thumb|María I de Inglaterra curando la escrófula. Illustración del Queen Mary's manual for blessing cramp-rings and touching for the Evil, de Levina Teerlinc.
Toque real es una forma de imposición de manos con fines curativos que realizaban los reyes de Francia y de Inglaterra del Antiguo Régimen. Se creía que su coronación les confería el poder taumatúrgico de curar a sus súbditos, sin distinción de condiciones sociales, de algunas enfermedades específicas, principalmente la escrófula o "mal del rey" (King's Evil, linfadenitis tuberculosa cervical o adenita tubercular -historia de la tuberculosis-), una enfermedad que raramente es mortal, y que remite espontáneamente con relativa frecuencia, lo que facilitaba atribuir su curación a la intervención real (más allá de los posibles efectos de la curación por la fe). El uso político de esta ceremonia suponía una legitimación del poder real, especialmente al comienzo de un reinado o el estableciemiento de una nueva dinastía.
Orígenes: reyes taumaturgos thumb|left|Manuscrito del que representa la tradición según la cual Clodoveo I sanando a los escrofulosos tras su coronación.
El de rey taumaturgo es un concepto antropológico existente en muchas culturas desde la Antigüedad, que el cristianismo asimila y sincretiza junto con otros conceptos greco-romanos (Interpretatio Romana, Interpretatio Christiana).James Frazer, La rama dorada.
Aunque la unción regia se produce también en otras monarquías, los reyes de Francia y los reyes y reinas regentes de Inglaterra fueron los únicos reyes cristianos que reclamaron disponer del poder de origen divino (divinitus) de curar por tocar o rozar a los enfermos. Esta capacidad especial era vista como una prueba de la estimación particular que Dios tenía por estas. En cuanto a cuál fue el primer monarca al que tal capacidad fue conferida, había discrepancias. En Inglaterra, se sostenía que Eduardo el Confesor (r. 1042–1066) fue el primer rey en poseer el toque real. En Francia, tal don divino se pretendía remontar a Felipe I (r. 1059–1108) o a Roberto II (r. 987–1031), y se negaba que San Eduardo lo tuviera, argumentando que el primer rey inglés en reclamar tal capacidad fue Enrique I (r. 1100–1135), en una imitación política de la monarquía francesa. El médico André du Laurens (1558–1609) sostenía que Clodoveo I (r. 481–511) fue el primer rey que curó por toque a enfermos de escrófula; pero el medievalista Marc Bloch (1886–1944) considera que tal tradición sólo puede establecerse con probabilidad desde Felipe I. Historiadores más recientes, como Frank Barlow (1911–2009), consideran que la práctica se originó más bien con Luis IX de Francia (San Luis, r. 1226–1270). La primera evidencia directa del uso del toque real en Inglaterra son los registros financieros del reinado de Eduardo I (r. 1272–1307), un rey cruzado que no llegó a Inglaterra hasta 1274. La costumbre de dar un penique a cada enfermo estaba bien establecida en 1276, lo que sugiere que la práctica provendría al menos del reinado de su padre, Enrique III (r. 1216–1272), conocido por sus decisiones arbitrarias y manifestaciones públicas, así como por ser tan piadoso como su amado cuñado San Luis; la historiografía considera verosímil, por tanto, que introdujera por imitación la costumbre de la monarquía francesa en Inglaterra.
Poderes curativos en otras monarquías
El toque real no fue el único poder curativo atribuido a la realeza europea. Se creía que los Habsburgo curaban la tartamudez con un beso en la boca. Los reyes de Castilla durante la Edad Media realizaban exorcismos haciendo la señal de la cruz e invocando a Dios para liberar a los endemoniados (término muy genérico, en el que se incluían muy distintas enfermedades actualmente diagnosticadas como mentales o incluso somáticas). También se decía que los reyes de Hungría curaban la ictericia.Anales de la Real Academia de Medicina, 1893, Tomo XIII, Cuaderno 3, pg. 288.
