Pariacaca (en quechua: Parya qaqa, posiblemente de una forma híbrida quechua-aimara como pari-ya-q qaqa 'peñón ígneo, el peñón que quema') es, en la mitología de la sierra central peruana, el dios del agua, los vientos y las lluvias torrenciales.

Concepto

La divinidad pentapartita Además de su naturaleza impetuosa y multifacética, los dioses andinos del rayo se distinguen por su carácter escindible, es decir, por su capacidad de dividirse en tres o más deidades que, en conjunto, conforman una entidad absoluta. En particular, Pariacaca es concebido como un dios pentapartito, dado que se fragmenta en cinco deidades atmosféricas. Según diversos estudiosos, esta escisión divina pone de manifiesto los distintos aspectos o funciones inherentes a los fenómenos atmosféricos; no obstante, dicha fragmentación parece poseer un significado de mayor complejidad. En este sentido, Pariacaca junto a sus hermanos parecen representar el punto central y, por extensión, los cuatro puntos cardinales que se despliegan desde dicho punto inicial. En virtud de esta condición, la fragmentación de Pariacaca en cinco deidades meteorológicas independientes no constituye una repartición de poderes, sino una sola voluntad manifestada en cinco direcciones para administrar el ciclo universal de las fuerzas celestes. Esta caracterización posiciona a Pariacaca como una entidad trascendental que no se restringe a un espacio geográfico específico, sino que su dominio sobre la Tierra es absoluto y abarca todos sus ámbitos geográficos. Esta jurisdicción divina del mundo terrenal se refleja desde el cielo visible o atmósfera, el cual también está segmentado según el principio de los cuatro cuadrantes (en este caso, incluyendo el centro). De este modo, la pluripersonalidad de Pariacaca le otorga ubicuidad, facultándolo para manifestarse y actuar simultáneamente desde el centro y las cuatro direcciones cardinales del cosmos, en una presencia que abarca y armoniza la totalidad del cosmos.

Esta pluripersonalidad también fue respaldada por los incas en el concepto de la divinidad atmosférica Illapa. Tras la expansión del incipiente Tahuantinsuyo, Pariacaca y las demás deidades atmosféricas preincas fueron asimiladas al panteón oficial como variantes regionales de Illapa. En virtud de esta condición, muchas características de estas divinidades fueron integradas a la figura del dios incaico. No obstante, la multipersonalidad atribuida a Illapa y a diversos dioses preincas del rayo fue sistemáticamente reducida a tres personalidades independientes, proceso en el cual también se vieron implicados dioses como Libiac y Catequil. El concepto de Illapa como personalidad trina fue detallado por el ilustre cronista Guamán Poma de Ayala en su obra Nueva corónica y buen gobierno.

Según el texto anterior, Guamán Poma asevera que Illapa (el rayo) fue una poderosa divinidad desdoblada en tres personalidades que conformaban una entidad absoluta. En el transcurso del tiempo, diversos pueblos precedentes a los incas concebían al rayo como una entidad elevada y, al mismo tiempo, inmanente. Asimismo, los antedichos pueblos lo establecieron como el dios creador y ordenador del universo. A raíz de lo anterior, el culto consagrado al rayo fue mayor que el culto en torno al Sol. También se menciona que los pueblos lo adoraban bajo el nombre de Yllapa y su prestigio era tal que los incas lo continuaron venerando (esto hace alusión al hecho de que los pueblos que adoraban al rayo lo continuaron venerando con dicho nombre por la creciente influencia incaica y los dioses atmosféricos anteriores se convirtieron en sus variantes regionales). Asimismo, los nativos retrataban a Illapa como un dios justiciero, etéreo y omnipotente. Estas cualidades hicieron que los nativos se refirieran al dios con el epíteto de "Señor del Cielo y de la Tierra" (resaltando su posición distante como dios celeste, así como su decisiva intervención en la creación y el florecimiento de la vida en la Tierra). Del mismo modo, dichas cualidades lograron hacer que el cronista equipare la figura del dios atmosférico con Dios; no obstante, es menester enfatizar el desacierto de Guamán Poma al dar testimonio sobre la trinidad celeste y mencionar la existencia de una cuarta deidad, prescindiendo completamente de la tercera (el enunciado pierde el sentido cuando, por definición, un hijo del medio necesita tener al menos un hermano mayor y uno menor para justificar la existencia de la estructura familiar). Respecto a ello, no se sabe a ciencia cierta si fue un error o algún guiño de sincretismo religioso por parte del cronista. A raíz de esto, diversos investigadores llegaron a la conclusión de que estas trinidades habrían sido posiblemente creadas para tratar de homologarlas con la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo).

