Los albergues de carretera eran un conjunto de hoteles pequeños situados en la red de carreteras españolas, diseñados por los arquitectos Martín Domínguez Esteban y Carlos Arniches Moltó.
Antecedentes
Para entender la razón de los Albergues de Carretera hay que tener en consideración la creación en 1926 del Circuito Nacional de Firmes Especiales y la fundación en 1928 del Patronato Nacional de Turismo (PNT) que se hace cargo de la Comisaría Regia de Turismo y de la Compañía Nacional de Industrias de Turismo, creando una estructura que tendrá que resolver el problema de alojamiento del turismo en las carreteras españolas. Ya un año antes, el marqués de la Vega-Inclán planteó la necesidad de construir «pequeños hoteles o paradores de cierto confort [...] para pequeñas poblaciones, para carreteras y para montaña», después de decir que «... el automovilismo, en evidente progresión, hará frecuente el tránsito por nuestras carreteras, y no bastará que los 7.000 km que construye el Circuito Nacional, al que pertenezco, estén más o menos terminados».
Así comienza la idea de la construcción de éstos pequeños alojamientos, que en un principio iban a ser 17, repartidos de la siguiente manera: En la carretera de Madrid a Irún por Burgos, uno en las inmediaciones de Aranda de Duero En la carretera de Madrid a Irún por Soria y Logroño, uno en Almazán En la carretera de Madrid a Canfranc uno en Triste En la carretera de Madrid a Barcelona por Zaragoza y Lérida, uno en Medinaceli En la carretera de Madrid a Valencia por Tarancón, uno en Motilla del Palancar En la carretera de Madrid a Alicante, uno en Quintanar de la Orden En la de Madrid a Málaga, uno en Manzanares, uno en Bailén y uno más en Motril. En la carretera de Madrid a Málaga por Córdoba, uno en Antequera En la de Madrid a Sevilla por Córdoba, uno cerca de Écija En la de Madrid a Cádiz por Talavera de la Reina, uno en Fuente de Cantos En la Madrid a Huelva por Extremadura, uno en Palos de la Frontera En la Madrid a Badajoz por Toledo y Trujillo, uno en Logrosán En la de Madrid a Vigo por Ávila y Zamora, uno cerca de Benavente En la de Madrid a La Coruña por Ponferrada, uno en Villafranca del Bierzo En la Madrid a Gijón por Valladolid uno en Medina de Rioseco y otro en el alto de Pajares En la Madrid a Santander por Valladolid, uno en Herrera de Pisuerga. En la carretera costera de La Junquera a Cádiz uno cerca de Peñíscola, otro cerca de Gandía y otro cerca de Lorca.
Tras el estudio de las ubicaciones, se terminó decidiendo el levantamiento de los Albergues de Antequera (MA), Almazán (SO), Aranda de Duero (BU), Bailén (J), La Bañeza (LE), Benicarló (CS), Lorca (que finalmente estaría en Puerto Lumbreras) (MU), Manzanares (CR), Medinaceli (SO), Quintanar de la Orden (TO), Puebla de Sanabria (ZA) y Triste (HU).
Concurso de los Albergues de Carretera
El Patronato convocó un concurso en 1928 para los nuevos Albergues de Carretera, cuya construcción estaría ligada al Plan Nacional de Firmes Especiales del Ministerio de Fomento para la mejora de la red nacional de carreteras. Estos nuevos albergues estarían instalados en áreas de descanso situadas en puntos clave de la red de carreteras, siempre con buenas líneas informativas y propagandísticas, completadas por información turística.
El albergue es un tipo de hotel pequeño, basado en los albergues alemanes y suizos, que se sitúa en un lugar con importancia turística construido en armonía con el emplazamiento y el carácter regional.
Las bases propuestas por el Patronato serían: economía de medios, sencillez de materiales y construcción, debía ser válido el proyecto para todas las ubicaciones (o con pequeñas variaciones para adaptarlos a cada terreno), tendrían que contar con un salón, un comedor, un mínimo de cuatro habitaciones (dos dobles y dos individuales), baño, garajes, taller con surtidor de gasolina, y que por su aspecto y elementos fuesen rápidamente identificables por los viajeros.
El proyecto seleccionado fue el presentado por los jóvenes arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez miembros del Movimiento Moderno gracias entre otros motivos, al trato con la realidad nacional, además de alcanzar distinción con su arquitectura por la carga de contenido y sencillez con que contaba su proyecto, con un cuerpo central casi de planta cuadrada (era ligeramente alargado en sentido paralelo a la calzada) y un coste aproximado de 500.000 pts.
La construcción debería ser rápida para que estuvieran en funcionamiento en cuanto las carreteras principales se dieran por concluidas, especialmente el de Manzanares y Bailén de cara a la exposición universal de Sevilla de 1929. Estas recomendaciones fueron incluidas en la base del concurso como condiciones, en donde el PNT las analizaría junto a los principales itinerarios turísticos por carretera en cada provincia según la distancia recorrida y el tiempo dedicado con 40 km/h de media. El número mínimo de albergues por carretera serían uno o dos por itinerario con un máximo de dos noches de estancia, coincidiendo con las horas de las comidas.
Basándose en la guía de carreteras del Real Automóvil Club de España, recogida en la Guía Michelín de 1927, y en la guía hotelera de 1928, decidieron los albergues que se debían construir. Así, el 20 de noviembre de 1928, el PNT comunicó a la Sociedad Central de Arquitectos el «Concurso de anteproyectos de albergues en carreteras» con las bases antes mencionadas adjuntadas.
