte causada por un loco a otro, sirviéndose como arma del pie de un catre de madera fuerte". - Albarellos, lug. cit. En 1854 el Hospital General de Hombres tenía 131 dementes, hacinados en su famoso Cuadro. En 1857 se llevaron algunos dementes seniles al Asilo de Mendigos; al terminar el año quedaban en el Hospital 120, sobre un total de 195 enfermos. En diciembre del siguiente año, 1858, el Hospital tenía en su Cuadro 131 dementes, sobre un total de 195 enfermos; más de dos tercios de su población.

"En 1852 se amplió el Cuadro de Dementes del Hospital, construyéndose un gran patio en el sitio que ocupara la ropería. La medida fue insuficiente; la Comisión del Hospital se lamentó, en 1860, del hacinamiento de los alienados.

"A fines de 1863 se logró habilitar una sección de la nueva Casa de Dementes, con capacidad provisoria para 123 enfermos (origen del actual Hospicio de las Mercedes). Se trasladaron allí los alienados más peligrosos e incómodos, quedando en el Cuadro del Hospital los demás, incesantemente aumentados. Su aspecto y su hacinamiento no varió hasta 1883, en que fue evacuado el edificio; el Cuadro era "un patio grande, de forma cuadrada, limitado en dos de sus lados por pequeños cuartos, que eran las habitaciones de los practicantes y dementes. Estos últimos ejercían funciones de sirvientes y vivían en completa promiscuidad con los "internos". En 1879 se pensó trasladar al Hospital San Roque el excedente de los alienados del Hospicio y del Hospital, lo que no pudo efectuarse por haber sobrevenido, en 1880, la epidemia de viruela. En 1881 se llevaron algunos dementes seniles del Hospital al Asilo de Mendigos; otros, que permanecieron mezclados con enfermos crónicos, fueron pasados a los dos nuevos pabellones construidos con ese fin, en el Hospicio de las Mercedes, en 1883, fecha en que fue demolido el secular Hospital General de Hombres.

Los últimos años

Hacia 1880, "El Hospital General de Hombres estaba pronto para finalizar su período útil. Ciertamente, algo lo condenaba, era de gruesas paredes de adobe y ladrillo, sin instalaciones sanitarias, con salas oscuras que recibían toda la humedad del clima porteño, y había sido denostado permanentemente como causa de infecciones y putrefacción".

El ilustre Manuel Podestá quien sufriera parte de su preparación de ese hospital donde sería jefe de clínica quirúrgica tan sólo a los 20 años, dejó un cuadro naturalista del lugar que publicaría en 1889 como parte de su novela más famosa, Irresponsable:

También recordaría el anfiteatro dentro del mismo que sirviera para las clases de anatomía, y que se servía como material de los muertos del hospital, y el trato que recibieran los cuerpos:

Y la antecámara del anfiteatro que hacía de morgue y la sala de autopsias:

En el prólogo de su novela, sin firma, se refieren a él como "pleno purgatorio humano".

Referencias

Categoría:Hospitales desaparecidos de la ciudad de Buenos Aires Categoría:Organizaciones fundadas en 1770 Categoría:Organizaciones desaparecidas en 1883 Categoría:Hospitales psiquiátricos