miniatura|Parroquia de La Purísima de Turre Turre es un municipio y localidad española situada en la parte centro-sur de la comarca del Levante Almeriense, en la provincia de Almería, comunidad autónoma de Andalucía. Cuenta con una población de .
Toponimia El nombre de Turre parece derivar del latín turris, que se traduce como torre, lo cual se deduce de la existencia en las cercanías de una torre de vigilancia.
Geografía Turre consta de 107,96 km² de extensión municipal y se eleva 48 m sobre el nivel del mar (), se encuentra a 85 km de la capital de provincia y a escasos 4 km de la costa mediterránea, sus coordenadas geográficas son 37° 09′ N, 1° 53′ O, el municipio se encuentra sito entre la orilla del río Aguas y al pie de Sierra Cabrera, en toda su extensión municipal consta de dos máximas altitudes aproximadas a los , estas cumbres son el cerro de la Mezquita () y el cerro Arráez (), por lo que sierra Cabrera recibe nevadas algunos inviernos.
Organización territorial Vista de Cortijo Cabrera|miniatura Además de la cabecera municipal, Turre cuenta también con varias entidades de población según el nomenclátor publicado por el Instituto Nacional de Estadística: El Cortijo Grande, La Carrasca, Cortijo Cabrera, Los Moralicos, Royo Morera y La Fuente del Royo.
Clima
Riesgos naturales El municipio de Turre cuenta con un plan territorial de emergencia local (PTEL) que cumple con la Ley 5/2010 sobre autonomía local.
Flora En cuanto a la flora y la fauna locales, el municipio de Turre presume de una gran riqueza, siendo Sierra Cabrera el centro neurálgico de las mismas. Este paraje estuvo hasta el cubierto de bosques de alcornoques y encinas, pero el hacha, el arado y los rebaños terminaron por hacerlos desaparecer. De los antiguos alcornocales que poblaban la sierra, tan solo quedan unos cuantos pies de alcornoque (Quercus suber) centenarios con un incalculable valor natural, ecológico y genético, ya que son una rareza en el Sudeste Español y únicos en la comarca. Parecida suerte corrieron los encinares y, en la actualidad, solo quedan pequeños rodales en las cumbres compuestos por encina (Quercus rotundifolia), coscoja (Quercus coccifera) y enebro (Juniperus oxycedrus). En la zona conocida como Los Murtales se han efectuado repoblaciones con pino carrasco (Pinus halepensis).
La vegetación actual de la sierra está formada por matorrales mediterráneos como son los retamares, espinares, jarales, albaidales, romerales, tomillares, aliagares o espartizales, entre los que aparecen especies como el palmito (Chamaerops humilis), el lentisco (Pistacia lentiscus), el acebuche (Olea europaea), el aladierno (Rhamnus alaternus) o el labiérnago (Phillyrea sp.)
Alrededor de las numerosas fuentes, manantiales, barrancos y ramblas húmedos se desarrollan especies como la adelfa (Nerium oleander), el almez (Celtis australis), el álamo blanco (Populus alba) y el nogal (Juglans regia). En estos lugares excepcionalmente húmedos también aparece un roble, el quejigo (Quercus faginea), y el madroño (Arbutus unedo), que junto con el ya mencionado alcornoque, constituyen, a pesar de su escaso número, las joyas de la botánica de la sierra, tanto por su localización (ya que alcornoques, quejigos y madroños son extremadamente raros en la provincia natural Murciano-Almeriense, en la que se encuadra Sierra Cabrera) como por su gran bagaje genético (ya que les hace capaces de sobrevivir en un espacio tan "seco").
Fauna En cuanto a la fauna de Sierra Cabrera, cabe destacar, que cuenta con jabalíes, zorros, garduñas y tejones, entre los mamíferos. También cuenta con diversas especies de aves, entre ellas varias rapaces. Con respecto a los reptiles destaca el lagarto ocelado y una importante población de la amenazada tortuga mora (Testudo graeca). En las balsas y charcos pueden encontrarse diferentes anfibios. También hay que destacar la presencia de especies cinegéticas como la perdiz roja, el conejo y la liebre.
Historia Turre, del latín "Turris-is" (Torre), es una soleada villa que se puede considerar el resultado histórico de las circunstancias socioculturales del Levante Almeriense; esto se demuestra con la aparición en la misma de valiosos asentamientos de distintas civilizaciones mediterráneas, como son la cultura de Los Millares, la argárica y la ibero-romana.
Prehistoria y Antigüedad miniatura|Brazaletes de bronce. Bronce final. Las Alparatas. Museo Arqueológico Nacional Los primeros restos encontrados datan del Paleolítico (Cueva de las Palomas) y los primeros asentamientos del Neolítico, como atestiguan los restos arqueológicos encontrados en el paraje de Gátar en Sierra Cabrera. También existe un yacimiento arqueológico de época argárica, el poblado de Gatas, en la misma sierra.La época romana del Bajo Imperio romano dejó sus huellas en las cercanías del municipio, donde al abrigo del río Aguas se han encontrado restos de este período en el paraje de Cadimar.
Edad Media y Renacimiento La despoblación sufrida en el por diferentes causas, fue subsanada con repartimientos de tierras a pobladores de origen musulmán que llegaron de otras zonas del Reino de Granada, dándose un fuerte impulso económico, sobre todo a nivel de infraestructuras y productivo, de esta manera, el es de gran importancia para la localidad. Data del la configuración del actual Turre por parte de habitantes mudéjares, a partir del los mudéjares pasan a ser moriscos (cristianos nuevos de origen moro), muy relevantes son los asentamientos de Cabrera y Teresa, esta última abandonada una noche de 1569 en las que sus pobladores moriscos, agobiados por los requerimientos cristianos, cruzaron Sierra Cabrera para embarcarse en un viaje sin retorno rumbo a África. Estos lugares contaron con núcleos de población muy importantes para la época, dedicados principalmente a la agricultura, la ganadería y a la cría del gusano de seda.
