Juan Enríquez, O.F.M. (m. 1418) fue un religioso castellano franciscano perteneciente a la familia Enríquez. Fue hijo de Alfonso Enríquez, almirante de Castilla, y de Juana de Mendoza.
Además de ser miembro de la Orden de los franciscanos, fue obispo de Lugo (1409-1418), ministro provincial franciscano de la provincia de Castilla (1406-1409), confesor del rey Enrique III de Castilla, maestro o posiblemente doctor en Teología, custodio de la Custodia de Toledo, visitador del convento de Santa Clara la Real de Toledo y del de Santa Clara de Guadalajara, y según algunos antiguos cronistas guardián del convento de San Francisco de Valladolid, aunque los historiadores modernos no han confirmado esto último.
Fue bisnieto del rey Alfonso XI de Castilla.
Orígenes familiares La mayoría de los historiadores modernos afirman que fray Juan Enríquez fue hijo del almirante Alonso Enríquez, y de Juana de Mendoza, aunque algunos no lo mencionan entre los hijos de estos últimos, y otros se limitan a afirmar que pertenecía a la familia de los almirantes de Castilla, cargo que en aquella época era detentado por la familia Enríquez. Además, era nieto por parte paterna de Fadrique Alfonso de Castilla, que fue hijo ilegítimo de Alfonso XI y de Leonor de Guzmán y maestre de la Orden de Santiago, aunque se desconoce la identidad de su abuela paterna. Y por parte materna era nieto de Pedro González de Mendoza, señor de Hita y Buitrago y mayordomo mayor del rey Juan I de Castilla, y de Aldonza de Ayala.
Fue hermano, entre otros, de Fadrique Enríquez, almirante de Castilla, de Enrique Enríquez de Mendoza, conde de Alba de Liste, y también hermanastro de Juan Enríquez, que era hijo ilegítimo de su padre y tomó parte en algunas operaciones navales contra los musulmanes, y hermano o hermanastro de Rodrigo Enríquez, que llegó a ser arcediano de Toro y de la catedral de Palencia. Y también conviene señalar además que fray Juan Enríquez estaba emparentado con Pedro Enríquez, que fue obispo de Mondoñedo, con García Enríquez Osorio, que fue obispo de Oviedo y arzobispo de Sevilla, y con Alonso Enríquez de Mendoza, que fue obispo de Coria.
Biografía
Confesor de Enrique III de Castilla y ministro provincial de los franciscanos de Castilla (1395-1409) thumb|219px|Retrato imaginario del rey Enrique III de Castilla. José María Rodríguez de Losada. (Ayuntamiento de León). Se desconoce su fecha de nacimiento. Su padre, el almirante Alonso Enríquez, fue miembro del Consejo Real, adelantado mayor del reino de León desde 1402, y almirante de Castilla desde 1405, y a lo largo de su vida acumuló, entre otros, los señoríos de Medina de Rioseco, Aguilar de Campos, Torrelobatón, Bolaños de Campos, Villabrágima y Palenzuela, y la familia Enríquez, que estaba emparentada directamente con la realeza castellana, tenía la mayor parte de su patrimonio en tierras de Valladolid.
Hay constancia de que en 1395, durante el reinado de Enrique III de Castilla, fray Juan Enríquez ya era custodio de la Custodia de Toledo y visitador del convento de Santa Clara la Real de Toledo y del de Santa Clara de Guadalajara, y ese mismo año fray Juan y las hermanas Inés e Isabel Enríquez, que eran hijas ilegítimas de Enrique II de Castilla y abadesas del convento de Santa Clara la Real de Toledo, solicitaron al Tribunal del Subsidio que dicho convento quedara exento de abonar el tributo del subsidio, y el tribunal, basándose en una bula que el papa Clemente VII había concedido al mencionado convento en 1394, falló a favor del convento y les eximió del pago de dicho impuesto. Y algunos autores señalan que también en 1395 fray Juan Enríquez ya era confesor del rey Enrique III de Castilla, aunque yerran al afirmar que era miembro de la Orden de los dominicos, ya que hay constancia de que fray Juan, cuya familia sentía un gran aprecio por los franciscanos, profesó como religioso en esta última Orden, aunque se desconoce la fecha exacta en que lo hizo.
