miniatura|Partes del cuchillo canario. El cuchillo canario es un tipo de cuchillo étnico originario de la isla de Gran Canaria, utilizado tradicionalmente en labores agropecuarias. Desde las primeras décadas del siglo se convierte, además, en un distinguido objeto de regalo por parte de instituciones públicas y privadas, siendo obsequiado a distintas personalidades y autoridades como Alfonso XIII, Francisco Franco, Juan Carlos I, Hassan II, Bernardo de Holanda, etc.Juan M. Zamora Maldonado y José J. Sosa Perdomo, Los cuchillos canarios del siglo XIX y principios del siglo XX, p. 37 (2018) Desde hace unos años, esta artesanía se ha extendido a otras islas del archipiélago canario y también se elabora en Fuerteventura, Lanzarote, La Palma y Tenerife. Características El utensilio isleño se distingue por su elaborado «cabo» (mango) fusiforme que puede estar decorado con líneas, figuras geométricas, motivos florales, dameros, motivos indígenas grancanarios, etc. Este está rematado en ambos extremos por «casquillos» metálicos troncocónicos, con o sin decoraciones, que refuerzan la empuñadura y la estabilidad de la «espiga». El casquillo superior está rematado a su vez por un remache llamado «perilla», cuya función es mantener unidas a presión todas las partes del cabo, en el cual no se emplea adhesivo alguno. El espacio entre ambos casquillos lo conforman una serie de «piezas» (arandelas), siempre en número impar, de metal, hueso, cuerno, etc., con o sin incrustaciones, ensartadas en una espiga cuadrangular.

La «hoja» lanceolada de metal, normalmente de acero y un solo «filo» (algunos ejemplares también presentan contrafilo en el «pete» (lomo), que es el lado opuesto al filo), posee dos elementos característicos en su parte superior concebidos para apoyar el dedo; una escotadura redondeada o rebaje llamada «garganta» y la «barbilla», que es la parte sobresaliente. Cabe señalar que la hoja (incluyendo espiga y colchón) está forjada de una sola pieza, sin uniones ni soldaduras.

Otro de los rasgos distintivos de la herramienta es que cuenta con una hoja intercambiable (una característica única entre los cuchillos étnicos del mundo), ya que al ser un útil de trabajo esta estaba sometida a un desgaste permanente debido al uso y los continuos afilados. Normalmente, el instrumento viene acompañado de una «vaina» (funda) en piel, cuya función principal era la seguridad del portador en las diferentes tareas agropecuarias.

Desde los inicios del cuchillo canario, cuchilleros y herreros han dejado su firma en el denominado «colchón» o «escorchón» (engrosamiento de la hoja hecho a forja sobre el que se asienta el cabo) mediante muescas lineales y cruciformes, si bien no todos están firmados. Estas marcas sirven como referencia a la hora de identificar la autoría de una hoja en concreto, que con frecuencia coincidía con la manufactura del cabo, en caso de que el artesano hiciese a la vez tanto el mango como la hoja, lo que no siempre sucedía, como en la actualidad.

En efecto, muchos de los cuchilleros o encabadores se limitaban a encabar las hojas terminadas que adquirían a los herreros. Por ello, no se puede catalogar un cuchillo antiguo en función de la firma del colchón. En primer lugar porque podría tratarse de una hoja diferente a la original, sustituida por otra como consecuencia del desgaste y en segundo lugar, porque en caso de que el cuchillo conservase su hoja original, esta podría haber sido comprada a un herrero que no tendría por qué coincidir con quien hizo el cabo, es decir el cuchillero, encabador o cabero.