Turre como Villa Iba a coincidir con el Descubrimiento de América la formación del núcleo urbano turrero en 1493, este se produjo por otra de las numerosas circunstancias comarcales ya comentadas y, es que, al efectuarse el reparto de tierras de los mudéjares expulsados de Mojácar, se iba a formar un asentamiento que evolucionaría con el tiempo y daría como resultado lo que hoy conocemos como Villa de Turre hacia el , época en la que la comarca vivía un estado de guerra latente, lo que llevó a la construcción de fortificaciones y torres vigías cuya función era la de alertar de la presencia de intrusiones de tropas cristianas en la zona. Una de estas torres se construye en Turre, dándole nombre al lugar, en donde existía una gran concentración de cortijos y que actuaba como alquería de Mojácar. En 1596, por Real Privilegio de Felipe II, parte de su término municipal fue desmembrado de la ciudad de Mojácar. El resto del actual término municipal (Sierra Cabrera) fue incorporado en 1837, hasta esta fecha había pertenecido a la ciudad de Vera.
: el siglo minero El y los principios del van completamente ligados al auge y quiebra económicas provinciales, el se inicia con la Guerra de la Independencia Española, que dejará tristes secuelas con la incursión de las tropas francesas, el hambre, la fiebre amarilla y la viruela asuelan todo hacia 1812, pasan dos décadas de penurias en la comarca.
En 1838 se produce una vuelta de hoja en la historia contemporánea de la zona, convirtiéndose en el centro neurálgico de la minería y metalurgia mundiales gracias al descubrimiento casual de una veta de galena argentífera en el barranco del Jaroso, por parte de un labrador de Cuevas del Almanzora (Andrés López, alias “El Perdigón”), supuso el inicio de una frenética actividad extractiva a gran escala que nutrió de trabajo y riqueza la zona, a las minas de plomo de la sierra de Gádor, se les sumaba, de esta forma, la producción de la galena argentífera de Almagrera. También se crearon importantes infraestructuras metalúrgicas para la desplatación y fundición del plomo en Villaricos, Palomares y lo que después acabaría siendo Garrucha, evidentemente esto sirvió para nutrir a los habitantes de Turre de trabajo, aunque la economía siguió basándose en la agricultura y la ganadería locales.
Todo este proceso estuvo acompañado por movimientos especulativos y operaciones fraudulentas sin precedentes; así, desde 1839 hasta 1845 se realizaron en España más de 13 000 transferencias de acciones de las minas de Almagrera, alcanzando un valor en el mercado financiero superior a los 60 millones de reales. Sin embargo, las grandes “fortunas” quedaron en manos tan sólo de unos pocos accionistas, pero no fueron estos problemas financieros los que socavaron el desarrollo del complejo minero, sino otros de carácter técnico; en 1847 comenzaron a inundarse diversas galerías. Bombear ingentes cantidades de agua hacia el exterior de las mismas se convirtió en el primer escollo para los ingenieros de la época, situación que se mantuvo hasta el cierre definitivo de las minas.
Con la llegada del la minería del plomo y la plata almeriense entró en una profunda crisis debido a diferentes parámetros, entre los que pueden destacarse la irrupción en el mercado europeo del plomo Norteamericano, la insuficiente dimensión de las explotaciones y las dificultades técnicas para el desagüe de las minas ya mencionadas. Las explotaciones mineras contribuyeron a la “definitiva” deforestación de las Sierras de Almagro, Cabrera y Bédar, el incremento sin precedentes de la población humana en la comarca, atraída por la minería y actividades colaterales, supuso una importante presión sobre el medio; así, se multiplicaron las áreas de cultivo, se roturaron terrenos forestales y se asistió a nuevos usos del monte como la recolección masiva de esparto, demandada entonces por la industria papelera inglesa. El período desde 1840 a 1930 define y perfila lo que es la reciente herencia cultural como pueblo, es la memoria viva que permanece, aunque su transmisión es mayoritariamente oral.
: Crisis de la Guerra Civil y emigración. Al comienzo de la II República se cierran todas las minas y se entra en una grave crisis que culmina con la guerra civil española (1936-1939) arruinando al municipio y la comarca y sumiéndolos en la pobreza, el hambre y la desculturalización, ubicado en la retaguardia republicana durante toda la guerra y casi en el olvido por parte de ambos bandos, esto llevaría al municipio a una fase muy marcada por las penurias que exigía el esfuerzo bélico, el descenso de la población (sobre todo la joven) y el avistamiento de enfermedades y epidemias producidas por la desnutrición reinante.
Debido al carácter republicano de la zona, debe comprenderse la gran influencia que tiene la decadencia de la misma en los intereses rurales, casi desde la proclamación de la II República Española, en 1931, se había empezado a conspirar contra ella. Estaba implicada la Unión Militar Española (UME), la junta de generales de Madrid y Emilio Mola en Pamplona; además participaban de la misma varias organizaciones civiles derechistas como falangistas y tradicionalistas que, siguiendo órdenes de sus jefes el iniciar acciones contra elementos izquierdistas que generasen un clima de inseguridad y caos que pudiera justificar la intervención armada. El Gobierno reaccionó ilegalizando algunas de ellas, como la Falange. Los militares pretendían usar a estas organizaciones derechistas para formar unas milicias que los apoyarían durante la sublevación. En Almería se pretendía formar cinco centurias en las que participarían, entre otros, elementos de la Falange Española.