En 1929 se adjudicaba el premio, por fallo y elegido entre 60 propuestas, a los arquitectos Carlos Arniches y a Martín Domínguez, los cuales habían presentado dos soluciones en donde la primera constaba de ocho habitaciones y la segunda de doce. Ambas propuestas destacaban por sencillez y por el uso de elementos modernos con materiales fáciles de obtener, solamente se diferenciaban en la combinación de los distintos recursos.
Proyectos de Carlos Arniches y Martín Domínguez miniatura|izquierda|300px|Concurso de anteproyectos de 1928. Planta baja de la solución "A" para Refugio de Automovilistas. Detalle. miniatura|izquierda|300px|Concurso de anteproyectos de 1928.Planta alta de la solución "A" para Refugio de Automovilistas. Detalle.
Constaban de un acceso principal en el centro con una marquesina apoyada en un pilar triangular; una pequeña sala de estar, con una chimenea de ladrillo visto; un comedor en rotonda con grandes ventanales abiertos a una terraza para contemplar el panorama, cocina, vivienda del administrador, comedor de mecánicos, aseo, cabina telefónica, almacén, y cuatro cocheras con un taller con suministrador de gasolina al que se accedía desde el exterior.
La planta superior contaba con ocho habitaciones para viajeros, dos baños completos, habitaciones para mecánicos y dos aseos con ducha.
La propuesta A mostraba una planta cuadrada y la B estaba compuesta de dos piezas longitudinales paralelas con abundantes cocheras para resaltar el eje en la planta y en el alzado. Sin embargo, en ambas soluciones los materiales eran mixtos, de ladrillo y elementos metálicos, a pesar de la apariencia no había ningún elemento de hormigón armado.
La marquesina de la entrada, con su aspecto rotundo en su pilar triangular que servía de identificador a modo de hito y su ligero techo, era de estructura de viguetas de hierro con bovedillas. Estos edificios no poseían estructura pues estaban resueltos con muros de carga perpendiculares a la carretera sin elementos de hierro que descargaran el peso del edificio.
Su aspecto exterior era "...camino de equilibrio de lo nuevo con la tradición por el cual se desarrollaba una parte de la arquitectura anterior a 1936" según palabras de Antonio Bonet, afirmando Pérez Rojas que los Albergues de Carretera proyectados por Arniches y Domínguez "ramifican con unas cotas de gran calidad las interpretaciones actualizadas de la arquitectura blanca con arcadas, porches y agradables jardines y terrazas, alternando o combinando desnudas superficies y bloques geométricos con cabeceras o salones curvos de amplios voladizos..."
El aspecto exterior de los edificios era blanco con carpintería de hierro verde y persianas-toldo practicables fabricadas en Estados Unidos. La cubierta de teja árabe con un lucernario en la cumbrera para iluminar con luz natural la escalera y el distribuidor de habitaciones de viajeros. Las jambas de las ventanas y huecos eran redondeadas, semicilindricas allí donde coincidían dos huecos paralelos, en principio estarían decoradas con colores, aunque no se llegó a implantar en la realidad tal decoración en las jambas de los huecos.
En su interior, las paredes estaban pintadas de verde y decoradas directamente con mapas-murales de rutas turísticas y de la red de albergues y paradores, evitando los marcos y cuadros. En el encuentro de la pared con el techo había una moldura de madera oscura, armonizada con el mobiliario también de madera y mismo tono, diseñado por Martín Domínguez, como las cómodas butacas del salón, las sillas del comedor inspiradas en los sillones fraileros del Siglo de Oro, las sillas tipo "frac" del vestíbulo, o el escritorio plegable de la entrada colgado de un recubrimiento decorativo a modo de zócalo de madera que incorporaba la rejilla de un radiador. La idea que da la concepción de estos albergues recuerda al viaje en tren que tan en boga estaba en la época con los coches-cama Compagnie Internationale des Wagons-Lits. Uno de los elementos más característicos del interior de los albergues de carretera era la zona de la chimenea. Construida con una especie de ladrillo visto decorativo en suelo y paredes hacían de este pequeño espacio un lugar donde "subirse" para adentrarse en el hogar y calentarse, como si se tratara de una zona refugio dentro del edificio donde calentarse al abrigo de la chimenea y los libros de los estantes que tenía.
Todos los elementos interiores tales como los sofás de obra enfrentados, el sofá corrido en la exedra del comedor y las habitaciones tanto por sus dimensiones como por su mobiliario y disposición, con una ventana cuadrada, un lavabo encastrado en un pequeño mueble y una útil repisa plegable colgada de la pared para que la maleta quedase a la altura de medio tronco haciendo más cómoda la búsqueda de prendas constituían una sensación de dinamismo en la parada. La experiencia del viaje en tren expreso se había sacado a la carretera.
En el salón de estar existía un mural con las rutas turísticas de mayor interés. Los elementos que se volvieron más trascendentes en este tipo de arquitectura fueron la chimenea de ladrillo visto en la sala de estar, las marquesinas triangulares sobre la entrada y el comedor en exedra de sofá corrido, abierto por tres grandes ventanales y dos parejas de puertas acristaladas a la pérgola del jardín. Los albergues se concibieron como establecimientos autosuficientes, de modo que disponían en su parte posterior de un huerto y un corral.
Pudieron conseguir edificios de fácil y rápida ejecución para adaptarse a los distintos emplazamientos. Además era la primera vez que en España se planteaba la inclusión de la naturaleza en el edificio como un elemento compositivo con la relación del interior con el exterior desde la terraza hasta la transición mediante un jardín con el campo. El comfort era una de las consideraciones principales, por lo que Martín Domínguez se encargó de proyectar el mobiliario para integrarle el Movimiento Moderno español como es el caso de los sillones que se situaban delante de la chimenea en la sala de estar.
miniatura|Mobiliario, diseñado por Martín Domínguez.