Entre las características diferenciadoras del cuchillo canario se encuentra la flexible y delgada hoja lanceolada intercambiable, midiendo su pete unos dos o tres milímetros junto al colchón, para ir disminuyendo progresivamente en grosor hasta llegar a cero en la punta. Otro rasgo distintivo de la hoja es la guarda, compuesta por garganta y barbilla, cuya función es servir de apoyo y protección al dedo índice, impidiendo que la mano se deslice hacia el filo y se produzcan cortes. Asimismo, destaca el ornamentado cabo hecho a mano, cuyas piezas de distinto diámetro, espesor, color y material suelen estar decoradas con incrustaciones para formar los más variados diseños, de sencillos a complejos. Es el componente plástico y artístico por antonomasia, donde quedan plasmados el nivel de maestría y la creatividad de cada artesano.

Origen, evolución y usos Los aborígenes prehispánicos que habitaron Gran Canaria no hicieron uso de los metales, al carecer la isla de minerales de donde poder extraerlos. La llegada de armas blancas se produjo durante la conquista y colonización europea de la isla a finales del .

Se han planteado diversas hipótesis sobre la procedencia del cuchillo grancanario. Una de ellas sugiere que su origen estaría en las cuchillerías de Toledo y Albacete. Sin embargo, estudios recientes han demostrado que cuchillos catalogados como albaceteños en determinados museos, en realidad provenían de Málaga. El cuchillo típico español se hacía en Toledo y Albacete, pero también en Andalucía, concretamente en Tolox (Málaga). Este último presenta similitudes con el cuchillo canario, tales como hoja triangular de un solo filo, colchón, espiga, casquillos y cabo fusiforme. Pese a los distintos lugares planteados, estas hipótesis coinciden en señalar la mitad sur de España como ámbito geográfico de origen.

Ese cuchillo de origen foráneo fue transformándose en la isla, incorporando otras influencias claves en su evolución, como la alternancia de roldanas de cuernos de diferentes tonalidades con arandelas metálicas, presentes en empuñaduras de cuchillos y pipas de fumar norteafricanas.Juan M. Zamora Maldonado y José J. Sosa Perdomo, Los cuchillos canarios del siglo XIX y principios del siglo XX, pp. 248-249 (2018) Todo ello dio lugar a un modelo de cuchillo con unas características únicas que lo diferencia de los demás, lo que le ha valido el nombre propio de «cuchillo canario». En cuanto a su antigüedad, se estima que el cuchillo isleño aparecería como tal en torno a finales del y principios del , forjándose por primera vez en alguna de las herrerías de los municipios de Guía y Telde.

Sin embargo, podría deducirse que ya existía a mediados del , a tenor de lo publicado en 1914 en una biografía sobre el escultor José Luján Pérez, nacido en la isla en 1756: miniatura|Cuchillo con cabo del tipo «rayado», contrafilo en el «pete», punteado en el recazo y «vaina». Presenta la fisonomía típica del ; «cabo» de mayor grosor y hoja más estrecha, triangular y puntiaguda. Ilustración publicada en 1887 en el libro de Olivia Stone donde relata su viaje a Canarias realizado entre 1883 y 1884. Respecto a su morfología, los fabricados en el y primera década del presentaban una hoja más triangular, estrecha y gruesa, así como, en general, cabos más cortos y de mayor grosor en comparación con los realizados en fechas posteriores.Juan M. Zamora Maldonado y José J. Sosa Perdomo, Los cuchillos canarios del siglo XIX y principios del siglo XX, p. 251 (2018) Los cambios en las proporciones de la hoja y el cabo fueron provocados por la expansión y auge del cultivo de la platanera, al tener que adaptarse el útil agrícola a las necesidades derivadas de ese cultivo. Estas modificaciones, que comenzaron a producirse al final de la primera década del , se han mantenido hasta la actualidad.Juan M. Zamora Maldonado y José J. Sosa Perdomo, Los cuchillos canarios del siglo XIX y principios del siglo XX, p. 249 (2018)

Pero los cambios no se limitaron únicamente a la fisonomía del objeto, la decoración del cabo también sufrió una evolución importante con la introducción de nuevos motivos que siguen utilizándose a día de hoy. Desde el último tercio del , la familia Batista de Guía jugó un papel fundamental en este aspecto, comenzando por la figura del patriarca, José Batista González, platero de profesión. No obstante, fue su hijo Fermín Vicente Paulino Batista León, conocido como «maestro Vicente Batista», quien desarrollaría y enriquecería el nuevo estilo. Su padre inició el cambio en la estética de los cabos, pero fue él quien revolucionó esta artesanía mediante la armonía geométrica, la simetría, el orden y el color, hasta tal punto que muchos de sus trabajos pueden catalogarse de auténticas obras de arte.

