La guerra civil libia (2014-2020), conocida también como la segunda guerra civil libia, fue una guerra civil multilateral que se libró en Libia entre varios grupos armados, pero principalmente por la Cámara de Representantes (HoR) y el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), durante seis años, de 2014 a 2020.
Las hostilidades comenzaron cuando el general Jalifa Haftar ordenó la disolución del Congreso General de Trípoli, dominado por los Hermanos Musulmanes, tras haber prolongado unilateralmente su mandato. Al mismo tiempo lanzaba con el apoyo de gran parte del Ejército Nacional Libio (LNA) la llamada Operación Dignidad contra grupos islamistas y yihadistas en Bengasi, algunos de los cuales también eran leales al Congreso. Este intento de deponer al gobierno se explicó como una acción patriótica del orden castrense, pero bien podría atender a razones tribales y clientelistas: la mayor parte de los oficiales provenían del Este de Libia —región reticente al control de la capital sobre sus asuntos internos, entre ellos la exportación de petróleo—. Paralelamente, grupos armados de la ciudad occidental de Zintan expresaron su apoyo a Haftar y amenazaron al Congreso con forzar su disolución.
Como respuesta se formó la coalición Amanecer Libio, con el objetivo de expulsar a las fuerzas zintaníes de sus posiciones en Trípoli. Dicha alianza se componía de milicias islamistas opuestas ideológicamente a la Operación Dignidad, de brigadas de Misurata (enfrentadas regionalmente con Zintan) y de otros grupos que meramente trataban de expandir su control efectivo sobre la capital. En medio de los combates se celebraron unas elecciones para el nuevo parlamento libio (junio de 2014), la Cámara de Representantes de Libia, cuyos miembros electos se posicionaron a favor de la Operación Dignidad y las brigadas de Zintan, instalándose así bajo la protección del LNA en la ciudad oriental de Tobruk. Sin embargo, los diputados del Congreso General (elegido en 2012), se negaron a ceder sus cargos y se autoproclamaron como los legisladores legítimos, al tiempo que se aliaron con las milicias de Trípoli y, en menor medida, de Bengasi. Misurata y otras ciudades también decidieron apoyar al Congreso como garantía de la primacía del Oeste de Libia frente a la Cámara en Tobruk.
El conflicto alcanzó dimensiones internacionales dentro del mundo árabe cuando Egipto y los Emiratos Árabes Unidos bombardearon las posiciones del Amanecer Libio en Trípoli y de los milicianos en Bengasi, mientras que Catar y Turquía eligieron financiar a dichos grupos y entregarles suministros militares. Por otro lado, beneficiándose del vacío de poder, cientos de yihadistas del Estado Islámico se trasladaron a la nación africana desde Siria e Irak y se hicieron temporalmente con el control de varias ciudades del país, entre ellas Derna y Sirte, si bien fueron derrotados con el apoyo de la comunidad internacional.
Ante la gravedad que había alcanzado la situación, Naciones Unidas diseñó un plan de paz (Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Libia; UNSMIL por sus siglas en inglés) en virtud del cual se elegiría consensuadamente por delegados de ambos bandos un Ejecutivo de transición (GNA). La Cámara de Representantes permanecería como la Cámara Baja del país, al tiempo que el Congreso General se convertiría en una Cámara Alta, el Consejo de Estado Superior. El proyecto fue satisfactoriamente aprobado por todos los delegados del plan de paz a título personal y por la Cámara de Representantes, si bien fue rechazado por el Congreso General. Sin embargo, la lista concreta de ministros presentada por los delegados, con Fayez al-Sarraj como jefe del Ejecutivo de transición, no fue tampoco aprobada por la Cámara. A pesar de ello, la nueva administración pasó a ser considerada por Naciones Unidas como el representante legítimo de Libia.
