El golpe de Estado en Rumania de 1944, que tuvo lugar el 23 de agosto, supuso el fin de la dictadura del mariscal Ion Antonescu y de la alianza del país con el Eje, junto con el cambio de bando del país en la Segunda Guerra Mundial. Convirtió la victoria soviética en el sector sur del frente oriental en una catástrofe para los alemanes y ese día en uno de los cruciales del conflicto mundial.

Tras largas conversaciones, en junio de 1944 se formó una coalición de partidos que incluyó al Partido Nacional Campesino, al Partido Nacional Liberal, al Partido Socialdemócrata y al Partido Comunista Rumano —minúsculo pero influyente por el poder soviético— y recibió el nombre de «Bloque Nacional Demócrata». La liga se creó para tratar de firmar un armisticio inmediato con los Aliados, derrocar al mariscal y cambiar de bando en el conflicto mundial.

A pesar del agravamiento de la crisis militar en el frente sureste durante el verano, Antonescu no rompió la alianza con Berlín. Los alemanes, por su parte, estaban convencidos de la imposibilidad de un cambio de bando de Rumanía.

El 20 de agosto, los soviéticos desencadenaron otra gran ofensiva que amenazó con romper el frente sur. El embate soviético obligó a la oposición a Antonescu a decidir precipitadamente la fecha de su acción contra este, el 23 de agosto. Pese al desprecio del mariscal por el rey Miguel, acudió a la audiencia en el palacio real la tarde del 23. Después de negarse a solicitar un armisticio, el monarca lo destituyó fulminantemente. Se formó entonces un nuevo Consejo de Ministros que incluyó militares y miembros del Bloque Nacional. A las 22:00, el rey emitió un comunicado por radio en el que anunció la ruptura de relaciones con Alemania y el armisticio con los Aliados, así como su determinación de recuperar la Transilvania perdida en el Segundo arbitraje de Viena.

El mando alemán fue incapaz de formar un nuevo frente estable a lo largo de los Cárpatos, la línea fortificada de Focșani y el Danubio como había previsto. El golpe coadyuvó a hundir el sistema defensivo alemán en el sector sur del frente oriental. A comienzos de septiembre, no quedaban unidades alemanas reseñables en territorio rumano.

Antecedentes El Bloque Nacional Demócrata de oposición Carta de los principales dirigentes políticos opositores rumanos, Iuliu Maniu y Dinu Brătianu, al mariscal Ion Antonescu, crítica con su política. Estos, junto con socialistas y comunistas, formaron en junio de 1944 la coalición en torno al monarca que conspiró para derrocar al conducător.|thumb|right Tras largas conversaciones entre Iuliu Maniu y los dirigentes comunistas rumanos que habían comenzado en el otoño de 1943 para formar un frente contra el mariscal Antonescu, se creó en junio de 1944 una coalición de partidos que incluyó al Partido Nacional Campesino de Maniu, al Partido Nacional Liberal, al Partido Socialdemócrata y al Partido Comunista Rumano —minúsculo pero influyente por el poder soviético— y recibió el nombre de «Bloque Nacional Demócrata». La coalición era un acuerdo pragmático entre fuerzas que, en realidad, no confiaban las unas en las otras, pero que se habían unido para tratar de firmar un armisticio inmediato con los Aliados, derrocar al mariscal y cambiar de bando en el conflicto mundial. Nacional-campesinos y liberales deseaban una restauración del sistema parlamentario anterior a la proclamación de la dictadura real en 1938, mientras que los grupos de izquierda ansiaban cambios más profundos; en el caso de los comunistas, la implantación de un sistema socialista. Desde abril, socialistas y comunistas formaban una alianza que favoreció a los segundos. En las reuniones clandestinas para tratar los planes militares para después del derrocamiento de Antonescu, los comunistas aportaron las bandas de obreros armados que debían participar en las operaciones.

El 29 de junio, Maniu comunicó la formación del Bloque a sus representantes ante el mando aliado en El Cairo y solicitó el envío de tres brigadas y el comienzo de bombardeos en Hungría y Bulgaria para evitar el aplastamiento alemán del nuevo Gobierno que se comprometió a formar tras derrocar a Antonescu. Prometió además, a pesar de su anterior rechazo, facilitar el avance de las fuerzas soviéticas por territorio rumano. Pese a sus repetidos intentos de obtener una respuesta a sus peticiones, Maniu no obtuvo ninguna, debido a que, para entonces y por iniciativa británica, los Aliados habían dividido los Balcanes en zonas de operaciones y Rumanía había quedado por entero en la asignada a los soviéticos. La fecha elegida inicialmente para el golpe, el 15 de agosto, se abandonó por la falta de respuesta aliada. En El Cairo, los representantes británicos y estadounidenses habían aceptado en principio la propuesta de Maniu, mientras que el soviético había solicitado en vano instrucciones de Moscú, por entonces concentrado en negociar con Antonescu en Estocolmo, donde en junio la embajadora Aleksandra Kolontái ofreció en vano mejores condiciones al embajador rumano.