Inglaterra thumb|Touch piece de Enrique VI de Inglaterra (r. 1422–1461). Los sucesores de Enrique I no consideraron el toque real como algo fundamental en sus atributos, reduciendo su aplicación. El ritual permaneció como un aspecto marginal de la monarquía hasta el , cuando pasó a adquirir proporciones sin precedentes y llegó a convertirse en un objeto de escrutinio de toda clase de estudiosos.
Desde el reinado de Eduardo IV (r. 1461–1470, 1471–1483), los reyes de Inglaterra daban a los enfermos una medalla dorada conocida como touch pieceWaring, Philippa (1987). The Dictionary of Omens & Superstitions. Treasure Press. ISBN 1-85051-009-1. Fuente citada en Touch piece que colgaban del cuello del afectado. En el reverso de la medalla se representaba un barco, y en el anverso al arcángel san Miguel derrotando a un dragón. La medalla debía llevarse continuadamente para asegurar la efectividad del tratamiento. El valor crematístico de la medalla hacía que algunos reclamaran el toque para luego venderla.
Procedimiento. Otras enfermedades A most miraculous work in this good king;Which often, since my here-remain in England,I have seen him do. How he solicits heaven,Himself best knows: but strangely-visited people,All swoln and ulcerous, pitiful to the eyeThe mere despair of surgery, he cures,Hanging a golden stamp about their necks,Put on with holy prayers: and 'tis spokenTo the succeeding royalty he leavesThe healing benediction.Shakespeare imagina así a Malcolm III de Escocia describiendo el toque de Eduardo el Confesor en Macbeth, acto IV, escena 3. Enrique VII de Inglaterra (r. 1485–1509), el primer rey de la Casa de Tudor, preocupado por legitimar su acceso al trono, estableció firmemente el procedimiento sobre el precedente de los monarcas anteriores. Consistía en cuatro elementos: El rey tocaba (o, alternativamente, rozaba) la cara o cuello del enfermo. El rey colgaba de su cuello la medalla. Se leían ciertos pasajes de los Evangelios (Marcos 16: 14–20 y Juan 1: 1–14) alusivos a la inmunidad de los reyes ante las enfermedades infecciosas Se elevaban plegarias a Dios, a la Virgen y a los Santos (tras la Reforma anglicana, únicamente a Dios).
Aunque el toque real inicialmente se reservaba a la escrófula, se extendió al reumatismo, las convulsiones y toda clase de fiebres y cegueras; así como al bocio y otras enfermedades. Desde el reinado de Isabel I de Inglaterra (r. 1558–1603) se volvió a restringir a la escrófula.
Además de las medallas para la escrófula, los reyes de Inglaterra repartían cramp-rings ("anillos de los calambres")Walter William Skeat, Anthony Lawson (1914). A Glossary of Tudor and Stuart Words: Especially from the Dramatists. Original from the University of Michigan: Clarendon Press. p. 97. Fuente citada en Cramp-ring para la cura de enfermedades de supuesto origen diabólico como los calambres y la epilepsia.
El ritual establecido por Enrique VII para el toque real no se modificó excepto en raras ocasiones, con cambios menores: Isabel hacía la señal de la cruz sobre la cabeza del enfermo, mientras que su aprensivo sucesor, Jacobo I de Inglaterra (r. 1603–1625), se limitaba a realizar gestos sobre el absceso, sin tocarlo realmente.
Frecuencia thumb|left|Carlos II de Inglaterra ejecutando el toque real. Grabado de Robert White, 1684. El ritual se ejecutaba habitulmente entre la fiesta de San Miguel Arcángel (Michaelmas) y la Pascua, cuando el tiempo frío prevenía el contagio por contacto con un sujeto infectado. Se creía que el tratamiento era más eficaz si se celebraba en un día de fiesta litúrgica (holy day). Los reyes ingleses realizaban menos frecuentemente el toque que los franceses. Eduardo I tocaba anualmente a más de mil enfermos (1,736), pero no lo hacía durante sus frecuentes campañas militares en el exterior. Sus inmediatos sucesores siguieron una pauta similar.