Los historiadores fray Antonio Daza y fray Matías de Sobremonte afirmaron que fray Juan Enríquez fue a principios del guardián del convento de San Francisco de Valladolid, al igual que fray Alonso de Argüello, que llegaría a ser ministro provincial franciscano de la provincia de Castilla y arzobispo de Zaragoza, pero Francisco Javier Rojo Alique señaló que los historiadores modernos no han confirmado la afirmación de que ambos personajes fueran guardianes de ese convento vallisoletano. No obstante, conviene señalar que según algunos autores el cargo de guardián del convento de San Francisco de Valladolid llevaba aparejado un cierto «reconocimiento y prestigio social», y según el padre fray Matías de Sobremonte ya desde la Edad Media era un cargo muy estimado que aseguraba a su poseedor el ascenso a otras dignidades más elevadas dentro de la Orden de los franciscanos y del resto de la Iglesia en general.
Durante los reinados de Enrique III y de Juan II de Castilla el monarca contaba con ocho confesores, y su cometido no se limitaba a asesorar al rey en asuntos espirituales, sino también en temas políticos, ya que en aquella época, como señaló el historiador Guillermo Fernando Arquero Caballero, la separación entre ambos «estaba mucho menos» definida que en épocas posteriores. Y a pesar de que la mayoría de los confesores reales pertenecían a la Orden de los dominicos, hubo también monjes jerónimos y frailes franciscanos que ocuparon ese cargo, y hay constancia de que junto con fray Juan Enríquez también fue confesor del rey Enrique III fray Alfonso de Cusanza, que era dominico.thumb|225px|Retrato imaginario del rey Juan II de Castilla. José María Rodríguez de Losada. (Ayuntamiento de León).
Además, fray Juan Enríquez tuvo según algunos historiadores «un especial protagonismo» en la reforma de la Orden franciscana que estaba siendo plenamente apoyada por la Corona castellana, y siembre mantuvo una estrecha relación con el rey Enrique III de Castilla, ya que además de ser su confesor y miembro de su Consejo Real, fue uno de los testigos que estuvieron presentes, junto con fray Fernando de Illescas, que también era franciscano y confesor del rey, y Pablo de Santa María, obispo de Cartagena y canciller mayor de Castilla, cuando el monarca castellano dictó su testamento el 24 de diciembre de 1406, un día antes de su muerte, en la ciudad de Toledo.
A la muerte de Enrique III subió al trono su hijo, Juan II de Castilla, pero debido a su corta edad la regencia del reino quedó en manos de su madre, la reina Catalina de Lancaster, y de su tío, el infante Fernando, que era hijo de Juan I de Castilla y de la reina Leonor de Aragón. Pero hay constancia de que tanto fray Juan Enríquez como fray Fernando de Illescas se negaron a llevar a cabo algunas de las últimas voluntades consignadas en el testamento de Enrique III, alegando que no debían hacerlo por atentar contra la regla de los franciscanos.El historiador David Nogales Rincón señaló que fray Juan Enríquez y fray Fernando de Illescas, debido al hecho de que eran franciscanos, no solamente se negaron a cumplir algunas de las últimas voluntades de Enrique III por atentar contra las reglas de su Orden, sino también de los testamentos de Juan I de Castilla y de su esposa, la reina Leonor de Aragón. Cfr. VV.AA. y Nogales Rincón (2008), p. 60. Y hay constancia de que ambos personajes estuvieron presentes, junto con los obispos de Sigüenza, Segovia, Orense, Cuenca, León, Cartagena, Jaén, Palencia y Salamanca en las Cortes de Segovia de 1407, que se reunieron un año después de la muerte de Enrique III.