Tras un breve periodo de exilio en Túnez, el gabinete de al-Sarraj desembarcó en Trípoli en marzo de 2016 con el respaldo del Ejército Libio (desvinculado del LNA) y todos aquellos grupos del Amanecer Libio que no eran islamistas, incluyendo varias de las brigadas de Misurata. El Congreso General quedó así disuelto, si bien numerosas milicias contrarias al plan de paz seguirían actuando en el Oeste de Libia bajo la dirección, meramente formal, del político islamista Jalifa al-Ghawil. Aprovechándose de la debilidad del nuevo Gobierno de Trípoli, y en el contexto del nuevo panorama político internacional que se dibujó desde 2017 con el aislacionismo de la Administración Trump y la crisis diplomática de Catar, los militares leales a Haftar tomaron los puertos petrolíferos de Ras Lanuf y Sidra y la mayor parte de la región sureña de Fezán, así como la totalidad de Derna y Bengasi. Para ello contaron con el apoyo militar y diplomático de los Emiratos Árabes Unidos y Egipto, así como de Rusia y del gobierno francés de Emmanuel Macron.
A pesar de varias cumbres internacionales en 2018, en 2019 se hizo evidente la intención de Haftar de abandonar las negociaciones de paz, lanzando una ofensiva sobre Trípoli para hacerse con el control de todo el país. En 2020, el gobierno turco de Erdoğan intervino activamente con drones para contrarrestar el apoyo militar emiratí y salvar al GNA, que logró mantener el control sobre la capital y buena parte del Oeste del país. Ante la posibilidad de que fuera ahora el LNA el bando derrotado, Rusia desplegó, en mayo de ese año, varias aeronaves en el país. En este nuevo escenario, en el cual cualquier avance implicaría confrontar directamente potencias mundiales, ambos bandos acordaron retomar las negociaciones. Egipto y Rusia maniobraron para dejar en un segundo plano a Haftar, potenciando en su lugar al político Aguilah Issa.
Antecedentes Violencia miliciana y legalización de grupos armados
En Libia, el Gobierno de Alí Zeidan fue incapaz de hacer frente al problema de las milicias que habían luchado contra Gadafi en la guerra de Libia de 2011. Cada una de ellas tenía su propia ideología y utilizaba su poder para conseguir imponer sus demandas. Estaban al control de la seguridad de las ciudades, el control de las fronteras, la gestión de los centros de detención y la protección de las instalaciones estratégicas del país.
En algunas ocasiones el Gobierno tuvo incluso que pagar a las milicias para que desbloquearan ciudades y enclaves petroleros,«Libyan prime minister freed from captivity.» e incluso se rumoreó la creación de una fuerza de élite para proteger al primer ministro.«Libia quiere integrar a las milicias en el Ejército o que dejen las armas.»12/06/13 Euronews.
Para resolver la crisis, inicialmente se trató de integrar a todos los milicianos en una estructura única de ámbito nacional, el Comité de Seguridad Supremo. Sin embargo el proceso fracasó, ya que las propias brigadas se unían de forma íntegra y no cada uno de sus miembros a título personal. Así, en vez de disolverse, estos grupos quedaban reforzados al integrarse oficialmente en una estructura de Estado. Este proceso de hibridación fue especialmente notable en Trípoli.
Por otro lado, el presidente del Congreso, Nuri Abu Sahmain (que era próximo a la ideología de los Hermanos Musulmanes) utilizó su capacidad para emitir decretos y el cargo de comandante en jefe del Ejército que ostentaba para favorecer la potenciación y la legalización de numerosas brigadas autónomas, muchas de ellas de carácter islamista. En julio de 2013 ordenó la creación de la Sala de Operaciones de los Revolucionarios Libios y en agosto de 2013 ordenó a la Brigada Escudo de Libia que se hiciera con el control de la seguridad de Trípoli.«Libya Shield forces take up positions to protect Tripoli.» Saudi Gazette.