Enrique VII tocaba sólo a siete u ocho enfermos al año, y hubo periodos de varios años en que no ejecutó ningún toque real. Enrique VIII (r. 1509-1547) tocó a 59 enfermo entre enero de 1530 y finales de diciembre de 1532. El protestante Eduardo VI (r. 1547–1553) no parece que realizara el ritual, pero la católica María I (r. 1553–1558) se tomó más seriamente esa función. Al comienzo de su reinado, la protestante Isabel I era reacia a celebrar un ritual de cuya eficacia probablemente dudaba; pero reanudó la práctica en 1570, tras su excomunión por el Papa, para demostrar que no había perdido ningún poder, ni siquiera el curativo. El cirujano real, William Clowes, proclamaba que el toque real probaba la legitimidad de Isabel, y que tal era su poder que incluso podía curar a extranjeros, citando el caso de un holandés que lo había recibido con éxito. El estricto protestante Jacobo I deseaba acabar con la práctica, pero no tuvo más remedio que ejercerla sobre un creciente número de enfermos. El toque real se extendió a Escocia, donde Jacobo reinaba y residía antes de la Unión de Coronas; los escoceses comenzaron a creer que también su rey y no sólo el de Inglaterra tenía la capacidad de curarles. Carlos I (r. 1625–1649) emitió varios edictos para contener la creciente demanda pública de curaciones. En el 27 de diciembre de 1633 tocó a cien enfermos en Holyrood Palace. To that soft charm, that spell, that magick bough,That high enchantment I betake me now:And to that hand, the branch of Heavens faire tree,I kneele for help; O ! lay that hand on me,Adored Cesar! and my faith is such,I shall be heal'd, if that my King but touch.The evill is not yours: my sorrow sings,Mine is the evill, but the cure, the Kings.Robert Herrick, To the King, to cure the Evill (HesperidesFuente citada en Hesperides (poetry), 1648). La frecuencia del ritual alcanzó su clímax en el reinado de Carlos II (r. 1660–1685), el único rey inglés que superó a los reyes franceses en la cantidad de enfermos tocados: unos 92,000 escrofulosos (4,500 al año). Jacobo II (r. 1685–1688) fue muy escéptico sobre el toque real, pero no obstante consentía en realizarlo. El toque fue eliminado por Guillermo III (r. 1689–1702) y María II (r. 1689–1694), que se negaron a tomar parte en un ritual que consideraban supersticioso. Cuando alguien le solicitaba que le tocara para curarle, Guillermo le respondía: God grant you better health and better sense ("Dios te dé mejor salud y mejor juicio"). Ana (r. 1702–1714) reintrodujo la práctica tan pronto como ascendió al trono, tocando a 30 enfermos el 6 de octubre y a 20 el 19 de diciembre de 1702. Se tomó su función muy seriamente, ayunando el día anterior de realizarla. El 30 de marzo de 1712 realizó por última vez el ritual, siendo Samuel Johnson (1709–1784) el último de los 300 escrofulosos que Ana tocó aquel día. Jorge I (r. 1714–1727) no continuó la práctica, pero los jacobitas mantuvieron hasta finales del que la capacidad de realizarlo pertenecía al pretendiente exiliado Jacobo II.
El médico Sir Richard Blackmore rogó a Guillermo III y Jorge I que abandonaran "esa supersticiosa e insignificante ceremonia", que consideraba "papista". La Glorious Revolution, que trajo consigo el abandono de la idea del derecho divino de los reyes, vació de contenido legitimante al toque real. Las referencias de los pretendentes jacobitas curando la escrófula recibían burlas.Como ésta, aparecida en General Evening Post: "The illustrious Royal Family now on the Throne despise such childish Delusions, such little pious Frauds, to prove their Divine Right to the Crown. They act upon noble Principles; they want no chicanery to support their Throne." La ceremonia fue retirada del Book of Common Prayer en 1732.
Francia thumb|Francisco I de Francia (r. 1515–1547) tocando escrofulosos en presencia del papa León X en 1515 en Bolonia. Fresco de Carlo Cignani.