El carácter escindible del dios del rayo andino es un principio universal que ha experimentado numerosos cambios estructurales para un mayor entendimiento por parte de los colonizadores. Si bien el testimonio ofrecido por Guamán Poma presenta una influencia cristiana evidente, contiene numerosos detalles sobre el dios celeste que, como descendiente de la cultura Yaro o Llacuas, conoce con mayor profundidad que cualquier otro estudioso en la materia. El error de nombrar a una cuarta deidad y prescindir completamente de la tercera parece ser una omisión deliberada por parte del cronista. El texto destaca la multipersonalidad de Illapa en cuatro aspectos, pero al mismo tiempo intenta ajustarse a la narrativa trinitaria de la Iglesia. Tal como se expuso antes, la deidad incaica asimiló diversas características de las divinidades atmosféricas anteriores. En este sentido, Illapa y sus "hijos" (advocaciones) parecen representar los cuatro puntos cardinales, lo que corresponde con la estructura del universo del Tahuantinsuyo, organizada en cuatro puntos cósmicos o cuatro suyos.

Las edades divinas del mundo En tiempos primigenios, el mundo estaba inmerso en una eterna oscuridad y en un caos informe. En este periodo gobernaban los dioses oscuros Yanañamca y Tutañamca; sin embargo, ambos fueron derrotados por el dios Huallallo Carhuincho, quien se consolidó como deidad suprema de la región. La victoria del flameante dios sobre los dioses de la noche representa un nuevo orden estructural en el cosmos (el desvanecimiento de la oscuridad eterna y la institución del fuego como fuerza creadora o animadora). También simboliza el inicio del culto en torno al fuego y la institucionalización de la agricultura (más concretamente, la agricultura de secano). Durante este régimen, Huallallo decretó sanguinarios sacrificios para ejercer un estricto control demográfico. Sin embargo, el ocaso de estas cruentas prácticas llegó con el advenimiento del dios Pariacaca. La supremacía de Pariacaca sobre Huallallo simbolizó un nuevo orden en el cosmos, sustituyendo los sacrificios humanos por sacrificios animales y ofrendas materiales como mullu y hojas de coca. De igual modo, el agua fue institucionalizada como la fuerza creadora y, simultáneamente, la agricultura primitiva se adaptó a una nueva forma: la agricultura de regadío.

Historia de su culto miniaturadeimagen|380x380px|Nevado Pariacaca. El culto consagrado al rayo es fruto de la concepción de los antiguos pueblos andinos que, al contemplar la irreprimible fuerza del rayo, intuyeron que dicho fenómeno debía ser provocado por una deidad o criatura mítica distante digna de profunda veneración. De esta manera, surgieron cultos consagrados a divinidades que son el vivo reflejo de los turbulentos fenómenos meteorológicos. Estos dioses atmosféricos manifiestan la profunda necesidad humana de interpretar y otorgar significado a las fuerzas invisibles que moldean nuestra existencia. Su presencia simbólica evidencia la manera en que las culturas andinas han intentado comprender fenómenos naturales y trascendentales mediante la personificación de elementos cósmicos.