Estos orfebres guienses marcaron un antes y un después en la historia del utensilio, al incorporar nuevos materiales y elementos decorativos que dieron lugar a nuevas y complejas composiciones, como los «dameros y flores».Juan M. Zamora Maldonado y José J. Sosa Perdomo, Los cuchillos canarios del siglo XIX y principios del siglo XX, pp. 96-97 (2018) Otros miembros destacados de la saga que continuaron con la tradición familiar de elaborar «cabos de flores» fueron la hermana de maestro Vicente, Carmen Batista León y el hijo de este, Vicente Batista López. Posteriormente, otros artesanos han seguido diversificando el repertorio de dameros o ajedrezados, creando toda una serie de nuevos diseños.

La herramienta ha sido conocida en la isla por diferentes nombres: «cuchillo de labranza», «cuchillo del país», «cuchillo a uso del país», «cuchillo canario», «cuchillo cabo pieza», «cuchillo cabo hueso», etc. Una de las denominaciones utilizadas frecuentemente para referirse al arma blanca es el canarismo naife. La etimología de la palabra deriva del inglés knife (cuchillo), pronunciación: ˈnaɪf/, término que se popularizó en las últimas décadas del ,Juan M. Zamora Maldonado y José J. Sosa Perdomo, Los cuchillos canarios del siglo XIX y principios del siglo XX, p. 22 (2018) aunque ya existía a finales del en la capital de la isla (no así en zonas rurales u otros municipios), coincidiendo con el incremento de las relaciones comerciales, la afluencia de visitantes y el tráfico marítimo con Gran Bretaña. Los investigadores prefieren no utilizar este vocablo al no tener el cuchillo isleño procedencia inglesa, decantándose por el nombre genérico de «cuchillo canario». Este hace alusión al gentilicio de Canaria (Gran Canaria), uno de los nombres por el que era conocida la isla en centurias pasadas, no al gentilicio del archipiélago.

Históricamente, el útil de trabajo siempre estuvo vinculado al mundo rural, donde era utilizado por los hombres en la agricultura y la ganadería. Solía llevarse a la cintura enfundado en su vaina sujeta al cinturón, ceñidor o pantalón. No obstante, como cualquier cuchillo, su condición de arma blanca fue utilizada en ocasiones para cometer delitos contra la vida y la integridad física, sobre todo en las primeras décadas del en Gran Canaria y Tenerife, tal y como recoge la prensa de la época. Todo ello propició que en 1916 se restringiera su uso: miniatura|Monumento a cuchilleros y herreros en forma de cuchillo canario (2004), Guía de Gran Canaria. Aunque su uso tradicional aún perdura, con el paso del tiempo ha pasado a ser considerado un artículo decorativo, de coleccionista, de regalo, de menaje de cocina/servicio de mesa, de recuerdo, así como un símbolo de identidad canaria.

Existe un monumento dedicado a los cuchilleros y herreros de Guía de Gran Canaria cuya forma reproduce este símbolo cultural a escala gigantesca. El «Festival del Sur, Encuentro Teatral Tres Continentes» que se celebra en Agüimes, concede anualmente el premio «Cuchillos canarios», entregando uno como reconocimiento. Sin olvidar que desde el siglo se ha expuesto en diversas ferias y se hacen exposiciones monográficas sobre el mismo.

Reseñas históricas El objeto no pasó desapercibido a los ojos de determinados estudiosos y viajeros, prueba de ello son las reseñas históricas que se citan a continuación. miniatura|Dibujo de un campesino grancanario en traje de faena con la herramienta sujeta al fajín (1853).