Entre 1406 y 1409 fray Juan fue además ministro provincial de los franciscanos de la provincia de Castilla, y se vio obligado a compaginar el cargo de confesor del rey con el mencionado anteriormente, aunque debió ser durante poco tiempo, ya que el historiador José Manuel Nieto Soria afirmó que cuando en 1406 fray Juan asumió el cargo de ministro provincial franciscano de Castilla fray Alfonso de Alcocer, que también era franciscano, le sustituyó como confesor real. Y cuando ese mismo año fray Juan tuvo necesidad de desplazarse a la Corte papal, tuvo que solicitar al pontífice que otro fraile le sustituyera en su cargo de ministro provincial franciscano de Castilla y en el de visitador de las clarisas de Toledo, y el papa Benedicto XIII, mediante una bula emitida el 1 de septiembre de 1406, permitió que otro religioso le sustituyera en esos cargos a fin de que fray Juan pudiera viajar a la Curia papal para resolver el problema que el monarca castellano tenía con esta última por causa del Cisma de Occidente, aunque hay constancia de que fray Juan continuó siendo el titular de ambos cargos.
Y también hay constancia de que durante el tiempo en que fue ministro provincial franciscano de la provincia de Castilla fray Juan Enríquez potenció la fundación, sobre todo por parte de la aristocracia, de nuevos conventos de franciscanos y clarisas.
Obispo de Lugo (1409-1418) thumb|215px|Fachada principal de la catedral de Lugo. El 3 de julio de 1409 fray Juan Enríquez fue nombrado obispo de Lugo por el papa Benedicto XIII por causa de la defunción del anterior titular, fray Juan de Feijoo, que había sido fraile dominico, y el nuevo obispo lucense ocupó la sede hasta el momento de su defunción, en noviembre de 1418. Y el historiador Óscar Villarroel González afirmó que en el nombramiento de fray Juan Enríquez como obispo de Lugo debió ser decisivo el apoyo de la Corona castellana, ya que el nuevo prelado había sido confesor del rey Enrique III y miembro del Consejo Real y había sido uno de los más estrechos colaboradores del difunto monarca en lo tocante a la reforma de los franciscanos, aunque también debió influir en su designación el hecho de que en su testamento, Enrique III hubiera solicitado que se rogase al papa que a fray Juan Enríquez se le encomendara el gobierno de alguna diócesis.
En el reino de Castilla, como señaló la historiadora Marta Cendón, era usual que de las grandes familias del reino surgiesen uno o varios prelados, como en el caso de los Enríquez, o en los de las familias Velasco, Fernández de Córdoba, Guzmán, Pimentel, Acuña, Manrique, Álvarez de Toledo, Sotomayor, Mendoza, Stúñiga, Osorio o Silva. Además, entre 1409 y 1410 fray Juan formó parte esporádicamente del Consejo Real, ya que en julio de 1409 formaba parte del de la reina Catalina de Lancaster y suscribió junto a esta última y otros miembros del mismo un documento. Sin embargo, algunos historiadores afirman que durante la minoría de edad de Juan II el obispo de Lugo siempre fue partidario del infante Fernando, que llegaría a ser rey de Aragón en 1412 tras el Compromiso de Caspe.
Al contrario que la mayoría de los obispos castellanos, fray Juan Enríquez era partidario, al igual que los franciscanos, de enviar una delegación al Concilio de Constanza para que en él se pudiera poner fin al Cisma de Occidente, y en 1416 fue uno de los partidarios de abandonar el bando del papa Benedicto XIII, como ya había solicitado el rey Fernando I de Aragón.Hay constancia de que el 2 de enero de 1415 fray Juan Enríquez estuvo en la ciudad de Toledo, ya que su nombre figura en un aforamiento realizado en dicha ciudad en esa fecha. Cfr. Cendón Fernández (1997), p. 303. Y el 8 de junio de 1417 fue nombrado mediante una bula papal «conservador de los derechos y privilegios» de las monjas de Santa Clara la Real de Toledo, aunque esa responsabilidad recaería también en el deán de la catedral de Toledo y en Rodrigo Fernández de Narváez, obispo de Jaén.thumb|330px|Vista general de la ciudad de Toledo.