El poder e influencia del dios del rayo era tal que fue establecido como dios patrono y/o creador por muchos pueblos andinos. Todos estos dioses del rayo regionales poseen características semejantes entre sí, así como también, diferencias notables en el concepto. Por lo general, los dioses andinos del rayo se destacan por su impetuosidad, sus múltiples atribuciones y su estructura (se desdoblan en un grupo de tres o más dioses atmosféricos que constituyen una entidad absoluta).

Al igual que los antedichos dioses, Pariacaca fue considerado el dios creador que contribuyó con la creación del mundo por los pueblos andinos preincas. El culto consagrado al dios Pariacaca fue tan importante en la región centroandina que incluso llegó a expandirse hacia las zonas costeras.

Pariacaca fue uno de los tantos dioses atmosféricos que, después de la expansión del Tahuantinsuyo, pasaron a convertirse en homólogos regionales del dios Illapa. Dentro del área andina, Pariacaca tuvo dioses equivalentes a él: el dios Yana Raman por parte de los Yaros o Llacuaces; Tumayricapac, por los Yaros de Chinchaycocha; Apocatequil, por los Cajamarcas; y Pusikaqcha, por los habitantes del altiplano sur.

Representación El dios Pariacaca está representado en un nevado imponente que lleva su mismo nombre.

Del mismo modo, el animal que representa al dios celeste es el halcón, puesto que nació como uno de cinco huevos junto a sus hermanos en el cerro Condorcoto. Posteriormente, se convirtió en Kolash (humano proveniente del nido).

Mitología La historia de Pariacaca comprende una serie de acontecimientos que definieron el origen de muchos elementos en el cosmos. Ya sea el mismo dios o uno de los tantos hijos suyos son los agentes de estos sucesos. Su historia se explica a detalle dentro del Manuscrito de Huarochirí. En la misma fuente, se narra la travesía del dios celeste por el mundo. El inmanente dios se interrelaciona con los seres humanos, instituye su culto a los pobladores, condena la desidia y transgresión de la humanidad, enfrenta e impone de manera implacable su superioridad sobre dioses opositores como Huallallo Carhuincho, altera el entorno que lo rodea, etc. Asimismo, la mitología asevera que todas estas acciones del dios pluvial van de la mano con la creación de muchos elementos aún presentes en el mundo como memoria de los sucesos.

Facultades y asociaciones Además de su papel como creador y señor del clima, el dios Pariacaca era una divinidad polifacética, puesto que evidenciaba un sinnúmero de habilidades y/o facultades dentro del Manuscrito de Huarochirí. Dentro de las facultades del dios pluvial, se destacan:

Deidad protectora y bélica Una característica primordial de los dioses andinos del rayo es su carácter protector y guerrero. Se han registrado múltiples documentos que detallan información acerca de estas divinidades y, entre lo más destacado, se encuentran los enfrentamientos y/o batallas que estos libraron con dioses opositores y/o bestias míticas. De estas incontables batallas, el dios del rayo siempre fungía como el vencedor, lo que denotaba su superioridad y poder. Asimismo, la posibilidad de la existencia del ser humano sobre la Tierra y el aumento de población son los frutos de la victoria del dios celeste.

El dios Pariacaca no era ajeno a este concepto, puesto que sus proezas bélicas se han documentado en el Manuscrito de Huarochirí. En todas estas luchas, el dios celeste fue el vencedor. Como ejemplo a lo anterior, se tiene el enfrentamiento del dios Pariacaca (personificación del agua, el clima lluvioso, etc.) contra su némesis, el dios Huallallo Carhuincho (personificación del fuego, el clima seco, etc.). A pesar de que Huallallo era muy poderoso, este no podía contrarrestar la superioridad de Pariacaca, por lo que se vio obligado a invocar bestias enormes para hacerlas combatir contra el dios pluvial. Entre ellos, se encontraba un enorme Amaru bicéfalo.

Deidad de los animales