Mantenimiento de la alianza con Alemania Antonescu, convencido de la imposibilidad de una victoria militar alemana tras la derrota en Stalingrado, toleró desde comienzos de 1943 los contactos con los Aliados occidentales que llevó a cabo su vicepresidente del Gobierno, Mihai Antonescu, y el dirigente opositor Iuliu Maniu. Los contactos resultaron infructuosos por la insistencia anglo-estadounidense en una rendición incondicional rumana. Esta condición inicial hizo fracasar asimismo las conversaciones entre los representantes rumanos y los Aliados celebradas en la primavera de 1944 en El Cairo. Dada la disposición soviética a tratar bilateralmente con Antonescu y Maniu en Estocolmo y a ofrecerles condiciones menos severas, los emisarios rumanos creyeron poder mejorar las condiciones de un armisticio manteniendo las negociaciones en paralelo en El Cairo —con los tres Aliados— y en Estocolmo —con los soviéticos—. Tanto Antonescu como Maniu buscaban garantías de que Rumanía no caería bajo dominio soviético. En junio Antonescu rehusó las últimas propuestas de armisticio presentadas por los Aliados. El rechazo de las condiciones aliadas y la renuencia de Antonescu a traicionar el pacto con Alemania perpetuaban este. El mariscal Antonescu (derecha), junto al ministro de Asuntos Exteriores alemán, Von Ribbentrop, en enero de 1943. Antonescu se mantuvo fiel a la alianza con Berlín pese a grave situación militar.|miniatura|izquierda La estabilización del frente con el fin de la ofensiva soviética el 6 de mayo puso fin temporalmente a las dudas de Antonescu sobre la conveniencia de un inmediato cambio de bando y lo convenció de la capacidad alemana de sostener el frente. Las conversaciones con los Aliados en diversos países europeos (Portugal, Francia, España o Suecia) estaban estancadas y los británicos eran escépticos sobre sus resultados. Antonescu, que toleraba las negociaciones, estaba empeñado en evitar tratar con los soviéticos e intentaba alcanzar el fin negociado de la guerra —admitía ya la imposibilidad de una victoria alemana, aunque no la de alargar la resistencia— mediante un pacto acordado únicamente con británicos y estadounidenses. A partir de junio, aceptó la necesidad de tratar con los soviéticos, pero fue incapaz de lograr un acuerdo con estos. El empeoramiento de la situación militar alemana durante el verano (derrota del Grupo de Ejércitos Centro en Bielorrusia, reveses en Francia, fracaso de las V1) hizo sospechar a las autoridades alemanas nuevamente de un posible cambio de bando de Bucarest y Hitler convocó a Antonescu a una reunión extraordinaria en su cuartel general de Rastenburg.

La última entrevista entre Hitler y Antonescu tuvo lugar en esa localidad el 5 de agosto; a pesar de la tensión y de la falta de respuesta del mandatario alemán a las peticiones del rumano, este no rompió la alianza con Berlín. Para Antonescu, el objetivo seguía siendo el combate con los soviéticos, para el que esperaba recabar finalmente el apoyo anglo-estadounidense. Dejó sin respuesta la propuesta soviética de junio. El 12 de agosto, envió nuevos representantes a Estambul con nuevas propuestas, que aún incluían el rechazo a un acuerdo con los soviéticos, pero que contenían concesiones económicas a británicos y estadounidenses. Antonescu se mostró convencido de que los británicos deseaban —a pesar de las explícitas declaraciones de Churchill en la Cámara de los Comunes del día 2— que siguiese oponiéndose a los soviéticos para impedir que estos penetrasen en los Balcanes.

El mariscal indicó al general Guderian que era inconcebible que se produjese en Rumanía un atentado como el sufrido por Hitler dos semanas antes; para entonces, sin embargo, varios generales conspiraban en su contra coligados con la oposición política. La insistencia de Antonescu en no poner fin a la alianza alemana y de no hacerlo en ningún caso sin avisar de ello a Berlín convenció al monarca y a la oposición de la necesidad de planear su derrocamiento.

Punto de vista alemán En general, los responsables políticos y militares alemanes en Rumanía no se habían percatado de la intensidad y amplitud de la oposición. El embajador Von Killinger, cada vez más desilusionado con Antonescu, sugirió incluso crear un nuevo Gobierno en torno al monarca, centro en realidad de las conspiraciones contra los alemanes. Tanto la embajada como los mandos locales estaban convencidos de la imposibilidad de un cambio de bando de Rumanía y de la certeza de que, en caso de que se intentase, este fracasaría y sería prontamente aplastado por las fuerzas alemanas.

Convencido Hitler de la lealtad de Antonescu, había pospuesto indefinidamente los planes para ocupar el país y vetó el traslado de la 4.ª División SS Polizei de Yugoslavia a Bucarest en agosto tras la entrevista con el mariscal. Hitler desechó las informaciones de la Luftwaffe del 21 del mismo mes que alertaban de un golpe de Estado inminente y las tachó de rumores incorrectos. La víspera del golpe, en una reunión del mando militar alemán para tratar la situación en los Balcanes, se omitió toda referencia a la peligrosa situación en Rumanía. El mando de las unidades alemanas en Rumanía se encontraba además muy dividido, lo que complicaba cualquier reacción. Aun así, los alemanes contaban durante el verano con seiscientos setenta y siete mil hombres en las unidades militares regulares destacadas en el país, además de aquellos que servían en las unidades de las SS.

Preparativos y retrasos El rey y Sanatescu lograron acceso a los informes del espionaje rumano que se realizaban para Antonescu sobre la disposición de las unidades alemanas desplegadas en Rumanía en junio gracias a la cooperación de algunos oficiales del Estado Mayor. Fracasaron, por el contrario, en conseguir el apoyo de algunos mandos del frente, que alegaron la presencia de fuertes unidades alemanas para rechazar unirse a un golpe antialemán en julio. Los mandos militares más activos en la conspiración —Sanatescu en la corte, los responsables de la región militar capitalina y de un cuerpo de ejército acuartelado cerca de Ploiești— comenzaron a aumentar el número de unidades rumanas en la capital durante ese mes, para tratar de compensar la desventaja inicial rumana en la ciudad.

Golpe de Estado y cambio de bando Nueva ofensiva soviética y ruptura del frente

miniatura|upright=2|El frente rumano de marzo a agosto de 1944. En rojo, los avances de las unidades soviéticas; en amarillo, los de las rumanas; en azul, las unidades del Eje y la situación del frente.