En definitiva, poco a poco se hizo evidente que todos los mecanismos de control sobre los grupos armados habían fracasado. Tanto es así que el 10 de octubre de 2013, la ya citada Sala de Operaciones de los Revolucionarios Libios intentó hacerse con el país y secuestró brevemente a Zeidan.«Zeidan names two Congressmen “behind his abduction”.» Libya Herald.
Bloqueo institucional y crisis política El órgano legislativo libio, el Congreso General, estaba dominado en su mayoría por miembros islamistas próximos a los Hermanos Musulmanes. Estos se oponían frontalmente al mandato del primer ministro Ali Zeidan, de ideología liberal, y bloquearon cualquier propuesta legislativa. Sólo la Alianza de Fuerzas Nacionales —técnicamente el partido mayoritario en la asamblea, puesto que los congresistas islamistas eran formalmente independientes— apoyaba a al-Zeidan. El país se encontraba en una parálisis política, incapaz de impulsar un proceso de transición.
La tensión ideológica fue en aumento y a principios de 2014 los miembros de la Hermandad en el Gobierno dimitieron de todos sus cargos dentro del Ejecutivo. En este nuevo escenario, los congresistas islamistas organizaron repetidas mociones de censura para intentar destituirle.«Dimiten todos los ministros islamistas del Gobierno libio.» 21/01/2014. El Mundo. Finalmente, una de ellas prosperó y el 11 de marzo Zeidan fue sucedido de manera interina por Abdullah al-Thani, una figura entonces entendida de consenso.Martinez, Luis (17 de mayo de 2014) «Navy SEALs Seize Oil Freighter ‘Morning Glory’ in Mediterranean.» ABC News.
El primer ministro al-Thani también fracasó en promover la estabilidad en la nación africana y tuvo que dimitir por amenazas que milicias armadas realizaron a su familia. En esta ocasión la mayoría islamista logró imponer a su candidato para primer ministro, Ahmad Mitig. Sin embargo, el Ministerio de Justicia denunció que su elección había sido ilegal —parte de los votos se emitieron cuando la sesión de votación ya había cerrado— y al-Thani se negó a traspasarle sus poderes. El Congreso se encontraba al borde de la fragmentación entre los partidarios de Mitig y los de al-Thani. Finalmente, la Corte Suprema de Libia emitió un fallo en el que confirmaba la inconstitucionalidad de la elección de Mitig y devolvía la Jefatura del Gobierno a al-Thani. Su autoridad, no obstante, estaba lejos de ser aceptada por gran parte de la asamblea legislativa.
200px|miniaturadeimagen|Manifestantes protestando contra la extensión del mandato del Congreso|left El problema del fracaso político, así como la violencia armada ejercida por las milicias, provocó el rechazo de gran parte de la sociedad al Congreso. No obstante, sus miembros quisieron prolongar mediante reforma constitucional su mandato hasta diciembre de 2014, a pesar de que su plazo había expirado el 7 de febrero.
Esto desembocó en una nueva ola de manifestaciones que querían resultados inmediatos y el fin del Congreso, para dar lugar a una nueva autoridad que fuera capaz de poner fin a los problemas del país.«Modest and peaceful turnout at protests over GNC extension.» 8 de febrero de 2014. Libya Herald.
El 25 de mayo, el Congreso General accedió a renovar sus miembros mediante unas elecciones, las cuales convocó para junio de ese mismo año. Asimismo, la nueva asamblea legislativa sería denominada Cámara de Representantes, superando el carácter transitorio con el que el Congreso había sido creado.
Faccionalización del Ejército y tensiones regionales Al final de la guerra de 2011, la mayor parte de los oficiales del Ejército que habían luchado contra Gadafi vieron como estaban siendo marginados ante la creciente importancia de las fuerzas rebeldes. En este contexto, muchos de ellos van a llevar a cabo maniobras políticas para mantener su importancia a través de lazos locales y regionales.